El Imperio español y el Imperio británico

Estos dos imperios compitieron fieramente entre sí y dominaron la política global durante siglos. Eran muy diferentes, tanto en sus objetivos políticos como en los ideales religiosos en los que se basaban. Conoce sus principales diferencias y similitudes.

Imperio español Imperio británico
¿Qué es? Es el conjunto de territorios gobernados por las dinastías hispánicas entre los siglos XVI y XIX. Es el conjunto de los territorios propios y dominados (colonias y protectorados) por el Reino Unido entre los siglos XVI y XX (hasta el año 1949).
Establecimiento Se estableció en 1492, cuando Cristóbal Colón llegó con las tres carabelas (La Santa María, La Pinta y La Niña) al inmenso territorio que se llamaría América. El dominio británico de los territorios por fuera de Europa y las Islas Británicas comenzó entre 1485 y 1509.
Objetivos políticos
  • Tener el acceso a los productos americanos y asiáticos: oro, plata, azúcar, porcelana, especias, seda.
  • Mantener la hegemonía católica de los Habsburgo en Alemania, en defensa del catolicismo frente a la Reforma.
  • Defender a Europa del avance del Imperio otomano.
  • El gobierno necesitaba controlar y defender los intereses comerciales británicos.
  • Intervención política, económica y militar directa.
  • Inauguraron territorios satélite que, o bien formaban parte de la Corona británica (colonias), o se hallaban bajo su “protección”, lo cual quería decir bajo su administración política y militar (protectorados).
Religión La fe oficial del Imperio español fue el catolicismo romano. En el Imperio británico se practicaba el protestantismo y el anglicanismo. Ambas son variantes del cristianismo influenciadas por las reformulaciones de Martín Lutero y el arzobispo de Canterbury, respectivamente.
Caída El derrumbe del Imperio español se produjo en el siglo XIX, tras la conquista de España por parte de las fuerzas napoleónicas. Una vez depuesto Fernando VII, José Bonaparte fue coronado como rey de España.

Estas noticias llegaron a las élites coloniales, que aprovecharon el momento para alzarse en supuesta fidelidad al rey caído y proclamar su independencia de España.

El Imperio británico terminó a mediados del siglo XX. Luego de la Segunda Guerra Mundial, la devastación y crisis económica de toda Europa favoreció un proceso progresivo pero firme de descolonización. Esto fue particularmente rápido en el caso africano, en una seguidilla de independencias, tras años de lucha armada: Ghana (1957) y Nigeria (1960), Suazilandia (1968) y Seychelles (1976).

 

Organización económica, social y política de Roma y Grecia

Tanto Grecia como Roma son países mediterráneos, lo suficientemente similares en latitud como para que ambos cultiven vino y aceitunas. Sin embargo, en el pasado, su organización social, su cultura, su política y su arte presentaban notables diferencias.

Diferencias entre GrECIA y Roma

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La Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial fue un acontecimiento bélico internacional que se desarrolló entre el 28 de julio de 1914 y el 11 de noviembre de 1918. No sólo llegaría a convertirse en una “Guerra Total” sino que trascendería al ámbito mundial cuando intervinieron en ese conflicto naciones situadas en otros continentes. Por primera vez en la historia de la humanidad, una lucha armada involucraba a todas las grandes potencias del mundo, que se alinearían en dos bandos enfrentados: por un lado, los Aliados de la Triple Entente, y, por otro, las Potencias Centrales de la Triple Alianza.

Varios son los rasgos distintivos de la Primera Guerra Mundial con respecto a aquellos conflictos a los que le precedieron en el siglo XIX: su gran extensión, su larga duración, el empleo de un sofisticado armamento, la masiva movilización militar y civil, y el uso de la propaganda.

Todas las fuerzas en conflicto creyeron que la guerra iba a ser rápida y contundente. Sin embargo, una vez iniciadas las operaciones, se haría evidente que la contienda se convertiría en una lenta agonía que, por su magnitud y consecuencias, constituiría una brecha que separaría el siglo XX de todo lo precedente.

Ilustración digital del mapa de Europa durante la Primera Guerra Mundial.

CAUSAS

A finales del siglo XIX, el dominio sobre las colonias provocaría conflictos entre las potencias dominantes que se resolvían por acuerdos diplomáticos, o por guerras locales. Sin embargo, la diplomacia internacional iría variando. A medida que crecían las necesidades de expansión de las grandes potencias, las confrontaciones se hicieron incontrolables. Asimismo, era difícil resolver los conflictos en un escenario que se había ampliado.

ANTECEDENTES: tensiones entre las potencias europeas antes de la I Guerra Mundial.

1. Bismarck y la diplomacia europea de 1871 a 1890.

Otto von Bismarck había organizado las relaciones entre las distintas potencias europeas; su objetivo sería aislar a Francia para evitar un posible revanchismo por la pérdida de Alsacia y Lorena además de concertar alianzas con Austria-Hungría, Rusia, Italia e incluso con Gran Bretaña.

Bismarck perseguía como objetivo final la paz, aunque no dudó en utilizar la amenaza de guerra para forzar la firma de un tratado. Estas amenazas hacen que las potencias europeas inicien la carrera armamentística. Cuando Bismarck abandona la política, sus sucesores no serán lo suficiente hábiles para mantener estos objetivos y Rusia se aliará a Francia haciendo la guerra inevitable.

2. El caos de los Balcanes.

En la zona de los Balcanes, el Imperio otomano se desmembraba; por ello, todos los jóvenes países nacidos de su deterioro aspiraban a su independencia. Sin embargo, las dificultades eran muchas: los pueblos mezclados hacían de la zona un mosaico de lenguas y religiones; resultando imposible el nacimiento de Estados viables. Ante este caos, Serbia pretende la unión de todas las minorías para formar la Unión de los Eslavos del Sur o Yugoslavia.

