J. L. Borges y Bioy Casares

La literatura argentina es una de las más fértiles, destacadas e influyentes de nuestro idioma. Desde sus inicios ha ocupado un valioso lugar dentro de la historia social y cultural del país y del continente. Dos de sus más importantes representantes son los porteños Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.

J. L. Borges Bioy Casares
Nombre de nacimiento Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Adolfo Vicente Perfecto Bioy Casares
Retrato
Fecha de nacimiento 24 de agosto de 1899 15 de septiembre de 1914
Lugar de nacimiento Buenos Aires, Argentina Buenos Aires, Argentina
Fecha de fallecimiento 14 de junio de 1986 8 de marzo de 1999
Lugar de fallecimiento Ginebrra, Suiza Buenos Aires, Argentina
Ocupación Escritor, principalmente de cuentos, poesía y ensayos. Se destacó en la literatura fantástica. Escritor, principalmente de cuentos, poesía y ensayos. Se destacó en la literatura fantástica.
Otras ocupaciones Traductor, crítico, bibliotecario, editor y profesor. Periodista, editor y guionista.
Primeros años Nació en una familia acomodada y recibió una educación esmerada. Desde pequeño se interesó por la literatura gracias a una biblioteca familiar. Nació en una familia acomodada y recibió una educación esmerada. Desde pequeño se interesó por la literatura gracias a una biblioteca familiar.
Educación Realizó su estudios secundarios en el Collège Calvin de Ginebra, Suiza. Realizó su estudios secundarios en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza de Buenos Aires. Tiempo después abandonó la Universidad de Buenos Aires.
Amistad Conoció a Adolfo Bioy en 1932, con quien comenzó una amistad que se mantendría de por vida. Juntos escribieron muchas obras bajo distintos seudónimos, como Benito Suárez Lynch y Honorio Bustos Domecq. Conoció a Jorge Luis Borges en 1932, con quien comenzó una amistad que se mantendría de por vida. Juntos escribieron muchas obras bajo distintos seudónimos como Benito Suárez Lynch y Honorio Bustos Domecq.
Primera publicación Poesía – Fervor de Buenos Aires (1923) Cuento – Prólogo (1929)
Obras notables
  • Historia de una eternidad (1936).
  • Ficciones (1944).
  • El Aleph (1949).
  • El informe de Broodie (1970).
  • El libro de arena (1975).
  • Siete noches (1980).
  • La invención de Morel (1940).
  • Plan de evasión (1945).
  • La trama celeste (1948).
  • El sueño de los héroes (1954).
  • Diario de la guerra del cerdo (1969).
  • Dormir al sol (1973).
Obras en colaboración (J. L. Borges y Bioy Casares)
  • Seis problemas para don Isidro Parodi (1942).
  • Los mejores cuentos policiales (1943) Antología de cuentos policiales.
  • Dos fantasías memorables (1946).
  • Un modelo para la muerte (1946).
  • Cuentos breves y extraordinarios (1955) Antología de relatos breves.
  • Libro del Cielo y del Infierno (1960) Antología de textos.
  • Crónicas de Bustos Domecq (1967).
  • Nuevos cuentos de Bustos Domecq (1977).
  • Seis problemas para don Isidro Parodi (1942).
  • Los mejores cuentos policiales (1943) Antología de cuentos policiales.
  • Dos fantasías memorables (1946).
  • Un modelo para la muerte (1946).
  • Cuentos breves y extraordinarios (1955) Antología de relatos breves.
  • Libro del Cielo y del Infierno (1960) Antología de textos.
  • Crónicas de Bustos Domecq (1967).
  • Nuevos cuentos de Bustos Domecq (1977).
Premios
  • Premio Municipal de Poesía de Buenos Aires (1929).
  • Gran Premio de Honor de la SADE(1944).
  • Premio Nacional de Literatura (Argentina, 1956).
  • Premio Formentor (1961).
  • Premio Internacional de Literatura (1961).
  • Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes (1962).
  • IX Premio de Poesía de la ciudad de Florencia (1965).
  • Premio Jerusalén (1971).
  • Premio Internacional Alfonso Reyes (1973).
  • Premio Cervantes (1980).
  • Premio Mundial Cino Del Duca (1980).
  • Premio Ollin Yoliztli (1983).
  • Premio Konex (1984).
  • Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires (1941).
  • Premio Nacional de Literatura (Argentina, 1963 y 1970).
  • Gran Premio de Honor de la SEDA (1975).
  • Premio Esteban Echeverría (1984).
  • Premio del Instituto Latinoamericano de Roma (1985).
  • Premio Lilia del Instituto Italo-Latinoamericano de Roma (1986).
  • Premio Capri (Italia, 1988) .
  • Premio Miguel de Cervantes (España, 1990) .
  • Premio Rioplatense Rotary Club de Montevideo (1992).
  • Premio Konex (1984 y 1994).
  • Premio Roger Caillois (Francia, 1995).
  • Premio Maestro del Arte (Buenos Aires, 1998).
Otras distinciones
  • Elegido miembro de la Academia Argentina de Letras (1955).
  • Recibió un doctorado honoris causa de:
    • Universidad de Columbia (1971).
    • Universidad de Yale (1971).
    • Universidad de Oxford (1971).
    • Universidad de Michigan (1972).
    • Universidad de la Sorbona (1977).
    • Universidad de Harvard (1981).
  • Se le otorgó la Orden del Sol (Perú, 1965).
  • Recibió la insignia de Caballero de la Orden del Imperio Británico (1965).
  • Fue nombrado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires (1973.)
  • Fue nombrado miembro honorario de la American Academy of Art and Letter de Nueva York y del Instituto de Artes y Letras de Estados Unidos (INAL) (1917).
  • Recibió la Orden Bernardo O’Higgins (Chile, 1976).
  • Recibió la Orden del Mérito (República Federal de Alemania, 1979).
  • Recibió la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio (España, 1983).
  • Ganó el Libro del Mes (Octubre) del “Club del Libro”, por Plan de evasión (1945).
  • Recibió el Laurel de Plata (Rotary Club de Buenos Aires) (1974).
  • Se convirtió en miembro de la Legión de Honor de Francia (1981).
  • Fue nombrado miembro honorario de PEN Club Internacional (1986).
  • Fue nombrado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires (1986).
  • Recibió un doctorado honoris causa de:
    • Universidad Stendhal de Grenoble (1993).
    • Universidad Gabriele D’Annunzio de Chieti, Pescara, Italia (1988).
  • Fue nombrado Personalidad Emérita de la Cultura Argentina (1996).

