Sociedad colonial: organización y características

La sociedad colonial es fruto de la interacción entre la sociedad española y los pueblos originarios, los cuales presentaban una estructura social muy compleja al momento de la conquista española. En América existieron gran cantidad de pueblos, lo que determinó la importante diversidad cultural, expresada en sociedades.

 ¿Qué fueron las sociedades coloniales?

Las sociedades coloniales fueron el resultado de la comunicación entre dos culturas, los blancos españoles y las comunidades nativas americanas. En América, la presencia de numerosas etnias generó una variación cultural marcada, organizada bien sea por dominios o por la relación familiar.

Maestro navegante y almirante cuyos cuatro viajes transatlánticos abrieron el camino para la exploración, explotación y colonización europeas de las Américas.

Había desde pueblos con organizaciones simples o tribales hasta los llamados “imperios”, como por ejemplo en Mesopotamia y Perú. En las organizaciones tribales, el parentesco familiar era el elemento principal para la integración social, mientras que en los imperios existía una marcada estratificación dentro de un complejo ordenamiento estatal.

En un principio, los españoles se concentraron esencialmente en torno a las ciudades y los nativos permanecieron en las zonas rurales. Esto provocó la aparición de una dicotomía campo-ciudad, notable en la historia de la América colonial.

La situación cambió sustancialmente a lo largo del segundo siglo colonial. Se produjo una mezcla biológica inevitable entre los nativos, los españoles y los negros, lo que dio origen a los conocidos mestizos, mulatos y zambos, quienes experimentaron un crecimiento continuo y, en algunas de las sociedades, iniciaron las luchas de independencia de sus pueblos debido a la diferencia de derechos, privilegios, labores y posición económica.

Características de la sociedad colonial

  • Fue una mezcla de españoles, nativos americanos y africanos.
  • Se produjo un mestizaje biológico y cultural.
  • Las sociedades estaban estratificadas de acuerdo a un sistema de clases sociales en la que los colonizadores se encontraban en el tope de la pirámide y los esclavos en el último eslabón de la misma.
  • El factor más importante que marcaba la clase social era el dinero. Quienes poseían más dinero podían pertenecer a las clases más altas.
  • Los individuos sólo se debían mezclar con personas de su misma clase social y educación.
  • No se podían compartir espacios entre personas de bajo estatus social y personas de alto estatus sociales, la asistencia a eventos también estaba marcada por las clases sociales.
  • Las colonias españolas se establecieron en puntos clave de América, comenzaron en el Río de la Plata y ascendieron hasta el actual México.
  • Las colonias españolas fueron divididas en virreinatos: de la Nueva España, de Nueva Granada, del Río de la Plata y de Perú.
  • Las colonias portuguesas abarcaron el actual Brasil y lo dividieron en 15 capitanías regidas por nobles portugueses.
  • Las colonias británicas se establecieron en Norteamérica junto con los franceses. El sistema de división política fue el de las conocidas “13 Colonias”.

Clases sociales

El sistema de estratificación social más conocido es el de los españoles, éste se dividía en los siguientes grupos:

Los criollos

Descendientes de españoles concebidos en América. En primera instancia, la Corona española no tenía previsto que esto sucediera y por lo tanto no poseía ningún enfoque para este segmento poblacional.

Debido a que los criollos eran cada vez más, la Corona decidió prohibirles la ocupación de cargos públicos. Esta acción se produjo debido a que, al ser originarios de América, su patria era esa y no España, lo cual podría traer conflictos a futuro a la Corona española.

Muchos de los criollos crearon fortunas extraordinarias, algunas de ellas comparables con los españoles concebidos en España.

Retrato de la familia criolla mexicana Fagoga Arozqueta

Los mestizos

Eran hijos de españoles con mujeres originarias. En general eran rechazados tanto por los criollos como por los nativos. La mayoría desempeñaba cargos bajos o eran colaboradores de artesanos.

Los mestizos estaban destinados a ser obreros.

Los mulatos

Fueron los descendientes de un padre español y una madre esclava negra. Su suerte no era muy diferente a la de los mestizos. Eran impuros para ambas culturas, no poseían ningún tipo de derecho ni privilegio social. No llegaban a ser esclavos pero debían ocuparse de tareas domésticas, serviles y forzosas.

Fueron especialmente abundantes en la América anglosajona, en el Caribe, en Brasil, en Venezuela y en Colombia.

