Leyes contra la discriminación en Guatemala

Las desigualdades son un obstáculo para el desarrollo de un país, tanto a nivel social, como económico y político. En Guatemala, esta desigualdad afecta principalmente a los pueblos indígenas y a las poblaciones rurales. El marco legal que lucha contra esta discriminación se muestra a continuación.

La ONU ha reafirmado que el racismo se expresa en Guatemala en cuatro ámbitos: estructural, institucional, legal e interpersonal.

DECRETO NÚMERO 81-2002

En el año 2002, el Congreso de la República de Guatemala decretó la Ley de Promoción Educativa Contra la Discriminación, esto de conformidad con el artículo 66 y 71 de la Constitución de la República que indican que “el Estado de Guatemala reconoce, respeta y promueve la forma de vida, costumbres, tradiciones, formas de organización y lenguas o dialectos de los diversos grupos étnicos” y que “es obligación del Estado de Guatemala el proporcionar y facilitar la educación a sus habitantes sin discriminación alguna”.

Asimismo, este decreto se enmarcó en la Convención Relativa a la Lucha contra la Discriminación en la Esfera de la Enseñanza aprobada por la Conferencia General de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura; la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial; y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer; todas aprobadas por el Presidente de la República de Guatemala.

En su primer artículo, se establece que “los ministerios de Educación y de Cultura y Deportes promoverán y difundirán, el respeto y la tolerancia hacia la Nación guatemalteca que es pluricultural, multilingüe y multiétnica. Asimismo promoverán y difundirán programas tendientes hacia la eliminación de la discriminación étnica o racial, de género y toda forma de discriminación, con el objeto de que todos los guatemaltecos vivamos en armonía”.

En el marco de los Acuerdos de Paz surgió la Reforma Educativa como un componente esencial para la formación de un nuevo ciudadano.

ACUERDO GUBERNATIVO 390-2002

Este acuerdo crea la Comisión Presidencial contra la Discriminación y el Racismo contra los Pueblos Indígenas en Guatemala. En su primer artículo se fija que esta comisión “tendrá a su cargo la formulación de políticas públicas que tiendan a erradicar la discriminación”.

La discriminación y el racismo deslegitiman el sistema político en su conjunto de un Estado multiétnico, pluricultural y multilingüe.

Dentro de sus funciones, se establece que “deben asesorar y acompañar a las distintas instituciones y funcionarios del Estado, así como a la de instituciones privadas, para desarrollar mecanismos efectivos en el combate a la discriminación y el racismo que se da contra los pueblos indígenas en Guatemala”.

También deben “formular políticas públicas que garanticen la no discriminación y el racismo contra los indígenas y dar seguimiento a su ejecución”, “monitorear las políticas de las instituciones privadas y sugerir criterios a adoptar para afrontar positivamente el problema de la discriminación” y “llevar registro de denuncias de casos de racismo y discriminación, y canalizarlos a las instituciones competentes”.

ACUERDO GUBERNATIVO 143-2014

Este acuerdo estuvo enmarcado en la Constitución de la República, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Ley del Organismo Ejecutivo. Aprueba la Política Pública para la Convivencia y la Eliminación del Racismo y la Discriminación Racial, la cual está bajo la responsabilidad de la Comisión Presidencial contra la Discriminación y el Racismo contra los Pueblos Indígenas en Guatemala (CODISRA).

Su artículo 3 establece la obligatoriedad que tienen todas las instituciones públicas que tengan atribuciones y funciones relacionadas con la política pública aprobada a cumplir con la misma, para este efecto se deberán coordinar sus acciones con la CODISRA.

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la niñez indígena guatemalteca se encuentra en desventaja y excluida del desarrollo.

PUNTO RESOLUTIVO 2-2012

El Congreso de la República de Guatemala, en consideración a la situación de vulnerabilidad que sufren millones de niñas en todo el mundo y en especial en Guatemala, donde muchas niñas han sufrido menosprecio por razón de su género y su edad, resolvió:

Primero: manifestar y hacer público su apoyo incondicional y solidaridad a las niñas guatemaltecas que han padecido violencia o discriminación por el hecho de pertenecer al género femenino y por su edad.

Segundo: expresar que nuestro país se une a la declaración de la Asamblea General de las Naciones Unidas, a través de la cual se establece el día 11 de octubre como ‘Día Internacional de la Niña’, para poner en relieve la necesidad de ayudar a mejorar las condiciones de vida de las niñas, y prevenir y erradicar la doble discriminación –por género y edad- que sufren en la actualidad.

Tercero: hacer un llamado general a la tolerancia y en especial instar a las autoridades y organizaciones relacionadas con la niñez y la salud, para unirse y generar una campaña de información masiva, para que se divulgue por los distintos medios de comunicación e informen a toda la población guatemalteca sobre la necesidad de proteger y cuidar a las niñas, para evitar que sigan siendo marginadas y discriminadas en la familia y en la sociedad, y lograr que desde la niñez las mujeres se sientan respetadas, reconocidas y que sus contribuciones a la sociedad sean valoradas”.

Según el Informe Mundial del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de 2017, en Guatemala las desigualdades entre hombres y mujeres destacan por encima de otros países de América Latina. Las exclusiones son sistemáticas y hay muchos otros datos que abonan a que las mujeres en Guatemala estén excluidas desde la niñez.

Yanomamis

Grupo indígena de origen poli génico que habita en la zona limítrofe entre Venezuela y Brasil. Apodados gente de a pie, se manejan con naturalidad en la selva, lo que les ha permitido adaptarse fácilmente a la vida en los bosques. En la actualidad padecen el constante embate de su hábitat por parte de los buscadores de oro, que constituyen una amenaza directa a su supervivencia.

Río Orinoco de Venezuela.

 

 

 

 

 

 

 

La mayoría de este grupo se encuentra asentada en la zona sur del estado de Amazonas, en Venezuela, y una parte minoritaria en territorio brasileño. Históricamente sus asentamientos se han ubicado en la zona selvática, junto a los caños menores de la gran red fluvial de la región. Las cabeceras de los ríos y las montañas han constituido su hábitat natural al menos hasta el siglo XX. Históricamente el sitio de mayor densidad poblacional era la Sierra Parima, pero actualmente los mayores núcleos de población se encuentran en el Alto Orinoco y los ríos tributarios como el Mavaca, el Ocamo, el Padamo y el Metakuni.

Hacia la segunda mitad del siglo XX comenzaron un proceso de expansión hacia los cursos de los grandes ríos navegables. Se los conoce como yanomami por la pronunciación que los misioneros salesianos de origen italiano hacían de la palabra, pero la expresión correcta es yanomama. La confusión comienza en la pronunciación del plural, que en italiano es yanomami, error que queda claro en testimonio de los mismos misioneros. En cuanto a su origen, varios investigadores están de acuerdo que es poli génico, y que no son una raza “pura” como erróneamente se ha dicho.

Yanomami en español significa “gente”, y a todo el que no pertenece a su pueblo lo llaman “nape”, que significa “gente de peligro” o “extraño”. Documentos históricos hablan de la presencia de los yanomami en la Sierra Parima y en el Alto Orinoco hacia 1758. En el tiempo en que se produjo su contacto con los españoles estaban en una etapa de expansión que los llevó a explorar nuevos territorios en las riveras de los ríos Orinoco, Padamo y Mavaca. Esta expansión no tuvo los mismos frutos hacia el norte y el oeste de su territorio original porque fueron detenidos por los Ye’kuana.

Cacique. – Amazonas venezolano.

ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL

Se organizan de acuerdo a los típicos principios tribales que privilegian el agrupamiento por grado de parentesco. Del mismo modo privilegian la descendencia de antepasados comunes, los intercambios matrimoniales entre familiares o grupos con un parentesco común, dejando la jefatura en manos de autoridades transitorias con un jefe a la cabeza que se encarga de mantener en orden la aldea y de llevar adelante las relaciones con otras aldeas. Los jefes generalmente son personas mayores que pertenecen a grupos familiares numerosos y que, según sus capacidades, sabiduría y carisma, pueden llegar a convertirse en autócratas, aunque esto sucede muy pocas veces ya que por lo general se limitan a aplicar levemente su autoridad por sobre sus pares, y su tarea no los exime de participar activamente de los trabajos productivos. Los jefes se ocupan de mantener la paz, sin embargo, paradójicamente, se trata de valientes guerreros que en oportunidades difíciles hacen uso de la fuerza para imponer la calma.

ECONOMÍA

El corto periodo de productividad de sus cultivos hace que este pueblo nómade esté en constante movimiento. Sus cultivos principales son el plátano, ñame, batata y malanga. Cuando la tierra se agota, aproximadamente al año, la población busca otro lugar donde asentarse. Otra de sus actividades es la recolección de productos silvestres y ranas.

Para completar lo que es su alimentación, practican la caza con arco y flecha y la pesca con flecha y timbó, especie de planta que zarandean en el agua para atontar a los peces.

Esta economía precaria basada en el autoconsumo, hace que no tengan relaciones comerciales con otros grupos. Ellos mismos producen también los pigmentos naturales con que se pintan el cuerpo, y el curare, un veneno con que untan la punta de la flecha para la práctica de la caza. Otra de las drogas que consumen es el epená, utilizada en los rituales curativos a cargo de shamanes que se comunican con espíritus. La droga se usa en poca cantidad aspirándola por las fosas nasales con un palo hueco.

Ñame.

VIOLENCIA

La violencia es el signo de esta etnia. Su vida cotidiana se ve absorbida por la confrontación constante con otros grupos, aldeas, o hasta entre los miembros de la misma aldea. Estas aldeas son pequeñas villas dispersas que habitan entre cuarenta y doscientos pobladores. Allí practican la agricultura mientras planean como atacar otra aldea, o como defenderse de un posible ataque. Así son sus relaciones, en constante tensión, incluso las interpersonales. Con frecuencia establecen alianzas entre las aldeas que hace que se brinden mutua cooperación y el compromiso mutuo de ayuda en caso de necesidad. Si una aldea es desplazada de su territorio, su aliada le brindará refugio permitiéndole compartir sus huertos, y refugiándolos hasta que puedan reponerse. Pero ocurre que estas alianzas son frágiles y se rompen con facilidad, ya sea porque la aldea protectora se aprovecha de la protegida, ya sea porque la protegida se rebela y traiciona el pacto. Con cierta frecuencia las aldeas establecen alianzas entre ellas que se traducen en dar refugio en caso de necesidad.

Suele suceder que la tensión estalle dentro de la misma aldea, en ese caso puede ocurrir que se divida. Es una muestra de lo que es el mundo para el yanomamo, un lugar de disputa permanente, de constante amenaza a la seguridad. Llegan a un punto en el que se comportan agresivamente solo para demostrar el peligro que podría significar atacarlos. Este aspecto de su cultura transmiten a sus hijos desde niños, exigiéndoles conductas violentas y reprendiéndolos cuando no usan la fuerza física para resolver sus pleitos. Los niños cuando entran en la adolescencia practican lucha y se preparan para la guerra como adultos. Esta hostilidad se manifiesta también hacia las mujeres.

RITOS

Realizan dos tipos de cacería: una es la que practican para obtener su ración de carne diaria (rami); la otra es la que realizan los hombres de la comunidad, en grupo, a fin de conseguir las presas necesarias para un gran festejo con el que buscan agasajar a un visitante (heniyomou).

Uno de los motivos que da lugar al heniyomou es la realización de un velatorio. Cuando de eso se trata, la cacería ritual se inicia en las primeras horas de la noche entonando cantos rituales, sencillos y poéticos, y danzas que practican jóvenes de ambos sexos. Esta ceremonia suele durar varias noches y es de plena algarabía y bromas obscenas. Otra de las costumbres del rito mortuorio es la de la ingesta colectiva de las cenizas del muerto, luego de molerlas en un mortero. Mientras los hombres toman la sopa de plátano que contiene las cenizas, las mujeres lloran. Cuando se trata de un hombre muerto por los enemigos, los hombres claman venganza. El consumo de tabaco y yopo durante la ceremonia es frecuente, ya que de ese modo entran en contacto con lo sobrenatural para curar enfermedades y transmitir sus memorias.

CULTURA

VESTIMENTA Y ADORNOS

Los yanomamis no usan vestimenta más que como adorno. Los hombres se atan el prepucio con un hilo de algodón con el que rodean la cintura para mantener el pene siempre alzado y pegado al vientre. Las jóvenes lucen guayucos de algodón de manera decorativa.

Tanto los hombres como las mujeres llevan el pelo negro y lacio decorado con una tonsura. Tienen por costumbre pintarse el cuerpo usando colorantes. El color rojo lo preparan usando onote, para el morado lo mezclan con una resina llamada caraña.

