Yanomamis

Grupo indígena de origen poli génico que habita en la zona limítrofe entre Venezuela y Brasil. Apodados gente de a pie, se manejan con naturalidad en la selva, lo que les ha permitido adaptarse fácilmente a la vida en los bosques. En la actualidad padecen el constante embate de su hábitat por parte de los buscadores de oro, que constituyen una amenaza directa a su supervivencia.

Río Orinoco de Venezuela.

 

 

 

 

 

 

 

La mayoría de este grupo se encuentra asentada en la zona sur del estado de Amazonas, en Venezuela, y una parte minoritaria en territorio brasileño. Históricamente sus asentamientos se han ubicado en la zona selvática, junto a los caños menores de la gran red fluvial de la región. Las cabeceras de los ríos y las montañas han constituido su hábitat natural al menos hasta el siglo XX. Históricamente el sitio de mayor densidad poblacional era la Sierra Parima, pero actualmente los mayores núcleos de población se encuentran en el Alto Orinoco y los ríos tributarios como el Mavaca, el Ocamo, el Padamo y el Metakuni.

Hacia la segunda mitad del siglo XX comenzaron un proceso de expansión hacia los cursos de los grandes ríos navegables. Se los conoce como yanomami por la pronunciación que los misioneros salesianos de origen italiano hacían de la palabra, pero la expresión correcta es yanomama. La confusión comienza en la pronunciación del plural, que en italiano es yanomami, error que queda claro en testimonio de los mismos misioneros. En cuanto a su origen, varios investigadores están de acuerdo que es poli génico, y que no son una raza “pura” como erróneamente se ha dicho.

Yanomami en español significa “gente”, y a todo el que no pertenece a su pueblo lo llaman “nape”, que significa “gente de peligro” o “extraño”. Documentos históricos hablan de la presencia de los yanomami en la Sierra Parima y en el Alto Orinoco hacia 1758. En el tiempo en que se produjo su contacto con los españoles estaban en una etapa de expansión que los llevó a explorar nuevos territorios en las riveras de los ríos Orinoco, Padamo y Mavaca. Esta expansión no tuvo los mismos frutos hacia el norte y el oeste de su territorio original porque fueron detenidos por los Ye’kuana.

Cacique. – Amazonas venezolano.

ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL

Se organizan de acuerdo a los típicos principios tribales que privilegian el agrupamiento por grado de parentesco. Del mismo modo privilegian la descendencia de antepasados comunes, los intercambios matrimoniales entre familiares o grupos con un parentesco común, dejando la jefatura en manos de autoridades transitorias con un jefe a la cabeza que se encarga de mantener en orden la aldea y de llevar adelante las relaciones con otras aldeas. Los jefes generalmente son personas mayores que pertenecen a grupos familiares numerosos y que, según sus capacidades, sabiduría y carisma, pueden llegar a convertirse en autócratas, aunque esto sucede muy pocas veces ya que por lo general se limitan a aplicar levemente su autoridad por sobre sus pares, y su tarea no los exime de participar activamente de los trabajos productivos. Los jefes se ocupan de mantener la paz, sin embargo, paradójicamente, se trata de valientes guerreros que en oportunidades difíciles hacen uso de la fuerza para imponer la calma.

ECONOMÍA

El corto periodo de productividad de sus cultivos hace que este pueblo nómade esté en constante movimiento. Sus cultivos principales son el plátano, ñame, batata y malanga. Cuando la tierra se agota, aproximadamente al año, la población busca otro lugar donde asentarse. Otra de sus actividades es la recolección de productos silvestres y ranas.

Para completar lo que es su alimentación, practican la caza con arco y flecha y la pesca con flecha y timbó, especie de planta que zarandean en el agua para atontar a los peces.

Esta economía precaria basada en el autoconsumo, hace que no tengan relaciones comerciales con otros grupos. Ellos mismos producen también los pigmentos naturales con que se pintan el cuerpo, y el curare, un veneno con que untan la punta de la flecha para la práctica de la caza. Otra de las drogas que consumen es el epená, utilizada en los rituales curativos a cargo de shamanes que se comunican con espíritus. La droga se usa en poca cantidad aspirándola por las fosas nasales con un palo hueco.

Ñame.