Los zambos

Eran hijos de un padre negro y de una madre nativa (generalmente libre), tuvieron una mejor suerte que los mulatos ya que, al ser hijos de una madre libre, eran igualmente libres.

Estas mezclas se originaron gracias a que algunos de los esclavos lograban escapar y se encontraban con pueblos originarios.

Esclavos

La esclavitud era la práctica social y económica mediante la cual el ser humano perdía sus derechos fundamentales como persona, ya que era considerado como un objeto que podía ser comprado y vendido.

Los africanos fueron el grupo principal de esclavos de las sociedades coloniales, aunque también se incluía a los nativos. Este grupo, tratado como mercancía, tenía un valor monetario mayor al de los habitantes originarios por su resistencia física.

Trabajaban principalmente en las minas, sin embargo, sus empleos no se redujeron a esto. Los de avanzada edad trabajaron como sastres o cocineros, otros como sirvientes domésticos y los niños usualmente como “mascotas” de los niños blancos.

La esclavitud era la práctica social y económica mediante la cual el ser humano perdía sus derechos fundamentales como persona, ya que era considerado como un objeto que podía ser comprado y vendido.

¿Sabías qué...?
Brasil fue el último país de América latina en abolir la esclavitud, debido a que durante los años de colonización fue el país que más importó esclavos.
Movimiento abolicionista

El movimiento abolicionista en Hispanoamérica comenzó con la Guerra de la Independencia de México, allí luego de proclamar su libertad como nación, iniciaron la abolición de la esclavitud mediante varios decretos publicados entre los años 1824 y 1829.

Valores y convivencia

La convivencia en una sociedad es uno de los factores más importantes no sólo para el bienestar y la felicidad de las personas, ya que la relación con los demás es lo que nos hace seres humanos; es el sustento de una buena calidad de vida, por lo tanto, de una buena salud. A su vez, en este tema es fundamental la profundización de los valores, ya que ellos nos ayudan a llevar un estilo de vida agradable y permiten abarcar una buena convivencia con los demás.

Los valores benefician a todos por igual, ya que se dan en la medida en que se obtienen y se obtienen en la medida en que se dan. Entre ellos podemos destacar los siguientes:

• La libertad.
• La honestidad.
• La responsabilidad.
• La igualdad.
• La disciplina.
• La puntualidad.
• La lealtad.
• La humildad.
• El respeto.
• La tolerancia.
• El diálogo.
• La solidaridad.
• La justicia.
• La equidad.
• La prudencia.
• La perseverancia.
• La integridad.

Aunque son numerosos, todos son parte de la columna vertebral para determinar las acciones de los individuos dentro de la sociedad. De hecho, se clasifican según la motivación que impulsa a las personas. Por ejemplo, hay valores que hacen que el hombre sienta que quiere cumplir sus metas personales; algunos que lo ayudan a sentirse bien consigo mismo; valores de uso y cambio que le proporcionan cosas que le son útiles; y otros que le ayudan a relacionarse con los demás. Por ello, se debe tenerse en cuenta que todos ayudan a que el hombre trabaje en sí mismo y sea cada día una mejor persona.

Una sociedad basada en hombres y mujeres con valores es la llave para una convivencia más sana. De hecho, las leyes civiles no son suficientes; en ellas se establece sólo lo elemental para asegurar una convivencia sin grandes conflictos. Los valores van mucho más allá de cumplir la ley; son aquellos que hacen que el hombre sea lo que es: lo llevan a mejorarse, lo llenan, lo completan como persona y le permiten llevar una buena calidad de vida porque establece una mejor relación con los demás. Permiten que el hombre madure y se corrija día a día, buscando cada vez ser más humano, tratando siempre de tener una vida interesante, llena de momentos y actitudes que lo llenen de felicidad y lo hagan sentir bien consigo mismo y con las demás personas.

Para vivir los valores adecuadamente, lo primero es estar consciente de que son vitales y que, a su vez, son lo que pueden cambiar verdaderamente a una persona, una familia, una nación. Una vez que se ha aceptado la importancia de vivir los valores, hay que analizar claramente qué valores son la base de la vida. Aquí podríamos establecer dos clases de valores: los que son propios de una persona, y los que se quieren construir. Por otra parte, también debería hacerse un esfuerzo y meditar detenidamente en cuáles son aquellos principios, normas y comportamientos fundamentales para vivir mejor.

