Beethoven y Mozart

La música clásica quedó marcada en la historia de la humanidad por su elegancia y sus tecnicismos, además de ser la precursora de muchos géneros posteriores. Dos de los gigantes más representativos y talentosos de la música y la cultura de todos los tiempos son los músicos y compositores Beethoven y Mozart.

Beethoven Mozart
Nombre completo Ludwig van Beethoven Wolfgang Amadeus Mozart
Fecha de nacimiento 16 de diciembre de 1770 27 de enero de 1756
Fecha de fallecimiento 26 de marzo de 1827 (56 años) 5 de diciembre de 1791 (35 años)
Nacionalidad Alemán Austríaco
Profesión Músico, compositor y director de orquesta Músico, compositor y director de orquesta
Género musical Música clásica Música clásica
Periodo musical Clasicismo y Romanticismo Clasicismo
Instrumentos principales Piano Piano, violín y clavecín
Personalidad Introvertido e irascible Sociable y energético
Característica a resaltar Sordera progresiva cerca de sus 30 años Superdotado, compuso su primera pieza musical a los 5 años de edad
Naturaleza de sus composiciones Música fuerte y compleja, caracterizada por sus altibajos. Música tranquila, equilibrada y agradable de escuchar.
Obras destacadas
  • Sonata nº 8 en do menor, op. 13 (Pathétique) (1799)
  • Sonata para piano nº 14 en do sostenido menor, op. 27 (Claro de luna) (1802)
  • Sonata para violín y piano nº 9 en la mayor, op. 47 (Sonata a Kreutzer) (1802)
  • Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, op. 55 (Heroica) (1805)
  • Sinfonía nº 5 en do menor, op. 67 (1808)
  • Sinfonía nº 6 en fa mayor, op. 68 (Sinfonía Pastoral) (1808)
  • Fidelio, op. 72 (1814)
  • Missa Solemnis, op. 123 (1823)
  • Sinfonía nº 9 en re menor, op. 125 (Coral) (1824)
  • Para Elisa (1867)
  • Fantasía nº 3 en en re menor, K. 397/385g (1782)
  • Cuarteto de cuerdas nº 19 en do mayor, K. 465 (Cuarteto de las disonancias) (1785)
  • Concierto para piano nº 21 en do mayor, K. 467 (1785)
  • Las bodas de Fígaro, K. 492 (1786)
  • Serenata nº 13 para cuerdas en sol mayor, K. 525 (Pequeña serenata nocturna) (1787)
  • Sinfonía nº 40 en sol menor, K. 550 (1788)
  • Quinteto para clarinete en la mayor, KV. 581 (1789)
  • Ave Verum Corpus, K. 618 (1792)
  • La flauta mágica, K. 620 (1791)
  • Misa de Réquiem en re menor, K. 626 (1791)

El desarrollo de la inteligencia

Desde que nacemos somos capaces de interactuar con el mundo que nos rodea y esta capacidad se va incrementando a medida que crecemos. En este proceso vamos desarrollando más habilidades, no sólo motrices sino también comunicacionales, pues aprendemos el idioma de nuestra cultura, pensamos en abstracto y somos capaces de resolver situaciones más complejas. Es así que la inteligencia ha sido un concepto definido desde varías ópticas y estudiada por diferentes ámbitos de la ciencia.

Según la Real Academia Española, la inteligencia es la capacidad de resolver problemas. Esta palabra proviene del latín intellegere, es un término compuesto de inter “entre” y legere “leer, escoger”, por tanto se puede deducir que la inteligencia alude a la correcta elección entre las mejores opciones para resolver una cuestión.

Otra definición fue propuesta por el filósofo francés y premio Nobel de Literatura en 1927 Henri Bergson (1859-1941): “La inteligencia se caracteriza por el poder ilimitado de descomponer según una ley cualquiera y reorganizar según cualquier sistema”. Desde esta perspectiva, la inteligencia se ubica en la dimensión mental, en la red de conexiones neuronales de nuestro cerebro recorrido por complejas tormentas eléctricas y señales químicas. Pues, así es la suma total de esos procesos cognitivos que activan la atención, planifican y codifican.