VIOLENCIA

La violencia es el signo de esta etnia. Su vida cotidiana se ve absorbida por la confrontación constante con otros grupos, aldeas, o hasta entre los miembros de la misma aldea. Estas aldeas son pequeñas villas dispersas que habitan entre cuarenta y doscientos pobladores. Allí practican la agricultura mientras planean como atacar otra aldea, o como defenderse de un posible ataque. Así son sus relaciones, en constante tensión, incluso las interpersonales. Con frecuencia establecen alianzas entre las aldeas que hace que se brinden mutua cooperación y el compromiso mutuo de ayuda en caso de necesidad. Si una aldea es desplazada de su territorio, su aliada le brindará refugio permitiéndole compartir sus huertos, y refugiándolos hasta que puedan reponerse. Pero ocurre que estas alianzas son frágiles y se rompen con facilidad, ya sea porque la aldea protectora se aprovecha de la protegida, ya sea porque la protegida se rebela y traiciona el pacto. Con cierta frecuencia las aldeas establecen alianzas entre ellas que se traducen en dar refugio en caso de necesidad.

Suele suceder que la tensión estalle dentro de la misma aldea, en ese caso puede ocurrir que se divida. Es una muestra de lo que es el mundo para el yanomamo, un lugar de disputa permanente, de constante amenaza a la seguridad. Llegan a un punto en el que se comportan agresivamente solo para demostrar el peligro que podría significar atacarlos. Este aspecto de su cultura transmiten a sus hijos desde niños, exigiéndoles conductas violentas y reprendiéndolos cuando no usan la fuerza física para resolver sus pleitos. Los niños cuando entran en la adolescencia practican lucha y se preparan para la guerra como adultos. Esta hostilidad se manifiesta también hacia las mujeres.

RITOS

Realizan dos tipos de cacería: una es la que practican para obtener su ración de carne diaria (rami); la otra es la que realizan los hombres de la comunidad, en grupo, a fin de conseguir las presas necesarias para un gran festejo con el que buscan agasajar a un visitante (heniyomou).

Uno de los motivos que da lugar al heniyomou es la realización de un velatorio. Cuando de eso se trata, la cacería ritual se inicia en las primeras horas de la noche entonando cantos rituales, sencillos y poéticos, y danzas que practican jóvenes de ambos sexos. Esta ceremonia suele durar varias noches y es de plena algarabía y bromas obscenas. Otra de las costumbres del rito mortuorio es la de la ingesta colectiva de las cenizas del muerto, luego de molerlas en un mortero. Mientras los hombres toman la sopa de plátano que contiene las cenizas, las mujeres lloran. Cuando se trata de un hombre muerto por los enemigos, los hombres claman venganza. El consumo de tabaco y yopo durante la ceremonia es frecuente, ya que de ese modo entran en contacto con lo sobrenatural para curar enfermedades y transmitir sus memorias.

CULTURA

VESTIMENTA Y ADORNOS

Los yanomamis no usan vestimenta más que como adorno. Los hombres se atan el prepucio con un hilo de algodón con el que rodean la cintura para mantener el pene siempre alzado y pegado al vientre. Las jóvenes lucen guayucos de algodón de manera decorativa.

Tanto los hombres como las mujeres llevan el pelo negro y lacio decorado con una tonsura. Tienen por costumbre pintarse el cuerpo usando colorantes. El color rojo lo preparan usando onote, para el morado lo mezclan con una resina llamada caraña.

Cuando están en guerra los hombres se pintan de negro humo, con lo que simbolizan la noche y la muerte. Con el luto las mujeres abandonan el rojo, y se pintan de negro los pómulos durante un año. En ocasiones festivas suelen pintarse con arcilla blanca. Los hombres se perforan el lóbulo de la oreja y se colocan allí trozos de caña verada, plumas y flores. Utilizando el mismo procedimiento se adornan la nariz y los labios con finos palillos de bambú. Los adornos se completan con brazaletes confeccionados con plumaje de pájaros como el tucán, el paují, el gavilán y el loro. Las mujeres utilizan adornos más sutiles, hechos con cogollos de palmeras, flores o manojos de hojas perfumadas que colocan en cilindros vegetales que llevan en los agujeros de las orejas.

VIVIENDA

Las aldeas son irregulares en cuanto a su población. Las más pequeñas oscilan entre los 40 y 50 habitantes, mientras que las más grandes suelen llegar hasta 300. Las construyen en forma circular y completamente abiertas. Las viviendas albergan grupos familiares en un formato cónico que en ocasiones puede romper el círculo para alinearse en hilera. Las familias comparten los alimentos, ya sea los provenientes de la caza y la pesca, o los cultivos. Tienen por costumbre reunirse alrededor de la hoguera a conversar mientras fabrican sus enseres. Allí cuentan sus mitos y leyendas enseñando a los niños sus tradiciones.

