Técnica de difuminado

El difuminado, también llamado esfumado, es una técnica pictórica característica del Renacimiento italiano y cuya autoría es atribuida a Leonardo da Vinci. Obras maestra de la pintura destacan por tener un efecto de profundidad, lejanía o antigüedad logrado mediante esta práctica.

¿Qué es el difuminado?

Es una técnica en la que se suavizan, funden o atenúan contornos y colores gradualmente sin dejar rastros de la pincelada o instrumento usado. Con el difuminado se integran trazos para obtener como resultado una imagen con un acabado realista.

La palabra italiana sfumato fue utilizada originalmente por Leonardo da Vinci. En español esfumado y difuminado se usan como sinónimos.

Al difuminar o fundir colores se obtienen impresionantes resultados con nuevos tonos.

¿Sabías qué...?
La primera descripción sobre el difuminado fue dada por Leonardo da Vinci. Él consideraba que esta técnica servía para no tener líneas o bordes definidos en forma de humo.

Obras de arte en los que se evidencia la técnica del difuminado

La Virgen de las Rocas (1483-1486)
Mona Lisa (1503-1519)
San Juan Bautista (1508-1513)

¿En qué consiste la técnica del difuminado?

El difuminado suplanta los contornos y las líneas de dibujo por graduaciones de luz y color, como resultado se obtiene un borde impreciso. Para ello es necesario superponer capas muy delgadas de pintura que escondan las pinceladas. Puede hacerse de dos modos: al aplicar un color claro sobre uno oscuro o uno oscuro sobre uno claro.

Generalmente se aplica el color oscuro libremente sobre la superficie como una capa inferior, luego se aplica una pintura de color claro mediante el “plumeo” para crear el efecto de humo o sombra.

Formas de difuminar

Existen diversos métodos para el difuminado. Todos dependen del medio a utilizar y del efecto que se desee al finalizar. Los más comunes son:

Con los dedos

Los dedos son las herramientas más sencillas y eficaces a la hora de difuminar, especialmente si se hace con carboncillo. Sólo debe presionarse el dedo a usar sobre la superficie y moverlo en forma circular en ambos lados.

El uso de los dedos y de las manos es quizás el método de pintura más primitivo que existe.

Con el lápiz difuminador

Este instrumento de extremidades biseladas permite difuminar pequeñas zonas de forma muy precisa. Es la mejor herramienta para dar acabados a los dibujos.

El lápiz difuminador tiene dos puntas: una para trabajar las áreas oscuras y otras para trabajar las partes claras.

Con algodón

Un trozo de algodón ayuda a crear el efecto esfumado muy fácilmente. Éste debe presionarse levemente mientras se realizan amplios giros para homogeneizar. Para dibujos con grafito es usado el bastoncillo de algodón.

Con paño

Pedazos de tela pueden usarse perfectamente para realizar difuminados. Sirve en cualquier superficie y además es un instrumento económico y reciclable.

La dureza del material que utilices influirá en el acabado final. Mientras más blando, más podrá difuminarse. Ejemplo de esto es el carboncillo y el óleo.
Para el contraste de luces y sombras llamado claroscuro, el carboncillo se difumina para conseguir tonos medios.

¿Para qué sirve el difuminado?

Para unificar

Atenúa las irregularidades causadas por el material de la superficie.

Para fundir y degradar

Atenúa el contraste dos tonos de colores que se mezclan.

Para modelar

Varía los matices en una pintura, así como ayuda a realizar dibujos en negativo.

El difuminado también es usado para crear una ilusión realista. En los paisajes se emplea un difuminado gradual para mostrar distancia o para mostrar un efecto atmosférico, mientras que en los retratos sirve para definir rasgos delicadamente.

También se aplica en…

Maquillaje

El estilo y glamour de un buen maquillaje viene dado por un excelente difuminado, el cual se logra mediante el uso adecuado de brochas y pinceles según la textura del producto.

Las sombras de ojos, bases, rubores y labiales deben difuminarse para un acabado más natural.

Repintado de automóviles

Luego de una reparación parcial es necesarios pintar el área. La amplia gama de colores y efectos que tienen los automóviles hace casi imposible ajustar el color, sin embargo la técnica del difuminado permite igualar los colores para un arreglo imperceptible.

Con la técnica de difuminado es posible ajustar colores aunque éstos no coincidan al 100 %.

Historia del automóvil

Hace más de cien años, el sueño del hombre de viajar en un vehículo autopropulsado se hizo realidad. Ahora bien, es sumamente difícil sintetizar la historia del automóvil. De hecho, se pueden identificar diferentes etapas; en ellas podemos observar cómo se produjo la evolución de los diferentes modelos, desde los más antiguos hasta los más actuales. En este artículo entonces haremos un rápido repaso del progreso histórico del automóvil, desde la época de los carruajes hasta el concepto moderno de automóvil, pasando por el motor de combustión interna, sus patentes de invención y observaciones del desarrollo de la industria automotriz.