A nivel internacional dos grandes potencias tienen ambiciones territoriales sobre la zona: Rusia busca una salida al Mediterráneo, por lo que apoya a Serbia; Austria-Hungría, en cambio, pretende extenderse hacia el sur. Las rivalidades entre ellas irían en aumento y entre 1908 y 1909 Rusia y Austria llegan casi a la guerra a causa de Bosnia, territorio que se incorpora a Austria y cuyo reconocimiento Alemania, aliada suya, exigía al zar. Rusia tendría que aceptar esta resolución, siendo humillada por ello. Esta rivalidad entre Rusia y Austria será una de las causas de la Guerra.

El conflicto reveló la maquinaria de terror paradójicamente surgida de los avances y el progreso de la ciencia y la tecnología. El intenso desarrollo de los instrumentos y técnicas de guerra (fusiles, ametralladoras, gases venenosos, vehículos de combate, dirigibles, primeros aviones de guerra, y acorazados) modificarían la ciencia militar.

3. La crisis marroquí.

La rivalidad entre Alemania y Francia se manifiesta en Marruecos, zona sobre la que Francia pretende instaurar un protectorado y en la que Alemania tiene intereses comerciales. En definitiva, las crisis y rivalidades de los Balcanes y de Marruecos van a consolidar en Europa a dos bloques: Alemania aliada de Austria-Hungría y Rusia aliada de Francia.

CAUSAS PRÓXIMAS

1. Rivalidades territoriales.

Francia deseaba el territorio de Alsacia y Lorena que le había sido arrebatado por Alemania en 1871; la tensión aumentará cuando Alemania inicie una política de germanización sobre la población de lengua francesa de esos territorios. Por su parte, Polonia sigue repartida entre Rusia, Austria y Prusia por lo que, en la zona austríaca, el gobierno es tolerante con el nacionalismo polaco; en la zona prusiana (alemana), por el contrario, se prohíbe la lengua y se instalan colonos de habla alemana; y en Rusia, el zar alienta el nacionalismo para que Polonia se unifique e integre dentro del Imperio Ruso.

En los Balcanes se producen enfrentamientos conocidos como Guerras Balcánicas. Estos conflictos supusieron la expulsión definitiva del Imperio otomano de la península salvo en el extremo oriental de Tracia, el establecimiento de fronteras casi definitivas y el nacimiento de Albania como Estado independiente. Sin embargo, no se resolvieron las disputas territoriales entre los países balcánicos, manteniendo Bulgaria sus deseos de nuevas fronteras; Macedonia, Tracia y Dobruja serían objeto de competencia.

En el Imperio Austro-húngaro, los movimientos nacionalistas de los distintos territorios que componen ese Estado (húngaros, checos, eslovacos) aspiran a una mayor autonomía e incluso a la independencia. Este factor genera inestabilidad y es aprovechado por sus rivales.

2. Rivalidades militares.

Ante una posible guerra, todas las potencias se lanzaron a la carrera armamentística, por lo que el servicio militar es prolongado a tres años, multiplicándose el presupuesto del ejército. Francia y Gran Bretaña temían por el rearme alemán, pues disponía de un gran potencial industrial.

3. Rivalidades económicas.

Gran Bretaña había sido la gran potencia industrial de Europa hasta finales del siglo XIX. Sin embargo, desde los inicios del XX, tiene que sufrir el desarrollo de la industria alemana y su sustitución en los distintos mercados europeos. Además, la política económica alemana era agresiva, con fuertes medidas proteccionistas que fomentaban la exportación y la conquista de mercados.

4 Las causas psicológicas.

Algunos historiadores han señalado la importancia de los medios de comunicación para influir en el estado de ánimo colectivo manejando a la opinión pública; también fueron causantes del aumento de la tensión. Se cree que el aumento de efectivos en los distintos ejércitos estuvo motivado por ese clima. Alemania pasó de 621.000 hombres a 820.000 en un año, Austria pasó de 100.000 a 160.000, Francia logró unos efectivos de 750.000 hombres y Rusia 1.800.000. Junto con el aumento de efectivos también se produce el aumento de los impuestos para fines bélicos en casi todos los países; para justificarlo se bombardea con la idea de guerra inminente.

¿Sabías qué...?
Alemania terminó de pagar sus deudas por reparaciones de la primera guerra mundial el 3 de Octubre de 2010.

EL DESARROLLO BÉLICO

LOS BLOQUES CONTENDIENTES

Son las dos alianzas en las que se agrupaban los países europeos:

La Triple Entente: Francia, Reino Unido y Rusia.
La Triple Alianza: Alemania, Austria-Hungría e Italia.

Cada uno de ellos va a hacer esfuerzos para atraer a otros países y aumentar su potencial militar; tendrán que prometer concesiones territoriales y promesas difíciles de cumplir. Japón, por ejemplo, entró en la guerra en agosto de 1914 por los aliados, para quedarse con factorías de Alemania en Asia. Hacia noviembre, Turquía apoyaría a los imperios centrales: fue un duro golpe a los aliados pues la única salida de Rusia era por el Mar Negro y Turquía controlaba los estrechos que lo comunicaban con el Egeo. En mayo de 1915 entra Italia con los aliados, con la promesa de ciertas concesiones territoriales a costa de Austria.

Durante febrero de 1917 un acontecimiento decisivo dio un viraje completo al conflicto: la Revolución rusa. Ésta obligaría a abdicar al Zar Nicolás II, quedando Aleksandr Kérenski, quien continuaría en guerra contra Alemania. Sin embargo, en octubre estalla la revolución bolchevique que depuso al gobierno de Kérenski. La inestabilidad permitió a los alemanes un gran avance en Rusia. Los bolcheviques tomaron el control y firmaron el armisticio con los imperios centrales en el mes de diciembre. Así, para obtener la paz consintieron enormes sacrificios económicos y territoriales.

