Apaches

Con el nombre de apaches se conoce a un grupo de naciones indígenas que se asentaron al este del actual estado de Arizona y regiones de Texas y Nuevo México (Estados Unidos), y al norte de los actuales estados mexicanos de Sonora y Chihuahua.

Río Platte, zona donde se asentaron los apaches kiowa.

En total eran seis tribus emparentadas culturalmente por pertenecer todas al grupo de lenguas atabascanas: los apaches kiowa, asentados entre el límite norte de Nuevo México y el río Platte; los lipanos, del este de Nuevo México y oeste de Texas; los jicarillas del sur de Nuevo México; los mescaleros, de la zona central de Nuevo México; los chiricahuas de la zona montañosa de Chiricahua, en el suroeste de Arizona, y los apaches occidentales de la parte central de Arizona.

Estos pueblos se denominaban a sí mismos ndee, palabra cuya traducción al español es “la gente”, pero los conquistadores españoles los llamaron apaches, palabra que posiblemente provenga del zuñi apachu y cuyo significado es “enemigo”.

Hablaban un conjunto de lenguas atabascanas meridionales clasificadas en tres grupos: apache de las llanuras, apache oriental y apache occidental.

HISTORIA

Originarios del actual territorio canadiense, los apaches emprendieron una migración que tras quinientos años de marcha concluyó en el suroeste de Estados Unidos. Llevaban una vida seminómada que los mantenía en movimiento entre los ríos Colorado y Brazos, en Texas. Pescadores, agricultores y cazadores fueron hábiles exploradores que llegaron a conocer cada palmo de su extenso territorio, al que defendieron con fiereza resistiendo la colonización.
La resistencia apache comenzó con la llegada de los conquistadores españoles que en 1540 ocuparon las tierras de Nueva España. En 1598 Juan de Oñate tomó posesión de las tierras de Nuevo México y decidido a dominar a los pueblos originarios estableció como estrategia la división de las poblaciones para su debilitamiento. A fray Francisco de Zamaro le da el encargo de evangelizar a los indígenas del extremo norte de Nueva España y el poniente de Sierra Nevada, en California. Para facilitar la labor misionera, grupos de aztecas y otomíes convertidos al cristianismo, fueron trasladados desde sus territorios originarios hacia la zona de los apaches. Pero los apaches, como otras tribus de la región, no se dejaron seducir por la propuesta evangélica y atacaron poblaciones españolas localizadas en los territorios de Nueva España, incendiándolas.

Pero el avance español hacia el norte continuó penetrando en sus tierras hacia fines del siglo XVI. La presencia española en la región limitó el flujo comercial entre los apaches y los pueblos vecinos, situación que se vio agravada con la llegada a la región de los comanches a principios del siglo XVIII, obligándolos a desplazarse hacia el sur, alejándose así de su principal fuente de alimentos, el búfalo. Las circunstancias llevaron a los apaches a dedicarse al pillaje para poder subsistir.

Después de declarar su independencia, México intentó darle una solución a la cuestión, iniciando un periodo de pacificación que consistía en agruparlos en poblaciones, pero el plan fracasó por la impericia de los funcionarios del gobierno.

Al firmarse el tratado de Guadalupe-Hidalgo en 1848, entre México y Estados Unidos, el territorio apache quedó dividido entre estos dos países. Esto generó malestar en los aborígenes, que se manifestaron disconformes con la resolución que provocó su dispersión por tierras de Arizona, Nuevo México, Texas, Oklahoma, Chihuahua, Sonora, Coahuila, Durango y Zacatecas.

Los enfrentamientos entre las tribus apaches y el ejército de los Estados Unidos se sucedieron hasta que, en 1868 se rindieron la mayoría de las tribus, exceptuando a los chiricahuas, que siguieron con su posición hostil hasta 1872, cuando su jefe, Cochise, firmó un tratado de paz con el gobierno y aceptó el traslado de su pueblo hacia una reserva en el sur de Arizona. Años después, en 1886, Jerónimo, por entonces jefe apache, fue detenido y confinado con su grupo a una reserva en Florida, Alabama, desde donde se lo trasladó al Territorio Indio de Oklahoma, donde falleció en 1909.

En 1928 el gobierno mexicano declaró oficialmente extinta la etnia apache en su territorio. Para entonces apenas unas 3.000 sobrevivían en Estados Unidos, donde fueron sometidos en reservas en los estados de Arizona, Nuevo México y Oklahoma.

Zona montañoza Chiricahua.

ECONOMÍA

Población nómade, la mayor del sudoeste de Norteamérica, sus comunidades se establecían en verano en las zonas montañosas, trasladándose durante el invierno a las llanuras. Eran profundos conocedores del terreno, lo que facilitaba su adaptación al medio. Estos conocimientos empíricos sobre la ecología fueron útiles a los colonizadores blancos que poco sabían sobre una tierra para ellos completamente desconocida.