Cuando están en guerra los hombres se pintan de negro humo, con lo que simbolizan la noche y la muerte. Con el luto las mujeres abandonan el rojo, y se pintan de negro los pómulos durante un año. En ocasiones festivas suelen pintarse con arcilla blanca. Los hombres se perforan el lóbulo de la oreja y se colocan allí trozos de caña verada, plumas y flores. Utilizando el mismo procedimiento se adornan la nariz y los labios con finos palillos de bambú. Los adornos se completan con brazaletes confeccionados con plumaje de pájaros como el tucán, el paují, el gavilán y el loro. Las mujeres utilizan adornos más sutiles, hechos con cogollos de palmeras, flores o manojos de hojas perfumadas que colocan en cilindros vegetales que llevan en los agujeros de las orejas.

VIVIENDA

Las aldeas son irregulares en cuanto a su población. Las más pequeñas oscilan entre los 40 y 50 habitantes, mientras que las más grandes suelen llegar hasta 300. Las construyen en forma circular y completamente abiertas. Las viviendas albergan grupos familiares en un formato cónico que en ocasiones puede romper el círculo para alinearse en hilera. Las familias comparten los alimentos, ya sea los provenientes de la caza y la pesca, o los cultivos. Tienen por costumbre reunirse alrededor de la hoguera a conversar mientras fabrican sus enseres. Allí cuentan sus mitos y leyendas enseñando a los niños sus tradiciones.

ARTESANÍA

No tienen artesanías muy desarrolladas. La alfarería que en otros tiempos ocupó un lugar importante en su producción, en la actualidad prácticamente ha desaparecido. Apenas se conserva en comunidades pequeñas que fabrican con arcilla blanca la tradicional hapoka, que es la olla en forma de campana, sin decoración, asas o patas. Lo que aun producen, aunque de forma rudimentaria, son los hilados de algodón tejidos en bastidores hechos con palos clavados en el suelo. También fabrican sus chinchorros usando fibra descortezada de bejuco.

ACTUALIDAD

La actualidad de este pueblo se ve amenazada por la presencia de buscadores de oro de métodos violentos que afectan de manera directa su forma de vida. Se calcula que hay en la región unos 40.000 buscadores de oro que atentan constantemente contra el hábitat de los yanomamis. Esta situación ha sido denunciada como así también la presencia de científicos que han realizado investigaciones con sangre de los indígenas sin contar con su autorización. Estas y otras situaciones conflictivas son las que dan marco a su vínculo con el hombre blanco.

Apaches

Con el nombre de apaches se conoce a un grupo de naciones indígenas que se asentaron al este del actual estado de Arizona y regiones de Texas y Nuevo México (Estados Unidos), y al norte de los actuales estados mexicanos de Sonora y Chihuahua.

Río Platte, zona donde se asentaron los apaches kiowa.

En total eran seis tribus emparentadas culturalmente por pertenecer todas al grupo de lenguas atabascanas: los apaches kiowa, asentados entre el límite norte de Nuevo México y el río Platte; los lipanos, del este de Nuevo México y oeste de Texas; los jicarillas del sur de Nuevo México; los mescaleros, de la zona central de Nuevo México; los chiricahuas de la zona montañosa de Chiricahua, en el suroeste de Arizona, y los apaches occidentales de la parte central de Arizona.

Estos pueblos se denominaban a sí mismos ndee, palabra cuya traducción al español es “la gente”, pero los conquistadores españoles los llamaron apaches, palabra que posiblemente provenga del zuñi apachu y cuyo significado es “enemigo”.

Hablaban un conjunto de lenguas atabascanas meridionales clasificadas en tres grupos: apache de las llanuras, apache oriental y apache occidental.

HISTORIA

Originarios del actual territorio canadiense, los apaches emprendieron una migración que tras quinientos años de marcha concluyó en el suroeste de Estados Unidos. Llevaban una vida seminómada que los mantenía en movimiento entre los ríos Colorado y Brazos, en Texas. Pescadores, agricultores y cazadores fueron hábiles exploradores que llegaron a conocer cada palmo de su extenso territorio, al que defendieron con fiereza resistiendo la colonización.
La resistencia apache comenzó con la llegada de los conquistadores españoles que en 1540 ocuparon las tierras de Nueva España. En 1598 Juan de Oñate tomó posesión de las tierras de Nuevo México y decidido a dominar a los pueblos originarios estableció como estrategia la división de las poblaciones para su debilitamiento. A fray Francisco de Zamaro le da el encargo de evangelizar a los indígenas del extremo norte de Nueva España y el poniente de Sierra Nevada, en California. Para facilitar la labor misionera, grupos de aztecas y otomíes convertidos al cristianismo, fueron trasladados desde sus territorios originarios hacia la zona de los apaches. Pero los apaches, como otras tribus de la región, no se dejaron seducir por la propuesta evangélica y atacaron poblaciones españolas localizadas en los territorios de Nueva España, incendiándolas.

Pero el avance español hacia el norte continuó penetrando en sus tierras hacia fines del siglo XVI. La presencia española en la región limitó el flujo comercial entre los apaches y los pueblos vecinos, situación que se vio agravada con la llegada a la región de los comanches a principios del siglo XVIII, obligándolos a desplazarse hacia el sur, alejándose así de su principal fuente de alimentos, el búfalo. Las circunstancias llevaron a los apaches a dedicarse al pillaje para poder subsistir.

Después de declarar su independencia, México intentó darle una solución a la cuestión, iniciando un periodo de pacificación que consistía en agruparlos en poblaciones, pero el plan fracasó por la impericia de los funcionarios del gobierno.

Al firmarse el tratado de Guadalupe-Hidalgo en 1848, entre México y Estados Unidos, el territorio apache quedó dividido entre estos dos países. Esto generó malestar en los aborígenes, que se manifestaron disconformes con la resolución que provocó su dispersión por tierras de Arizona, Nuevo México, Texas, Oklahoma, Chihuahua, Sonora, Coahuila, Durango y Zacatecas.

Los enfrentamientos entre las tribus apaches y el ejército de los Estados Unidos se sucedieron hasta que, en 1868 se rindieron la mayoría de las tribus, exceptuando a los chiricahuas, que siguieron con su posición hostil hasta 1872, cuando su jefe, Cochise, firmó un tratado de paz con el gobierno y aceptó el traslado de su pueblo hacia una reserva en el sur de Arizona. Años después, en 1886, Jerónimo, por entonces jefe apache, fue detenido y confinado con su grupo a una reserva en Florida, Alabama, desde donde se lo trasladó al Territorio Indio de Oklahoma, donde falleció en 1909.

En 1928 el gobierno mexicano declaró oficialmente extinta la etnia apache en su territorio. Para entonces apenas unas 3.000 sobrevivían en Estados Unidos, donde fueron sometidos en reservas en los estados de Arizona, Nuevo México y Oklahoma.

Zona montañoza Chiricahua.

ECONOMÍA

Población nómade, la mayor del sudoeste de Norteamérica, sus comunidades se establecían en verano en las zonas montañosas, trasladándose durante el invierno a las llanuras. Eran profundos conocedores del terreno, lo que facilitaba su adaptación al medio. Estos conocimientos empíricos sobre la ecología fueron útiles a los colonizadores blancos que poco sabían sobre una tierra para ellos completamente desconocida.

Criaban perros, caballos, mulas, ovejas y algunas vacas que además de servirles como alimento, los proveían del cuero necesario para fabricar monturas. Pero la base de su economía eran la caza y la recolección. La cacería era una actividad exclusiva de los hombres, para la que se preparaban desde la niñez. Esta actividad les exigía máxima concentración, y cuando la llevaban a cabo trataban de mantener alejadas a las mujeres porque consideraban que traían mala suerte. Formaban partidas que se movilizaban a pie o a caballo, y en ocasiones se disfrazaban con máscaras que reproducían antílopes o ciervos, untándose además con grasa animal, lo que les permitía acercarse más a sus presas. Todo era complementado con ceremonias religiosas que garantizaban el éxito y aplacaban a los animales sacrificados.

La llegada de los europeos los puso en contacto con el caballo y sus múltiples utilidades; desde entonces se dedicaron a robarlos haciendo con la colaboración del animal, más ágiles sus tareas.

Por su parte, las mujeres se encargaban de recoger alimentos, madera, agua y miel. Además, era común la práctica del trueque y el pillaje con las otras tribus.

RELIGIÓN

En la vida de los apaches la religión era algo fundamental. La mitología apache pone de relieve la búsqueda de la patria, búsqueda en la que reciben la colaboración de los dioses gemelos de la guerra, que recorrían el mundo fijando límites y determinando las zonas en las que los grupos podían vivir. Creían que el mundo estaba en continuo movimiento y sus rituales se centraban en elementos inmediatos y espontáneos. Estos rituales eran conducidos por chamanes. A pesar de la importancia que le daban a lo religioso, no tenían una creencia orgánica en cuanto al más allá porque lo prioritario para ellos era la supervivencia, por eso privilegiaban los ritos curativos. Otros ritos importantes eran los que se realizaban en consonancia con el ciclo de vida, como los primeros pasos de un niño y la ceremonia de la pubertad.

Sus dioses principales, Gan (espíritus de las montañas), reciben su fuerza de los bosques y el desierto, se retrotrae al Oso y la Serpiente y se vinculan con el Rayo y las Estrellas. Estos espíritus bailan de noche frente al fuego, su danza es de búsqueda y vienen de las cuatro direcciones.

Durante la representación el pueblo revive el origen de los apaches y las migraciones de sus antecesores. Las bendiciones de los espíritus pasan por las mujeres de la tribu, que los encierran en un círculo que se mueve lentamente y que se baila alrededor de la lumbre.

Sin embargo a los espíritus les acompaña un payaso que les sigue agitando maracas e imitando sus movimientos, y éste es el más sagrado, el que guarda a los espíritus de las montañas y aleja las influencias negativas del círculo.
Para el pueblo apache la necesidad de celebrar es tan sagrada como el cántico del chamán; sus celebraciones son una afirmación de la vida.

ORGANIZACIÓN SOCIAL

Si bien existen diferencias en la organización de las distintas naciones correspondientes al grupo de los apaches, existen algunos rasgos generales comunes a todas. Los pequeños grupos familiares en los que estaban agrupados viajaban juntos y tenía cada uno su propio líder. Estos grupos a menudo interactuaban con otros y conformaban una unidad mayor a la que llamaban banda. No existía un gobierno central, cada uno tenía sus propios tratados y acuerdos oficiales, razón por la cual existían diferencias entre ellos a la hora de negociar con gobiernos como el de Estados Unidos, cuando se trataba de llegar a un acuerdo o pacto.

La organización social de las tribus apaches occidentales era de tipo matrilineal, es decir, su descendencia se transmitía por línea materna; otras tribus, al parecer, mantenían la descendencia a través de ambos progenitores. La poligamia se practicaba siempre que lo permitieran las circunstancias económicas. El vínculo matrimonial podía romperse fácilmente por cualquiera de las dos partes.

Tradicionalmente, las mujeres apaches recolectaban los alimentos, la leña y el agua, mientras que los hombres se dedicaban a la caza y la rapiña.

VIVIENDA

Los apaches vivían en tres tipos distintos de casas. El primero es el tipi o teepee, que es una tienda cónica que se encuentra realizada de pieles de animales, pudiendo ser fácilmente trasladada de un lugar a otro. Otra vivienda es el wickiup, que cuenta con una sola estancia y es redonda, contando con una cúpula cuya cobertura se realiza con hierba, maleza, corteza, tejidos o juncos, siempre teniendo en cuenta la disponibilidad de materiales. Finalmente se encuentra el hogan, que a pesar de ser característico de los navajos también fue utilizado por los apaches. Se trata de viviendas redondas que cuentan con una forma cónica, hecha de madera, arcilla y tierra. Su estructura facilitó la vida en entornos calurosos gracias a que favorecía la ventilación y en temporadas invernales preservaba el calor.

El hogan, vivienda característica de los navajos, también fue adoptada por los apaches.

COSTUMBRES

Consideraban al guerrero como sagrado, era un héroe cultural y lo llamaban “Muchacho del Agua”. Se preparaba para sus funciones en un noviciado durante el que debía observar algunos tabúes hasta convertirse en servidor del resto de los luchadores. Una vez superada esta celebración se lo consideraba adulto y guerrero.

A las mujeres les estaba vedado participar en los combates, sin embargo en la historia de este pueblo ha habido excepciones justificadas en los supuestos poderes especiales de algunas representantes femeninas. Para la guerra reunían de 150 a 200 guerreros, a veces un número mayor, y por lo general se trataba de conflictos originados en venganza de incursiones sangrientas de sus enemigos ocasionales o en represalia por actos de brujería. Los chamanes eran los encargados de preparar los rituales adecuados previos al asalto, y luego uno de ellos acompañaba a la tropa por sus dones curativos.

Los colonos europeos pudieron constatar la habilidad de este pueblo para tender emboscadas, camuflajes, ataques sorpresivos y guerra de guerrillas. Sus técnicas silenciosas eran tan perfectas que eran capaces de desarmar un campamento y desaparecer ante la vista del enemigo sin que este lo percibiera. Incluso para despistarlos montaban campamentos falsos. En trances difíciles demostraban su dureza; soportaban la sed y el hambre y eran capaces de recorrer distancias de entres 50 y 80 km al día. El hombre blanco los apodó “los tigres de la raza humana”, y les temían por su implacabilidad y brutalidad. Aunque se trata de una consideración subjetiva ya que fue justamente el hombre blanco el que los destruyó.