Hacia abril de 1917 los Estados Unidos le declaran la guerra a los imperios centrales, dándole a la contienda el carácter mundial pero sus efectos no se sentirían sino hasta 1918. El hecho que motivó el ingreso de Estados Unidos en la guerra, fue el hundimiento del Lusitania, donde murieron 123 estadounidenses, por un submarino alemán. Los países que permanecerían neutrales a final de la guerra serían Suiza, los Países Escandinavos, Holanda y España.

Imagen alusiva al hundimiento del Lusitania. Ocurrido frente a las costas de Irlanda el 7 de mayo de 1915, fue uno de los mayores desastres navales ocurridos a un buque de línea durante la Primera Guerra Mundial.

LAS ETAPAS DE LA GUERRA

1. La guerra de movimientos (hasta diciembre de 1914).
En el frente oeste los alemanes ponen en marcha el plan Schilieffen e invaden Bélgica y una parte del norte de Francia; no contaban con la dura resistencia francesa, que frenaría a los alemanes en el río Marne, paralizando la ofensiva y estabilizando los frentes en trincheras. En el frente oriental, los rusos, mal equipados y con pésimas comunicaciones, son derrotados por los alemanes en Tanneberg. Tras la batalla de Lemberg, Austria sería derrotada y tendría que abandonar Serbia.

2. La guerra de posiciones (diciembre de 1914- febrero de 1916).
El fracaso del plan Schlieffen detiene a los alemanes y el frente se estabiliza en una guerra de trincheras; una guerra de desgaste basada más en la capacidad de abastecimiento de los frentes que en los avances militares. El prototipo de guerra de trincheras fue Verdún, donde los franceses resistieron penosamente el empuje alemán. Entretanto, los ingleses ganan la batalla naval de Jutlandia a los alemanes; en el Este los aliados fracasan al intentar abrir los estrechos turcos para comunicarse con Rusia.

3. Las novedades de 1917.
En el año 1917 cambia el panorama bélico. En el oeste, los Estados Unidos entran en la guerra tras varios incidentes con Alemania. Esto desequilibra la balanza a favor de los aliados, que así cuentan con grandes suministros de hombres, materiales y capitales. Mientras tanto, en el este, Rusia se retira de la guerra en noviembre tras el triunfo de la revolución bolchevique. Eso se confirma en febrero de 1918 con el tratado de Brest-Litovsk. El frente oriental queda eliminado.

4. El retorno a las grandes ofensivas (1918).
En el último año de la guerra todas las naciones hacen un esfuerzo supremo para lograr la victoria. Los alemanes, una vez eliminado el frente este, se van a centrar en el oeste, desde donde aumentará su empuje. Los aliados coordinarán todas sus fuerzas bajo el mando de Ferdinand Foch. Cuando los americanos intervienen, la inferioridad alemana es manifiesta y se produce el declive a partir de agosto con la derrota en Montdidier. En septiembre los generales alemanes Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff declaran la imposibilidad de resistir. Desde allí se acelera la caída de los alemanes. El 9 de noviembre, el kaiser Guillermo II huye de Alemania y se proclama la República de Weimar. El 11 de noviembre se firma el armisticio en el bosque de Compiègne, acaso el mayor avance de los alemanes que fueron frenados a tiempo por los refuerzos estadounidenses.

El conflicto se convirtió en una guerra de posiciones: los ejércitos se enterraban en trincheras protegidas por alambradas y terraplenes, con lo cual los soldados estuvieron sometidos a durísimas condiciones, mal alimentados, atacados por el frío, la suciedad, las ratas y los piojos. Así se libraron las más terribles y sangrientas batallas de la guerra que pese a su magnitud no consiguieron alterar el rumbo del conflicto.

EL DESARROLLO DEL CONFLICTO

• LOS PLANES ESTRATÉGICOS
Los dos bloques tenían estrategias para vencer al enemigo, elaboradas mucho antes del estallido del conflicto. Desde 1891, los alemanes disponen del plan Schlieffen para atacar a Francia: el acelerado ataque antes de que los rusos se organizaran; una vez neutralizado el frente francés, podrían dedicarse al frente ruso. Los franceses contaban con el Plan XVII desarrollado en 1911 por el general Joseph Joffre; el desarrollo de ofensivas a cualquier costo. Sin embargo, los franceses tendrían que defenderse para frenar a los alemanes.

El fracaso de estos dos planes permitiría que el conflicto se transformara en una guerra larga y, para intentar vencer al enemigo, se utilizaran varias tácticas:

a) de ruptura, para destrozar el frente enemigo;
b) de desgaste, por agotamiento de sus recursos (guerra de trincheras);
c) de división, la apertura de muchos frentes secundarios para fraccionar las fuerzas del enemigo.

CONSECUENCIAS DE LA GUERRA

El 27 de Octubre de 1918 Alemania consintió en aceptar las negociaciones de paz y Guillermo II debió entregar el poder. En tanto, comenzaron los preparativos para la conferencia de Versalles en la cual los representantes de los países vencedores se reunieron para preparar el tratado definitivo de paz. Alemania quedaba obligada a reducir su ejército y armamento y a pagar fuertes sanciones económicas como reparación a los aliados. El antiguo territorio del Imperio alemán fue dividido por el Corredor polaco, desmilitarizado, confiscadas sus colonias, y responsabilizado por el conflicto. Este tratado produjo amargura entre los alemanes; fue la semilla inicial del próximo conflicto mundial.

Las consecuencias del enfrentamiento fueron:

• Pérdidas demográficas: Se cree que murieron en la guerra unos 12 millones de hombres. Alemania perdió 1.800.000, es decir, el 12 % de sus hombres entre 15 y 50 años; Francia 1.400.000, Gran Bretaña 750.000; y Rusia unos tres millones. A esto debemos añadir los millones de heridos y mutilados de guerra. El número de huérfanos fue elevadísimo. En muchos sitios se produjo superpoblación femenina.