El cerebro

El cerebro es el órgano más complejo; en él se pueden diferenciar dos partes, denominadas hemisferios, con funciones preferentes distintas: por ejemplo, parte del lenguaje y los números se encarga mayormente el hemisferio izquierdo, mientras que de la imagen y los colores son gestionados principalmente por el derecho.

Ambos hemisferios son importantes para el proceso de aprendizaje: aunque en cada uno prevalecen funciones diferentes, muchas de las actividades cotidianas requieren del uso de los dos al mismo tiempo. Así, recordar a una persona es recordar su cara, que se almacena en el hemisferio derecho, y también su nombre, que se guarda en el izquierdo.

Encontramos también en el cerebro un centenar de miles de millones de neuronas. Éstas solo se reproducen durante el desarrollo embrionario; a partir de entonces, su número permanece prácticamente estable. Normalmente dos neuronas no están en contacto directo, sino separadas por un pequeño espacio que recibe la denominación de espacio sináptico.

Cada una de ellas puede, a su vez, establecer hasta 30.000 conexiones con las otras neuronas, mediante enlaces a los que se denomina sinapsis y que se disparan por señales químicas y eléctricas. Las sinapsis son cruciales para los procesos biológicos que subyacen bajo la percepción y el pensamiento. También son el sistema mediante el cual el sistema nervioso conecta y controla todos los sistemas del cuerpo.

Un cerebro adulto consume en un día únicamente entre 250 y 300 kilocalorías.

El desarrollo de la inteligencia y la nutrición

A medida que crecemos vamos adoptando más habilidad, lo que nos permite interactuar en mayor grado con la sociedad: empezamos a caminar, a hablar y a tener una visión crítica. Sin embargo, en el proceso muchos factores pueden influir.

En lo referente a la psicología cognitiva, el psicólogo suizo Jean Piaget (1896-1980), propuso las etapas del desarrollo neurobiológico -desde el nacimiento hasta el final de la adolescencia- con la evolución de la inteligencia humana e integró en ellas la influencia del medio, es decir, de la sociedad como transmisora de cultura y valores. La clave fundamental de su concepción reside en que todos estos factores están interrelacionados en un proceso evolutivo que busca permanentemente el equilibrio en una sucesión de estadios y períodos.

Piaget distingue cuatro períodos: el sensorio-motor, del nacimiento hasta los 2 años; el pre-operacional, hasta los 7 años; el de las operaciones concretas, hasta los 11 años, y el de las operaciones formales, hasta el final de la adolescencia. Solo en este último período de desarrollo evolutivo alcanzamos el pensamiento complejo que caracteriza la inteligencia humana.

Jean Piaget expuso teorías sobre la inteligencia y el desarrollo cognitivo.

En el período del pensamiento formal, según Piaget, puede reflexionarse sobre lo que se piensa, es decir, sobre el propio proceso de pensamiento. Pues existe un conocimiento meta-cognitivo gracias al cual se puede pensar más sistemáticamente y adoptar perspectivas diferentes de la propia. Al concluir este período, que coincide con el final de la adolescencia en su desarrollo físico, el individuo cuenta ya con todas las herramientas necesarias para los procesos de la inteligencia.

En relación a los condicionamientos de la inteligencia, estudios de diferentes áreas han establecido varios factores; entre ellos, hereditarios y ambientales. Sin embargo, la nutrición se presenta como un factor importante ya que se puede controlar con un buen plan de alimentación, evitando así problemas posteriores de difícil o nula reversión. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una mala nutrición, además de reducir la inmunidad y aumentar la vulnerabilidad a las enfermedades, puede alterar el desarrollo físico y mental.