 

Citas
  • “Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón”.
  • “Si la literatura no fuera más que un álgebra verbal, cualquiera podría producir cualquier libro, a fuerza de ensayos y variaciones”.
  • “El pasado es arcilla que el presente labra a su antojo. Interminablemente”.
  • “Llega un momento en la vida en que, haga uno lo que haga, solamente aburre. Queda entonces una manera de recuperar el prestigio: morir”.
  • “La eternidad es una de las raras virtudes de la literatura”.
  • “La vida es una partida de ajedrez y nunca sabe uno a ciencia cierta cuándo está ganando o perdiendo”. 

 

Literatura barroca y literatura romántica

La literatura barroca y la romántica tienen en común el hecho de ser literaturas de ruptura: la primera cuestionaba la herencia optimista y racionalista del Renacimiento; la segunda se alzó contra la Ilustración y los ideales estéticos neoclásicos. Sin embargo, también tienen muchas diferencias. 

  Literatura barroca Literatura romántica
Definición Es el conjunto de obras literarias (poesía, novela, teatro) producidas en Europa e Hispanoamérica durante el siglo XVII, las cuales poseen unos rasgos en común. Es el conjunto de obras literarias (poesía, novela, teatro) producidas en Europa e Hispanoamérica durante el siglo XVIII y la primera mitad del XIX, las cuales poseen unos rasgos en común.
Características generales
  • Abundante empleo de los recursos literarios, lo que resulta en formas expresivas elaboradas y complejas.
  • Predominan los sentimientos de desilusión, desengaño y melancolía, los cuales se expresan a través de ironías y sarcasmos.
  • Entrelaza lo trágico y lo cómico.
  • Refleja los acontecimientos más destacados del siglo XVII, como el hambre, la peste y el auge de la espiritualidad.
  • Búsqueda de lo nuevo y extraordinario para excitar la sensibilidad y la inteligencia y provocar la admiración.
  • El subjetivismo individual y el capricho personal en lugar de las normas clásicas.
  • Tendencia a la exageración, a superar todo límite; la noción de que en lo inacabado reside el supremo ideal de una obra artística.
  • Ve en la vida rural y la vuelta a la campiña un refugio para la originalidad y la pasión artística, contrapuesto a la frialdad racional de las ciudades industrializadas.
  • Aboga por la libertad de creación y pensamiento, sin patrones ni estereotipos.
  • Valora lo nacional, lo individual y lo popular. Recupera tradiciones locales olvidadas, a las que opone al “progreso” encarnado en las ciencias.
  • Encuentra en la inspiración una vía de conexión entre el artista y la trascendencia, y la opone a la profesionalización del arte y los preceptos ilustrados que pretendían hallar patrones para la creación estética.
  • La literatura romántica hace hincapié en el individualismo y el subjetivismo. De allí surgió un interés en el interior del hombre y los misterios del subconsciente.
Poesía Surgen dentro de la poesía barroca dos tendencias estilísticas diferentes:

  • Conceptismo: da más importancia al fondo que a la forma. La poesía conceptista es poesía de contenido, es asociación ingeniosa entre palabras e ideas. Opera especialmente sobre el pensamiento abstracto, para lo cual se sirve de ingeniosas antítesis y paradojas. Sus principal representante es Francisco de Quevedo.
  • Culteranismo: presenta complejidad en el orden sintáctico, es decir, altera el orden normal de la colocación de las palabras en la frase. Emplea un vocabulario muy ornamental y ostentoso. Su principal representante es Luis de Góngora.
  • Uno de sus temas preferidos es el amor apasionado, que siempre conduce a un trágico destino.
  • Otro tema común es la muerte, única forma de escapar a la dura realidad y el rechazo, concebida como la liberación del alma.
  • Innova a nivel de métrica. Se crean nuevas estrofas, como la octavilla aguda, o bien se ensaya con combinaciones novedosas de versos cortos y largo, o se rescatan géneros poéticos medievales, como el romance.
Novela Durante el Barroco nace la novela picaresca. Se trata de un género satírico, que se define sobre todo por el protagonista, el pícaro, un joven de la clase de los sirvientes que vive en varias ciudades y tiene aventuras y desventuras con diferentes amos. El pícaro aprende desde muy pequeño a ser astuto y a buscarse la vida. Sus preocupaciones principales son, primero tener de comer, y después, si puede, progresar. Una obra representativa de este tipo de novela es Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán.
  • Se describe la naturaleza en sus más pequeños detalles. Por ejemplo, se habla del sonido de los ríos, los pájaros y los perfumes de las flores. Con frecuencia, estas descripciones son una metáfora de los sentimientos del autor.
  • Las novelas del Romanticismo se caracterizan por describir los tormentos de un individuo, las luchas que atraviesa en la búsqueda del amor y debido a su inadecuación en el mundo.
Teatro
  • Durante el período se pone en boga la Tragicomedia, un género que entrelaza lo dramático y lo cómico.
  • Se escriben autos sacramentales, que son breves piezas en las que se representa un relato bíblico.
  • Desde el Renacimiento, se creía decididamente que una obra teatral debía tener una sola acción principal, un único escenario y los acontecimientos debían suceder en el mismo día. En el Barroco se rompe con esta regla. Muchas de las obras del período tienen más de un escenario o transcurren en un lapso de tiempo del relato mayor a un día.
  • Busca en el pasado (relatos mitológicos, leyendas medievales) la respuesta para problemas del presente.
  • Rechazó las tres unidades de narración: tiempo, lugar y acción. Los autores escribían sin restricciones y usaban diferentes escenarios.
  • Por primera vez, se escriben en prosa los parlamentos de los personajes.
Principales representantes
  • Francisco de Quevedo
  • Luis de Góngora
  • Tirso de Molina
  • Pedro Calderón de la Barca
  • Lope de Vega y Carpio
  • Sor Juana Inés de la Cruz
  • Victor Hugo (1802 – 1885)
  • William Wordsworth
  • Friedrich Schiller
  • Gustavo Adolfo Bécquer
  • Jorge Isaacs
  • John Keats
  • Lord Byron
  • Edgar Allan Poe
Ejemplos “Ninfa, de Doris hija, la más bella,