LA AXIOLOGÍA

Una rama de la filosofía estudia la naturaleza de los valores y juicios valorativos: la axiología. De esta manera, analiza tanto los valores y comportamientos positivos, como las actitudes y conductas negativas de las personas en diversas situaciones de su vida cotidiana. Es considerada una de las principales fundamentaciones de la ética, ya que abarca muchos aspectos importantes que permiten el análisis de diversos entornos y acontecimientos que afectan la calidad de vida de las personas. De acuerdo con una concepción tradicional, la axiología establece que los valores pueden ser objetivos o subjetivos. Ejemplos de valores objetivos incluyen el bien, la verdad o la belleza, siendo finalidades ellos mismos. En cambio, se consideran valores subjetivos cuando éstos representan un medio para llegar a un fin, en la mayoría de los casos caracterizados por un deseo personal. Además, los valores pueden ser fijos (permanentes) o dinámicos (cambiantes), y pueden diferenciarse a base de su grado de importancia y ser conceptualizados en términos de una jerarquía, en cuyo caso algunos poseerán una posición más alta que otros.

CLASES DE VALORES

Se han hecho diferentes clasificaciones de los valores, de los cuales pasamos a detallar a continuación:

  • Valores humanos: Son los que perfeccionan al hombre de tal manera que lo hacen más humano. Un buen ejemplo de ello es la justicia, que hace al hombre más noble.
  • Valores infrahumanos: Son aquellos que perfeccionan al hombre, pero en aspectos inferiores que usualmente comparte con otros seres, como por ejemplo los animales. Aquí se encuentran valores como el placer, la fuerza, la agilidad y la salud.
  • Valores morales: Son los que perfeccionan al individuo en lo más íntimamente humano. Perfeccionan al hombre en cuanto ser humano, en su voluntad, en su libertad, en su razón. Surgen primordialmente en el individuo por influjo y en el seno de la familia, y ayudan a insertarse eficazmente en la vida social. Ejemplo de ello son el respeto, la tolerancia, la honestidad, la lealtad, el trabajo, la responsabilidad, etcétera.
  • Valores humanos inframorales: Son aquellos valores que son exclusivos del hombre. Dentro de ellos encontramos valores económicos, la riqueza y el éxito. También entrarían dentro de esta denominación la inteligencia y el conocimiento, el arte y el buen gusto. Socialmente hablando, aludimos a la prosperidad, el prestigio y la autoridad.
  • Valores instrumentales: Son comportamientos alternativos mediante los cuales conseguimos los fines deseados. Refieren a la estima que se tiene por determinadas conductas y formas de comportamiento.
  • Valores terminales: Son estados finales o metas que al individuo le gustaría conseguir a lo largo de su vida.

LA ANOMIA

Cuando hablamos de valores no debemos olvidar un concepto que ha ejercido gran influencia en la teoría sociológica contemporánea: la anomia. Este término refiere a una desviación o ruptura de las normas o a la incapacidad de la estructura social de proveer a ciertos individuos de lo necesario para lograr las metas sociales; a los comportamientos que ocasionan el incumplimiento de valores. La regulación moral correspondiente –codificada en normas sociales– queda obsoleta, por lo que se produce una falta de institucionalización en relación a los valores normativos.

Así pues, la mayor presión conducente al desvío se da entre los grupos socioeconómicos más bajos. De hecho, las conductas desviadas son el crimen, el suicidio, los desórdenes mentales, el alcoholismo. Se supone que la anomia es un colapso de gobernabilidad que, por no poder controlar esta emergente situación de alienación experimentada por un individuo o una subcultura, provoca una situación desorganizada que resulta en un comportamiento no social.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Los valores nos permiten proceder y expresarnos de una manera considerada con los demás, nos hacen sentir bien con nosotros mismos, hacen que cada día seamos mejores personas y, por ende, creamos en la posibilidad de una sociedad más educada y respetuosa. Los valores nos ayudan a apreciar más lo que tenemos y a las personas que están a nuestro alrededor; nos permiten proceder adecuadamente en situaciones difíciles y hacer que la vida tenga sentido. Sin ellos, el día a día de las personas no tendría un sentido superior y, por lo tanto, actuaríamos sin pensar en las consecuencias, en lo que sentimos y pensamos tanto nosotros como los demás, y los otros, son una parte importante de nuestra propia vida porque sólo podemos ser nosotros junto a los demás.