En el mismo sentido, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) indica que el período que transcurre desde la concepción hasta los tres años de edad es una etapa de crecimiento rápido, en la cual se forman la sangre, el cerebro, los huesos y la mayor parte de los órganos y tejidos, así como el potencial físico e intelectual de cada persona.

La fundación británica “Food for the brain”, en español Alimento para la mente; ha realizado un estudio en el 2007 que confirma que el rendimiento escolar está muy relacionado con la alimentación, y que una dieta sana y equilibrada fomenta la concentración y el aprendizaje.

Tanto para el crecimiento físico como intelectual, los nutrientes tienen un papel fundamental. Estudios al respecto han revelado que el DHA, un ácido que compone el Omega-3, es un nutriente que el cerebro necesita para desarrollarse, pero que nuestro cuerpo no fabrica por sí mismo y por eso es tan importante incluirlo en nuestra dieta.

El Omega-3 está en el grupo de “grasas saludables” y es uno de los nutrientes que contribuye al desarrollo intelectual, al igual que el fósforo, el calcio, el hierro o las vitaminas; elementos que se encuentran en alimentos como la carne, el pescado, los huevos, la fruta y la verdura, de ahí la importancia de tener una alimentación variada desde pequeños.

Existen otros factores, como la falta de líquidos, de sueño o el estrés excesivo, que influyen en el rendimiento intelectual. Aquellas personas que se encuentran sometidas a una gran presión pueden presentar bloqueos mentales, pues las hormonas del estrés entorpecen la capacidad para razonar.

La desnutrición proteica y energética constituye uno de los factores no genéticos más importantes que provocan trastornos en el desarrollo del Sistema Nervioso Central (SNC).
¿Sabías qué...?
A medida que el cerebro envejece, le resulta más fácil controlar las emociones.

¿Sabías que se han identificado diferentes tipos de inteligencias?

El doctor Howard Gardner, psicólogo norteamericano de la Universidad de Harvard, desarrolló la “Teoría de las inteligencias múltiples”; en ella plantea que las personas poseemos nueve tipos de inteligencia que nos relacionan con el mundo. A grandes rasgos, estos tipos de inteligencia son la lingüística, la lógico-matemática, la espacial, la corporal-kinestésica, la musical, la interpersonal, la intrapersonal, la naturalista y la existencial.

La inteligencia lingüística
Es la capacidad de utilizar y usar las palabras eficazmente, sea de manera oral o escrita. Se tiene en cuenta también la habilidad de manipular la sintaxis o estructura, la fonética o sonidos, la semántica o significados de las palabras y las dimensiones pragmáticas o usos prácticos del lenguaje.

La Inteligencia lingüística que propone Gardner se más desarrollada en escritores, poetas, periodistas y oradores, entre otros.

La inteligencia lógico-matemática
Es la capacidad para usar los números de manera efectiva y razonar adecuadamente. Dentro de ella se contempla la sensibilidad a los esquemas y las relaciones lógicas, las afirmaciones, las proposiciones, las funciones y otras abstracciones relacionadas.

La inteligencia espacial
Es la habilidad para percibir de manera exacta el mundo visual-espacial y para ejecutar trasformaciones sobre esas percepciones. Las personas con marcada tendencia espacial tienden a pensar en imágenes y fotografías, visualizarlas, diseñarlas o dibujarlas.

La inteligencia corporal-kinestésica
Es la capacidad de unir el cuerpo y la mente para lograr el perfeccionamiento del desempeño físico y así expresar ideas y sentimientos con el cuerpo. Se manifiesta principalmente en los atletas, los bailarines, los cirujanos y los artesanos.

La inteligencia musical
Es la capacidad de discriminar, transformar y expresar las formas musicales. Esta inteligencia incluye habilidades en el canto, la sensibilidad al ritmo, el tono, la melodía, el timbre o el color tonal de una pieza musical.

La inteligencia interpersonal
Es la capacidad que nos permite entender a los demás. Es decir, de percibir y establecer distinciones en los estados de ánimo, las intenciones, las motivaciones y los sentimientos de otras personas.