adora, que vio el reino de la espuma.

Galatea es su nombre, y dulce en ella

el terno Venus de sus Gracias suma.

Son una y otra luminosa estrella

lucientes ojos de su blanca pluma:

si roca de cristal no es de Neptuno,

pavón de Venus es, cisne de Juno”.

 

Luis de Góngora

Soledad primera (fragmento)

 

 “Volverán las oscuras golondrinasen tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
¡esas… no volverán!”

 

 

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima (fragmento)

 

Cuento y novela

Dentro del género narrativo se encuentran dos de sus subgéneros más representativos: el cuento y la novela. Estas son dos formas de narración que a simple vista sólo difieren en su extensión; sin embargo, cada una posee otras características únicas, que las convierte por separado en aportes indispensables para la literatura y la creatividad humana en general.

Cuento Novela
Descripción Forma de narración breve, rápida de contar, que involucra una historia y personajes concretos en un ambiente ficticio. Forma de narración escrita y extensa, cuya lectura requiere de un tiempo prolongado que describe una historia y personajes ficticios de forma detallada.
Origen histórico Edad Antigua. Edad Moderna.
Categoría Género literario. Género literario.
Tipo de género literario Narrativa. Narrativa.
Forma de narración Prosa. Prosa.
Forma de expresión Oral y/o escrita. Escrita.
Estructura argumental
  • Introducción
  • Nudo
  • Desenlace
  • Introducción
  • Nudo
  • Desenlace
Extensión Corta. Larga.
Número de palabras De 1 a 20.000. De 60.000 en adelante. Se consideran novelas cortas a aquellas de entre 20.000 y 60.000 palabras.
Trama Trama única. Trama principal, subtramas y posibles historias paralelas.
Complejidad Sencillo. Sintetiza la historia para reflejar momentos y personajes puntuales. Compleja. Analiza con detalle la historia para reflejar con precisión el mundo en el que se desenvuelve y describir de forma interna y externa a sus personajes.
Tipos
  • Popular
  • Literario
  • Corta
  • Realista
  • Autobiográfica
  • Epistolar
  • Satírica
  • Didáctica
  • Lírica
  • Alegórica
Subgéneros
  • Acción y aventura
  • Surrealismo
  • Comedia
  • Policíaco
  • Fantasía
  • Ciencia ficción
  • Histórico
  • Terror
  • Drama
  • Psicológico
  • Acción y aventura
  • Surrealismo
  • Comedia
  • Policíaca
  • Fantasía
  • Ciencia ficción
  • Histórica
  • Terror
  • Drama
  • Psicológica
Objetivo Provocar emociones intensas y/o proveer de enseñanzas morales al lector. Entretener al lector e inducirlo a la reflexión, así como, en ciertos casos, dar a conocer las vivencias, opiniones y pensamientos del autor.
Ejemplos
  • Este Lorenzo que lee(s)
  • Funes el memorioso
  • La Cenicienta
  • Cuentos de Las Mil y Una Noches
  • A la deriva
  • Caperucita roja
  • El fantasma de Canterville
  • El entierro prematuro
  • Pulgarcito
  • Cambio de luces
  • Don Quijote de la Mancha
  • La metamorfosis
  • Drácula
  • Las uvas de la ira
  • Viaje al centro de la Tierra
  • Cien años de soledad
  • Veinte mil leguas de viaje submarino
  • El viejo y el mar
  • Pedro Páramo
  • La ciudad y los perros

El signo de los cuatro, por Arthur Conan Doyle

Sherlock Holmes se enfrenta junto a su inseparable compañero, el Dr. Watson, a un caso que pondrá a pruebas sus capacidades deductivas. Una venganza, una desaparición y un cuantioso tesoro serán la base de este relato de Arthur Conan Doyle.

El Signo de los cuatro fue una de las obras que mayor cantidad de adaptaciones ha tenido en torno a la figura de Sherlock Holmes. Hablar de este personaje es hablar del detective que encarna uno de los iconos de la literatura policial, al punto que su nombre por momentos opaca al del mismo creador que le dio vida, Arthur Conan Doyle. En una época signada por el auge del evolucionismo planteado por Charles Darwin y el imperio del conocimiento científico de finales del siglo XIX, esta obra se encuentra constituida como un relato donde nuestro héroe encarna los valores del positivismo victoriano.

Enmarcada como policial clásico o “de enigma”, aquí les dejamos una breve guía para entender la obra.

Pero, ¿Qué es el policial clásico?

Lo policial abreva en crímenes, fugas, búsquedas y persecuciones y plantea un enigma que debe ser resuelto racionalmente. El fundador de este subgénero es el norteamericano Edgar Allan Poe (1809 – 1849) con la edición de su libro de cuentos Los crímenes de la calle Morgue (1841). El hecho de ser una entrega folletinesca hizo que fuera una forma literaria no tan respetada frente al canon y por tal razón fue revisitada nuevamente a finales del siglo XIX, cuando logró consagrarse.