ARTESANÍA

No tienen artesanías muy desarrolladas. La alfarería que en otros tiempos ocupó un lugar importante en su producción, en la actualidad prácticamente ha desaparecido. Apenas se conserva en comunidades pequeñas que fabrican con arcilla blanca la tradicional hapoka, que es la olla en forma de campana, sin decoración, asas o patas. Lo que aun producen, aunque de forma rudimentaria, son los hilados de algodón tejidos en bastidores hechos con palos clavados en el suelo. También fabrican sus chinchorros usando fibra descortezada de bejuco.

ACTUALIDAD

La actualidad de este pueblo se ve amenazada por la presencia de buscadores de oro de métodos violentos que afectan de manera directa su forma de vida. Se calcula que hay en la región unos 40.000 buscadores de oro que atentan constantemente contra el hábitat de los yanomamis. Esta situación ha sido denunciada como así también la presencia de científicos que han realizado investigaciones con sangre de los indígenas sin contar con su autorización. Estas y otras situaciones conflictivas son las que dan marco a su vínculo con el hombre blanco.

Wichí

Etnia indígena originaria del Gran Chaco, en la zona central de América del Sur, a este grupo se lo conoce también como mataco, palabra quechua que refiere a una especie de armadillo y con la que los pueblos de la región andina los denominaban con ánimo despectivo.

Hasta el siglo XVI los wichí habitaron sus tierras ancestrales en el centro y sur de la región del Gran Chaco, mayoritariamente en la margen izquierda del río Bermejo. Pero con el tiempo la acción invasora de los avá guaraníes (también conocidos como chiriguanos) y su propio crecimiento demográfico, hizo que se desplazaran hacia la zona norte del Bermejo, al sureste de la región chaqueña.

Territorio en el que se asientan los wichí, en las márgenes del río Bermejo.

El haber sido durante mucho tiempo vecinos de las comunidades andinas, hizo que adoptaran de ellas algunos rasgos culturales característicos como la monogamia, la posesión familiar del territorio (restringido a grupos de parentesco) y una agricultura de incipiente desarrollo que, debido a la acumulación de excedentes, motivó el sedentarismo.

Orígenes

Muchos antropólogos atribuyen a los wichí origen patagónico o pámpido, aunque con indudables influjos y aportes amazónidos y ándidos, lo cual se ve reflejado en su talla: su estatura promedio es generalmente menor a las de otras etnias chaqueñas de la familia pámpida.

Lengua

Su idioma pertenece a la familia lingüística mataco-guaycurú, subfamilia mataco-mataguayo. Es un grupo al que pertenecen también otras etnias como los chorotes, makás, chulupí, mataguayos y vejoces. En la actualidad este último grupo tiene tal grado de afinidad con los wichí que se los considera como una parcialidad étnica.

Los wichí confieren identidad cultural a su territorio al “dar nombres a la tierra”. El uso consiste en asignar topónimos a los sitios significativos del entorno, lo cual convierte el espacio en un territorio culturalmente organizado. En promedio, las tierras ocupadas por una comunidad wichí abarcan tradicionalmente un área de 100 km y disponen de unos cuarenta topónimos.

Organización social

Consolidaron definitivamente su sedentarismo hacia el siglo XVI, instalándose en paraderos y asentamientos en las orillas de los ríos. Sus comunidades se organizaron en torno a las relaciones de parentesco. Estas comunidades tenían como jefe a un anciano al que secundaba un consejo comunitario de varones, conformando así el gobierno de cada aldea. La unión de varias comunidades constituía las parcialidades.

Los wichí vivían en chozas en forma de cúpula construidas con ramas, con un radio que iba de 2 a 3 metros de diámetro y que era habitada por los integrantes de una familia. Practicaban la monogamia, aunque los caciques solían tener más de una mujer.

Para la práctica de la caza, una de sus actividades productivas más relevantes, se agrupaban en bandas u hordas, bajo la autoridad de un cacique. A estas bandas se las conocía también como tribus, estaban formadas por una cantidad variable de individuos y se asentaban en lugares de buena caza, pesca y vegetales; generalmente lugares altos con ríos o lagunas en sus proximidades.
Si bien su lengua no tenía escritura, se caracterizaron por transmitir oralmente, de generación en generación, los elementos constitutivos de su cultura. En ese aspecto se destacan sus cualidades artísticas como recursos estratégicos para mantener su identidad y el sentido de pertenencia al clan familiar.