• Pérdidas económicas: Los enemigos destruyeron infraestructuras y atacaron centros de producción; el costo de la contienda sería enorme. El país más afectado fue Francia donde se devastaron grandes superficies. Tras la guerra vendría el racionamiento, el hambre y la escalada de precios, además del pago de fuertes indemnizaciones de guerra de los países vencidos, hipotecando aún más su recuperación.

Uno de los mudos testigos del horror de la Primera Guerra Mundial es el cementerio ubicado en la saliente de Ypres. El monumento al fondo contiene restos sin identificar de miles de soldados.

• Transformaciones sociales: Las diferencias sociales se acentuaron con el enriquecimiento de los mercaderes de armas y el empobrecimiento de los pequeños ahorristas, los retirados y los asalariados afectados por la inflación. Las mujeres adquirieron un nuevo lugar en la sociedad y se volvieron indispensables durante toda la guerra. Los cambios sociales estuvieron estrechamente ligados a la lucha política que emprendería el Liberalismo, el Comunismo y el Fascismo a lo largo del siglo XX.

A consecuencia de esta guerra cayeron cuatro imperios -el alemán, el austrohúngaro, el ruso y el otomano- y tres grandes dinastías, los Hohenzollern, los Habsburgo y los Romanov. Se confirmaba el final del Absolutismo Monárquico y se transformó el mapa de Europa:

• el Imperio del zar se convirtió en la Rusia comunista (más tarde la URSS),
• el Imperio Otomano dio paso a Turquía (península de Anatolia y Constantinopla),
• el Imperio Austro-húngaro dio paso a los Estados de Austria, Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia, como nuevos países independientes.
• el Imperio alemán fue reemplazado por la República de Weimar.

El peso político de Europa decae y fue sustituido por el de otras potencias: Estados Unidos, Japón y, más tarde, la Unión Soviética. Las potencias vencedoras permitieron el incumplimiento de algunos de los términos establecidos en los distintos tratados de paz, lo que provocaría el resurgimiento del militarismo y del nacionalismo agresivo en Alemania además de los desórdenes sociales en gran parte de Europa; agudizó la crisis económica, hubo una fuerte agitación social y resurgieron movimientos bélicos producto de las disputas que habían quedado sin resolver.

La civilización Bizantina

El Imperio Bizantino se originó como consecuencia de la división del Imperio Romano, realizada por Teodosio en el año 395. Este imperio lograría así sobrevivir a la amenaza germánica que había hecho sucumbir al Imperio Romano de Occidente en el año 476 y lograría perdurar por más de diez siglos hasta 1453; año en el que los turcos otomanos ocuparon su capital, Constantinopla.

Bizancio y Occidente se distanciaron progresivamente, a pesar de contar con un pasado común y con muchos puntos de contacto, conformando universos distintos. De hecho, en el terreno político contuvieron por largos siglos el avance del Islam sobre Europa oriental.

Los bizantinos, que eran en realidad una pluralidad de pueblos, lograrían fusionar la cultura de griegos y romanos, los elementos religiosos de cristianos y paganos y las costumbres orientales y occidentales. De esta manera, conservaron adquisiciones de la antigüedad y las reelaboraron bajo nuevas formas. Por lo demás, aunque hablaban griego, se autodenominaban romanos para así indicar su carácter de herederos del antiguo y prestigioso Imperio Romano.

Restos de antigua muralla bizantina.

 

LA EXTENSIÓN DEL IMPERIO

Las fronteras del Imperio Bizantino fueron fijadas, en un principio, por el emperador Teodosio en el año 395, cuando había dividido el Imperio Romano. Así, estaba formado por la península Balcánica, Asia Menor, Siria y Egipto. Estas últimas eran las provincias más pobladas, más ricas y con mayor tradición cultural. Sin embargo, los límites del imperio estuvieron sujetos a constantes fluctuaciones, que dependían de la capacidad de resistencia interna y del vigor de las potencias rivales. Así, cuando en el siglo VII, el imperio perdió a manos de los árabes Siria y Egipto, la pérdida fue compensada por el grado de homogeneidad que se ganó. De este modo, integrado el imperio por distintas etnias y culturas, sólo lo unían la religión y el acatamiento al emperador.

EL IMPERIO DE JUSTINIANO

Desde la caída del Imperio Romano de Occidente, los gobernantes bizantinos añoraban los tiempos en que este imperio dominaba todo el mar Mediterráneo. Uno de ellos, el emperador Justiniano (527-565) constituyó un fuerte Estado centralizado e intentó restaurar toda la grandeza del viejo imperio. Hijo de un campesino, tuvo una excelente formación gracias a su tío, el emperador Justino, que lo nombraría sucesor. De este modo, una vez en el trono, Justiniano compartió la idea de que el mundo cristiano, así como tenía una sola religión y una sola Iglesia, debía tener también una única autoridad política: el emperador bizantino.

Con estas ideas dirigió sus miras hacia Occidente, que en manos de reyes germánicos se había alejado de la influencia imperial. De hecho, llevaría a cabo un ambicioso plan de conquistas con la cual se apoderaría del reino vándalo instalado en África; más tarde venció a los ostrogodos que dominaban la península itálica y, por último, ocupó el sur de Hispania, desplazando temporalmente a los visigodos. No obstante, más trascendencia tuvo la reforma interior del Estado bizantino, que buscaba renovar las bases en las que se asentaba el Imperio. Para ello reformaría la administración central, residente en Constantinopla, que supervisaba a los funcionarios de provincia.

Además, decidió mejorar las leyes, con lo cual encargó a su colaborador, el jurista Triboniano, la redacción del Código de Derecho Civil, o Corpus Iuris Civilis, común para todos los habitantes del imperio. Por otra parte, Justiniano mejoró la situación de la hacienda pública y de la recaudación de impuestos, para sostener una organización civil y militar más eficiente.