Criaban perros, caballos, mulas, ovejas y algunas vacas que además de servirles como alimento, los proveían del cuero necesario para fabricar monturas. Pero la base de su economía eran la caza y la recolección. La cacería era una actividad exclusiva de los hombres, para la que se preparaban desde la niñez. Esta actividad les exigía máxima concentración, y cuando la llevaban a cabo trataban de mantener alejadas a las mujeres porque consideraban que traían mala suerte. Formaban partidas que se movilizaban a pie o a caballo, y en ocasiones se disfrazaban con máscaras que reproducían antílopes o ciervos, untándose además con grasa animal, lo que les permitía acercarse más a sus presas. Todo era complementado con ceremonias religiosas que garantizaban el éxito y aplacaban a los animales sacrificados.

La llegada de los europeos los puso en contacto con el caballo y sus múltiples utilidades; desde entonces se dedicaron a robarlos haciendo con la colaboración del animal, más ágiles sus tareas.

Por su parte, las mujeres se encargaban de recoger alimentos, madera, agua y miel. Además, era común la práctica del trueque y el pillaje con las otras tribus.

RELIGIÓN

En la vida de los apaches la religión era algo fundamental. La mitología apache pone de relieve la búsqueda de la patria, búsqueda en la que reciben la colaboración de los dioses gemelos de la guerra, que recorrían el mundo fijando límites y determinando las zonas en las que los grupos podían vivir. Creían que el mundo estaba en continuo movimiento y sus rituales se centraban en elementos inmediatos y espontáneos. Estos rituales eran conducidos por chamanes. A pesar de la importancia que le daban a lo religioso, no tenían una creencia orgánica en cuanto al más allá porque lo prioritario para ellos era la supervivencia, por eso privilegiaban los ritos curativos. Otros ritos importantes eran los que se realizaban en consonancia con el ciclo de vida, como los primeros pasos de un niño y la ceremonia de la pubertad.

Sus dioses principales, Gan (espíritus de las montañas), reciben su fuerza de los bosques y el desierto, se retrotrae al Oso y la Serpiente y se vinculan con el Rayo y las Estrellas. Estos espíritus bailan de noche frente al fuego, su danza es de búsqueda y vienen de las cuatro direcciones.

Durante la representación el pueblo revive el origen de los apaches y las migraciones de sus antecesores. Las bendiciones de los espíritus pasan por las mujeres de la tribu, que los encierran en un círculo que se mueve lentamente y que se baila alrededor de la lumbre.

Sin embargo a los espíritus les acompaña un payaso que les sigue agitando maracas e imitando sus movimientos, y éste es el más sagrado, el que guarda a los espíritus de las montañas y aleja las influencias negativas del círculo.
Para el pueblo apache la necesidad de celebrar es tan sagrada como el cántico del chamán; sus celebraciones son una afirmación de la vida.

ORGANIZACIÓN SOCIAL

Si bien existen diferencias en la organización de las distintas naciones correspondientes al grupo de los apaches, existen algunos rasgos generales comunes a todas. Los pequeños grupos familiares en los que estaban agrupados viajaban juntos y tenía cada uno su propio líder. Estos grupos a menudo interactuaban con otros y conformaban una unidad mayor a la que llamaban banda. No existía un gobierno central, cada uno tenía sus propios tratados y acuerdos oficiales, razón por la cual existían diferencias entre ellos a la hora de negociar con gobiernos como el de Estados Unidos, cuando se trataba de llegar a un acuerdo o pacto.

La organización social de las tribus apaches occidentales era de tipo matrilineal, es decir, su descendencia se transmitía por línea materna; otras tribus, al parecer, mantenían la descendencia a través de ambos progenitores. La poligamia se practicaba siempre que lo permitieran las circunstancias económicas. El vínculo matrimonial podía romperse fácilmente por cualquiera de las dos partes.

Tradicionalmente, las mujeres apaches recolectaban los alimentos, la leña y el agua, mientras que los hombres se dedicaban a la caza y la rapiña.

VIVIENDA

Los apaches vivían en tres tipos distintos de casas. El primero es el tipi o teepee, que es una tienda cónica que se encuentra realizada de pieles de animales, pudiendo ser fácilmente trasladada de un lugar a otro. Otra vivienda es el wickiup, que cuenta con una sola estancia y es redonda, contando con una cúpula cuya cobertura se realiza con hierba, maleza, corteza, tejidos o juncos, siempre teniendo en cuenta la disponibilidad de materiales. Finalmente se encuentra el hogan, que a pesar de ser característico de los navajos también fue utilizado por los apaches. Se trata de viviendas redondas que cuentan con una forma cónica, hecha de madera, arcilla y tierra. Su estructura facilitó la vida en entornos calurosos gracias a que favorecía la ventilación y en temporadas invernales preservaba el calor.

El hogan, vivienda característica de los navajos, también fue adoptada por los apaches.