¿Sabías qué...?
En Estados Unidos hay 765 automóviles por cada 100 habitantes.

PRIMEROS AÑOS

La idea de un vehículo capaz de moverse por sí solo aparece en las máquinas ideadas por Roberto Valturio hacia el siglo XV, de las que es posible hallar documentación amplia en su tratado De Re Militari (1472). Sin embargo, estos carros, al igual que los de su contemporáneo Mariano da Siena, empleaban fuerzas naturales para moverse. La fuerza muscular era multiplicada por un ingenioso juego de transmisión; la alternativa se suministraba por un ventilador de cuatro palas y un sistema de engranajes que movía las ruedas.

Ahora bien, el carro automotor no se esboza como proyecto sino hasta los siglos XV y XVI, cuando Leonardo Da Vinci en su Codex Atlanticus proyecta un vehículo movido por un sistema de relojería, con resortes que proveen la potencia necesaria. En la misma obra se explica el sistema de transmisión de esa fuerza a las ruedas; muchas de las teorías de Leonardo se refieren a la aplicación de principios mecánicos a la locomoción. Por ello, cabe recordar que éste fue el nacimiento de los engranajes epicíclicos que, con los siglos, encontrarían múltiples aplicaciones en los automotores.

Otro tanto ocurre con los desarrollos de Gerolamo Cardano: el más famoso de ellos es un dispositivo que permite conservar la horizontalidad mediante dos ejes que giran en ángulo, dispositivo que actualmente se usa en millones de vehículos, conocido hoy como junta o suspensión de cardano; También son importantes los avances del ingeniero militar Agostino Ramelli, en los que se analizan cojinetes de cigüeñales con muñones desfasados a 180º.De hecho, Ramelli construyó, en 1588, un carro anfibio movido por cigüeñales propulsados por varios hombres.

Así las cosas, son innumerables los intentos por resolver el problema de la locomoción, que se fueron acumulando a través de las centurias. La fuente de potencia era el vapor, o se intentaba con el viento, o se ensayaba con la conversión de diferentes formas de tracción a sangre. No obstante, una conclusión es certera: fue Leonardo quien intentaría erigir un vehículo apto para el transporte individual, y también sería él quien intentaría crear el aeroplano.

LOS PIONEROS

El primer intento para reemplazar la tracción a sangre fueron los vehículos propulsados a vapor. Se cree que los experimentos iniciales de producir los vehículos a vapor se llevaron a cabo en China, a fines del siglo XVII, pero los registros documentales más antiguos sobre el uso de esta fuerza motriz datan de 1769, cuando el escritor e inventor francés Nicholas-Joseph Cugnot presentó el primero de ellos. Era un triciclo de unas 4,5 toneladas, con ruedas de madera y llantas de hierro, cuyo motor estaba montado sobre los cigüeñales de las ruedas de un carro para transportar cañones. Era interesante como innovación pero muy poco útil; incluso su prototipo se estrellaría y una segunda máquina quedaría destruida en 1771, aunque la idea sería retomada y desarrollada en Inglaterra en los años siguientes. De hecho, hasta 1840 se construirían en ese país más de 40 coches y tractores propulsados a vapor. Para 1836 circulaban regularmente unas 9 diligencias a vapor, capaces de transportar cada una entre 10 y 20 pasajeros a unos 24 km/h.

Con todo, este período de crecimiento sería relativamente breve. Así las cosas, el motor de combustión interna seguiría siendo desarrollado de manera independiente por inventores e ingenieros en países como Alemania, Francia y Estados Unidos. Por su parte, Inglaterra inventó el concepto de vehículo autopropulsado hacia 1830, aunque su política apoyó al crecimiento ferroviario. El resultado sería desperdiciar la oportunidad de marcar, desde el principio, una soberanía absoluta en la industria automotriz.

La búsqueda se concentraba en alguna forma más práctica de mover los coches autopropulsados. Y la solución aparecería nuevamente en Europa en 1860, cuando el belga Etienne Lenoir patentó en Francia el primer motor a explosión capaz de ser usado; sobre ideas aparecidas en Inglaterra a fines del siglo XVIII. El camino estaba trazado, pero habrían de pasar otros seis años hasta que el alemán Gottlieb Daimler construyera en 1866 el primer automóvil propulsado por un motor de combustión interna. Su prototipo era un gigante de casi dos toneladas de peso que fue presentado en la Exposición de París de 1867 por su patrón, el industrial alemán Nicholas August Otto. Esta presentación sería la base de la nueva industria.