Familia wichí en el Chaco salteño.

Actividades productivas

Los wichí mantuvieron hasta principios del siglo XX el modo de producción cazador-recolector. Sus principales actividades productivas, hasta entonces, eran la caza, la pesca y la recolección. La agricultura, a pesar del influjo andino del que se ha hecho mención, estaba poco desarrollada, limitándose apenas a la horticultura. Entre los pocos cultivos que practicaban (siempre a cargo de las mujeres) se contaban el zapallo, el maíz y el poroto. Pero en cuanto las condiciones les eran propicias, todos se dedicaban a la recolección estacional de cocos de palmera como el pindó, yatay y caranday, la algarroba, porotos cimarrones, tuna, tasi y miel.

La pesca, tanto en los ríos como en las aguadas interiores, era principalmente una actividad de la época seca, mientras que la recolección de la miel se realizaba principalmente en la época de lluvias.

Su calendario se regía por los ciclos de obtención de los recursos alimentarios, tomando un modo circular: el año se iniciaba ritualmente en el tiempo correspondiente al mes de agosto, y a ese inicio le sucedía la estación llamada nawup (“luna de las flores”); seguía a partir de noviembre la yachup (“luna de las algarrobas”); luego, finalizando el verano austral venía la estación lup (“luna de las cosechas”) y finalmente la fwiyeti (“luna de las heladas”).

Producían sus utensilios y herramientas en madera, pero también practicaban otras artesanías como la cestería, cerámica, piedra pulida y textiles. En este último rubro se destacaban por la confección de bolsas hechas de caraguatá o chaguar, con lo que hacían, además, morrales y un tipo de bolso llamado yiska, costumbre que han mantenido hasta nuestros días.

Vista del río Bermejo.
YISKA

Este tipo de bolsos se hace en forma de malla apretada con una aguja gruesa de madera, plantando dos palos en el suelo y colocando un hilo tirante entre ellos. Sobre este se hace una primera hilada de lazada usando la cantidad de mallas necesarias de acuerdo al tamaño que se desea obtener. Luego se agrega una segunda vuelta entrecruzando los hilos de modo que al no apretar el nudo quede la malla abierta.

Los dibujos con que las decoran se obtienen combinando distintos colores y llevan el nombre de “codos”, “lomos de avestruz”, “caparazón de tortuga”, “cuero de lampalagua”, “frutos de doca”, “dedo de carancho”, “pata de corzuela”, “pata de loro”, “cuero de yarará”, “pata de zorro” o “pecho de pájaro carpintero”.

EL CHAGUAR

Su nombre científico es Bromeliahieronymi o Bromeliaserra, y es una planta alimenticia y textil que se encuentra en el Chaco salteño. Su fibra es utilizada desde tiempos remotos por los wichí, a tal punto que podría decirse que en ella late su identidad cultural.

La actividad que practican en torno al chaguar es realizada por las mujeres. Son ellas quienes, formando pequeños grupos, van al monte a cosechar, luego desfibran, hilan, tiñen y tejen. Conocen perfectamente los lugares donde encontrar la planta y eligen entre ellas las que tienen el tamaño y la calidad requerida para sus quehaceres. Limpian la fibra machacándola, raspándola y remojándola en agua una y otra vez. Una vez limpia se la deja secar al sol durante uno o dos días. Para hacer el hilado se unen varias hebras, torciéndolas con las manos sobre el muslo en un movimiento rápido para el que se necesita mucha práctica. Después de hilada la fibra, cuando han obtenido varios metros de hilo, forman ovillos. El hilo se tiñe usando distintos tintes provenientes de plantas de monte, con los que obtienen el negro, marrón, gris y rojo, entre los colores más usados. Así queda listo para iniciar el tejido.

Creencias

Eran animistas, rindiéndole culto a los seres de la naturaleza, pero con la idea de la existencia de un ser superior al que llamaban Tokuah o Tokuaj, y que se ocupaba de dirigir el mundo. Como en otros pueblos aborígenes, atribuían a los chamanes poderes curativos y vínculos con los seres espirituales.

Actualidad

De acuerdo a datos obtenidos a comienzos de 2005, los wichí habitan principalmente en la zona este del departamento boliviano de Tarija y en el Chaco salteño, ubicado en el noreste de la provincia de Salta, en Argentina. A estos sitios se suman asentamientos en el oeste de las provincias argentinas de Formosa y Chaco, y en el extremo noroeste de Santiago del Estero.

La deforestación está transformando la región en una zona desértica.