El relato policial es aquel que, por medio de la deducción lógica, identifica al autor de un delito y revela sus móviles; está constituido de forma tal que se puede llegar a una conclusión a partir de sucesos lógicos precisos. El lector es parte fundamental en este género ya que gracias a su complicidad la historia avanza hacia su conclusión. La lectura se sostiene en tanto el lector es atrapado por el suspenso o la curiosidad de saber qué va a pasar.
Es posible reconocer en esos textos distintos elementos característicos del relato.

1. Un misterio que parece sin solución.
2. Un investigador y un criminal; los buenos y los malos. Por lo general son personajes con caracteres bien definidos.
3. Una metodología que permite descifrar el enigma por medio de la lógica y la observación.
4. Una parte importante del relato está destinada a mostrar el proceso de razonamiento del investigador.
5. Una técnica narrativa que mantiene el secreto hasta el momento del desenlace.

El relato policial de enigma surge del Positivismo; esta forma de producción del conocimiento se basa en la experiencia y en la observación de distintos fenómenos o hechos y la consecuente creación de una hipótesis que explique lo observado. Esta hipótesis y conclusión será puesta a prueba una y otra vez.

De esta forma vemos como la figura del detective representa al científico o investigador que pone a funcionar su cerebro para conocer y controlar la realidad.

Edgar Allan Poe, referente fundacional del policial clásico a través de su sagaz personaje, Dupin.

Un tesoro desde la India

El signo de los cuatro es la segunda novela de Arthur Conan Doyle con el personaje de Sherlock Holmes como protagonista y constituye un ejercicio más logrado que su trabajo anterior –Estudio en escarlata (1887)- en la construcción simétrica de la trama y el relieve de los personajes. Aquí se puede apreciar mejor la interacción entre Holmes y Watson, dando lugar al contraste entre ambos en los afilados diálogos, y Doyle expone –sobre todo en el magistral prologo de la aventura, el capítulo La ciencia de la deducción- su dominio del género policial, enmarcándolo bajo determinadas convenciones y denotando las cualidades intelectuales de Holmes para resolver los problemas desde el método científico y la deducción. Sin embargo, el autor no se queda en el retrato de una máquina que resuelve problemas, sino que introduce cierta angustia en su personaje y una marcada misantropía que se refleja en el desprecio por los sentimientos y las instituciones. Frente a un personaje que quizá pueda resultar antipático a los lectores se presenta el contraste del Dr. Watson, quien se encarga de redactar las vivencias y llega a involucrarse amorosamente a lo largo de la historia.

El capítulo dos (La exposición del caso) es el que abre la historia del caso sobre el cual va a focalizarse Holmes y que, inicialmente, se presentaba como algo sencillo pero que, como buen relato policial, se va abriendo como un ramal complejo que da lugar a una serie de hechos ocurridos en la India. El caso en cuestión son una serie de envíos enigmáticos que recibe la señorita Mary Morstan por parte de su padre, el General Morstan, quien ha desaparecido diez años atrás. En ese tiempo recibió una perla por cada año que pasó hasta que quien lo envía decide revelarse ante ella, pero sin que se encuentre involucrada la policía de alguna forma en el encuentro. Entre los papeles que facilita la señorita Morstan a Holmes se encuentran una serie de documentos entre los cuales se encontraba un papel con cuatro cruces que arriba indicaba “El signo de los cuatro” y una serie de nombres debajo. Este elemento será el disparador de la investigación de Holmes.

La acción transcurre en la Londres victoriana de finales del siglo XIX y comienzos del XX, dando lugar a la descripción de un espacio urbano en expansión que encuentra el refugio de sus crímenes en las calles brumosas y las luces amarillentas del alumbrado eléctrico. De este elemento, que nos da un exquisito contexto para la acción, se pueden deducir varias de las características que definen el lugar donde transcurren los crímenes: habitualmente se trata de lugares alejados, la periferia, que es la contraparte del iluminado mundo victoriano. Esta cuestión se puede ver en la frenética persecución del perro Toby guiando al detective y su compañero a lo largo de las calles y en el desenlace en el Támesis.

Documento fotográfico de la Londres victoriana.

Por otro lado, en su obra Doyle manifiesta varias de las inquietudes y simpatías de su tiempo. La defensa del colonialismo aparece referida en el retrato que hace de los indios, que se definen entre la ignorancia, la corrupción y la sumisión (prestar atención al personaje de Tonga); además de que no resulta casual que el autor ubique en una sublevación el eje de la historia que luego va a dar lugar al robo del Tesoro de Agra y la subsecuente secuela de crímenes. Otro elemento que ronda su obra es el uso de una pseudociencia que partía de las motivaciones cientificistas de su tiempo: la fisiognomía. Sostenida desde la antigüedad, esta disciplina indicaba que por la apariencia externa del rostro era posible reconocer el carácter y la personalidad del individuo. La aplicación al estudio de la criminalidad por parte del médico italiano Cesare Lombroso (1835 – 1909) definió que determinados rasgos como la forma mandibular, las orejas o la amplitud de la frente podían detectar y hasta “prever” el accionar criminal en determinadas personas.

El autor

Sir Arthur Ignatius Conan Doyle nació el 22 de mayo de 1859 en la ciudad de Edimburgo, Escocia, en un hogar problemático y con la ausencia de su padre, que falleció debido al alcoholismo. En la Universidad de Edimburgo concluyó la carrera de medicina y se destacó en numerosos deportes que luego serían los predilectos de su personaje Sherlock Holmes, como el boxeo. Durante sus estudios universitarios se embarco hacia África Occidental para ejercer como médico y en 1885 conoce a su primera esposa, Louise Hawkins, con quien tendrá dos hijos.