La inteligencia intrapersonal
Es la habilidad de la introspección, es decir, del reconocimiento de sí mismo y la habilidad para adaptar las propias maneras de actuar a partir de ese conocimiento.

La inteligencia naturalista
Es la capacidad de distinguir, clasificar y utilizar elementos del medio ambiente, objetos, animales o plantas. Consiste en el entendimiento del mundo natural y en la interacción con las criaturas vivientes y el discernimiento de patrones de vida y fuerzas naturales.

La inteligencia existencial
Luego de investigaciones, Gardner incorporó esta inteligencia en 1999 y se refiere a la capacidad de preguntarnos sobre la existencia del mundo, la existencia humana, la vida, la muerte y el origen del hombre.

Según Gardner, todos los tipos de inteligencia revisten la misma importancia. Por tanto, constituye un error medir la inteligencia considerando solo algunos de los tipos, como es el caso de los test de coeficiente intelectual, que tienen en cuenta mayormente los tipos de inteligencia lógico -matemática y lingüística.

Los niños que han desarrollado la inteligencia lógico-matemática, analizan con facilidad los problemas que implican razonamientos lógicos.

La computadora no reemplaza los instrumentos, ¡pero facilita muchas cosas!

Compositor, docente e investigador, Martín Liut comenzó su carrera como músico tradicional, pero esa carrera dio un vuelco cuando empezó a trabajar con la computadora. Hoy, asegura, puede componer con la armónica de sus hijos, papel y lápiz o el software más sofisticado. ¿De qué manera se vinculan en su vida la música y la tecnología?

Por Educ.ar

Comencemos por definir tu campo profesional: ¿música o arte sonoro? Y, en cualquier caso, ¿cuáles son las diferencias entre estas dos disciplinas?

Esa es una pregunta que nos hacemos incluso quienes estamos metidos en esto. Digamos que la primera definición que uno suele escuchar sobre la música es que “es el arte de organizar sonidos en el tiempo”. El término arte sonoro fue cobrando fuerza en los últimos años, supongo que para diferenciarse del campo de la música. El problema es que, cuando se habla de interpretar música, son muchos los que esperan encontrarse un instrumento o un grupo de instrumentos interpretados por personas en un escenario, y las nuevas tecnologías habilitaron, sobre todo en estas últimas décadas, nuevas maneras de jugar con los sonidos que no se parecen mucho a eso. Arte sonoro apareció, entonces, como un concepto comodín para definir todas esas otras cosas que no son música, pero que apelan al sentido de la escucha. Los primeros que comenzaron a usarlo fueron los artistas visuales que sumaban sonidos a muchas de sus instalaciones, pero el término se fue haciendo cada vez más frecuente. Para responder a la pregunta, podría decir que me dedico tanto a la música como al arte sonoro: no es fácil establecer dónde está, exactamente, el límite entre estos campos.

¿Qué transformaciones trajo la aparición de la computadora personal en el universo del sonido?

Muchísimas. La computadora habilitó muchas transformaciones en la manera de crear. Al principio era ciega, sorda y muda: solo tenía un teclado a partir del cual uno ingresaba información. Hoy, las computadoras ven —a través de las camaritas que tienen incorporadas—, oyen —a través del micrófono—, y pueden grabar y emitir sonidos. Para quien tenga ganas de explorar, un primer ejercicio puede ser grabar la propia voz y jugar con ella como si fuese plastilina: cortarla y convertirla en muchos pedacitos, pegarla a otros sonidos, grabar frases y luego mezclar una palabra con otra, o superponerlas, o cambiarlas de lugar hasta darles un sentido completamente nuevo a las oraciones, hacer un coro… Una puerta de entrada un poco más compleja, pero apasionante, que nos ofrece la computadora tiene que ver con los editores de partituras, que permiten escribir música. También están los secuenciadores, que permiten enganchar un teclado vía midi y generar secuencias de sonidos, grabarlas y luego editar las de la manera que uno quiera. Lo divertido de esta técnica es que permite crear una banda virtual: uno le puede asignar a cada evento un sonido de instrumento distinto y componer canciones, imaginándose desde el principio cómo sonarían tocados por un grupo completo.