COSTUMBRES

Consideraban al guerrero como sagrado, era un héroe cultural y lo llamaban “Muchacho del Agua”. Se preparaba para sus funciones en un noviciado durante el que debía observar algunos tabúes hasta convertirse en servidor del resto de los luchadores. Una vez superada esta celebración se lo consideraba adulto y guerrero.

A las mujeres les estaba vedado participar en los combates, sin embargo en la historia de este pueblo ha habido excepciones justificadas en los supuestos poderes especiales de algunas representantes femeninas. Para la guerra reunían de 150 a 200 guerreros, a veces un número mayor, y por lo general se trataba de conflictos originados en venganza de incursiones sangrientas de sus enemigos ocasionales o en represalia por actos de brujería. Los chamanes eran los encargados de preparar los rituales adecuados previos al asalto, y luego uno de ellos acompañaba a la tropa por sus dones curativos.

Los colonos europeos pudieron constatar la habilidad de este pueblo para tender emboscadas, camuflajes, ataques sorpresivos y guerra de guerrillas. Sus técnicas silenciosas eran tan perfectas que eran capaces de desarmar un campamento y desaparecer ante la vista del enemigo sin que este lo percibiera. Incluso para despistarlos montaban campamentos falsos. En trances difíciles demostraban su dureza; soportaban la sed y el hambre y eran capaces de recorrer distancias de entres 50 y 80 km al día. El hombre blanco los apodó “los tigres de la raza humana”, y les temían por su implacabilidad y brutalidad. Aunque se trata de una consideración subjetiva ya que fue justamente el hombre blanco el que los destruyó.

Se diferenciaban de otras etnias por su pragmatismo, lo que los hacía prudentes y reticentes a las acciones suicidas o demasiados riesgosas. Admiraban la valentía, pero rechazaban el heroísmo por considerarlo innecesario y contraproducente.

ARTE

La expresión artística más común asociada a los apaches es la cestería, cuya especialización ha sido desarrollada a lo largo de miles de años. La decoración era geométrica e intrincada, con diseños de animales, y se utilizaba principalmente la yuca para su realización. Hacían también collares que eran elaborados con distintos elementos como conchas, corales, turquesas, plata o madera entre otros elementos que luego se tallaban. Además de distintos ornamentos que vestían principalmente las mujeres, el arte apache también contaba con copas, platos y cucharas que eran realizados con cuidados diseños hechos a mano.

ACTUALIDAD

Desde que perdieron su última guerra, se vieron obligados a vivir en las reservas -cuya invención se debe a los españoles en el siglo XVIII-, muchas de ellas situadas fuera de sus tierras históricas. Si bien los apaches sobrevivieron o se recuperaron demográficamente, una parte de sus formas culturales desapareció. Con todo, los últimos años han presenciado un renacimiento de sus tradiciones, ya que han sabido adaptarse a los tiempos actuales.

Los sobrevivientes de la etnia viven las reservas de Arizona, Nuevo México y Oklahoma y se calcula que el número de individuos está entre los 5.500 y los 6.000. A estos se suma un pequeño grupo de apaches mescaleros que subsisten en la zona fronteriza entre los estados mexicanos de Chihuahua, Sonora y Coahuila.

COCHISE (1812 – 1874)

Su nombre apache es Shi-Kha-She y es la figura que encabeza las Guerras Apaches que luego serán continuadas por figuras como Gerónimo. Hasta el año 1861 la convivencia entre grupos de blancos e indios había sido pacífica, pero ese año se sucede un incidente en el que a raíz de un robo Cochise es juzgado erróneamente como su autor, llevando al asesinato de rehenes de ambas partes luego de un enfrentamiento con un inexperto teniente. Este incidente abrió el capítulo de enfrentamientos entre Cochise y los colonos, llevando a la intervención inmediata del ejército estadounidense, que tenía la orden de apresar a Gerónimo. Sin embargo, a pesar de los numerosos enfrentamientos no pudo ser atrapado, y finalmente fueron los esfuerzos diplomáticos del presidente estadounidense Ulysses Grant y Cochise lo que permitió llegar a un acuerdo, conservando una extensa reserva donde muere de causas naturales.


GERÓNIMO (1829 – 1909)

Su verdadero nombre es Goyaleé (Uno que bosteza) y encabezó algunas de las más valientes resistencias ante la expansión colonizadora de México y Estados Unidos. A raíz del asesinato de su mujer, sus tres hijos y su madre en 1859 jura venganza contra las tropas del gobernador militar de Sonora y se asocia a Cochise atacando numerosas ciudades mexicanas y estadounidenses. Fue obligado a ingresar en una reserva en 1876 pero se negó e influyó en su tribu para que no aceptaran encontrarse confinados allí. Esto llevará a que las fuerzas militares estadounidenses lo apresen luego de numerosos enfrentamientos y sea recluido primero en la prisión de Fronteras en el estado mexicano de Sonora y luego en una reserva india de Estados Unidos en Oklahoma, donde murió a los 79 años.