Para ejercer profesionalmente la oftalmología se muda a Londres en 1891, pero la poca actividad le va a permitir tener más tiempo para dedicarse a escribir. Atosigado y contrariado por la fama de su personaje principal, decide matarlo en una historia para dedicarse de lleno a novelas históricas de tono colonial que realzan el accionar de Gran Bretaña en Sudáfrica. Según su opinión, esto es lo que lo llevara a obtener el título de Sir en 1902. Sin embargo, la presión popular y el afecto sobre el personaje pesaran de tal forma, que el autor se verá obligado a “resucitar” al personaje en historias posteriores.

En 1906 Hawkins muere de tuberculosis y un año más tarde se casa con Jean Leckie, con quien tiene tres hijos más. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 intenta alistarse para las tropas británicas pero es rechazado debido a su edad (55 años), permaneciendo con la actividad de propaganda y apoyo civil a las tropas. Muere el 7 de julio de 1930 con 71 años en East Sussex, Inglaterra.

Tarzán, la fabulosa historia del hombre mono

Un día de 1914, en fecha cuyos datos precisos aquí son irrelevantes, un hombre atlético y corpulento descendió de los árboles colgando de una liana, y con el impulso de su espíritu salvaje se metió en las librerías. Era Tarzán, el rey de los monos y desde ese momento habitante infaltable del anaquel destinado a las novelas de aventura en todas las librerías del mundo.

Creado por el escritor Edgar Rice Burroughs, Tarzán protagonizaba la primera novela de una saga que alcanzaría los 24 títulos e inspiraría 89 películas, diversas historietas y varias series de televisión.

La historia

Hijo de un lord inglés y una dama inglesa, John Calyton III, Lord de Greystoke, nació a fines del siglo XIX en un lugar de la selva africana donde sus padres fueron abandonados. Al año de vida queda huérfano y es adoptado y criado por una tribu de monos, los mangani, surgida de la imaginación del autor y que mezcla características de gorilas, chimpancés y homínidos. Ellos lo rebautizan Tarzán, que en la forma de lenguaje primitivo en la que se comunican, significa piel blanca.

Los títulos

Tarzán de los monos (1912)
El regreso de Tarzán (1913)
Las fieras de Tarzán (1914)
El Hijo de Tarzán (1914)
Tarzán y las joyas de Opar (1916)
Historias de la Jungla (1919)
Tarzán el indómito (1920)
Tarzán el terrible (1921)
Tarzán y el león dorado (1922/1923)
Tarzán y los hombres hormiga (1924)
Tarzán y los gemelos (1927)
Tarzán, Señor de la jungla (1927/1928)
Tarzán y el Imperio Perdido (1928)
Tarzán en el centro de la tierra (1929)
Tarzán el invencible (1930/1931)
Tarzán Triunfante(1931)
Tarzán y la ciudad de oro (1932)
Tarzán y el hombre león (1933/1934)
Tarzán y los hombres Leopardo (1935)
La búsqueda de Tarzán (1935/1936)
Tarzán y la ciudad prohibida (1938)
Tarzán el Gran Jeque (1939)
Tarzán y los náufragos (1941)
Tarzán y la Legión Extranjera (1947)

Tarzán, que ha heredado de sus padres una gran inteligencia, recibe de los monos una formación atlética y una serie de habilidades que le permiten adaptarse a las condiciones de vida en que las circunstancias lo colocaron. Pero la inesperada aparición de otros hombres, quienes sorprendidos lo encuentran viviendo como señor de la selva, modifica su vida. Sobre todo por el impacto que le produce una mujer…

Es así que aprende francés e inglés y llega al “mundo civilizado” para conocer sus orígenes. Sin embargo rechaza la oferta de esa civilización que no comparte, y regresa al mundo que conoce y ama, la jungla.

Allí vive nuevas aventuras a través de 23 volúmenes que el autor escribe hasta 1941, cuando se publica Tarzán y los náufragos, cerrando la saga con tres emocionantes relatos de uno de los ciclos más leídos, versionados, admirados y copiados en la historia de la cultura popular. En la primera de ellas, Tarzán escapa de ser llevado a Estados Unidos como atracción circense; en la segunda, se enfrenta a un famoso boxeador que va a África en busca de aventuras y a una tribu de caníbales; en la tercera, resuelve un enigmático caso de espionaje durante la segunda guerra mundial.

De la literatura al cine

De acuerdos a los datos que proporciona la Internet Movie Database, desde 1918 hasta 2010 se hicieron ochenta y nueve películas sobre Tarzán. Así el personaje alcanza el cuarto lugar en el ranking de los que más han sido llevados a la pantalla grande, sólo superado por Sherlock Holmes, Drácula y Frankenstein.

La primera se filmó en 1918, y fue una adaptación poco ortodoxa de la novela Tarzán de los monos. Por primera vez en la corta historia del cine una película superaba el millón de dólares de taquilla.

Semejante éxito alentó la secuela y muy pronto se realizó el segundo título: El romance de Tarzán. La tercera fue La venganza de Tarzán y en ella se cambió al protagonista de las anteriores, Elmo Lincoln, por el actor Gene Pollar.

De acuerdo con la modalidad de la época en 1920 se realizó el primer serial sobre una cuidada adaptación de la novela El hijo de Tarzán, con el protagónico a cargo de P. Dempsey. Se trataba de 15 capítulos que totalizaban 253 minutos de película.

En 1932 fue Johnny Weissmuller quien se puso la piel de Tarzán. Sin experiencia como actor, pero con una fama ganada como nadador olímpico, con varias medallas de oro en su haber, Weissmuller debuta como Tarzán en Tarzán de los monos, primera película sonora sobre este personaje, por tanto la primera en que se escuchó su voz. Después haría otras once películas convirtiéndose en el indiscutible y único Tarzán para toda una generación.

El siguiente actor que representó a Tarzán en el cine fue Lex Baker, quien protagonizó dignamente cinco películas, aunque sin llegar a convencer a los seguidores del rey de la jungla. Entre 1955 y 1960 el actor Gordon Scott representó seis veces el papel de Tarzán, y por eso mismo tiempo Jock Mahoney, Denny Miller y Mike Henry, también probaron suerte en el papel aunque sin mayor trascendencia.