Corriente Libertadora del Sur

Con este nombre se bautizó el movimiento liderado por el general José de San Martín, quien llevó a cabo el proceso de independencia de Argentina, Chile y Perú. Las campañas militares que dirigió San Martín entre 1814 y 1817 dieron más fuerza a las facciones que apoyaban los movimientos independentistas.

El llamado ejército del Norte de Argentina, bajo el mando del General Manuel Belgrano, había luchado contra las fuerzas realistas del Alto Perú. En octubre de 1813, Belgrano fue derrotado en la batalla de Ayahuma y San Martín fue enviado para relevarlo.

¿Sabías qué...?
En enero de 1813, San Martín derrotó a una pequeña fuerza española que había perseguido asentamientos en el río Paraná. Esta victoria es una de las primeras para los argentinos contra los españoles.

Tomó el mando en enero de 1814 y decidió que sería una tontería atacar cuesta arriba en el Alto Perú fortalecido. Consideraba que un plan de ataque mucho mejor sería cruzar los Andes en el sur, liberar a Chile y atacar al Perú por mar desde el sur.

Los argentinos honran a San Martín, que hizo campaña en Argentina, Chile y Perú como héroe de su independencia nacional.

Invasión desde Chile

San Martín aceptó la gobernación de la Provincia de Cuyo en 1814 y se instaló en la ciudad de Mendoza, que en ese momento recibía a numerosos patriotas chilenos que iban al exilio después de la aplastante derrota en la Batalla de Rancagua. Los chilenos se dividieron entre sí, y San Martín tomó la decisión de apoyar a Bernardo O’Higgins.

Mientras tanto, en el norte de Argentina, el ejército del norte había sido derrotado por los españoles, lo que demostraba claramente que la ruta al Perú a través del Alto Perú sería demasiado dificultosa.

En julio de 1816, San Martín finalmente obtuvo la aprobación del presidente Juan Martín de Pueyrredón para cruzar a Chile y atacar al Perú desde el sur.

El Ejército de los Andes

San Martín comenzó inmediatamente a reclutar, equipar y perforar el Ejército de los Andes. A finales de 1816 tenía un ejército de unos 5.000 hombres, que incluía una mezcla de infantería, caballería, artillería y fuerzas de apoyo. Él reclutó oficiales y aceptó gauchos resistentes en su ejército, generalmente como jinetes. Los exiliados chilenos eran bienvenidos y nombró a O’Higgins como su subordinado inmediato. Había incluso un regimiento de soldados británicos que lucharían valientemente en Chile.

Logia Lautaro

San Martín fue uno de los líderes de la Logia Lautaro, un grupo secreto, masónico, dedicado a la libertad completa para toda América Latina. Se sabe muy poco acerca de sus rituales o incluso de su membresía, pero formaron el corazón de la Sociedad Patriótica, una institución que aplicó presión política para una mayor libertad e independencia.

Cruce de los Andes

En enero de 1817, el ejército partió y las fuerzas españolas en Chile lo esperaban. La travesía era ardua, ya que los soldados de la planicie y los gauchos luchaban contra el frío y las altas altitudes, pero la planificación meticulosa de San Martín dio sus frutos y perdió relativamente pocos hombres y animales.

En febrero de 1817, el ejército de los Andes entró en Chile sin oposición.

Batalla de Chacabuco

Ocurrió el 12 de febrero de 1817 y fue una victoria ganada por patriotas sudamericanos sobre los realistas españoles al norte de Santiago, Chile.

El Gobernador, Casimiro Marcó del Pont, envió todas las fuerzas disponibles bajo el mando del General Rafael Maroto para mantener al ejército de los Andes fuera de Santiago; sin embargo, el resultado fue una enorme victoria patriótica, Maroto fue derrotado completamente y perdió la mitad de su fuerza, mientras que las pérdidas de los patriotas eran insignificantes. Los españoles huyeron de Santiago y San Martín cabalgó triunfalmente en la ciudad a la cabeza de su ejército.

Bernardo O’Higgins se convirtió en el primer jefe de estado chileno.

Batalla de Maipú

San Martín todavía creía que para que Argentina y Chile fueran verdaderamente libres, los españoles debían ser removidos de su bastión en Perú. Cubierto de gloria desde su triunfo en Chacabuco, volvió a Buenos Aires para conseguir fondos y refuerzos.