Se diferenciaban de otras etnias por su pragmatismo, lo que los hacía prudentes y reticentes a las acciones suicidas o demasiados riesgosas. Admiraban la valentía, pero rechazaban el heroísmo por considerarlo innecesario y contraproducente.

ARTE

La expresión artística más común asociada a los apaches es la cestería, cuya especialización ha sido desarrollada a lo largo de miles de años. La decoración era geométrica e intrincada, con diseños de animales, y se utilizaba principalmente la yuca para su realización. Hacían también collares que eran elaborados con distintos elementos como conchas, corales, turquesas, plata o madera entre otros elementos que luego se tallaban. Además de distintos ornamentos que vestían principalmente las mujeres, el arte apache también contaba con copas, platos y cucharas que eran realizados con cuidados diseños hechos a mano.

ACTUALIDAD

Desde que perdieron su última guerra, se vieron obligados a vivir en las reservas -cuya invención se debe a los españoles en el siglo XVIII-, muchas de ellas situadas fuera de sus tierras históricas. Si bien los apaches sobrevivieron o se recuperaron demográficamente, una parte de sus formas culturales desapareció. Con todo, los últimos años han presenciado un renacimiento de sus tradiciones, ya que han sabido adaptarse a los tiempos actuales.

Los sobrevivientes de la etnia viven las reservas de Arizona, Nuevo México y Oklahoma y se calcula que el número de individuos está entre los 5.500 y los 6.000. A estos se suma un pequeño grupo de apaches mescaleros que subsisten en la zona fronteriza entre los estados mexicanos de Chihuahua, Sonora y Coahuila.

COCHISE (1812 – 1874)

Su nombre apache es Shi-Kha-She y es la figura que encabeza las Guerras Apaches que luego serán continuadas por figuras como Gerónimo. Hasta el año 1861 la convivencia entre grupos de blancos e indios había sido pacífica, pero ese año se sucede un incidente en el que a raíz de un robo Cochise es juzgado erróneamente como su autor, llevando al asesinato de rehenes de ambas partes luego de un enfrentamiento con un inexperto teniente. Este incidente abrió el capítulo de enfrentamientos entre Cochise y los colonos, llevando a la intervención inmediata del ejército estadounidense, que tenía la orden de apresar a Gerónimo. Sin embargo, a pesar de los numerosos enfrentamientos no pudo ser atrapado, y finalmente fueron los esfuerzos diplomáticos del presidente estadounidense Ulysses Grant y Cochise lo que permitió llegar a un acuerdo, conservando una extensa reserva donde muere de causas naturales.


GERÓNIMO (1829 – 1909)

Su verdadero nombre es Goyaleé (Uno que bosteza) y encabezó algunas de las más valientes resistencias ante la expansión colonizadora de México y Estados Unidos. A raíz del asesinato de su mujer, sus tres hijos y su madre en 1859 jura venganza contra las tropas del gobernador militar de Sonora y se asocia a Cochise atacando numerosas ciudades mexicanas y estadounidenses. Fue obligado a ingresar en una reserva en 1876 pero se negó e influyó en su tribu para que no aceptaran encontrarse confinados allí. Esto llevará a que las fuerzas militares estadounidenses lo apresen luego de numerosos enfrentamientos y sea recluido primero en la prisión de Fronteras en el estado mexicano de Sonora y luego en una reserva india de Estados Unidos en Oklahoma, donde murió a los 79 años.


La iglesia y el proceso evangelizador en Latinoamérica

La conquista de América no estuvo motivada únicamente por el afán de extender el dominio político español y el deseo de obtener metales preciosos; también fue impulsada por un fuerte propósito evangelizador y misionero. Sacerdotes y religiosos de la Iglesia Católica participaron ya en las primeras expediciones de conquista: su misión específica era convertir y educar en el catolicismo a los indígenas. De este modo, antes de partir hacia América, los sacerdotes y religiosos debían jurar fidelidad al rey de España y ser considerados funcionarios del Estado. Comenzaba así lo que sería una discutida epopeya histórica: la evangelización de los pueblos indígenas americanos. Por la acción de alrededor de veinte mil misioneros y de sus ayudantes, a lo largo de tres siglos se evangelizarían catorce millones y medio de kilómetros cuadrados en un periodo de tiempo que, desde el punto de vista histórico, puede considerarse breve.

UNA EVANGELIZACIÓN AL AMPARO DE LA CORONA

La evangelización de América se inició por hombres todavía considerados medievales. De acuerdo con la tradición medieval, el Papa Alejandro VI concedía a los Reyes de España el poder sobre las tierras recién descubiertas junto con la tarea de evangelizar el Nuevo Mundo con el envío de misioneros. En consecuencia, los reyes españoles se sintieron responsables de la cristianización de los pueblos americanos, hasta el punto de entender que el cumplimiento de esa obligación de evangelizar legitimaba su soberanía temporal sobre dichos pueblos.

De esta manera, la integración de los pueblos en el conjunto de la Monarquía hispana no estaría conseguida mientras no se lograra su conversión al cristianismo. Sería justamente el carácter misionero lo que dispararía la capacidad de la Monarquía hispana para conocer, contactar y entrar en diálogo con los diversos pueblos, lo que la dotaría de un sentido verdaderamente integrador, quedando plasmado políticamente como un conjunto de pueblos con personalidad jurídica propia, pero unidos bajo la obediencia al mismo rey y bajo la común fe católica. Para los misioneros, sólo la integración de los pueblos indígenas en el conjunto de la Monarquía garantizaba que su primera conversión pudiese encontrar los medios para madurar en una organización cristiana que pudiera desarrollarse en el futuro.

¿Sabías qué...?
Juan Pablo II fue el primer papa polaco en la historia, y el primero no italiano desde 1523.
La integración de los pueblos indígenas era garantía de que su conversión pudiera desarrollarse posteriormente.

Ya desde el segundo viaje de Cristóbal Colón a América, los Reyes Católicos se preocuparon por el establecimiento de la Iglesia en las nuevas tierras y, en efecto, entre los viajeros de entonces marcharía un primer grupo de sacerdotes bajo la dirección de fray Bernardo Boil, fraile nombrado vicario pontificio para las Indias, es decir, representante personal del Papa. Desalentado por las dificultades de trato, tanto con los indios como con Cristóbal Colón, fray Bernardo Boil renuncia pronto al gobierno eclesiástico de las tierras descubiertas y regresa a España.

Los reyes optan por un cambio de sistema para la fundación de la Iglesia en América y, por lo tanto, para la evangelización del Nuevo Mundo. Solicitan al Papa el derecho de Patronato; de este modo, los reyes desisten del envío de nuevos vicarios apostólicos, tomando ellos directamente, a través de sus órganos ordinarios de gobierno, un control más directo de la vida eclesiástica americana. Se concedía al rey el derecho de presentar para su nombramiento canónico a todas las personas que ocuparían puestos eclesiásticos en las Indias; a cambio, la Corona debería financiar todo el establecimiento de la Iglesia en esas tierras. En el ejercicio de este derecho de patronato, los reyes españoles, fundamentalmente desde Felipe II, van a exceder las facultades expresamente concedidas, para tratar de dirigir, o al menos supervisar, la totalidad de la vida eclesiástica en América.

Un sacerdote bendice a un grupo de indígenas. Los jesuitas, por ejemplo, enseñaron a los indígenas diversos oficios artesanales y estimularon en ellos el estudio de instrumentos musicales y el canto coral.
Imagen alusiva a una reducción de indios. En general, estas misiones se autoabastecían e intercambiaban el excedente de su producción con misiones establecidas en zonas distantes. Además, algunos productos elaborados eran comercializados en varias colonias americanas.

LOS MISIONEROS

Una empresa como la que hemos descrito requería la acción de misioneros comprometidos y capaces. De hecho, los religiosos que afrontaron esta evangelización eran en su mayoría hombres de entre 25 y 35 años, herederos de la reforma eclesiástica española impulsada por los Reyes Católicos. No cualquiera era enviado a las Indias: se requería la autorización de sus superiores, la decisión personal voluntaria, y el permiso del Consejo de Indias. Había una severa selección de los religiosos.

Entre las órdenes mendicantes destacaron los franciscanos, dominicos, agustinos y mercedarios. La Compañía de Jesús, que llegó ya avanzado el siglo XVI, actualizó los métodos misionales y se destacaría por la eficacia en la conversión y cristianización de los indígenas. También los obispos se dedicaron prioritariamente a la misión entre los indios hasta aproximadamente 1570. Desde esta fecha, la atención pastoral a los fieles cristianos de sus diócesis y, eventualmente, la ocupación de cargos públicos, les dejó menos tiempo para la prédica. El clero secular también se ocupó de la conversión indígena, aunque su ocupación principal sería la atención de la población ya cristiana.

Los fieles laicos (españoles, criollos e indígenas) también aportarían mucho a la conversión de los pueblos autóctonos y, sobre todo, al nacimiento y desarrollo de una cultura cristiana. Tampoco faltaron funcionarios y pobladores españoles con vivo celo por la conversión de los indígenas. Debemos mencionar también la labor misionera de los mismos indígenas una vez convertidos: muchos de ellos actuaron como colaboradores de los misioneros haciendo de traductores y auxiliares en la prédica.

En definitiva, entre los protagonistas de la primera evangelización americana encontramos grandes miserias y altos testimonios de solidaridad, bajas ambiciones y entregas desinteresadas. De todas maneras, a pesar de sus limitaciones, esos hombres lograron transmitir el Evangelio a las culturas indígenas.

MÉTODOS PARA LA EVANGELIZACIÓN

Los misioneros necesitaron ingeniar y aplicar nuevos métodos para su tarea, distintos a los que se conocían en Europa. En la búsqueda de esos métodos supieron inspirarse tanto en la propia tradición misional de sus órdenes religiosas, como en el Evangelio mismo. No obstante, los misioneros recurrieron al estudio y conocimiento directo de la realidad americana para deducir de ella la metodología evangelizadora más adecuada. En esta búsqueda de métodos, estudiaron las lenguas y culturas indígenas y tradujeron los textos bíblicos a cada dialecto en particular. Otro recurso fue la apelación a la Corona para que diese indicaciones a la población española, de modo que se creasen circunstancias más favorables para la evangelización, y para que arbitrase en las diferencias internas del clero, haciendo luz también sobre prácticas misioneras. Por último, un recurso importante en esa búsqueda y aplicación de nuevos sistemas fueron las obras escritas por los misioneros más veteranos, verdaderos manuales prácticos para la acción.

Entre los métodos practicados conviene recordar que, para llevar adelante la evangelización, la Corona española ordenó la creación de las llamadas reducciones de indios, que eran territorios habitados exclusivamente por aborígenes y administrados por un pequeño número de sacerdotes. Aplicaron diversos medios para captar la atención del indio a través de formas atractivas de predicación y de una organización pedagógica de sus contenidos. Otras formas fueron la refutación teórica de las religiones primitivas y la extirpación de la idolatría, que no estuvo ausente de excesos. Una vez lograda la conversión, se continuaba con las clases de catequesis, para que los convertidos no volvieran a la religión antigua y para que progresaran en el conocimiento y práctica de la fe y moral cristianas.

La conversión de los indígenas al cristianismo fue llevada a cabo, en su gran mayoría, por dominicos, franciscanos y jesuitas, tres órdenes religiosas que tuvieron fuerte presencia en América.

Mapuches

Los antecesores de los mapuches (gente de la tierra) se establecieron en la región de los lagos precordilleranos del valle central de Chile alrededor del año 500 d. C. Sus poblaciones se extendieron por el sur hasta el río Maullín, y por el oeste probablemente hayan llegado hasta el centro y norte de la actual provincia de Neuquén, Argentina.

Se organizaban en grupos reducidos dedicados a la caza, la recolección y el cultivo de papas en pequeños huertos ubicados en terrenos húmedos. Cuando llegaron los españoles habitaban la región situada entre los ríos Itata Y Toltén, compartiendo con los Picunche (“gente del norte”) y los Huiliche (“gente del sur”) una misma lengua, que se extendió desde del Río Choapa, al norte, hasta Chiloé, al sur.

Esta región fue identificada por los conquistadores como Arauco o Araucanía y sus habitantes como araucanos, pero aún hoy sus descendientes se reconocen mapuches.

El ingreso de los mapuches en el actual territorio argentino se produjo a partir del siglo XVII, en parte empujados por la persecución de los españoles, en parte atraídos por el ganado salvaje. Desde entonces fueron ocupando paulatinamente la zona comprendida por las provincias de San Luís, sur de Córdoba, La Pampa, Neuquén y Buenos Aires, donde permanecieron hasta que las expediciones militares de finales del siglo XIX los llevaron a instalarse al sur del río Limay. El impacto cultural que significó el ingreso masivo del pueblo mapuche en territorio argentino, provocó un cambio profundo que influyó en las culturas autóctonas dando lugar a un proceso de mestizaje e intercambio cultural que terminó conformando la población paisana de las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut.