Los ´80 no fueron una buena década para el personaje creado por Edgard Rice Burroughs. Una película de estética softcore se estrenó en 1982 con Bo Derek como mayor atractivo interpretando a Jane. Dos años después se estrena Greystoke: The Legend Of Tarzan, Lord Of The Apes, con el popular actor Christopher Lambert en el papel central. El film resultó interesante pero sin el encanto de las viejas producciones.

En 1999 la Disney estrenó la versión más exitosa de todos los tiempos con el escueto título de Tarzán; se trata de una animación con diseños técnicamente impecables y un guión flojo.

Del cine a la tele

En 1966 subió a la pantalla chica la serie Tarzán, que consigue a través de la identificación con su protagonista, Ron Ely, llevar nuevamente el personaje a la cima de la popularidad. Sobre esta serie hay un dato sumamente curioso: se grabaron sólo 57 capítulos en dos años y luego se levantó por no alcanzar los objetivos de rating que se habían propuesto sus productores. Pero la repetición de esos 57 capítulos la transformaron en un éxito en todo el mundo. Llegados los ´90 se conoció la serie Tarzán, potagonizada por Wolf Larson, con altibajos en el rating lo que llevó a su cancelación después de tres temporadas irregulares. En 1996 la televisión insistió con el tema emitiendo Tarzan the Epic Adventures, con Joe Lara haciendo de Tarzán, pero bastó una temporada para determinar su fracaso y bajarla de la programación.

Y también a la historieta

De todas las versiones de historieta que se han hecho de Tarzán, se destacan con brillo propio las de Harold Foster y la de Burne Hogarth.

Foster la creó para United Fature Syndicate, comenzando a publicarse en varios diarios de Estados Unidos el 7 de enero de 1929. Se trataba de la adaptación de la primera novela de Burroughs, a cuyo final llegó con la entrega del 16 de marzo del mismo año. Dado el éxito, le encargaron al dibujante una adaptación de la segunda novela, pero se negó y su lugar fue ocupado por Rex Maxon, de quien se publicó la primera entrega el 15 de marzo de 1931.

Cinco años después tuvo su oportunidad el dibujante Burne Hogarth, quien impuso a su trabajo un dinamismo barroco que provocó gran agitación, inédita hasta entonces en la historieta. Hogarth continuó produciendo esta página dominical durante doce años, en dos periodos, de 1937 a 1945, y de 1947 a 1950.

Después de 22 años, Burne Hogarth reapareció con el personaje que le había dado una gran popularidad, haciendo Tarzán de los monos, un libro de historieta de tapa dura y gran formato que se editó en once idiomas, y es considerado una de las primeras novelas gráficas. El éxito lo llevó cuatro años más tarde a publicar Jungle Tales of Tarzan utilizando técnicas que hasta entonces no se habían aplicado.

El autor

Una noche de 1911 el escritor Edgard Rice Burroughs, agobiado por su complicada situación económica, busca refugio en su imaginación y allí encuentra a Tarzán, el Hombre Mono, quien llega batiendo parche sobre su pecho para cambiar definitivamente la suerte de su mentor.

Es que la vida del literato nacido en Chicago el 1 de setiembre de 1875, había llegado hasta ese momento mostrándole sólo fracasos.

Después de pasar por la Harvard School de su ciudad natal, trabajó como vaquero en un rancho durante dos años, al cabo de los cuales ingresó en la Philips Academy, de la que fue expulsado por no adaptarse a sus exigencias disciplinarias. Pasó entonces un periodo de entrenamiento en la Academia Militar de Michigan y luego se incorporó al Séptimo de Caballería de los Estados Unidos. Por pedido propio se lo envió al peor de los destinos, Fort Grant, un lugar salvaje en el desierto de Arizona. Allí se nutrió con las historias de hombres que habían participado en las guerras contra comanches y apaches, historias que luego utilizaría en un ciclo de novelas sobre el tema.

Cuando consideró agotada esta etapa de su vida, abandonó el ejército y se casó con Emma Centennia Hubert. De ahí en adelante a pesar de sus esfuerzos por encontrar estabilidad para su hogar, desempeñó diversas tareas en distintos lugares: fue vaquero nuevamente; policía en Salt Lake City, carnicero en Pocatello, Idaho; buscador de oro; y revisor de avisos de venta para la Roebuck and Co. Mientras trabajaba allí escribió un relato y lo envió a la revista All Story Magazine. El relató gustó al editor que lo publicó entre febrero y julio de 1912, en seis entregas con el título La princesa de Marte. Para entonces ya había comenzado a pergeñar Tarzán, y aprovechando los 400 dólares que le reportó la publicación de su primera obra, le dedicó tiempo a la escritura y logró que en octubre del mismo año la misma revista comprara los derechos de la novela y comenzara a publicarla como un folletín, para que, finalmente en 1914 la editara con formato de libro la Casa Mc. Clurg and Company, convirtiéndose en el mayor éxito editorial del año.

Burroughs siguió escribiendo hasta convertirse en uno de los más prolíferos escritores estadounidenses, además de cubrir a los 66 años de edad, como corresponsal de guerra para el Los Ángeles Time, la Segunda Guerra Mundial.
Murió en Encino, California, el 19 de marzo de 1950.

La isla del tesoro, Robert Louis Stevenson

Las historias de piratas no han sido jamás lo mismo gracias a esta obra de Robert Louis Stevenson. Escrita en 1883, es imposible pensar la representación de un pirata sin remitirnos a este libro de aventuras que ha cautivado la imaginación de generaciones.