¿Es lo mismo componer con una guitarra que componer delante de la computadora? 

No, claro que cada herramienta tiene una especificidad. La computadora es una herramienta que no reemplaza a los instrumentos, pero facilita muchas cosas. Yo, por ejemplo, compongo a través de todos los medios según mis ganas y mis necesidades: uso papel y lápiz, pruebo cosas en el piano, uso la armónica de mis hijos, y me grabo o me siento delante de la computadora para hacer cosas que de otra manera no podría hacer.

¿Qué cosas, por ejemplo?

Te doy un ejemplo, para que se entienda de manera fácil: yo no soy bandoneonista, por lo que, si quisiera componer una canción para bandoneón –o, aún más difícil: una canción en la que un bandoneón toca muy, muy rápido–, me sería imposible hacerlo con el instrumento en la mano y determinar si eso que estoy escuchando suena bien. Pero con la computadora, puedo tocar “en cámara lenta” y luego reproducir de manera rápida para darme cuenta de si eso que compuse funciona con los tiempos que imagino. Eso es fantástico, porque antes un músico hacía todo eso en su cabeza y ahora puede experimentar y escuchar en el acto. La computadora te permite hacer cosas que vos físicamente no podrías hacer. Claro que no sirve para todo. Por ejemplo, la computadora puede hacer que una flauta suene más fuerte que una trompeta, pero eso en la realidad no sucede. Por eso, es importante tener noción de que, en vivo y con instrumentos reales, las cosas pueden resultar distintas.

Hablemos de la música electrónica…

La primera vez que se usó el concepto de música electrónica fue alrededor de 1950, en Alemania. Karlheinz Stockhausen fue un compositor de música radicalmente abstracta, compleja y no bailable, que pasó a la historia como el primer compositor con medios electroacústicos, y su música no se parecía en nada a lo que hoy masivamente se entiende por música electrónica. Hoy, en las carreras que yo dicto en la Universidad de Quilmes (licenciatura en Composición con Medios Electroacústicos y licenciatura en Música y Tecnología), hay chicos que son DJ y chicos que no se desarrollan en el campo de la música bailable y cuya investigación va por otro lado. Hay quienes, por ejemplo, usan samplers, entre otras muchísimas prácticas y herramientas, pero no hacen “música electrónica de boliche”. Sin embargo, esto también es música electrónica.

¿Qué salida laboral tienen las carreras que relacionan música y tecnología?

La Universidad de Quilmes tiene dos licenciaturas vinculadas a la producción musical: Composición con Medios Electroacústicos y la otra, más reciente, Música y Tecnología. La primera comenzó a dictarse hace veinte años, cuando se creó la universidad, y la novedad que introdujo respecto de otras carreras musicales fue su especificidad: muchas carreras enseñaban a componer, pero ninguna hasta entonces proponía hacerlo específicamente con medios electroacústicos. En otras palabras: con un sintetizador, un sampler, la computadora o cualquier sonido atravesado de alguna manera por la computadora. Los alumnos que egresan de esta carrera están capacitados para escribir música para instrumentos tradicionales —por ejemplo, para orquestas—, pero también pueden combinar esos conocimientos con el uso de una computadora en vivo, hacer montajes de sonido para cine o componer música para internet usando, por ejemplo, Adobe Flash. La carrera está compuesta por materias de música y materias de tecnología aplicada a la música: Computación Aplicada a la Música, Taller de Sonido, Acústica, por un lado; Composición, Orquestación, Audioperceptiva, por otro. La licenciatura en Música y Tecnología comparte los dos primeros años con la carrera anterior, pero libera a sus alumnos de componer música durante los últimos dos. En ella, se anotan los alumnos que quieren trabajar con la computadora y desarrollar software o instrumentos electrónicos que transformen el sonido, pero no necesariamente quieren ser músicos. Ellos, por lo general, se dedican a trabajar desarrollando software, plataformas multimedia, y seguramente el campo se abrirá en los próximos años:todavía es muy difícil conocer el perfil del egresado no solo porque la carrera es muy nueva, sino porque los conocimientos y la práctica irán para donde vaya la tecnología, ¡que avanza a pasos agigantados!