LENGUA

El mapandungun, lengua mapuche, está estrechamente vinculada a la lengua de los araucanos chilenos, de la que sólo la diferencian pequeñas variaciones fonéticas y léxicas. Esto se debe a que la continua afluencia de nuevos integrantes en el tiempo transcurrido, impidió tanto una mayor diversificación como una mayor unificación y fijación de las distintas modalidades regionales que en el nuevo ambiente iban surgiendo. Por esto es que apenas si se han fijado algunas particularidades como una tendencia a convertir la R chilena en S, y la T en CH.

ECONOMÍA: DE LA AGRICULTURA A LOS MALONES

Los recursos ofrecidos por el ambiente en el que se desenvolvió la cultura mapuche en Chile, favorecieron el desarrollo de una agricultura en pequeña escala con cultivos de maíz, papa, quínoa, calabaza, habas y ají, entre otros. Esta actividad se completaba con la recolección de plantas silvestres, la caza y la cría de llamas y animales menores en el norte, y la pesca y recolección de mariscos en la costa.

Instalados en la Argentina, los mapuches continuaron con la práctica de la agricultura, fundamentalmente en Neuquén, del mismo modo que conservaron sus actividades manufactureras tradicionales. En este rubro producían elementos de uso cotidiano en madera, piezas de orfebrería, talabartería y tejidos. La base de su subsistencia se completaba con el tráfico de ganado, tarea que a fines del siglo XVIII los llevó a controlar los arreos que partiendo de la pampa húmeda, trasladaban los animales por los pasos neuquinos para comerciar en Chile. Al desaparecer los animales sueltos y extenderse la frontera blanca, los mapuches se valieron de la apropiación forzosa del ganado mediante acciones denominadas “malones”, centradas en las estancias, para conservar su fuente de recursos.

ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL

La organización social que se dio en la cultura Mapuche estaba basada en la familia. Las familias se reunían en linajes relacionados por los varones emparentados y se asentaban en una misma región en la que disponían de un territorio para la agricultura, la recolección y el pastoreo. A medida que el territorio iba resultando estrecho por el crecimiento del linaje, algunos varones migraban para dar origen a un nuevo linaje que con el tiempo perdía los vínculos de sangre con el linaje original. A pesar de esto, el recuerdo de un antepasado común continuaba uniéndolos, pero se trataba de seres mitológicos como el Nahuel (tigre), el Filu (serpiente), el Ñancu (aguilucho); o elementos de la naturaleza como el Curá (piedra), el Antu (sol) que daba nombre a los linajes emparentados. El jefe o Toki era el varón más anciano. Él se encargaba de distribuir las riquezas durante los festejos ceremoniales pero el poder de mando sólo lo ejercía durante los tiempos de guerra. Esta organización social se modificó cuando los mapuches llegaron a la Argentina, debido a los enfrentamientos permanentes con el blanco y la incorporación de los malones como recurso de supervivencia. A consecuencia de este nuevo contexto, el poder de mando del Toki se acrecentó hasta volverse permanente. Los cambios llevaron a que en el siglo XIX se constituyeran los llamados “Grandes Cacicatos”, dominios de extenso territorio controlados con el apoyo de los caciques menores y los capitanejos.

ORGANIZACIÓN MILITAR

Hasta el momento en que entraron en contacto con los españoles, los araucanos tenían prácticas militares similares a las de otros pueblos con el mismo estado de evolución social, incluso sus armas eran semejantes. La dirección de la guerra entre tribus correspondía al jefe hereditario o rehue, pero cuando se formaban alianzas se elegía un jefe supremo que era el encargado de dar un rumbo común a las acciones. En la elección de estos jefes intervenían las cofradías o asociaciones guerreras, instituciones secretas de las tribus que por lo general delegaban el poder en el guerrero de más alta graduación dentro de la asociación. Por esta razón es que no siempre coincidía el jefe de guerra con el Toki que ejercía la jefatura en tiempos de paz. A su vez la autoridad del Toki de guerra caducaba al finalizar la contienda. Las cuestiones de la guerra eran tratadas en juntas secretas de aillarehues, a las que sólo concurrían guerreros iniciados. El resto tenía vedado el acceso, y la violación de esta disposición era castigada con la ejecución del infractor. La reunión era convocada en forma secreta mediante un heraldo que corría en una flecha ensangrentada que podía llevar también el dedo de un enemigo muerto.

¿Sabías qué...?
En Chile vivían 1 millón de indígenas antes de la llegada de los españoles.

Las deliberaciones no daban comienzo hasta que no concluían con los ritos religiosos tradicionales en los que solían sacrificar a un prisionero de guerra, o a un chillihueque o carnero de la tierra. Luego empezaban las deliberaciones hasta obtener los acuerdos que debían ser aprobados por aclamación por los jefes de las asambleas. Cuando se trataba de acciones de envergadura, antes de emprenderlas consultaban a los adivinos que determinaban lo propicio o adverso de los augurios. Según el resultado de estas consultas, realizaban o no las acciones previstas. También acudían a los sacerdotes o chamanes que examinaban el corazón de la víctima y se comunicaban con el Pillán, divinidad suprema, durante el proceso de sueño o éxtasis para conocer el posible suceso de la campaña. La elección del Toki se disponía cuando los augurios eran favorables. Los candidatos no favorecidos por la elección se subordinaban de inmediato al elegido sometiéndose a sus órdenes con absoluta disciplina. El Toki se ocupaba del nombramiento de los subjefes y oficiales y luego arengaba a los asistentes.

Al concluir la guerra, el triunfo se celebraba con una fiesta o reunión en la que el Toki se congratulaba con los que lo habían acompañado en la campaña. Durante estas fiestas honraban al Pillán y al tótem de acción de gracias en una ceremonia religiosa en la que ofrecían prisioneros enemigos en sacrificio expiatorio. Las víctimas eran despedazadas de acuerdo a prácticas ancestrales propias de los pueblos bárbaros. Cuando el número de prisioneros era alto, dejaban con vida una parte de ellos para canjearlos por los propios que hubieran caído en poder del enemigo. Los prisioneros también podían ser adoptados o vendidos a otros jefes interesados.

Lanzas y macanas

Las armas utilizadas por los mapuches, antes de la lucha con los españoles, evolucionaron tan velozmente como su organización militar, por lo que es difícil obtener descripciones certeras sobre ellas, pero sí se puede afirmar que hacia 1536 utilizaban su arma favorita, la macana, además del arco y probablemente también la lanza. Cuando hacia 1550 se enfrentaron con las segunda expedición de Valdivia, usaban en la primera fila de guerreros picas cortas que medían entre cuatro y cinco metros, en tanto los de la segunda fila iban armados con lanzas largas de seis a ocho metros. Las astas de las armas estaban hechas de coligüe y las puntas de madera endurecida, material que cambiaron por el metal de las espadas quitadas a los españoles. Junto a los piqueros iban soldados armados de macanas y mazas. La macana era un palo duro y pesado de tres metros de largo, de luma o de temo, del grueso de la muñeca de la mano. En el extremo superior llevaba una vuelta de 30 centímetros para darle peso.
En la formación detrás de los piqueros se ubicaban los honderos y los arqueros, que cubrían el aire con una nube de piedras y flechas de unos cincuenta centímetros de largo.

COSMOVISIÓN

Los orígenes

Los mapuches ubican sus orígenes en la lucha entre la culebra Cai-Cai, habitante de lo más profundo del mar, y la culebra Ten-Ten, que vivía en lo más alto de los cerros. Según la leyenda fue esta última quien aconsejó a los mapuches que subieran a las montañas cuando el agua comenzara a crecer. Siguiendo el consejo, lo intentaron, pero muchos murieron ahogados transformándose en peces. Para contrarrestar lo que consideraron el enojo del agua, hicieron sacrificios que la calmaron, lo que les dio la oportunidad de bajar de la montaña y poblar la tierra.

Este fue el nacimiento legendario de los mapuches, pero de su origen real no hay precisiones ni recuerdos anteriores al diluvio.

El cosmos

Las creencias mapuches dan por cierta la existencia de un cosmos dividido en siete niveles superpuestos verticalmente en el espacio. Divinidades, ancestros y espíritus benéficos habitan las cuatro plataformas superiores, en tanto en una plataforma del mal, ubicada entre la plataforma terrestre y las cuatro benéficas, residen los wekufe o entidades maléficas. Los mapuches habitan en la plataforma terrestre, donde se manifiestan tanto las fuerzas del bien como las del mal, ejerciendo sus influjos sobre la conducta humana. La última plataforma sirve de hábitat a los malignos hombres enanos, los Caftrache.

CULTURA

Vestimenta: “Bota´e potro” y chiripá.

La vestimenta típica de las mujeres consistía en dos mantas; con una se cubrían todo el cuerpo dejando libres los brazos y la parte inferior de las piernas, ceñida a la cintura con una faja de lana cubierta de cuentas de colores; la otra les servía como capa que lucían sobre los hombros prendida al pecho con un gran alfiler de plata. Eran cuidadosas con el peinado usando por lo general dos trenzas que se bamboleaban sobre sus espaldas. Llevaban adornos como collares, pulseras, tobilleras y aros de plata, y se pintaban partes de la cara de negro, azul y blanco. Los hombres se vestían con una prenda que luego se hizo típica entre las prendas de los gauchos, el chiripá, ideal para sus actividades ecuestres. Esta prenda era un paño que cubría la parte delantera de los muslos hasta la rodilla, y que se sostenía desde la cintura por medio de una faja. Ante el rigor de los inviernos, o para andar sobre los caballos, usaban poncho. El calzado consistía en botas de potro a las que adosaban en el extremo inferior pequeñas espuelas de madera, hierro, bronce o plata con las que azuzaban a los caballos. El cabello lo usaban largo y con vincha al frente.

Los toldos

Como vivienda los mapuches armaban las clásicas tolderías en las proximidades del agua, entre las que situaban celdas para caballos, carros o peatones. El tamaño variaba de acuerdo a los recursos naturales con que contaban, utilizando para la construcción palos de madera sobre los que colgaban cueros, en principio de guanaco y con el tiempo de potro. El hábitat se armaba con recintos que tenían funciones específicas, cocina, dormitorio y depósito.

Una vez que instalaban sus viviendas en lugares aptos para el desarrollo de sus comunidades, no se trasladaban, a menos que se produjera un cambio drástico que variara de manera adversa las condiciones de vida, lo que indica que eran fundamentalmente sedentarios.

ARTE

Tanto hombres como mujeres mapuches demostraban grandes aptitudes para el trabajo manual. Sus habilidades les permitieron elaborar infinidad de piezas de utilidad, pero también expresiones artísticas en las que transmitían su espiritualidad. Los hombres fabricaban sus botas de potro, sus boleadoras, cuchillos y platos, riendas para la cabalgadura, etc. Para sus trabajos utilizaban una variedad de técnicas entre las que se destacaba el trabajo en piedra, el tejido, las fibras vegetales, la madera y la cerámica, pero en lo que más se destacaban era sin duda en la orfebrería, con sus trabajos de cincelado y repujado a mano de la plata, que aumentó cuando a la llegada de los españoles tuvieron mayores posibilidades de obtener el metal. Sus joyas no sólo tenían un particular valor estético sino que además expresaban las percepciones cosmogónicas del pueblo y los misterios de su teogonía. Las joyas de plata eran apreciadas por las mujeres, sobre todo por las esposas de los lonkos o caciques, quienes las lucían en fiestas y ceremonias religiosas. Los diseños no eran sólo de piezas femeninas, sino que también los había para piezas masculinas y eran utilizados para realzar el atuendo del jinete y sus caballos.

La especialidad de las mujeres era el tejido hecho al telar.

Malón: el terror del huinca1

Los mapuches, como otros grupos aborígenes, usaron el malón como táctica militar. La sorpresa y rapidez con la que un grupo de guerreros asaltaba posiciones enemigas, ya fuera de blancos o de otros grupos indígenas, les permitía apoderarse de ganado y provisiones de sus adversarios, y retirarse llevando prisioneros. El desconcierto les garantizaba el éxito y en su veloz retirada dejaban tras de sí una población devastada y sin capacidad de reacción.

1Término despectivo con el que los mapuches nombraban a los conquistadores españoles.

EL KULTRUN

Este instrumento, que en apariencia no es otra cosa que un tambor, representa la síntesis de la cosmovisión mapuche. Es una caja de resonancia hecha con madera del canelo o de laurel, árboles que los mapuches consideran sagrados. Para el parche usan cuero de potro, guanaco u oveja. Antes de tensarlo la Machi mete allí su canto para dejar en la caja parte de su alma; luego introduce pequeños objetos sagrados como piedras, plumas y plantas medicinales, que al sacudir el instrumento suenan como una sonaja. El parche lo ilustran con los símbolos que representan el universo Mapuche. Con el dibujo de una cruz dividen el parche en cuatro; la línea vertical representa el cosmos y la horizontal la tierra. El centro de la tierra es la intersección de ambas líneas y marca el espacio sagrado en el que el Machi alcanza la comunicación con dioses y ancestros mientras hace sonar el kultrun.