La importancia de esta obra no se advierte solamente en el nombre o el de su autor, Robert Louis Stevenson. No es cuestión de analizar sus meritos literarios, que los tiene, sino de visualizar lo influyente y fundamental que resulta La isla del tesoro para comprender toda la mitología que se ha despertado en torno a la piratería, en particular en los últimos años con el boom comercial que implicó la saga cinematográfica de Piratas del Caribe. Poco se sabe que varias de las imágenes icónicas que se asocian a la piratería tienen a menudo más que ver con la rica imaginación de Stevenson que con crónicas reales.

Veamos: piratas con pata de palo, loros como mascotas, ron y whisky, la tradicional bandera de Jolly Roger y mapas del tesoro con una X marcando el ansiado hallazgo, son algunos de los rasgos que, basándose en pocas fuentes reales y mucho en su creatividad, llevaron al escritor de origen escocés a lograr una obra que ha marcado la forma en que aparecen representados los piratas bajo nuestra percepción y encendió un romanticismo por esta forma de vida que hasta entonces apenas se insinuaba en la literatura.

¿Sabías qué...?
Stevenson tenía 30 años cuando comenzó a escribir La Isla del Tesoro.

El camino de la aventura

La isla del tesoro es una novela que podemos enmarcar como una novela dentro del género de aventuras. Cuando hablamos de una novela de aventuras, estamos hablando de un relato que consta de andanzas protagonizadas por uno o más héroes. En este género se suele buscar la máxima atención de los lectores, prolongando situaciones peligrosas y posponiendo una solución. Los personajes arquetípicos de la aventura (los pioneros y descubridores, los soldados heroicos, forajidos y piratas, etc.), recrean el juego romántico, el compromiso con los valores morales y la lucha por restaurar la justicia.

Cuenta con un protagonista que al emprender la aventura, debe enfrentar distintos desafíos y cuando regresa de su aventura lo hace con una visión diferente de la vida, transformado, maduro, con un mayor conocimiento de sí mismo; es el camino del héroe. En este caso podríamos hablar de un camino heroico e iniciático por parte de nuestro protagonista, Jim Hawkins, que siendo apenas un niño presencia en su aventura actos que lo llevan a tomar parte de suplicios, conquistas, perdidas y victorias que modificaran para siempre su tranquila vida trabajando en la posada de sus padres.

El autor

Robert Louis Stevenson nació el 13 de noviembre de 1850 en la ciudad de Edimburgo en Escocia, abarcando un amplio espectro de obras de géneros dispares como poesías, novelas, autobiografías y ensayos. Hijo único de un ingeniero acaudalado que se desempeñaba como constructor de faros, Stevenson se abocó desde muy joven a estudiar la misma profesión que su padre, pero luego se especializó en el estudio de leyes. Sin embargo, desde su niñez se había sentido especialmente inclinado a la actividad literaria, que enriquecía gracias a sus incontables horas de lectura y los relatos de su niñera “Cummy”, que le producían tanto espanto como fascinación.

Sin embargo, su educación primaria no fue regular debido a que fue afectado por numerosas enfermedades respiratorias que lo llevaron a abandonar sus estudios. Los primeros síntomas de tuberculosis hicieron que buscara lugares del mundo donde pudiera resguardar su delicado estado de salud. Su primera obra data del año 1866 y contenía un estilo en la tradición de los trabajos de Sir Walter Scott, siendo apenas vendida y representando un fracaso que, veinte años después, sería reeditada valiendo precios impensables para el joven autor en ese momento de su trayectoria. Los viajes que realizó a lo largo de todo el mundo para encontrar lugares propicios, lo llevaron a escribir en esta primera etapa diarios de viaje entre los cuales se destacan Viaje tierra adentro (1878) y Viajes en burro por las Cevannes (1879). Tras conocer a la norteamericana Fanny Osbourne en Francia, viajó a Estados Unidos para convivir con ella y se casó en el año 1880 a los 30 años, asentándose en la zona del Lejano Oeste para continuar escribiendo historias donde abundaba la aventura.

En el año 1881 comienza a escribir su obra consagratoria, La isla del tesoro, cuya historia fue publicada como folletín en la revista “Young folks”. Pero el reconocimiento definitivo llegaría tras su edición definitiva en formato de libro en 1883, ganándose el elogio de intelectuales como Henry James o Gerard Manley Hopkins por su capacidad para cautivar y relatar la aventura. En 1886 publica su otra obra clave, El extraño caso del doctor Jeckyll y mister Hyde, una historia de misterio donde el contenido moral se manifiesta alegóricamente en el Trastorno disociativo de la identidad. Otros trabajos destacados son las novelas Las aventuras de David Balfour y Weirde (1886) y La flecha negra (1888); el volumen de cuentos Nuevas noches árabes (1882); el volumen Jardín de verso para niños (1885) en el campo de la poesía y en el ensayo Estudios familiares de hombres y libros (1882) y Memorias y retratos (1887). Por otro lado, en colaboración con su hijastro, el escritor estadounidense Lloyd Osbourne, realizó Las aventuras de un cadáver (1889) y La resaca (1892).

En los últimos años de su vida el autor decidió vivir en las Islas Samoa debido a sus buenas condiciones para sobrellevar su deteriorada salud, permaneciendo allí en una relación amistosa con los nativos, que lo llamaron Tusitala (el que cuenta historias). Murió allí en el año 1894 a los 44 años, dejando uno de los legados literarios más importantes de fines del siglo XIX y el siglo XX.