Las fuerzas realistas y españolas en el sur de Chile se habían unido con refuerzos y amenazaban a Santiago. San Martín se hizo cargo de las fuerzas patriotas una vez más y se encontró con los españoles en la Batalla de Maipú el 5 de abril de 1818. Los Patriotas aplastaron al ejército español, donde mataron a unos 2.000, capturaron alrededor de 2.200 y tomaron toda la artillería española.

La impresionante victoria de Maipú marcó la definitiva liberación de Chile.

Hacia Perú…

Con Chile por fin seguro, San Martín podría fijar su mirada en Perú. Comenzó a construir una marina para Chile, lo que resultó una tarea difícil, ya que los gobiernos de Santiago y Buenos Aires estaban prácticamente en bancarrota. Era difícil hacer que los chilenos y los argentinos vieran los beneficios de liberar al Perú, pero San Martín tenía un gran prestigio para ese entonces y fue capaz de convencerlos.

En agosto de 1820, partió de Valparaíso con un moderado ejército de unos 4.700 soldados y 25 cañones, bien provisto de caballos, armas y alimentos.

Liberación de Perú

San Martín había liberado Chile y Argentina al sur, y Simón Bolívar y Antonio José de Sucre lo habían liberado Ecuador, Colombia y Venezuela, por lo que sólo quedaba Perú y la actual Bolivia bajo el dominio español.

Mediante el uso de la imprenta, San Martín comenzó a bombardear a ciudadanos del Perú con propagandas pro-independencia. Mientras esto ocurría, su ejército se acercaba a Lima.

Capturó a Pisco el 7 de septiembre y a Huacho el 12 de noviembre. El pueblo de Lima, que temía un levantamiento de esclavos e indios más de lo que temía el ejército de argentinos y chilenos en la puerta, invitó a San Martín a la ciudad. El 12 de julio de 1821 entró triunfalmente en Lima a los aplausos de la población.

El 28 de julio de 1821 Perú declaró oficialmente la independencia y se dispuso a establecer un gobierno. Su breve gobierno fue iluminado y marcado por la estabilización de la economía, la liberación de los esclavos, la libertad de los indios peruanos y la abolición en las instituciones de la censura y la inquisición.

El 3 de agosto San Martín fue nombrado Protector del Perú.

 

Corriente libertadora del norte

La invasión de España por Napoleón en 1808 fue el acontecimiento que finalmente desencadenó la lucha por la independencia de América Latina de España y ya para 1810, Simón Bolívar lideró una campaña bélico-militar que inició en lo que se conocía como Nueva Granada y finalizó con la independencia de Perú y Bolivia.

En esta corriente se libraron las famosas batallas de Boyacá en Colombia, la Batalla de Carabobo en Venezuela y la Batalla de Pichincha en Ecuador, que luego desembocó en la Independencia de Perú y finalizó el yugo de la Corona española.

¿Sabías qué...?
El ataque que realizó Bolívar en contra de la Nueva Granada es considerado uno de los más osados en la historia militar.
Corriente liderada por Simón Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios, el “Libertador”.

Batalla de Boyacá

El escenario para una de las mayores batallas jamás combatidas en nombre de la independencia en Colombia fue el puente de Boyacá, que se encuentra ubicado a 14 kilómetros de Tunja y a 110 kilómetros de Bogotá.

Ocurrió el 7 de agosto de 1819 y no sólo puso fin a las violentas disputas por el poder en territorio colombiano, sino que también consolidó el camino de independencia que el país había fijado el 20 de julio de 1810.

Todo comenzó con una serie de batallas encabezadas por la Campaña de Independencia dirigida por Simón Bolívar, que resistió a la Reconquista española en 1819. Después de superar una serie de obstáculos, el Ejército Patriota fue victorioso en Gámeza (11 de julio) y en Pantano de Vargas (25 de julio), eventos clave para los resultados de la Batalla de Boyacá.

Bajo el mando de Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander y el comando de José Antonio Anzoátegui, tropas patriotas, formadas por 2.850 criollos, mulatos, indígenas, combatientes y combatientes negros, asaltaron al Ejército Real que contaba con 2.670 hombres encabezados por el coronel José María Barreiro.

Después de un combate de seis horas, las tropas de la independencia ganaron y obtuvieron la sumisión de los españoles, que fueron tomados como prisioneros.