Caribes

También conocidos como caríbales o galibi, los caribes, provenientes de la región amazónica brasileña, ingresaron a la cuenca del Orinoco, el oriente, la costa central de Venezuela y el sur del Lago de Maracaibo, hacia el siglo II d. C.

Agricultores y ceramistas, inicialmente ubicaron su centro operativo en el Mato Grosso y las cabeceras del Amazonas, desde donde habrían iniciado su expansión hacia el Orinoco, llegando a conquistar la costa atlántica colombiana hacia el siglo VIII, la cuenca del lago Maracaibo hacia el siglo XI, la costa central oriental de Venezuela hacia el siglo XIII, logrando en su despliegue desplazar o absorber a los pueblos de ascendencia arawaca que ocupaban esos territorios desde 1.000 años a. C.

Una vez que ocuparon la región norte de la costa atlántica de Sudamérica, desde Paria hasta las Bocas del Amazonas entre los siglos IX y XIV, detuvieron su expansión controlando además la mayor parte del Caribe Insular.

Tamaña expansión de los caribes por América tuvo que ver con las posibilidades que les daba la navegación, tanto por mares como por cuencas fluviales, y su exogamia. Pero el área territorial en la que alcanzaron mayor desarrollo parece haber sido el norte de Colombia y Venezuela, ubicando sus puntos septentrionales extremos en las Grandes Antillas como Cuba y La Española, los meridionales en el departamento de Loreto, Perú, y en el sureste el alto curso del río Xingú, en el Mato Grosso brasileño.

LENGUA

La cantidad de lenguas que componen la familia lingüística caribe, y el carácter expansionista de los pueblos que la integran, la convirtieron en una de las más amplias de América, con diferencias muy marcadas entre las distintas zonas, producidas por el contacto con otras etnias.

HISTORIA

Los colonizadores europeos llegaron a las Antillas hacia fines del siglo XV; para entonces los arawacos eran mayoría en la región, pero hacía ya muchos años que habían empezado a ser colonizados por pueblos caribes muy belicosos. Incluso encontraron comunidades mixtas con hombres que hablaban un léxico de origen caribe mientras mujeres y niños usaban léxico arawak (de la variante eyeri o iñeri). En el dato se ve expresada la estrategia expansionista de los caribes: aniquilar a los hombres y mestizarse con las mujeres arawak. Pero la inesperada aparición de los europeos echó por tierra sus planes.

Entre los años 1492 y 1700, murió el 90% de su población, la mayoría a causa de las enfermedades traídas por los colonos. Se calcula que al llegar los primeros expedicionarios los pobladores de las Antillas Menores oscilaban entre los 7.000 y los 15.000 individuos, aunque hay historiadores que calculan entre 20.000 y 30.000 caribes, los que lentamente fueron expulsados de las islas hasta terminar refugiados en Dominica a mediados del siglo XVIII.
Las dificultades se agravaron cuando holandeses, franceses y británicos se lanzaron a la captura de aborígenes para venderlos como esclavos en las plantaciones, excusándose en su canibalismo. De este modo, la población siguió reduciéndose y en lugares como Guadalupe resultó casi exterminada.

¿Sabías qué...?
Sólo en Dominica aún quedan poblaciones de Caribes.

Franceses e ingleses fueron resistidos en sus intentos por controlar las Antillas Menores. Los caribes se valían de su capacidad como navegantes para enfrentarlos, o llegado el caso, escapar entre las islas. Sin embargo, la resistencia no alcanzó para detener la ambición de los europeos, quienes finalmente se adueñaron de Guadalupe y fundaron Saint George en Granada. Los aborígenes americanos contraatacaron para recuperar sus tierras, pero fueron exterminados borrando el último foco de resistencia hacia el año 1654. El resto del siglo se caracterizó por los acuerdos y los enfrentamientos entre las fuerzas en pugna.

A comienzos del siglo siguiente los franceses conquistaron Martinica convirtiéndola oficialmente en una colonia del Reino de Francia. La misma isla pasó a manos inglesas en 1761, pero al año siguiente, luego del tratado de París, fue devuelta a Francia.

Los caribes resistieron en la isla de San Vicente, donde se les unieron esclavos africanos que huían de Barbados, Santa Lucía y Granada, y que, al mezclarse con los nativos, dieron origen a los garífunas o caribes negros, quienes negociaron con los españoles su traslado a Honduras, donde la tierra era más fértil, a cambio de la protección de las costas.

En la actualidad en Dominica quedan unos 3.000 caribes; se autodenominan kaliganos y ninguno habla la lengua original, idioma que se considera extinto desde 1920. En San Vicente hay unos 6.000, y en algunos pueblos costeros quedan pequeños grupos.

RAZONES DE LA DERROTA

A pesar de la resistencia y las diferentes alianzas que alternativamente fueron estableciendo con holandeses, ingleses, franceses y españoles, los caribes fueron finalmente derrotados militarmente por dos cuestiones fundamentales: por un lado, los europeos dejaron de enfrentarse entre ellos estableciendo tratados de paz en los que se repartieron el mundo; por otro lado, la concepción de la guerra que tenían los caribes hacía que luego de ganar una batalla volvieran a sus poblados retomando sus tareas cotidianas, los españoles, en cambio, desde su visión imperial, consideraban propio el territorio al que llegaban sus soldados, cuya única función era consolidar las posiciones alcanzadas.

ORGANIZACIÓN SOCIAL

Agrupados en clanes familiares, los caribes seguían el linaje patrilineal en grupos llamados cacicazgos, estableciendo alianzas de pueblos federados.

La sociedad se dividía en dos grupos. El primer grupo estaba conformado por los caciques, los jefes militares y los sacerdotes, quienes se dedicaban a gobernar, defender el territorio y organizar las ceremonias religiosas. El segundo grupo estaba conformado por trabajadores, específicamente cultivadores, tejedores, orfebres, ceramistas y comerciantes. A ellos correspondía pagar los impuestos con los que se sostenía a los caciques, militares y sacerdotes. Los grupos familiares estaban bajo la autoridad de un cacique, quien conducía asesorado por sus parientes mayores. Su autoridad era absoluta pues la creencia era que descendían de los dioses.

Construían sus bahereques sobre pilotes de madera.

No se asentaban en poblados sino que construían cuidadosamente sus bahareques alejados uno de otro. Los materiales que usaban eran naturales: pilotes estructurales de madera con techos a dos aguas hechos con hojas de palmera; paredes interiores en esterillas de guadua, cactus, caña brava, que recubrían con una argamasa de origen vegetal (utilizada también para el mobiliario), y una última capa con la que le daban lustre con cal.

ACTIVIDADES PRODUCTIVAS

Los caribes eran pescadores de especies grandes, tanto de río como de mar. El pescado era la base de su alimentación. Para conservarlo utilizaban técnicas de humeado, secado y salado. Tenían por cocina un mesón de madera cubierto por tierra, donde asaban y cocinaban; lo llamaban barbacoa.

Se ocupaban también de la agricultura cosechando papas, yuca, mandioca, tabaco, cacao, frijoles, algodón, etc.
Elaboraban mantas tejidas que pintaban de varios colores. También demostraron ser muy hábiles en la elaboración de piezas de cerámica y de oro, a tal punto que los quimbayas (grupo caribe) fueron considerados como los mejores orfebres de América.

Para la comercialización de sus productos organizaban ferias comerciales de las que participaban otras comunidades.

Vista del río Orinoco, primera etapa de su expansión.

COSMOVISIÓN

Los caribes eran politeístas, adoraban al Sol y la Luna, las estrellas, las piedras, y otros dioses representados en animales como la culebra, a la que llegaron a considerar su protectora; hacían sacrificios en ceremonias especiales acompañadas con música, danzando en honor de sus dioses y muertos, a quienes veneraban. Enterraban a los caciques y a los guerreros en urnas con tapas de figuras antropomorfas, en tanto para el resto de la población utilizaban tumbas simples. Otra de sus costumbres era la de deformar los cráneos mediante el uso de tablas ajustadas alrededor de la cabeza. De igual manera, deformaban las pantorrillas y los brazos.

Los mohanes, brujos o médicos, eran los encargados de tratar las enfermedades del cuerpo y del espíritu.

¿Sabías qué...?
Venezuela fue el primer país de Sudamérica en proclamarse independiente de la Corona Española.

CULTURA

Pintura coporal

Tenían por costumbre, como ocurría en general con todas las etnias de regiones tropicales, el no cubrir sus genitales. En cambio usaban tintes vegetales para fabricar pinturas cosméticas, que servían además como protectoras contra los insectos. Pero la razón fundamental de las pinturas con las que adornaban su cuerpo, era la de identificar mediante este procedimiento a las familias, distinguiéndose para reconocimiento de otras etnias. Utilizando tintes de color negro, representaban el animal que caracterizaba a la familia a la que pertenecían. El más común era el del murciélago, además usaban el jaguar, la araña y el mono.

La familia

Practicaban la poligamia masculina por medio de la endogamia y la exogamia, en este último caso con importantes implicancias antropológicas vinculadas al carácter expansionista de la etnia. En caso de uniones consentidas la exogamia seguía patrones matrilineales y patrilineales, según lo pactado por las familias. Cuando se trataba de uniones no consentidas, se sacrificaba a los varones de la etnia sometida para que las mujeres estuvieran aptas para la unión, asegurando de esta forma la trasmisión del material genético de manera patrilineal.

Antropofagia

Si bien hay crónicas históricas que hablan de la práctica de la antropofagia por parte de los caribes, los antropólogos se encuentran divididos sobre la verdad de esta costumbre.

Onas

Tehuelches originarios de la Patagonia meridional, llegaron al actual territorio fueguino hace aproximadamente 10.000 años. Pasados 4.000 años los cambios climáticos determinaron la separación del istmo, definido luego de la última glaciación, y ellos quedaron asentados en Karukinka, como llamaban en su lengua a la Isla Grande de Tierra del Fuego.

Los tehuelches los nombraban como selk´nam, pero finalmente se impuso el nombre que le dieron los yagán: onas. Con el mismo nombre se conoce también a sus vecinos del sur de la isla, los haush, aunque lo correcto es llamar a cada pueblo por su denominación original, criterio que se seguirá en esta nota.

Los selk´nam (onas) habitaban la zona norte de Tierra del Fuego, del estrecho de Magallanes a las estribaciones septentrionales de la cordillera fueguina, un hábitat de relieve apenas ondulado, cruzado por varios cursos de agua, con una zona de pradera con árboles y otra esteparia con pastizales, lo que facilitaba sus desplazamientos. En esta zona es abundante la presencia de guanacos, lo que hizo que toda la organización de los selk´nam girara en torno a estos animales. De ellos sacaban no solo el alimento, sino también el vestido y el reparo, utilizando además los huesos y tendones como materia prima para la fabricación de sus herramientas. Los recursos marinos eran apenas un complemento, ya que nunca se adaptaron a la vida marítima. A diferencia de sus vecinos del Sur y del Oeste, quienes eran nómades pescadores que se valían de las canoas para sus movimientos, los selk´nam no navegaban, por lo que extraían poco del mar.

LENGUA

Su lengua pertenecía a la familia lingüística chon, familia de la que también formaban parte el tehuelche y el haush. De ahí las similitudes con el tehuelche de la Patagonia continental, con quienes compartían el sonido áspero producto de sus expresiones guturales y oclusivas. Estas características hacían que hasta la conversación más amistosa sonara como una fuerte discusión. Profundizar los estudios sobre esta lengua se volvió sumamente difícil ya que solo se conserva un parte mínima de su vocabulario y ya no queda quien la practique como lengua madre.

HISTORIA

Los primeros europeos que los vieron fueron los de la expedición de Magallanes, explorador que descubrió el estrecho que lleva su nombre, en 1520. Pero no hicieron contacto con ellos sino que los avistaron desde la embarcación por las grandes fogatas que relucían en la noche, de ahí el nombre de la isla. El primero de los conquistadores con el que establecieron contacto fue Pedro Sarmiento de Gamboa en 1580. Recién a finales del siglo XIX estos contactos se hicieron periódicos, debido a la llegada de los misioneros salesianos con fines evangelizadores, y grupos de colonizadores que querían establecerse allí. Esto condujo a una alteración en las costumbres de los indígenas que se movían con libertad por todo el territorio y de pronto se encontraron con la novedad de los cercos y la propiedad privada de la tierra. Para subsistir se vieron obligados a romper las cercas buscando guanacos, o tomando las ovejas, desconocidas por ellos hasta entonces, a las que llamaron guanaco chico o blanco. Esto provocó el enojo y la reacción de los colonos y la represión concluyó en un genocidio que casi llega a exterminar la etnia. Como si fuera poco, también tuvieron que soportar las enfermedades contagiosas que llegaron con los colonizadores, y el desplazamiento de sus zonas de caza. Hacia 1881 se calcula que la población indígena estaba entre 4.000 y 5.000 personas, diez años más tarde se había reducido a la mitad.