Buenos Aires Sonora: una nueva manera de escuchar la ciudad

Buenos Aires Sonora es un grupo formado por egresados, profesores y estudiantes de la Universidad de Quilmes. Comenzamos a trabajar juntos en 2003, con la premisa de sacar a la calle nuestra formación musical, para salir del espacio académico que avalaba nuestro trabajo y probar qué pasaba si hacíamos sonar lo nuestro en un contexto diferente. Lo distinto del caso es que no salimos a la calle a tocar el piano, sino a hacer algo que ni siquiera sabíamos cómo llamar: creo que entonces todavía no conocíamos el concepto de arte sonoro o recién empezábamos a descubrirlo. Una de nuestras intenciones, en principio, fue trabajar con los sonidos de la ciudad. En ese sentido, nuestra obra más importante fue ‘Mayo, los sonidos de la Plaza (1945-2001)’, que consistió en de volverle a la Plaza de Mayo los sonidos de su historia, que en definitiva son los sonidos de la historia de la Argentina. Rescatamos sonidos documentales, los reconstruimos y los hicimos sonar; todo lo que pasó en la Plaza entre 1945 y 2001 volvió a sonar ahí, en el lugar de los hechos: Perón hablándole a la gente el 17 de octubre de 1945, el Bombardeo del 55, Evita, las represiones, la dictadura, Galtieri hablando de Malvinas, el regreso de la democracia… Para un argentino que conoce la historia y sus sonidos, volver a escucharlos ahí fue muy fuerte.
En otro sentido, también trabajamos con el concepto de paisaje sonoro de Raymond Murray Schafer. Nos preguntamos: ¿qué pasa si transformamos en instrumentos musicales cosas que no están pensadas como instrumentos? Por ejemplo, una escalera o un puente. Entonces, probamos con el Puente de la Mujer, que está en Puerto Madero y que, visto de lejos, parece un arpa. Claro que, cuando uno va y lo golpea, el puente no suena, pero sus tensores vibran. Los alumnos de la carrera pusieron micrófo nos para captar esas vibraciones y lograron que se escuchen. Así fue que hicimos un concierto con el Puente como instrumento. En eso estamos, hace casi diez años: inventando performances o intervenciones para escuchar Buenos Aires de otra manera.

¿Quién es Martín Liut?

Compositor, docente e investigador en música, egresado de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) con el título de profesor en Armonía, Contrapunto y Morfología Musical. Es autor de obras de cámara, electroacústicas puras y mixtas, y de obras de arte radiofónico. Es fundador y director de Buenos Aires Sonora, grupo que se dedica a la realización de intervenciones sonoras a gran escala en espacios públicos urbanos. Se destacan: “Mayo, los sonidos de la Plaza (1945-2001)”, intervención sonora de la Plaza de Mayo de Buenos Aires, y “El Puente suena”, intervención sonora del Puente de la Mujer, ubicado en Puerto Madero, Buenos Aires. Además, es profesor en las licenciaturas en Composición con Medios Electroacústicos y en Música y Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes. También enseña Acústica Musical en la Facultad de Bellas Artes de la UNLP. Entre 1992 y 2005, se desempeñó como periodista especializado en música, primero en la revista La Maga y, luego, en el diario La Nación.

Martín Liut: http://martinliut.blogspot.com.ar/

Universidad Nacional de Quilmes: http://www.unq.edu.ar/

Fuente: http://www.educ.ar/sitios/educar/blogs/ver?referente=estudiantes%20&id=%20118578&cat=ed_blogs_cat_estudiantes

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