La época de Justiniano no sólo destaca por sus éxitos militares o por la recopilación de leyes. Bajo su reinado, Bizancio vivió una época de esplendor cultural, a pesar de la clausura de la Academia de Atenas en el 529. Aquí se fueron destacando, entre otras, las figuras de los poetas Nono de Panópolis y Pablo Silenciario, el historiador Procopio, y el filósofo Juan Filopón. Sin embargo, el esplendor de la época encuentra su mejor ejemplo en una de las obras arquitectónicas más célebres de la historia del Arte: la iglesia de Santa Sofía, construida por los arquitectos Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto.

La Iglesia de San Marcos, en Venecia, se construyó en el siglo XI, durante la llamada segunda Edad de Oro del arte bizantino (siglos IX-XIII); el estilo de Bizancio influyó poderosamente en el arte románico europeo.

LOS SUCESORES DE JUSTINIANO: TIEMPOS DIFÍCILES

Poco después de la muerte de Justiniano, los bizantinos perdieron gran parte de sus posesiones conquistadas en Europa occidental. El agotamiento de recursos les impediría afrontar el avance de los ávaros, eslavos y búlgaros, que presionaban para internarse en los Balcanes. Los persas, por su parte, se adentraban cada vez más en las provincias orientales. Sin embargo, fue surgiendo un nuevo, y acaso más temible, adversario llegado desde Arabia: los musulmanes. En pocos años, estos últimos ocuparon Siria, Palestina y el norte de África, las mejores tierras agrícolas y las ciudades más ricas y comerciales del imperio, quedaron reducidas entonces a Grecia, Constantinopla, Asia Menor y algunas regiones de Italia.

Para defenderse, los sucesores de Justiniano crearon provincias fronterizas, gobernadas por militares, y entregaron tierras a los campesinos a cambio de que sirvieran en los ejércitos. De esta forma, los generales tuvieron cada vez más poder, y el imperio se militarizó. Este sistema de defensa fue efectivo y permitió frenar el avance musulmán en Asia menor, derrotar a los búlgaros que atacaban por el Norte y extender la influencia de Bizancio sobre los pueblos eslavos desde los Balcanes hasta Kiev. Sobre estas bases, hacia el siglo IX, accedió al trono una dinastía de emperadores macedónicos que gobernaría durante más de dos siglos y produciría un renacimiento del Imperio.

Sin embargo, durante el siglo XI, el Imperio Bizantino vio nacer un nuevo y mayor peligro: los turcos selyúcidas, que se apoderarían de parte de Asia Menor y de Palestina. Las guerras afectaron duramente la economía y cultura bizantinas: muchas ciudades fueron destruidas o abandonadas, la población disminuyó, y el comercio y la producción artesanal se debilitaron. Estos acontecimientos marcaron el inicio de la decadencia de Bizancio, que concluyó en 1453, cuando los turcos otomanos ocuparon Constantinopla.

Iglesia de Santa Sofía en Constantinopla, capital del Imperio Bizantino.

EL ESTADO IMPERIAL

Los bizantinos concebían al Estado imperial como parte del plan de Dios para el mundo. De la misma forma que Dios era único, sólo podía existir en la Tierra una única autoridad política: el emperador. Así, el imperio constituía una monarquía teocrática en la que el soberano estaba revestido de autoridad absoluta. Por esta razón, su ascenso al trono era bendecido por el patriarca de Constantinopla. Con todo, la sede del gobierno era el palacio, un enorme edificio que conformaba una especie de ciudad dentro de la misma ciudad.

Así las cosas, para su acción de gobierno, el emperador contaba con tres instrumentos:

• La burocracia civil, conformada por funcionarios y profesionales de la administración pública, cuyas características eran su reglamentación estricta y una específica diferenciación de funciones y jerarquías.
• El ejército, integrado por soldados de las más diversas nacionalidades, y en donde en las zonas de frontera se completaba con los estratiotas, soldados campesinos a los que se pagaba mediante entrega de tierras.
• La Iglesia bizantina, que a diferencia de lo que ocurría en Occidente se encontraba subordinada al emperador. Esta característica se conoce con el nombre de césaro-papismo.

¿Sabías qué...?
Bizancio fue la única potencia estable en la Edad Media.

LA RELIGIÓN

La sociedad bizantina era profundamente religiosa. De hecho, todo quehacer humano estaba impregnado de sentimiento religioso. Así, el particular modo de concebir la religión provocaría que se suscitaran querellas religiosas que envolvieron en sus discusiones a gran parte de la sociedad. Esto ocurrió con el monofisismo, una corriente religiosa que sostenía que Cristo poseía una sola naturaleza, la divina, y que contrariaba a la posición cristiana ortodoxa, que invocaba una doble naturaleza de Cristo: humana y divina. Así pues, el monofisismo tuvo hondo arraigo en Siria y Egipto, hecho que estimuló el separatismo de estas provincias y facilitaría la posterior conquista árabe.

Con todo, en el siglo VIII se suscitaría otra querella promovida por los iconoclastas. Éstos sostenían que las imágenes religiosas llevaban a prácticas supersticiosas, porque se adoraba en ellas a la imagen representada y no a Dios. Además, los iconoclastas buscaban disminuir el poder económico y social de los monjes. Ahora bien, como los iconoclastas fueron protegidos y estimulados por algunos emperadores, se inició un distanciamiento con el Papado romano, que se oponía a los iconoclastas. Este proceso culminaría así con el cisma entre la cristiandad occidental y la oriental, en el 1054. En tanto que la primera aceptaba como jefe espiritual al Papado romano, Oriente reconocía al patriarca de Constantinopla.

Una característica del arte bizantino fue representar a Cristo bendiciendo con la mano derecha, cuyos dedos índice y medio aparecen levantados.