Las dificultades se agravaron cuando en 1883 comenzó la explotación ganadera, después de que el gobierno chileno permitiera la instalación de las primeras estancias por vía de las concesiones. Cuatro años más tarde, en 1887 llegaron los mineros a buscar oro en la zona norte de la isla, y en 1888 se estableció en la isla Dawson la primera misión salesiana.

Los salesianos de la isla Dawson llegaron en 1895 a un acuerdo con los estancieros: por cada indígena recluido en la misión recibirían una libra esterlina. Pero los cambios de hábitos que esto implicaba, hizo que la mayoría de los 800 indígenas que llegaron a habitarla, murieran. No podían soportar el estilo sedentario y ocioso que imponía el encierro, ni las enfermedades contagiosas que transmitían los blancos.

ECONOMÍA

La economía se basaba en las tareas de subsistencia de las que participaba toda la familia, salvo los niños, los ancianos y los enfermos. La actividad principal era la caza del guanaco, que estaba a cargo de los hombres. Para la caza utilizaban el arco y la flecha en cuyo uso se hicieron expertos debido a lo difícil que es la cacería de dicho animal. La alimentación la completaban con aves y cururos, o productos marinos que recolectaban en las orilla del mar y que consistían en mariscos o alguna ballena varada. Además recolectaban frutos silvestres como el calafate o la chaura. Dado que los hombres estaban permanentemente al acecho de sus presas, las mujeres se ocupaban de las tareas domésticas y mientras esperaban el resultado de la cacería se alimentaban con mariscos. Cuando llegaba el momento de los traslados cargaban las tiendas en bolsas de cuero y cestos de junco, donde agregaban los utensilios y los niños que aún no caminaban.

ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL

Los selk´nam colocaban por encima de las familias los linajes patrilineales y patrilocales, compartiendo de manera comunitaria la posesión de zonas específicas de territorio. Estos territorios se delimitaban con piedras, montículos, cursos de agua, colinas, etc. Eran respetados y traspasados de generación en generación, aunque se podían modificar por conquistas o por extinción de algún linaje. Los llamaban “haruwen” y vinculaban a los linajes con figuras míticas que habían participado del origen de los tiempos, pero no se consideraban descendientes de ellos. Dentro del haruwen perteneciente a un linaje, las familias que lo componían se movían con independencia, pero mantenían el derecho compartido sobre la totalidad de los bienes y animales de caza que hubiera dentro de dicho territorio. Los territorios de cada linaje eran respetados por el resto e ingresar a ellos sin autorización estaba prohibido. Incluso la represión a esta falta podía llegar a ser violenta ya que la presencia extraña podía espantar la caza. Ni siquiera se admitía la presencia de un perro que perteneciera a otro linaje. Cuando por diferentes motivos la subsistencia en un territorio se tornaba difícil, los afectados podían solicitar pasar a otro, pero estaban obligados a retribuir con obsequios el permiso, además de prometer reciprocidad en caso de que en algún momento la circunstancia la ameritara.

COSMOVISIÓN

Creían en espíritus identificados con la naturaleza: el espíritu de los bosques, el de los lagos, el de las montañas, animales y hechiceros muertos. Los seres humanos tenían un ánima a la que llamaban Kashpi y que sobrevivía a la muerte del cuerpo, pero sin contactos con los vivos salvo que se tratara del ánima de un xo’on. Los xo’on eran una mezcla de hechiceros, chamanes y curanderos que en sus creencias tenían un inmenso poder que les permitía influir sobre el clima, la caza y la guerra; contrarrestaban brujerías y hacían presagios. Actuaban después de prepararse mediante la auto hipnosis, efectuando cantos y manipulaciones con las que se suponía que manejaban fuerzas invisibles. Esto atemorizaba a los selk´nam que creían que los xo´on tenían poder sobre la muerte.

El imaginario de este pueblo estaba alimentado de una gran cantidad de mitos vinculados a los cuatro cielos en que dividían el espacio. Entre sus mitos se contaban aquellos que intentaban explicar el mundo y las cuestiones de la naturaleza, y otros basados en la historia o simplemente recreativos. Los ritos por lo general tenían sus protagonistas, como por ejemplo Kenosh, Kuanyip, el Sol y la Luna. Kenosh era el más antiguo de los antepasados y era él quien se había encargado de organizar el espacio en que habitaban los selk´nam para que pudieran subsistir allí. Kuanyip, en cambio, podía propiciar el bien tanto como el mal, mostrarse bondadoso o antipático y egoísta. A quien consideraban como el ser más peligroso era a la luna, a ella atribuían las peores atrocidades.

CULTURA

Las mujeres estaban subordinadas social y económicamente a sus maridos, celosos custodios del hogar que sometían a las esposas. Ellas debían soportar hasta los malos tratos, ya que si se escapaban eran obligadas por la fuerza a volver al hogar. Si bien la poligamia estaba permitida, no era común. Por lo general el hombre tenía hasta dos esposas, lo que facilitaba las tareas del hogar. Muchas veces era la misma esposa que solicitaba ayuda, por lo que el marido tomaba otra mujer, generalmente la hermana de la primera. Esto también ocurría cuando una mujer enviudaba, pues el hombre tenía la obligación social de proteger a quien había sido la mujer de su hermano. Existía un total respeto por los ancianos. Cuando ya no podían trasladarse, se los dejaba en un lugar pero siempre con asistencia.

PERSONALIDAD

Una característica muy particular del pueblo selk´nam fue el desarrollo de un fuerte autocontrol en su comportamiento, lo que trasladaban a su vida comunitaria. Sus saludos no eran efusivos sino más bien cortantes, pues consideraban de mala educación exteriorizar emociones. No mostraban gestos sociales ante los obsequios, ni dolor, ni asombro, ni siquiera agradecimiento. Tampoco manifestaban el hambre y no consumían el alimento hasta transcurrido un rato de obtenido y al recibir la comida se esperaba que la tomaran con indiferencia. Soportaban en silencio el frío, la fatiga, el hambre y la sed. La muestra de dolor o aflicción era tomada como una debilidad. Pero toda esta contención solía derivar en reacciones violentas.

ACTUALIDAD

De acuerdo a los datos proporcionados por la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas (ECPI) 2004-2005, complementaria del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2001, se reconocen y/o descienden en primera generación del pueblo selk´nam 391 personas en la Provincia de Tierra del Fuego, de los cuales ninguno reside en comunidades indígenas. Otros 114 onas residen en la Ciudad de Buenos Aires y los 24 partidos del Gran Buenos Aires. En toda la Argentina se auto-reconocieron 696 onas, ninguno de los cuales vive en una comunidad indígena.

Chibchas

Conocidos también como muiscas, habitaron el altiplano cundiboyacense y el sur del actual departamento de Santander, en Colombia, desde el siglo VI a. C. Su descendencia en la actualidad se encuentra asentada en las localidades del distrito de Bogotá, Suba y Bosa, y en los municipios vecinos, Cota, Chía y Sesquilé. Su lengua original fue el muyskkubun, perteneciente a la familia lingüística chibcha y hoy lengua muerta.

HISTORIA

Excavaciones realizadas con fines arqueológicos permitieron determinar que en el territorio hubo una importante actividad humana durante el periodo arcaico, es decir, más de 10.000 años atrás, y que los muiscas no habrían sido sus primeros habitantes ya que llegaron a la región del altiplano cundiboyacense no antes del año 5.500 a. C. según lo testimonian las evidencias encontradas en Aguazuque y Soacha. Estaban entonces, como todas las civilizaciones del preclásico, en su transición de cazadores a agricultores. Según se cree los muiscas se sumaron a poblaciones que ya habitaban allí, imponiendo la impronta de su cultura y su lengua, vinculada a los pueblos de Sierra Nevada de Santa Marta y Sierra Nevada de Cocuy.

LA CONQUISTA ESPAÑOLA

Los conquistadores españoles llegaron a la región en procura del tesoro de la mítica ciudad de El Dorado. Cuando los muiscas tuvieron noticias de la presencia de estos, entre los que se contaban Sebastián de Belalcázar, Gonzalo Jiménez de Quesada y Nicolás de Federmann, buscaron el acercamiento para derrotar a sus enemigos tradicionales en la región, los panches; pero cuando esta etapa se cerró, los españoles desconocieron la alianza y conquistaron la confederación.

Los muiscas, debilitados por la muerte de sus soberanos, Sagipa y Aquiminzaque, intentaron una rebelión tardía que fue dominada en 1542 por el expedicionario español Gonzalo Suárez Rendón. Luego la corona designó a Quesada como adelantado de los cabildos de Santa Fe y Tunja. Era el paso que consolidaba la transformación de un estado soberano en colonia española; su territorio había sido elegido por los conquistadores como cabeza de una región a la que llamaron Nuevo Reino de Granada, pasando por sobre una de las civilizaciones más avanzadas que se hayan asentado en la actual Colombia.

La barbarie española terminó con la clase alta, la nobleza y la casta sacerdotal muisca, dejando solo las capitanías; se repartieron las mejores tierras y dejaron para los aborígenes los resguardos, en tanto eran sometidos a las encomiendas que los explotaban como trabajadores en las haciendas de españoles.

SIGLO XX

La independencia trajo consigo la disolución de los resguardos con la sola excepción del de Tocancipá que fue repartido en 1940. Un golpe duro a la cultura aborigen fue el que recibieron en 1948 cuando se prohibió la fabricación de chicha de maíz que no fuera pasteurizada y embotellada en envase de vidrio cerrado, lo que implicó pérdidas económicas que se sumaron a las de las tierras. La prohibición se levantó en 1991.

ECONOMÍA

Su economía se basó en la agricultura, principalmente en el cultivo de maíz, base de su alimentación, además de algodón, yuca, calabaza, coca, aguacate, tabaco, piña, etc. Empleaban técnicas agrícolas rudimentarias valiéndose de herramientas como el azadón, y utilizando el sistema de roza. En las laderas de Chocontá, Facatativa y Tunja emplearon canales de riego y terrazas.

La sal era considerada un tesoro.

Para la práctica del comercio, debido a la intensa actividad, establecieron mercados públicos en los poblados más importantes como Bacatá, Zipaquirá, Tunja y Turmequé, que funcionaban cada cuatro días.

Otra de sus importantes actividades fue la minería. Extraían sal de las salinas de Zipaquirá, Nemocón, Sesquilé y Tausa, a las que consideraban un tesoro del soberano y su principal recurso fiscal.

Explotaron además yacimientos de esmeraldas en Somondoco. Las esmeraldas obtenidas eran comercializadas con tribus vecinas, incluso algunas lejanas que apreciaban las piedras preciosas.

En la región de Sogamoso obtenían carbón piedra, en Gachalá y Moniquirá, cobre y algo de oro, aunque la mayor parte de este mineral lo obtenían mediante el trueque con otras tribus.

Boyacá, Colombia.
TEXTILERIA

La industria textil fue de gran importancia para los habitantes del altiplano frío de Cundinamarca y Boyacá. Según cuenta Fray Pedro Simón en sus crónicas, los muiscas usaban mantas rojas para señalar su luto; los cortesanos de Tunja las lucían finas y decoradas; los sugamoxis envolvían con ella los cadáveres de sus antepasados. Estas mantas eran pintadas con una variedad de motivos geométricos, que se suponen de carácter simbólico. Para decorarlas se valían de colorantes extraídos de numerosas plantas.

ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL

Se organizaban en grupos de familias emparentadas entre sí por lazos sanguíneos. Formaban clanes o familias extensas a los que caracterizaba la exogamia, considerando como línea sucesoria la materna, o sea que se los consideraba pertenecientes a la comunidad de su madre. La poligamia estaba permitida, pero en la practica solo se daba entre la nobleza. El sistema de residencia era patriarcal.

La clase superior la integraban los jefes de confederación, los jefes de tribu y los sacerdotes, que eran quienes se apropiaban de los excedentes de la producción agrícola y minera. Así se originaron las clases y apareció la diferenciación entre propiedad privada y estatal. El sistema para apoderarse de los excedentes de producción era mediante el cobro de tributos que se pagaban en especies, o como variante, el trabajo obligatorio en las tierras de los jefes de tribu y sacerdotes.

COSMOVISIÓN

Sus dioses estaban representados por las fuerzas de la naturaleza. Los principales eran Chiminichagua, principio creador o fuerza suprema, Xué, el sol, Chía, la luna, Bachue, la madre de la humanidad y diosa de las legumbres, Cuchaviva el arco iris, Chibchacun, dios general, Chaquen, dios de los corredores y Bochica, héroe civilizador.