Riesgos

Desde comienzos del siglo XX los wichí sufren la ocupación de sus tierras ancestrales, tierras que se han visto castigadas con la deforestación, la introducción de ganado y actualmente la siembra de soja. A través de un estudio realizado en 1998 por la Universidad Clark de Worcester, Massachussetts, pudo saberse, gracias a imágenes obtenidas por satélite, que entre 1984 y 1996 fue desmontado el 20 % de los bosques de la región, lo que significó un duro golpe para un grupo cuyas principales actividades dependen del equilibrio de su ecosistema.

Para terminar con estos abusos los wichí llevan años luchando por obtener los títulos de sus tierras. Los principales reclamos se centran en tierras fiscales localizadas en el este de la provincia de Salta. La ley les ha reconocido el derecho sobre estas tierras, pero el gobierno provincial no ha ejecutado las medidas necesarias para que la situación se haga efectiva.

La situación se agravó en 2004 cuando el gobierno de Salta decidió quitar el estatus protegido de la Reserva Natural de General Pizarro, en el departamento de Anta, donde vivían alrededor de cien wichí, para vender parte de esas tierras a empresas privadas. Luego de meses de lucha los dirigentes aborígenes se reunieron con autoridades nacionales que mediaron ante el gobernador salteño. La negociación entre las partes terminó con la firma de un acuerdo entre la Administración de Parques Nacionales y el gobierno de la provincia de Salta, por el que se creó una nueva zona protegida nacional en General Pizarro. Los wichí tendrán allí derecho de uso sobre 22 km2 y la propiedad de 8 km2.

 

 

Cultura Paracas

Cultura precolombina que se desarrolló en la península homónima, situada en la provincia de Pisco, departamento de Ica, actual territorio de Perú, entre los años 700 a. C. y 200 d. C. Su descubrimiento se produjo en 1925 como resultado de las excavaciones arqueológicas emprendidas por el arqueólogo peruano Julio C. Tello.

Poco después de haber hecho el descubrimiento, Tello, junto a su discípulo Toribio Mejía Xesspe, instaló un campamento arqueológico en el sitio, frente a la bahía de Paracas, al sur de Pisco. Estas excavaciones han aportado la mayoría de la información que se posee acerca de la cultura en cuestión.

Hoy se sabe que esta civilización estuvo situada a lo largo de la costa sur central de Perú, y su centro cultural se ubicaba en la colina del Cerro Colorado, próximo a la península de Paracas, entre el valle de los ríos Pisco e Ica.

ETIMOLOGÍA

Paracas es una voz quechua que significa lluvia de arena (para, lluvia, y aco, arena), y alude a los efectos causados por los vientos huracanados que suelen azotar periódicamente la región, los mismos que arrastran arena y guano de las islas cercanas, y cubren con ella la superficie a modo de una capa blanquecina. Este fenómeno atmosférico ha dado su nombre a la península de Paracas, y por extensión, a la cultura preincaica descubierta en esa región.

Cementerios

Como producto de sus excavaciones, Tello encontró en las colinas conocidas como Cerro Colorado un cementerio perteneciente a una antigua cultura. En el lugar halló 39 tumbas en forma de pozos a los que denominó “cavernas”; estas “cavernas” contenían fardos funerarios envueltos en finos mantos y alrededor de ellos instrumentos de caza, utensilios de cerámica, pieles de animales y alimentos.
Un tiempo después, en 1927, trabajando junto a su asistente Mejía Xesspe, encontró otro cementerio en Waricayan, en las proximidades de Cerro Colorado, al que llamó Paracas-Necrópolis. Allí detectó la presencia de 429 cadáveres momificados, cada uno envuelto en varios mantos y en general en buen estado de conservación.

Las excavaciones continuaron y Tello dio con un tercer cementerio al que denominó Arena Blanca o Cabeza Larga (por la presencia de cráneos deformados). Además de tumbas saqueadas, en el lugar había restos de viviendas subterráneas.

Las épocas

De acuerdo a los estudios realizados en los cementerios, Tello concluyó que los tres pertenecían a una cultura a la que llamó paracas, cultura que, supuestamente, había pasado por dos épocas perfectamente definidas por la forma de enterrar sus muertos: “paracas cavernas” (los enterraban en tumbas cavadas de manera vertical y con forma de copa invertida) y “paracas necrópolis” (los cementerios, de trazos rectangulares y más sofisticados, simulaban “ciudades de muertos”). Esta teoría se mantuvo en boga durante décadas, hasta que nuevos estudios permitieron determinar a los arqueólogos especializados en la región, que la denominada “paracas necrópolis” corresponde a otra tradición cultural, la cultura topará. Esta cultura tenía similitudes con la paracas, como la práctica textil, la cerámica y la deformación craneana con propósito estético y ritual, pero lo cierto es que la paracas después del año 200 se fundió con la Nazca.