Dibujo de los primeros motores de combustión interna.

EL CONCEPTO MODERNO DE AUTOMÓVIL

Tras años de trabajo, fue el mismo Daimler quien ideó una variante de apenas 41 kg que sería el precursor de todos los motores a explosión que siguieran. Sobre esta planta motriz, el ingeniero mecánico Karl Benz diseñaría el primer vehículo utilizable impulsado por un motor de combustión interna; era un pequeño triciclo que comenzó a funcionar a principios de 1885 y fue patentado el 26 de enero de 1886. El mismo Benz presentó un primer automóvil de cuatro ruedas con su marca en 1893 y construyó un coche de carrera en 1899. Pero si bien su empresa había sido pionera, a principios del nuevo siglo había quedado algo relegada por negarse a incorporar los adelantos más modernos logrados por otros precursores, como Daimler y su socio, Wilhelm Maybach. Todo lo cual hizo que en 1926 se fusionara con la Daimler Motoren Gesellschaft para integrar la Daimler-Benz, que sería la predecesora de la famosísima Mercedes Benz.

Con los primeros años del siglo XIX se agudiza la competencia entre las nacientes fábricas y también la preocupación por mejorar los diferentes sistemas del automóvil, como frenos, amortiguadores, carburación, transmisión y arranques. El neumático había sido inventado en 1875 por el escocés Robert W. Thompson, pero ya lo había mejorado un veterinario compatriota suyo, John Boyd Dunlop, quien en 1888 patentó y desarrolló el primer neumático con cámara de aire para ser utilizado en automóviles y bicicletas. En 1897 y luego de años de esfuerzos, Robert Bosch conseguiría desarrollar un magneto de encendido de aplicación práctica y, casi simultáneamente, comenzaría a funcionar el motor de autoencendido de Rudolf Diesel, que no requería de un sistema eléctrico de ignición. De paso, digamos que el combustible para los motores comunes no era problema, porque otro alemán, el profesor de química Eilhard Mitscherlich había descubierto la bencina en 1833, con lo cual ya estaba disponible un nuevo hidrocarburo líquido: la gasolina o nafta.

¿Sabías qué...?
En 1898 el récord de velocidad en un auto era de 62.78 km/h.

LA EXPANSIÓN DE LA INDUSTRIA AUTOMOTRIZ

Era una época prolífica para el automóvil. En las postrimerías del siglo XIX, un joven francés llamado Louis Renault armó su primer auto en un taller instalado en los fondos de la casa de sus padres. Así, con 21 años, construyó su primer automóvil modificando un triciclo De Dion, añadiendo una rueda y una transmisión mediante una junta de cardano de su invención, y dotándolo de una caja de cambios de 3 velocidades y reversa.

Por su parte, hacia1892, el norteamericano Henry Ford armó su primera máquina rodante con motor a nafta y en 1908 lanzó el Ford T, que presentaba una gran cantidad de innovaciones. El modelo tenía el volante a la izquierda, siendo esto algo que la gran mayoría de las otras compañías pronto copiarían; todo el motor y la transmisión iban cerrados, los cuatro cilindros estaban encajados en un sólido bloque y la suspensión funcionaba mediante dos muelles semi-elípticos. El automóvil era muy sencillo de conducir y, más importante, fácil de reparar. Su nombre acapararía la fama sólo cuando, a partir de 1913, disminuyó significativamente los costos al instalar en su fábrica de Highland Park la primera cadena de montaje, el proceso se denominaba así porque una cadena metálica se enganchaba en el chasis para su armado. Ford vendería 15.000.000 de unidades de su modelo Ford T entre 1908 y 1928 y su marca sólo sería batida en 1972 por otro popular automóvil, el Volkswagen Sedán, oficialmente llamado Volkswagen Tipo 1 (y también conocido como Escarabajo).

De la aparición de los grandes autos surgió, como inevitable consecuencia, una pléyade de modelos que incorporaron mejoras en diversos sentidos. Tal vez, las más notables se refieran a los esfuerzos, esta vez más consistentes, por lograr líneas aerodinámicas más eficientes. De hecho, los incrementos de peso y potencia elevan los consumos. Por lo demás, junto a Renault y Ford habría de nombrarse también a otros pioneros que forjaron la historia del automóvil: Ettore Bugatti, Ferdinand Porsche, Armand Peugeot, André Citroën, Ferrucio Lamborghini, Enzo Ferrari. Gracias a ellos y a quienes los siguieron se originó la era del auto moderno, ése que aún hoy, más o menos aerodinámico, vemos andando por la calle.