Esta batalla fue decisiva para la liberación de Nueva Granada, actualmente Colombia.

Batalla de Carabobo

La batalla de Carabobo se libró el 24 de junio de 1821 durante la Guerra de Independencia venezolana.

En Carabobo, Bolívar lideró su ejército numéricamente superior de unos 6.500 efectivos, incluidos voluntarios de las Islas Británicas, hasta la victoria sobre los españoles comandados por el general Miguel de La Torre. El general José Antonio Páez, sus llaneros y los voluntarios británicos e irlandeses derrotaron a la derecha española mientras la caballería patriótica aplastó su centro.

La victoria decisiva de los patriotas venezolanos finalmente llevó al reconocimiento de la independencia de este país de España.

Esta batalla independizó a Venezuela del control español.

Batalla de Pichincha

El 24 de mayo de 1822, las fuerzas rebeldes sudamericanas bajo el mando del general Antonio José de Sucre y las fuerzas españolas encabezadas por Melchor Aymerich se enfrentaron en las laderas del volcán Pichincha, a la vista de la ciudad de Quito, Ecuador.

Manuela Sáenz

La batalla de Pichincha también marcó la apariencia militar de esta mujer, una nativa que se unió a las fuerzas de Sucre para luchar en esta batalla, donde le concedieron el grado de teniente y luego pasó a ser una comandante importante de la caballería en batallas posteriores. Ella es más conocida hoy por lo que sucedió después de la guerra, conoció a Simón Bolívar y los dos se enamoraron.

Esta histórica batalla fue una de las muchas que más tarde se les dio el nombre de “las guerras de la independencia de América del Sur” y, al igual que con muchos otros países sudamericanos, fue el ejército patriota el que salió victorioso.

La batalla fue una gran victoria para los rebeldes que destruyeron de una vez por todas el poder español. El pueblo de Quito pudo reclamar la independencia y establecer su propio gobierno, que posteriormente llegó a abarcar todas las jurisdicciones administrativas que se habían agrupado.

Sucre ya era considerado un comandante muy capaz, pero la Batalla de Pichincha solidificó su reputación como uno de los principales oficiales militares rebeldes.

Batallas de Junín y Ayacucho

Simón Bolívar y Antonio José de Sucre marcharon hacia los Andes peruanos para combatir las dos batallas más importantes de la independencia peruana.

Perú fue el último bastión de los españoles en el Nuevo Mundo.

La batalla de Junín – 6 de agosto de 1824

En 1824, Bolívar marchó a las tierras altas peruanas con un ejército de 9.000 soldados y logró atrapar por sorpresa a la fuerza enemiga más pequeña de sólo 6.000 hombres al mando del general José de Canterac, cerca del lago Junín.

La batalla se libró principalmente con espadas y lanzas manejadas por la caballería argentina e inglesa que perseguía al ejército de Canterac mientras intentaba retirarse de las fuerzas revolucionarias que le superaban en número. Con 500 soldados perdidos, la derrota fue relativamente pequeña en términos materiales.

Sin embargo, la contienda había desmoralizado dramáticamente a las fuerzas leales españolas y hasta 3.000 de sus soldados se perdieron por deserción, enfermedad o traición durante su retirada de regreso a Cusco.

La batalla de Ayacucho – 9 de diciembre de 1824

Después de la victoria en Junín, Simón Bolívar colocó el mando del ejército en manos de su general de confianza, Antonio José de Sucre. Sucre ya había ganado una serie de importantes batallas por las fuerzas revolucionarias durante las campañas del norte en Gran Colombia.

Sucre contraatacó a una fuerza lealista española mayor que le superó en número, equipada con diez veces su artillería. Él era un gran estratega militar y comprendió cómo podía usar el terreno para ganar a pesar de la aparente desventaja.

El ejército revolucionario de Sucre derrotó completamente a las fuerzas leales y más adelante, el virrey español José de la Serna y sus generales fueron hechos prisioneros. Los términos oficiales de rendición fueron traídos y exigieron que todas las fuerzas españolas fueran expulsadas del Perú.

La batalla de Ayacucho sería posteriormente conocida como la victoria final decisiva, no sólo para la independencia de Perú, sino para la independencia de todas las antiguas colonias españolas en América del Sur.

El ataque brillante de Sucre estuvo liderado por el colombiano José María Córdoba y en poco tiempo el ejército realista había sido derrotado con unos 2.000 hombres muertos.