Tello hizo estudios comparados entre los restos arqueológicos encontrados, pero llegó a una conclusión que luego se demostró que era equivocada.

Periodo paracas cavernas

Según Tello este periodo se extendió entre los años 700 a. C. y 200 a. C. y estuvo fuertemente influido por la cultura chavín, sobre todo en la cerámica. Durante este tiempo el centro principal se situó en Tahajuana, a orillas del río Ica. Gracias a los restos arqueológicos encontrados en Cerro Colorado, se pudo determinar algunas de sus características principales, como la de enterrar los muertos momificados a una profundidad de 6 metros, en tumbas con la forma de copa invertida. Las momias, gracias a las condiciones climáticas del desierto de Nazca, se encuentran en perfecto estado de conservación. Son de ambos sexos y se las halló colocadas en posición fetal, envueltas en mantas de colores brillantes, de confección simple aunque decoradas con motivos complejos que incluyen dibujos de peces, serpientes y otros animales, además de figuras geométricas.

Organización política y social

Constituían un Estado teocrático gobernado por sacerdotes, con privilegios que solo compartían con la nobleza guerrera. El resto de la sociedad estaba por debajo, dedicado a la producción y sometido al poder.

Los miembros de la cultura paracas eran hábiles pescadores. Embarcaciones construidas con tallos y hojas de totora.

Economía

Las principales actividades productivas eran la agricultura intensiva y la pesca en el mar. Para salir a pescar utilizaban sus caballitos de totora. En cuanto a la agricultura, el grado de desarrollo alcanzado se debió a su habilidad para la construcción de acueductos en el desierto, y al uso del guano como fertilizante.

Cerámica

La cerámica era polícroma, con complejos decorados en rojo y amarillo o blanco y negro, asociados a representaciones religiosas. El formato era tipo calabaza, con dos picos unidos por una asa puente. La pintura se hacía luego de la cocción, lo que favoreció la conservación de los colores.

Textiles

Durante este periodo los tejidos se caracterizaron por ser de tipo geométrico y rígido, donde predominaba la técnica de doble tela. En su confección se nota la influencia de la cultura chavín, sobre todo en los decorados, que representan seres antropomorfos.

Trepanaciones craneanas

Entre los paracas, el uso de las trepanaciones craneanas tenía fines medicinales. Con ellas trataban a los heridos en la zona craneal, y de acuerdo a lo que se puede observar en las momias encontradas, en cuyos cráneos se ve nítidamente la formación de tejido cicatrizado, se deduce que muchos pacientes sobrevivieron a este tipo de cirugía, lo que demuestra lo adelantados que estaban en las prácticas medicinales. Y aunque queda como incógnita el estado en que quedaban los pacientes luego de sobreponerse a la intervención quirúrgica, lo cierto es que se han hallado un número significativo de cráneos con trepanaciones con placas de oro en la zona del agujero. El cirujano paracas era llamado sir kah y utilizaba instrumentos como cuchillos y bisturís de obsidiana.

Se cree que la mayoría de los pacientes en los que se practicaba este tipo de cirugía eran guerreros que habían sufrido ruptura de cráneo durante la batalla, y con la intervención se buscaba aliviar los dolores de cabeza. Para realizar la operación es probable que hayan utilizado como anestesia coca, ayahuasca y otras sustancias alucinógenas, luego trepanaban el cráneo y sustituían el hueso roto por una placa de oro, cerraban la herida y le aplicaban vendajes.

La cultura paracas tenía excelentes cirujanos.

¿Paracas necrópolis o cultura topará?

Cuando en 1927 Tello y Mejía Xesspe, en plena investigación de la cultura paracas, descubrieron en Warikayan restos de viviendas prehispánicas en cuyo interior se encontraban cientos de fardos funerarios, interpretaron que lo que habían hallado era una especie de ciudad cementerio. A partir de esto llamaron a este cementerio paracas necrópolis. Luego, comparándolo con el cementerio paracas cavernas, llegaron a la conclusión de que eran representativos de dos etapas distintas de una misma cultura. Sin embargo, todo parece indicar que la teoría es equivocada.