Consideraban a las lagunas como lugares sagrados en las que celebraban ceremonias religiosas de gran esplendor durante las que arrojaban al agua tunjos, objetos realizados en una aleación de oro y cobre que los españoles denominaron tumbaga, y que oficiaban de prendas de petición a sus dioses.

En ceremonias importantes realizaban sacrificios humanos en homenaje a sus dioses. Otra ceremonia de gran renombre era la que llamaban El Dorado, con la que celebraban el cambio de posesión en el mando del cacique Guatavita, de modo que era poco frecuente. Lo que sí se realizaba asiduamente eran las grandes procesiones rituales, concretadas con gran fastuosidad.

Boyacá, Colombia.

CULTURA

ALFARERÍA Y CERÁMICA
Establecieron los grandes talleres de cerámica en las proximidades de Tolcancipá, Gachancipá, Cogua, Guatavita, Guasca y Ráquira, donde la calidad de la arcilla les proporcionaba materia prima de primera calidad. La alfarería en cambio la desarrollaron en zonas cercanas a las fuentes saladas porque allí fabricaban las gachas o moyos en que compactaban los panes de sal.

Los alfareros chibchas, con los artificios de su tosca industria llenaban otras necesidades, tales como: husos y torteros de hilandería, rodillos labrados para impresión de relieves, bruñidores, crisoles y matrices de fundición, ocarinas y otros instrumentos musicales, así como multitud de pequeños implementos cuya aplicación no se ha podido establecer.

ORFEBRERÍA
Se destacaron en la orfebrería fabricando figurillas y objetos de adorno como diademas, collares, pulseras, tiaras, pectorales, máscaras y sus famosos tunjos decorados con hilos de oro, del mismo modo en que lo hacían con figuras antropomorfas y zoomorfas planas.

El oro que utilizaban lo obtenían por medio del trueque con tribus vecinas. Acostumbraban a entregar mantas y algodón a cambio de oro argentífero, en proporción variable con el cobre para conseguir aleaciones de tono bronceado a las que llamaban tumbaga. Los muiscas acuñaron discos de oro, pero con el sólo propósito de su conservación ya que no lo utilizaban como moneda.

ARQUITECTURA
Su arquitectura fue por demás simple. Construían sus casas con caña y barro, materiales con los que hacían las tapias llamadas bahareque. Las hacían en dos formatos; unas cónicas y otras rectangulares. Las cónicas estaban hechas con una pared circular hecha de palos enterrados como pilares más fuertes que servían de sostén a un doble entretejido de cañas, rellenando con barro los intersticios. El techo llevaba unos soportes cónicos cubiertos de paja. Este tipo de vivienda era la que más se veía en la zona de la sabana de Bogotá.

Las construcciones rectangulares también estaban hechas de bahareque, con el techo a dos aguas en forma rectangular.

Unas y otras tenían puertas y ventanas reducidas y estaban amobladas de manera sencilla, con camas hechas de caña sobre las que echaban una gran cantidad de mantas. Usaban poco los asientos porque tenían la costumbre de descansar en cuclillas.

Fuera de estas casas había también residencias especiales para los señores principales como los jefes de tribu y clan, y otras para los jefes de la confederación como los zipas y los zaques.

SACRIFICIOS

Si en las batallas obtenían como prisioneros a niños de tribus enemigas, los mantenían en cautiverio en casas especiales brindándoles buen trato para finalmente sacrificarlos al Sol. El sacrificio se llevaba a cabo en las altas cumbres de cara al este. Los jefes conducían la ceremonia, ellos eran los encargados de echar al niño sobre una manta fina colocada en el suelo, para luego degollarlo con cuchilla de caña.

Después recogían su sangre y con ella teñían las piedras donde caían los primeros rayos del sol al amanecer. El cuerpo lo sepultaban en una cueva o lo exponían al sol para que los rayos tropicales lo achicharraran. Así buscaban aplacar el enojo del Sol.

Los caciques realizaban otro tipo de sacrificios humanos que llevaban a cabo en la puerta de sus casas valiéndose de flechas. Luego el cadáver de la víctima era trasladado a los cerros donde su sangre era usada para teñir las piedras antes de enterrarlos boca arriba.


Wayuu

También conocidos como guajiros, los wayuu conforman una tribu de pastores originaria de la península de Guajira, sobre el mar Caribe, en la frontera entre el norte de Colombia y el noroeste de Venezuela.

Los aborígenes se asientan en esta región que comprende 15.300 km2 del departamento colombiano de Guajira y 12.000 km² del estado venezolano de Zulia, zona que consideran su territorio ancestral. Allí, en la árida península de Guajira, soportan un clima seco e inhóspito caracterizado por una primera temporada de lluvias que va de setiembre a diciembre, una de sequía que llega desde este mes hasta abril, y luego otra de lluvias que se extiende entre mayo y setiembre.

historia

Perteneciente a la familia arawak, el pueblo wayuu se desplazó con una importante corriente inmigratoria que atravesó la Amazonia hacia las Antillas, donde llegó unos 150 años a. C.

Los wayuu debieron enfrentar duras condiciones de vida por las características de la región que habitaban, que más allá de la caza, la pesca y la recolección, solo les permitía una escasa práctica de la horticultura en los lugares menos desérticos de su territorio. Pero estas dificultades hicieron que los colonizadores europeos no se interesaran en ellos ni en sus tierras, por tanto el contacto entre ambas civilizaciones, que se inició en el siglo XVI, no se hizo frecuente hasta después de la independencia de Venezuela y Colombia.

En el año 1800 se estimaba en número de 10.000 la cantidad de aborígenes que habitaban la Guajira. Doce años más tarde el número era de 40.000, de los cuales la etnia más numerosa era la de los wayuu, pero a todos los que habitaban entre Maracaibo y Riohacha se los denominaba genéricamente guajiros. Los guajiros llegaron a ser hacia 1858 entre 90.000 y 150.000, con una importante cantidad de guerreros feroces que resistían los avances del ejército de Venezuela, que corría las fronteras hacia el norte cavando trincheras.

El gobierno de Colombia hizo lo mismo que sus vecinos, y finalmente hacia 1893 los aborígenes habían sido sometidos.

Los wayuu debieron enfrentar las duras condiciones de vida impuestas por las características de sus tierras ancestrales.

Al perder tierras propicias para la agricultura y la caza los wayuu intensificaron el pastoreo de especies introducidas, sobre todo cabras y bovinos, pero enfrentaron numerosos conflictos por el control de la pesca de perlas. Finalmente esto terminó en un enfrentamiento entre ingleses, holandeses y españoles, lo que les permitió desarrollar el comercio con todas las partes.

Desde el comienzo de la época republicana mantuvieron su autonomía tanto de Colombia como de Venezuela, pero esta situación ha sido reconocida legalmente recién en los últimos años.

ORGANIZACIÓN SOCIAL

Los wayuu se organizan en clanes llamados eiruku, y han mantenido hasta la actualidad su sistema de administración de justicia a cargo de un pütchipü o pütche’ejachi, en español “portador de la palabra” o “palabrero”, que es el que se encarga de resolver los conflictos entre los clanes.

La familia extensa matrilineal se ordena según la sangre o apüshi, con la autoridad del mayor de entre los tíos maternos; en tanto a los parientes por línea paterna se los conoce como oupayu, y entre ambas partes sostienen el trabajo solidario.

Al hombre se le concede la facultad de tener varias mujeres, pero para tomarlas en matrimonio debe llegar a un acuerdo con los padres en una reunión llamada ápajá, entregándoles a sus futuros suegros una cantidad de ganado y joyas determinados en una negociación entre las partes. La mujer queda en el hogar como símbolo de respeto y unidad.

Las comunidades que forman son pequeñas y se encuentran bastante distantes entre sí. Estas comunidades o rancheríos, llamadas piichipala, están conformados por parientes cercanos y se identifican con un nombre que puede ser el de una planta, un animal o un sitio geográfico. Otra particularidad es que designan a las tierras ocupadas por los rancheríos con el apellido transmitido por matrifiliación, o sea: las tierras de… Tienen como actividad principal el pastoreo por lo que la cantidad de reses, caballos y mulas son para ellos signos de riqueza y poder. Otra labor importante es la del tejido, actividad que combinan con su quehaceres cotidianos.

En sus asentamientos no hay puestos de gobierno, ni iglesia, ni salud pública, ni militares, ni escuela. Para abastecerse de agua se valen de molinos que bombean el agua en la península, pero en algunos casos tienen que obtenerla por medio de casimbas o jagüeyes (Zanja llena de agua).

Desierto de la Península La Guajira.

ECONOMÍA

La actividad principal para obtener recursos es el pastoreo, actividad que tuvo su impulso durante los siglos XVI y XVII, luego de la expansión y sometimiento de los pueblos vecinos.

Si bien los bovinos son los animales mejor cotizados, su cría tiene el inconveniente que representa el clima, por eso la mayor cantidad de cabezas de ganado que poseen son de cabras o chivos, formando rebaños de 1000 a 2000 cabezas y a veces más. Para evitar problemas cada clan tiene su marca con la que distinguen a sus animales. Hasta hace unos años también era importante la cantidad de caballos y mulas, pero distintas epidemias diezmaron estas especies.

Además del pastoreo suelen hacer su huerta en la que siembran maíz, frijol, pepino, melón y yuca, aunque no rotan los cultivos.

Su economía se complementa con la pesca, el comercio, la producción textil, las artesanías en cerámica, además de los trabajos asalariados en las minas de carbón, las haciendas, las explotaciones de talco y dividivi y la comercialización de combustibles y derivados del petróleo a través de la Cooperativa Ayatasacoop, institución que tiene 1200 asociados de los cuales el 80 % son indígenas.

En Manaure explotan la sal marina, una labor que realizan desde antes de la llegada de los colonizadores europeos. La corona española en su momento, y luego el estado colombiano, les arrebataron el recurso dejándoles solo la posibilidad de hacerlo como artesanal o prestando servicio como asalariados. Actualmente siguen disputando su derecho a la explotación.

LA CAZA

Si bien entre los wayuu la cacería tiene un alto valor simbólico, toman esta actividad como una recreación para los hombres, ya que lo que obtienen de ella tiene poca incidencia en su dieta. Las presas preferidas son algunas variedades de venado, pecaríes, conejos y distintas especies de pájaros. Otros animales son rechazados porque los consideran el origen de diversas enfermedades.
Para cazar utilizan arco y flecha, trampas, y en algunas ocasiones fusiles; los más jóvenes cazan pájaros utilizando la honda.

COSMOVISIÓN

Los humanos tienen comunicación con los espíritus en los sueños. De este modo tienen contacto con Maleiea, el creador; Pulowi, la mujer primigenia; Juá, el espíritu de la lluvia; Shaceta, Acaracuy y Kéerrairia, espíritus de lugares especiales; Yoruja, como llaman a los espíritus de los muertos errantes. Ellos creen que tras la muerte van a Jepirá, un lugar de felicidad en el que permanecen descansando hasta que se produce el segundo velorio, luego de la exhumación, que es cuando los restos son conducidos a un sitio definitivo y el espíritu del muerto se encamina hacia la eternidad.

En las comunidades un rol de importancia es el del “piachi”, a quien se considera de gran poder espiritual, con virtudes obtenidas en los sueños a través de un espíritu protector, Seyuu. Estas virtudes le dan el don de curar.

CULTURA

La cultura se ha mantenido viva a través del tiempo transmitiéndose de generación en generación. De esta manera siguen plasmando tejidos de gran belleza con diseños creativos y funcionales, logrados a través de diversas técnicas y utilizando diversos colores. En la actualidad han reemplazado su antiguo método de teñido para sus hilos por materias primas procesadas industrialmente, haciendo su trabajo con algodón mercerizado, hilazas y fibras acrílicas.

También han conservado sus festividades y rituales, que incluyen el uso de su música tradicional. La música los acompaña cuando realizan sus tareas de pastoreo con sus flautas o canutillas, instrumentos hechos con limón seco, además de otros ritmos como la chichamaya o yocna que es ejecutada en celebraciones vinculadas al desarrollo de la mujer, con danzas en las que desafían al hombre. Otros instrumentos que utilizan son las flautas, pitos y tambores.

¿Sabías qué...?
La Yonna, es un baile típico de los Wayuu en el cual la mujer intenta hacer caer al hombre.

Vivienda y costumbres

Los wayuu construyen sus viviendas dividiéndolas por lo general en dos habitaciones pequeñas en las que cuelgan las hamacas que usan para descansar, las mochilas con sus enseres y sobre el piso, contra las paredes, las vasijas de barro con cuello angosto cargadas con agua. Afuera clavan palos con horqueta para colocar calabazas huecas llenas de semillas destinadas a la siguiente siembra.