CONSTANTINOPLA: LA NUEVA ROMA

Contrariamente a lo que sucedió en Europa occidental, las ciudades del Imperio bizantino prosperaron como centros administrativos, comerciales e industriales. A su vez, el centro más importante era su capital, Constantinopla, cuya trascendencia se debería, en gran parte, a su situación geográfica. Fundada en el año 330 en honor del emperador reinante Constantino el Grande, en ella confluían diversas rutas terrestres y marítimas. Así las cosas, debido a su emplazamiento, Constantinopla era fácilmente defendible. Un sistema de murallas terrestres y marítimas, la convirtió en una fortaleza casi inexpugnable. Fue, por mucho tiempo, una de las ciudades más pobladas del mundo, con numerosos y lujosos edificios públicos y gran cantidad de iglesias, pero la crisis producida en el imperio a partir del siglo XI causaría el descenso de su población.

Monasterios del monte Athos. Particularmente célebres, nada expresó mejor la intensidad de la vida religiosa del Imperio bizantino que la vitalidad de los monasterios. Los monjes gozaban de enorme popularidad, y muchos laicos acababan sus días en un convento al que donaban sus bienes.

CAUSAS DE SU DECADENCIA

En sus últimos siglos de existencia, el Imperio viviría una lenta y paulatina decadencia. Varias son las causas: una de ellas fue la invasión de los turcos selyúcidas en el siglo XI, que privaría al imperio de la zona más rica: el Asia Menor. Ahora bien, aun aquellos territorios que conservaban los emperadores se hallaban en una situación de inseguridad debido a las continuas incursiones de servios, búlgaros y otros pueblos bárbaros. De este modo, la agricultura redujo su producción, con lo cual Constantinopla debió alimentar a su población con productos importados. A su vez, los grandes dominios aumentaron sus dimensiones y, en ellos, los campesinos trabajaban en condiciones muy duras que los llevaron a la miseria, al abandono de los campos y a la rebelión. Otra causa de la decadencia fue el declinar del comercio. Los bizantinos descuidaron su armada, y el tráfico comercial cayó paulatinamente en manos de venecianos y genoveses.

La ruina del Estado bizantino se hizo inevitable, ya que sus principales fuentes de ingresos, los impuestos a las
tierras y los derechos de aduana, eran cada vez menores. Minado en sus bases, el Imperio debió ceder territorios
a distintas potencias. Por último, sufrió la invasión de los turcos otomanos. Cuando en el 1453 éstos tomaron
Constantinopla, el Imperio se hallaba reducido prácticamente sólo a la capital.

Antigua Roma

Surgida a partir de la fundación de la ciudad de roma en la península itálica, ocurrida hacia el siglo VIII a. C, la civilización romana se expandió territorialmente hasta abarcar desde gran bretaña al Desierto del Sahara y desde la península ibérica al Éufrates.

Coliseo Palatino.

LAS ETAPAS

La civilización romana, perteneciente a la Edad Antigua, como la Antigua Grecia, el Antiguo Egipto y la Mesopotamia (civilizaciones que la antecedieron e influyeron en su cultura, sobre todo Grecia), mantuvo su vigencia durante doce siglos, iniciándose como una monarquía con influencia etrusca para luego pasar a ser una república latina y finalmente el gran Imperio Romano que dominó Europa Occidental y los alrededores del Mar Mediterráneo.

LA MONARQUÍA

La ciudad de Roma se fundó el 21 de abril del año 753 a. C. quedando instaurada a partir de entonces la monarquía. Este sistema perduró hasta el año 509 de la misma era, cuando Tarquino el Soberbio, el último rey, fue expulsado para dar paso así a la República Romana. Ver infografía, páginas 45 a 47.

De esa etapa es escasa la documentación con que se cuenta, de modo que es poco lo que se puede afirmar terminantemente. Lo escrito sobre este periodo de la historia data del tiempo de la República y el Imperio y está basado fundamentalmente en las leyendas de Virgilio (Eneida) y Tito Livio (Ab Urbe condita). Pero si bien los orígenes de la monarquía no son precisos, puede afirmarse según investigaciones arqueológicas y lingüísticas, que fue la primera forma de gobierno que adoptó la ciudad.

Según la cronología de Varrón, durante los 243 años que duró la monarquía, Roma fue gobernada por siete reyes, con un promedio de 35 años por cada reinado; sin embargo estas son cifras cuestionadas porque la expectativa de vida en aquel tiempo debió dificultar esta posibilidad. Lamentablemente la acción violenta de los galos que saquearon la ciudad después de la batalla de Alia, en el 309 a. C. destruyó todos sus registros históricos y con ellos el testimonio que echara luz sobre el tema. Por esta razón tampoco hay certeza acerca del momento en que la monarquía pasó a manos de los etruscos, e incluso hay estudiosos que niegan que esto haya sucedido, y sostienen en cambio que sólo se trataría de alguna familia de origen etrusco que habría accedido a la realeza sin que esto implicara un control de los etruscos sobre los latinos.

Foro Romano. Allí se desarrollaba la vida pública, cultural y económica del Imperio.

Los reyes

Las funciones del rey eran ejecutivas, judiciales y religiosas; también intervenía en cuestiones legislativas, pero de manera acotada porque de estas cuestiones se ocupaba el Consejo de Ancianos o Senado, con derecho a veto sobre las leyes propuestas por el rey. Las leyes debían además pasar por otra instancia que era la de la Asamblea o Curia, órgano integrado por todos los ciudadanos en edad militar.

Los reyes eran elegidos por el pueblo, con la sola excepción de Rómulo, que ejerció su reinado por el derecho que le daba haber sido el fundador de Roma. La elección hecha por el pueblo era de por vida, sin intromisión de fuerzas militares, lo que llevó a los historiadores antiguos a sostener que el rey se elegía por sus virtudes y no por su ascendencia. El alcance de su poder es difícil de discernir. Hay autores que creen que el poder supremo residía en el pueblo, en tanto el rey era sólo el jefe del ejecutivo; otros afirman que el poder soberano estaba en el rey y que al Senado y al pueblo sólo les quedaba el control sobre cuestiones menores.