En primer lugar, Warikayan no parece haber sido una necrópolis, sino un asentamiento grande de la época, que coincide con la de los desarrollos regionales post Formativo (Corresponde al tercer periodo en que se divide la Prehistoria de América). La acumulación de más de 400 fardos todavía no tiene una explicación satisfactoria. Podría haber sido un sitio considerado sagrado por la coloración roja de sus cerros y su cercanía al mar.

Los arqueólogos encontraron en paracas necrópolis más de 400 mias.

Entre los fardos funerarios, Tello encontró espléndidos mantos bordados con un estilo particular al que denominó como al lugar: “paracas necrópolis”. También halló cerámicas, aunque con poca coloración y monocromas. Tiempo después se comprobó que éste era un estilo extendido en los valles de Cañete, Chincha y Pisco, al que se denomina “estilo topará” y que poco tiene que ver con el paracas caverna o el nazca, con sus diseños decorativos multicolores.

Esto reveló que aquello que Tello identificó como una etapa de la cultura paracas, la paracas necrópolis, en realidad pertenecía a otra tradición cultural cuyo nombre deviene de una localidad ubicada en las proximidades del valle de Chincha, que se cree que fue el centro de esta cultura.

El hecho que Warikayan o “paracas necrópolis” estuviese justo en la frontera de dos áreas culturales, topará y nazca, contribuyó a la confusión de Tello.

Actualmente se cree que el brusco cambio cultural ocurrido en la península de Paracas, tanto en cerámica como en arquitectura, se debió a una guerra de expansión llevada adelante por los topará. Esta teoría se sustenta en la presencia de armas en muchos de los fardos funerarios, así como la masiva presencia de cráneos rotos y trepanados, indicios de una época muy violenta.

CULTURA ARQUEOLÓGICA

Una cultura arqueológica es la suma de los conjuntos de artefactos y demás elementos materiales (construcciones, restos de caminos, de canales, etc.) correspondientes a una época y un lugar (yacimiento o región) determinados. Los artefactos encontrados en yacimientos de una misma época que comparten características parecidas se reúnen en tipologías que, a su vez, se agrupan en conjuntos, y todos ellos forman una cultura arqueológica.

Así, una cultura arqueológica es sólo una sistematización de los elementos materiales obtenidos durante las excavaciones, una convención de carácter artificial que sirve a los arqueólogos para ordenar los datos obtenidos en éstas. No tiene por qué ser, ni mucho menos, el reflejo cultural de un grupo humano concreto y diferenciado de los demás grupos humanos, distorsión en la que se ha incurrido con suma facilidad hasta finales del siglo XX.

Por ello, según algunos autores, lo más indicado sería utilizar los términos cronocultura o complejo tecnológico/estilístico para referirnos a estos conjuntos artefactuales. Otros, en cambio, consideran que un tecnocomplejo es una fase evolutiva cultural independiente del espacio y del tiempo.

El pueblo indígena y la explotación de recursos naturales

Los recursos naturales de nuestro planeta constituyen la base del sustento, la cultura y la identidad de los pueblos indígenas; muchos de ellos viven en áreas ricas en recursos vivos y no vivos, que incluyen bosques con abundante biodiversidad, agua y minerales.

Hoy en día, la supervivencia e integridad de estos pueblos requiere el reconocimiento de sus derechos a los recursos encontrados en sus tierras.

Los pueblos indígenas tienen derechos de propiedad sobre los recursos naturales que están presentes en sus territorios.

Demanda mundial de recursos naturales

Por la actual globalización económica, en el último cuarto de siglo se ha generado una búsqueda a gran escala de combustibles fósiles y recursos minerales por parte de las empresas mineras, pero estos son cada vez más escasos. Esta búsqueda ha llevado a la industria extractiva a regiones cada vez más vulnerables y remotas del planeta, donde predominan los grupos indígenas.

La creciente demanda mundial de productos básicos que se extraen de los recursos naturales, junto con años de precios históricamente altos, particularmente a partir del 2000, han generado decenas de proyectos extractivos.

Muchos de los proyectos de extracción se construyen cerca o en las tierras de los pueblos indígenas.

Los proyectos de mega minería son muy intensivos, el costo de extracción es enorme y puede tomar muchos años en obtener rendimientos significativos de la inversión.

¿Sabías qué...?
Se estima que el 85 % de las áreas protegidas designadas en América Central están habitadas por pueblos indígenas.