A estas casas típicas se las conoce como piiche en la Alta Guajira y miichi en la Baja Guajira. Tienen por lo general una estructura rectangular, pero en algunos casos, sobre todo en la Alta Guajira, las hacen de forma semicircular. Los techos los hacen inclinados utilizando el corazón seco del cactus, en su lengua “yosú”. Las paredes llevan una cobertura de bahareque, argamasa y yotojoro, materiales clásicos, aunque ya han empezado a utilizar el zinc para los tejados y el cemento en la estructura, cambios que también se hacen visibles en su apariencia.

Próxima a la casa principal construyen una enramada a la que llaman luma. Utilizan una estructura base que consiste en seis postes, y sobre ellos colocan un techo plano. En la enramada llevan adelante sus tareas diarias, atienden a los visitantes, cierran negocios y tras colgar las hamacas comparten la siesta con los familiares.

Tienen por costumbre hacer aparte la cocina, sin techo y cerradas parcialmente con un cerco de cactus, con lo que se protegen del viento y la arena. También pueden verse casas con estructuras de tres paredes donde resguardan el telar. Es allí donde las mujeres fabrican las hamacas, los chinchorros, sobrecinchas y fajas para los hombres.

Para los animales, ovinos y caprinos, levantan cercas retiradas de la casa principal.

Las viviendas se edifican en zonas elevadas del terreno para evitar que se vean afectadas por las inundaciones que se producen en época de lluvias. Esto también los protege de los enjambres de mosquitos que se forman en el agua estancada.

Es frecuente que las familias trasladen su residencia a otro emplazamiento o en ciertas ocasiones a campamentos temporales debido al agotamiento de los pastos, para realizar visitas o para asistir a un velorio. Si el movimiento es solo por unos días, duermen al aire libre, pero si se toman más tiempo suelen construir enramadas como paravientos.

Los trabajos en construcción o reparación de viviendas los realizan cuando comienza la estación seca, de esta manera aprovechan la abundancia de paja para los techos, y el maíz para preparar la chicha con que festejan al finalizar la obra.

ACTUALIDAD EN LA GUAJIRA

Durante la época de la colonización europea los wayuu mantuvieron su autonomía dentro de su territorio. Por entonces, todos los intentos de conquista fracasaron, incluso los esfuerzos de evangelización llevados adelante por los misioneros capuchinos, franciscanos y domínicos.

Hasta fines del siglo XIX autoridades militares, civiles y eclesiásticas poco pudieron influir en la Guajira, donde los poblados wayuu permanecieron desconocidos para los forasteros. Pero el contrabando a gran escala terminó con el aislamiento.

Para entonces el pastoreo alcanzaba su auge. El ganado introducido por los europeos se transformó en símbolo de prestigio y poder aborigen. Aumentó el comercio con otros pueblos y es ahí donde comienzan a penetrar, lentamente, rasgos de otra cultura. Pero los wayuu todavía controlaban la situación.

Sin embargo, nuevas actividades económicas como la industrialización de la explotación de las minas de sal y el petróleo en Venezuela, generó una intensiva demanda de mano de obra que motivó una migración masiva en la región. Los gobiernos de Colombia y Venezuela emprendieron la construcción de una red de caminos que aceleró el proceso de mestizaje al terminar definitivamente con el aislamiento. A esto se sumó el constante crecimiento de la población nativa y el perjuicio causado por repetidas y prolongadas sequías que terminaron destruyendo la economía tradicional y condenando al pastoreo a la desaparición por falta de tierras aptas. La alternativa fue la migración a los alrededores de las grandes ciudades.

Dentro de este panorama, con la presencia activa de las autoridades colombianas y venezolanas en la Guajira y un proceso industrial que amenaza la región, la cultura wayuu aún subsiste.

 

Sanavirones

Conocidos también como salavinones, estos aborígenes del centro de Argentina formaban parte del grupo pámpido, aunque se reconoce en ellos la influencia genética y cultural de amazónidos y ándidos.

Se trata de una parcialidad de los toconotés que se diferenció en la zona de Salavina, en el territorio de la actual provincia de Santiago del Estero, Argentina, posiblemente por la presión originada en su crecimiento demográfico, y a un período de sequía ocurrido por la mini glaciación de Spörer, ocurrida entre los años 1410 y 1570.

Fue para esa época que comenzaron a expandirse hacia el suroeste hasta llegar a las sierras de Córdoba, territorio ancestral de los comechingones a quienes invadieron imponiendo su superioridad numérica. Hacia el sur avanzaron hasta territorio taluhet, ocupando hacia fines del siglo XVII las cercanías de la laguna de Mar Chiquita en la actual provincia argentina de Córdoba, y extendiéndose por las riberas del río Suquía o Primero. Hacia el norte llegaron hasta el río Salado, chocando allí con los tonocotés y hacia el oeste ocuparon territorio hasta la sierra de Sumampa. El límite oriental de sus asentamientos coincidía con lo que son los límites actuales entre las provincias argentinas de Santiago del Estero y Santa Fe.

El grupo comienza luego a desaparecer por la mixogenización y en el siglo XVIII sus rastros se pierden confundiéndose con la población criolla. Su pronta mixogenización queda retratada en la unión entre el conquistador Hernán Mejía de Mirabal con María de Mancho (aborigen), cuyas hijas fueron casadas con influyentes vecinos de la recién fundada ciudad de Córdoba y entre sus descendientes se cuentan el deán Gregorio Funes, o la familia Echagüe de Santa Fe.
El primer contacto que tuvieron con los conquistadores españoles fue durante el siglo XVI. Ellos los llamaron yugitas, como queda testimoniado en un informe presentado en julio de 1548 por Pedro González del Prado, y se cree que presenciaron la fundación del fuerte Medellín llevada a cabo por Francisco de Mendoza.

COSTUMBRES

Se dedicaban a la agricultura utilizando los sistemas andinos de cultivo, completando su dieta alimentaria con lo producido por la caza, la pesca y la recolección de frutos silvestres. Practicaban también la alfarería, manifiesta en dos tipos de cerámica, la negra grisácea y la grabada, según testimonian las piezas encontradas en las numerosas excavaciones realizadas en los que fueran sus territorios.

Entre sus armas se contaba la macana, especie de garrote triangular con una protuberancia en el extremo, utilizada para defensa en los enfrentamientos con otros grupos indígenas.

Habitaban en chozas colectivas hechas de ramas de zacate en la que se instalaba más de una familia, reuniendo entre diez y quince individuos, y en algunos casos hasta con sus caballos.
Vestían camiseta de lana, con guardas, y como abrigo un poncho tejido; usaban el cuero en la vestimenta y en la vivienda.

A pesar de no haber sido dominados por los incas del Tahuantinsuyo, adoptaron numerosas palabras de la lengua runa simi, sobre todo a fines del siglo XV, debido posiblemente a la presencia en sus poblados de cautivas que hablaban el quechua. Pero de su propia lengua son pocas las palabras que se conocen con significado seguro: sacat (pueblo), charaba (cacique), para (agua), mampa (acequia). El vocablo sacat, presente en la toponimia de la sierra cordobesa, demuestra la presencia de sanavirones en tierras de los comechingones, mucho más al sur y al oeste de lo que se creía hasta hace un tiempo. De su lengua no se conocen dialectos.

Se vestían con una camiseta o unki, prenda que tejían con lana de guanaco, teñían de colores llamativos y adornaban con chaquiras. Sobre la camiseta se ponían un delantal rectangular, hecho de cuero o tela y adornado con dibujos geométricos muy coloridos, sostenido a la cintura con un cinturón de cuero. Cuando el clima lo ameritaba se abrigaban con mantas de lana. En la cabeza llevaban vinchas de colores o gorros rectangulares que cubrían la nuca. Los adornos, según lo muestran las pinturas rupestres de Cerro Colorado estaban hechos de varillas metálicas, lana y plumas que cubrían de la cabeza a los pies. Otros adornos utilizados eran collares, brazaletes y pectorales, hechos de piedra, huesos, caracoles y, en menor medida, metal.

FIESTAS

De acuerdo al relato de los cronistas de la época de la conquista europea, los sanavirones gustaban de las fiestas con baile y alcohol. Se reunían en ocasiones disímiles como la muerte de un niño, la primera menstruación de una joven o luego de concluidas las tareas agrícolas colectivas, y allí llevaban sus instrumentos para cantar y bailar mientras bebían. Entre sus instrumentos se contaban las flautas, los sonajeros y los silbatos de piedra o arcilla.

Los ayllu tenían límites estrictos que marcaban utilizando piedras.

ORGANIZACIÓN SOCIAL

Aparentemente su organización social era similar a la de los demás pueblos del área andina. La base era el ayllu, que consistía en grupos familiares pertenecientes al mismo tronco o unidos por vínculos de consanguinidad ficticia. Los grupos estaban comandados por un cacique menor quien a su vez respondía a un único cacique mayor.

Se cree que los grupos se identificaban con un apellido familiar, sin embargo los españoles los llamaban por el nombre del cacique o de sus pueblos de cabecera.

Los integrantes del ayllu eran dueños de las tierras; allí realizaban las tareas agrícolas y es de suponer que si las tierras eran del grupo, también lo era la producción que se habría repartido según las necesidades.

Algunos autores sostienen que el cacique mayor tenía algunas ventajas, como la de ser propietario único de las tierras en las que producía y la de ser ayudado en la recolección de su maíz y algarroba. La filiación se establecía siguiendo la línea paterna, es decir de manera patrilineal. En este tipo de régimen el papel del padre es muy especial ya que es la única autoridad en todas las cuestiones domésticas.

EL ARTE

Los sanavirones dejaron testimonio de su desarrollo en las pinturas rupestres de Cerro colorado. Muchos aspectos de su vida cotidiana se conocieron por estas pinturas. Pero también las estatuillas antropomorfas halladas en distintas excavaciones en la región, muestran su rica sensibilidad estética. En su mayoría eran figuras pequeñas y variadas sin indicación de sexo. Mediante incisiones se marcaban detalles de la vestimenta, pintura facial, tatuajes, peinados, gorros y vinchas. Eran de formas severas, más bien esquemáticas, sin miembros superiores y con el achatamiento en la parte posterior de las piezas. Las nalgas y piernas estaban bien modeladas, aunque no demarcaban los pies. Otras piezas en arcilla representan animales y algunas hechas en piedra se presentan como placas grabadas con motivos geométricos y adornos colgantes.

LA GUERRA

Aguerridos y eficaces en combate, los sanavirones estaban organizados para pelear. Utilizaban como armas el arco y flecha, la macana, la media pica y las boleadoras, y cuando atacaban de noche lo hacían portando antorchas que luego utilizaban para incendiar los pueblos enemigos. Los enfrentamientos más frecuentes eran con los comechingones, o en rencillas internas por acusaciones de brujerías o invasión de territorio.

Para defender sus poblados los cercaban con ramas espinosas o cactus, formando de esta manera una especie de barrera defensiva.

VIVIENDA

Construyeron ranchos o chozas apuntaladas por cuatro horcones clavados en tierra. El techo, fabricado con palos, ramas y pajas, estaba sostenido sobre estos horcones. Para levantar las paredes usaban adobe crudo o tierra apisonada. Cubrían las aberturas con puertas de caña o cueros. Eran viviendas grandes agrupadas en pequeños poblados, protegidos o rodeados por cardones o arbustos espinosos.

COSMOVISIÓN

No es mucho lo que se conoce acerca de sus creencias, sí que practicaban pocos ritos y que tenían la noción de un Dios asimilable con el Sol. Entre sus prácticas religiosas se contaban las danzas rituales y la magia, tomadas de pueblos amazónicos de acuerdo a lo que puede apreciarse en pinturas rupestres. Usaban en sus ritos el cebil, droga de efectos narcóticos que se pulverizaba para aspirarla por la nariz. La molienda la realizaban sobre tabletas de piedra.

En algunas ceremonias utilizaban animales como los hurones, papagayos y lagartos, o algunos de sus atributos como pieles o cueros. Se realizaban dentro de un cerco hecho con ramas de guayacán, donde danzando y llorando idolatraban a sus dioses. Otro tipo de ceremonias eran las propiciatorias, en las que los hechiceros imploraban por la abundancia antes de que los cazadores salieran a hacer su tarea.

Solían encerrarse en sus casas con mucho abrigo para originar una copiosa sudoración. Entonces salían a que les diera el aire y luego se enjuagaban. Pero no se sabe con certeza si esta costumbre era terapéutica o un rito purificatorio.

Sus costumbres funerarias consistían en el cuidado tratamiento del cuerpo, el que enterraban en posición acurrucada envuelto en cuero. Se hallaron recipientes de barro que pudieron haber contenido restos de párvulos; pero no hay pruebas de que enterrasen a sus niños en urnas como hacían otras etnias; en cambio lo habrían hecho en pequeñas cámaras sepulcrales.

ACTUALIDAD

Actualmente los sanavirones viven en la provincia de Santiago del Estero, en cinco comunidades, aunque también en Córdoba cuentan con una comunidad en San Marco Sierra, departamento de Cruz del Eje. Los últimos datos ciertos con que se cuenta corresponden a la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas 2004-2005, que indica que 563 individuos se manifestaron como descendientes del pueblo sanavirón.