Al fallecer el monarca y hasta la elección del siguiente se producía un interregno (interregnum) durante el que el Senado podía convocar y designar a un interrex para que ocupe el cargo durante un periodo corto, generalmente menos de un año, y mantener de esta manera los auspicios sagrados, en tanto el trono permanecía vacante.

El senado

Para balancear el poder del rey, los romanos crearon la institución del Consejo de Ancianos (Senado), conformado por miembros electos por cada gens1, con carácter vitalicio. El número de miembros era invariable, pues las sucesivas familias surgían de un tronco común, de manera que integraban alguna de las gens ya existentes, lo que hacía invariable el número de senadores.

Pero esta regla tenía una excepción que se daba ante la muerte de un senador. En ese caso el rey estaba facultado para nombrar un sustituto temporal hasta que la gens designara al nuevo miembro. Partiendo de esta norma excepcional terminaron concediendo al rey la elección de los senadores.

El senado actuaba como órgano consultivo y a pesar de que en principio era elegido por el pueblo, el rey lo convocaba a menudo para considerar sus propuestas. Las reuniones del órgano se realizaban en el foro, en la sala llamada bule. Allí decidían a quien correspondía la responsabilidad de manejar las entradas de dinero, y a quien la de enfrentar al rey.

1. Las gens habrían estado constituidas por varias familias procedentes de un antepasado común y regidas por un patergentis, constituyendo un eslabón intermedio entre la familia y las civitas.

LA REPÚBLICA ROMANA

La república se inició tras la caída de Tarquino el Soberbio en el año 509 a. C. y se mantuvo por más de 450 años, hasta que, los conflictos políticos desatados por el control del poder, llevaron a una serie de guerras civiles que desembocaron en la instauración de la forma de gobierno imperial.

El origen de la palabra “república” proviene de las voces latinas res: cosa; pública: pueblo. Es decir que desde la etimología de la palabra con que se nombraba al régimen instaurado, se anunciaban sus pilares, la representatividad y la participación política, desterrando así el poder absoluto de la etapa anterior. El afianzamiento de las nuevas instituciones de gobierno y justicia, llevan a una etapa de esplendor que permiten que Roma se expanda merced a su poderoso ejército. La nueva república impone su dominio en una extensa zona que incluye territorios en Europa meridional, Asia Menor y África septentrional. La característica de la conquista es la asimilación de la cultura de los pueblos conquistados, hecho que convierte a Roma en la depositaria de la cultura de la antigüedad. Pero la exclusión de la plebe en el reparto de poder trajo consigo un conflicto entre esta clase y los patricios, que se iría agravando con los años hasta culminar con el establecimiento del régimen imperial.

Monedas romanas.
LAS INSTITUCIONES REPUBLICANAS

El cambio institucional no implicó la desaparición completa de las antiguas instituciones monárquicas, sino, en muchos casos, su adaptación a la nueva forma de gobierno. Los principales organismos de entonces fueron:

1. Los Cónsules: Eran elegidos anualmente en número de dos por la asamblea popular. Su poder se asemejaba al del rey durante la monarquía, a ellos correspondía la dirección suprema del Estado en tiempos de paz y de guerra, la consulta a los dioses, la convocatoria del Senado y de la Asamblea Popular, así como la administración de justicia. Al controlarse mutuamente, los cónsules evitaban la usurpación del poder por parte de uno de ellos. Cuando finalizaban su mandato debían rendir cuenta de sus actos de gobierno ante la Asamblea.
Las leyes contemplaban una situación excepcional: en caso de emergencia y peligro nacional debían nombrar un dictador con poderes absolutos que no podía durar en el cargo más de seis meses.

2. El Senado: Esta institución que venía del tiempo de la monarquía, durante la república mantuvo sus atribuciones y se afianzó como organismo consultivo. Se ocupaba de aconsejar a los cónsules, dirigir el ordenamiento interior y la política exterior.

3. Las Asambleas: Existían tres tipos de asambleas:

  • Asamblea Curial: Estaba conformada por patricios que comprendían 30 curias, en cada una de las cuales se votaba por cabeza para obtener así la opinión de la mayoría. Constituyó la asamblea más antigua.
  • Asamblea Centurial: La formaban los ciudadanos bajos sistema militar, agrupados de a cien con un voto por agrupación. Sus reuniones eran presididas por los cónsules, a quienes tenían la responsabilidad de elegir, además de dictar leyes.
  • Asamblea Tribal: En estas asambleas se reunía la plebe agrupada en tribus, de ahí que sus acuerdos (que tenían fuerza de ley) se llamaran plebiscitos. Correspondía a sus atribuciones la de nombrar a los Tribunos de la Plebe.

IMPERIO ROMANO

Esta etapa se inició en el año 29 a. C. con la llegada al gobierno de Augusto (Octavio), y se mantuvo vigente hasta el año 476 d. C., cuando se produjeron las invasiones bárbaras.
Los emperadores impusieron el absolutismo concentrando todos los poderes, político, militar, religioso y administrativo.
El Imperio abarcó territorios en tres continentes, sur y oeste de Europa, oeste de Asia y norte de África.

Los comienzos

Tras derrotar a Marco Antonio en Egipto poniendo fin a los enfrentamientos internos, Octavio pasó a ser el hombre fuerte del mundo romano. Así fue que hizo su entrada triunfal en Roma en agosto del año 29 a. C. iniciando un periodo de paz tras un siglo de conquistas y guerras civiles. Por este motivo el pueblo y el Senado le rindieron honores otorgándole los títulos de Imperator, Gran Pontífice, Príncipe del Senado, Augustus (persona sagrada) y César, que era el nombre de su padre adoptivo. De esta forma Octavio se convirtió en el primer emperador de Roma con el nombre de Augusto, por eso la historia recuerda esta etapa, la más brillante de las letras y el arte latino, como “El siglo de Augusto”.