Para los gobiernos, el ingreso del sector extractivo contribuye significativamente al Producto Interno Bruto (PIB) en los países en desarrollo. Los ingresos extractivos pueden utilizarse para financiar programas sociales de educación y alivio de la pobreza, como sucede en Brasil y Venezuela. Pero lamentablemente, a menudo también fomentan la corrupción, el conflicto y en el caso de los pueblos indígenas, un lento “genocidio cultural”.

Explotación a nivel mundial

En regiones como América Latina, los problemas que enfrentan las comunidades aborígenes están centrados en la minería y la tala; por ejemplo, en América del Norte la minería de alquitranes, en el Ártico hubo conflictos sobre parques eólicos y minería de hierro, mientras que en África se destinaron miles de hectáreas de tierra para corporaciones o gobiernos extranjeros.

Todos los gobiernos suelen perseguir un paradigma de desarrollo dominante en el que hoy día los pueblos indígenas no tienen realmente un lugar y eso es un problema.

Gran parte de los pueblos indígenas viven en Asia

La Fundación del Pacto de los Pueblos Indígenas de Asia, AIPP por sus siglas en inglés, señaló que dos tercios de los 370 millones de pueblos indígenas autoidentificados en el mundo viven en Asia y esas personas se encuentran actualmente marginadas y subordinadas económica, política y culturalmente.

Según el informe emitido, la causa de esta situación en la región está relacionada con la militarización, el saqueo de recursos, la reubicación forzada, el genocidio cultural y la discriminación en la vida cotidiana de los indígenas.

Como medida para mitigar esto, la AIPP llamó a los gobiernos de Asia a respetar la declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos.

Según la AIPP, el gobierno debe tener la obligación moral de respetar estos acuerdos.

Derechos y asuntos legales

Es seguro que los pueblos indígenas han sido reconocidos, pero lo que no escapa de la vista del mundo es que el reconocimiento legal no significa que se respeten los derechos, territorios, recursos y culturas de estos pueblos. Gobiernos, corporaciones, madereros, campesinos, ganaderos y muchos otros todavía codician sus tierras y recursos, además de que siempre encuentran las maneras de adquirirlos.

La emergencia toma la forma de desalojos de tierras, desplazamientos, violencia estatal y corporativa, y reubicaciones forzadas contra grupos indígenas. Tales conflictos en Centroamérica son frecuentes y violentos, pero rara vez se cubren en la prensa internacional.

Detrás de las protestas generalmente hay preocupaciones sobre los recursos naturales o contaminación por actividades de minería, petróleo, energía y tala.

Esta crisis sobre la tierra y los recursos naturales es lo que explica principalmente por qué los asuntos indígenas son también cuestiones ambientales y de desarrollo.

La jurisprudencia del Sistema Interamericano de Derechos Humanos sobre el derecho de los pueblos indígenas a la propiedad comunal, ha incorporado explícitamente dentro del ámbito material de este derecho que los recursos naturales tradicionalmente utilizados por los pueblos indígenas y vinculados a sus culturas, incluidos los usos que son estrictamente materiales y otros usos de carácter espiritual o cultural, se deben respetar.

Conservación ambiental

Una cuestión de contención es la coincidencia y el conflicto entre las estrategias de conservación y los pueblos indígenas. El hecho de que las áreas habitadas por los pueblos indígenas a menudo también se consideren cruciales para la conservación ha sido foco de conflicto y debate.

El estilo de vida de subsistencia de los pueblos indígenas es menos destructivo para el medio ambiente que las economías agroindustrializadas de los pueblos no indígenas.

A menudo se observa que los pueblos indígenas tienen una relación intuitiva con la naturaleza, una riqueza de conocimientos tradicionales y han utilizado las prácticas de manejo de recursos naturales durante siglos para preservar sus tierras.

Cultura Agrícola Avanzada

Los timotos y los cuicas, indígenas que poblaron los Andes venezolanos, emplearon métodos avanzados para vencer los obstáculos de la topografía del terreno. Para sus cultivos construyeron terrazas o andenes, técnica ideada por ellos con el fin de evitar la erosión y conservar la capa vegetal.

El papel de mayordomía de los pueblos indígenas apoya firmemente la posibilidad de colaboración con organizaciones de conservación para mantener la biodiversidad. Sin embargo, se ha sugerido que hay diferencias inherentes e irreconciliables en las agendas de los pueblos indígenas y los conservacionistas. Mientras que los primeros se preocupan principalmente por su bienestar económico y la protección de sus tierras para su propio uso, estos últimos quieren mantener la naturaleza intacta, en la que se priorizan las áreas protegidas y programas basados en la ciencia biológica y ecológica.