Coliseo Romano.
¿Sabías qué...?
La mano de obra esclava potenció el desarrollo de la minería.

El gobierno de Augusto

Emperador Augusto.

Augusto se ocupó de reorganizar el gobierno introduciendo grandes reformas. Para avanzar en sus propósitos pasó la legalidad a un plano meramente formal, logrando mediante maniobras políticas el control sobre los funcionarios y las instituciones. Así fue que maniató al Senado, las Asambleas y las Prefecturas, logrando que actuaran según su conveniencia. A la nobleza le permitió conservar las riquezas en tanto en lo político fuera sumisa al emperador. La clase media desapareció y creció en número la plebe, con una gran mayoría de desocupados subsidiados por el Estado por medio de donaciones en dinero, cereales, agua y juegos y espectáculos públicos. Los influyentes obtuvieron cargos en el Senado, o en las finanzas, o como gobernadores de provincias menores y prefecturas. En tanto los esclavos, que habían aumentado considerablemente por las guerras de conquista, se ocupaban de las tareas domésticas, la agricultura, la minería y las construcciones.

Entre las actividades productivas la que se vio perjudicada fue la agricultura, ya que la concentración de grandes extensiones de tierra en pocas manos (latifundio) hizo que los campesinos que quedaron sin tierra migraran a la ciudad. En cambio creció la minería gracias a las provincias conquistadas y a la gran cantidad de mano de obra esclava, y se benefició el comercio con la creación del puerto de Ostia que facilitaba el tráfico entre Oriente y Occidente.

Los sucesores

Con Augusto se inauguró la dinastía Julio-Claudia, que representa el esplendor del Imperio Romano. Esta etapa termina en el año 68 con Nerón, continuando un periodo de inestabilidad que culmina con el año de los cuatro emperadores, del que emerge como vencedor Vespasiano, inaugurando la dinastía Flavia, de origen no patricio. Luego se suceden, entre los años 96 y 180 los llamados “cinco emperadores buenos”, Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio, en un tiempo llamado “edad de plata”.

Finalizada esta etapa asume Septimio Severo y con él comienza el periodo de la monarquía militar que culmina en la anarquía durante el siglo III, que se prolonga hasta la llegada de Dioclesiano, tras un largo periodo de luchas por el poder de los emperadores que eran nombrados por sus legiones sucediéndose ininterrumpidamente.

Caída del Imperio

A Dioclesiano, quien ostentó el poder entre el año 284 y el 305, le tocó la tarea de reorganizar el Imperio instituyendo la tetrarquía. Su sucesor, Constantino el Grande, quien institucionalizó el cristianismo como religión oficial, será el último emperador del imperio unificado, pues poco después Teodosio divide el imperio entre sus hijos, Arcadio y Honorio, estableciéndose el Imperio Romano de Oriente, con sede en Constantinopla, y el de Occidente, con su sede tradicional, Roma.

Entre las razones de la caída está la rapiña soldadesca cada vez más barbarizada.

Razones de la caída

Los historiadores llevan siglos debatiendo acerca de las razones de la caída del Imperio Romano. Según la teoría tradicional, que es a la que adhiere la mayoría, los rasgos más importantes pueden resumirse en 7 puntos:

1. Ruina económica: depreciación monetaria, carestía y contracción de la actividad, en especial de la comercial, lo que conduce a la autarquía.

2. Guerras civiles e intensificación de las rapiñas de una soldadesca cada vez más barbarizada.

3. Plagas pestíferas y despoblación.

4. Desórdenes internos, revueltas sociales, bandidaje terrestre y marítimo (piratería sajona).

5. Abandono de tierras y expansión de la vinculación personal (colonato).

6. Luchas de poder entre el ejército bárbaro y los funcionarios civiles romanos por la dirección del Estado, con victoria de los militares: surgen diversos caudillajes.

7. Destrucción de las clases privilegiadas e imposición del dominio del campo sobre la ciudad.

CLASES SOCIALES

La organización social consagraba la desigualdad, lo que generó una tensión entre las clases que actuó como motor de su historia. Las clases que se distinguieron fueron cinco: patricios, plebeyos, esclavos, clientes y libertos. El núcleo de los conflictos estaba dado por la tensión entre patricios y plebeyos, y en menor medida por la rebelión de los esclavos.
Pero no fue una sociedad estática sino que durante el transcurso de su historia hubo cambios y evolución.

CULTURA

La cultura romana se forjó en el intercambio con civilizaciones diferentes y muy desarrolladas como la griega, la mesopotámica y la egipcia. Estas culturas contribuyeron a la formación de la cultura y arte de los romanos. Pero a su vez, la instauración del latín como lengua de todo el imperio, hizo que su cultura se expandiera detrás de sus conquistas, llegando hasta la más alejada de las provincias fronterizas.
Se destacaron en la tecnología, los edictos de los pretores, las disposiciones del senado, de la asamblea popular y de los emperadores y las opiniones de los jurisconsultos romanos. Los principios fundamentales se han incorporado a la legislación de todos los pueblos civilizados por Roma.

GUERRAS PÚNICAS

Tuvieron lugar entre los años 264 y 146 a. C. como resultado del enfrentamiento entre Roma y Cartago. El nombre de Púnica viene de latín y hace referencia los cartagineses, descendientes
de los fenicios.
El motivo de las guerras, tres en total, fue el interés de la República Romana por extender el control territorial sobre Sicilia, para entonces bajo dominio cartaginés. Cartago era una potencia naval que dominaba el Mediterráneo Occidental; Roma era una potencia en ascenso, pero sin poderío naval. El desarrollo de los enfrentamientos llevó más de cien años y cientos de miles de muertos de ambos bandos, al cabo de los cuales Roma conquistó Cartago, arrasó la ciudad capital y se erigió en el Estado más poderoso del Mediterráneo ya que, simultáneamente vencía en las Guerras de Macedonia y en la Guerra Romano-Siria.

Cartago.