El camino al tesoro

El relato cuenta como la vida del hijo de taberneros de un pequeño pueblo, Jim Hawkins, se ve trastornada cuando irrumpe allí un marinero llamado Billy Bones que se aloja en la posada Almirante Benbow, con tan solo la posesión de un cofre. Inmediatamente aparecen figuras extrañas en la taberna que tratan de forma amenazante a Bones, pidiéndole el contenido de su cofre. Sin embargo Bones muere de apoplejía al día siguiente y para evitar ser atacados nuestro protagonista y su madre huyen con el cofre mientras observan que los extraños marineros eran en verdad piratas que destruyen la taberna donde trabajaban. Al abrir el paquete que hay dentro del cofre Jim encuentra el llamativo plano de un tesoro que, según le había confiado Bones, pertenecía al legendario y temido pirata Flint. Sabiendo que ahora de seguro sería perseguido incansablemente, decide emprender un viaje en una goleta para encontrar el tesoro ayudado por dos compañeros, el doctor David Livesey y el caballero John Trelawney, quien se encarga de conseguir una tripulación competente para la embarcación. Sin embargo la tripulación no es lo que parece y se trata de una banda de piratas capitaneada por Long John Silver, que planea amotinarse y sustraer el mapa para encontrar el tesoro.

Este es el disparador con el que se inicia esta novela que pone más de un obstáculo a nuestro héroe, mientras intenta sobrevivir a enfrentamientos con piratas sanguinarios y las condiciones adversas y desoladas de la Isla Calavera. En su trayecto Hawkins interactúa con una serie de personajes que le permitirán esbozar un recorrido tanto físico como espiritual, siendo Long John Silver el gran antagonista y un personaje complejo que mantiene en la intriga sus acciones hasta la última página del libro.

Influencia

El imaginario y la mitología de La isla del tesoro, llevo a la popularidad una imagen de la piratería que apenas se había insinuado en obras de Daniel Defoe, Edgar Allan Poe y Washington Irving, de quien Stevenson admitió haber tomado elementos para la introducción de la novela. Está popularidad resonó en la influencia que tuvo La isla del tesoro sobre obras posteriores tan fundamentales como Las minas del rey Salomón (1885), de H. Rider Haggard, La isla de coral (1871), de Micahel Ballantyne, y la obra teatral Peter Pan (1904), de James Matthew Barrie. Pero además ha sido una obra que dio lugar a un incontable número de precuelas y secuelas, llevadas a cabo por distintos autores para profundizar en otro personaje de la novela o especulando sobre el destino de los protagonistas de La isla del tesoro.

El escarabajo de oro de Edgar Poe es una de las posibles influencias de Stevenson.
H. Rider Haggard realizó su obra Las minas del rey Salomón para empatar o superar las virtudes literarias de La isla del tesoro.

A lo largo del siglo XX se emprendieron varias adaptaciones destinadas a promover el contenido del texto desde diferentes formatos. En el cine se realizaron adaptaciones directas de la obra en todo el mundo, desde la prematura etapa silenciosa en 1918 hasta la notable incursión de Disney en la década del ´50, con las actuaciones de Bobby Driscoll y Robert Newton, pasando por obras realizadas en la Unión Soviética, Italia o Alemania, e incluso un título de animación japonesa dirigido por Hiroshi Ikeda en 1971, que contó con la colaboración de Hayao Miyazaki. En televisión las adaptaciones han sido igual de numerosas con series y unitarios donde a menudo el contenido recibió una mayor cantidad de modificaciones e interpretaciones, como es el caso de The Adventures of Long John Silver, que en 26 capítulos se describen las aventuras del antagonista e incluso, nuevamente, una serie animada de animación japonesa de 1978.

Como no podía faltar, la saga de Disney Piratas del Caribe tiene a lo largo de su tetralogía numerosas referencias a la obra que hablan de la importante influencia que ejerce el texto de Stevenson hasta la actualidad.

No todo es fantasía

A pesar de que mucho de lo que Stevenson es ficticio, existen a lo largo de su relato varios elementos tomados de la vida real y referencias a figuras y lugares de su tiempo. Veamos algunos:

• El nombre de la posada de Jim Hawkins, Almirante Benbow, tiene el nombre del Almirante John Benbow, un oficial de la Marina Real que vivió entre 1653 y 1702.
• Hubo un pirata que se desempeñó como corsario que realmente enterró su tesoro. Se trata del corsario William Kidd, que lo escondió en Gardiners Island hasta que fue desenterrado.
• Existen varias especulaciones en torno a un pozo que se cree que tiene un tesoro enterrado en la Isla del Roble o Oak Island en Canadá de figuras como el mencionado William Kidd o el pirata Barbanegra (1680 – 1718)

El corsario negro, por Emilio Salgari

Novela de aventuras que mezcla historia y leyenda, El Corsario Negro posiblemente sea la más representativa de la prolífera obra de su autor. Emilio Salgari supera en este relato defectos de estilo y de construcción en los que incurre en obras anteriores, y nos introduce vertiginosamente en su encanto por el mar y la jungla.

Publicada en 1898, un año después de haber sido nombrado caballero por la casa de Saboya, reinante por entonces en Italia, aparentemente como gesto de agradecimiento Salgari centra la historia en un personaje italiano (algo poco habitual en él), señor de Ventimiglia, emparentado justamente con los Saboya. Incluso nombra a los hermanos de este personaje, que se da a conocer como el Corsario Negro, con los colores de la bandera de Italia: uno es el Corsario Verde y el otro el Rojo. Los personajes vivirán sus aventuras entre el mar y la jungla caribeña, en un periplo en el que el autor nutre a los lectores no solo con el entretenimiento de las acciones, sino también con las descripciones realistas del territorio marítimo y terrestre en que suceden.

El estilo

Nacido en 1862, Salgari construye su obra adscribiendo a un romanticismo que sus pares ya habían abandonado. Sin duda sus novelas evocan los tiempos de los espadachines de Alejandro Dumas, y sus personajes están construidos con los mismos valores que los galantes hombres de capa y espada que protagonizan Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo, novelas emblemáticas del escritor francés.

El ritmo cinematográfico y el dramatismo de sus escenas, son el fuerte de sus narraciones, poco rigurosas en cambio en lo que hace a sus descripciones. En cuanto al contenido, los valores y virtudes que resalta, como la voluntad y el coraje, dan relieve a personajes que dejan una huella paradigmática en los lectores.

El Corsario Negro aparece primero por entregas, y luego en un volumen que publica la editorial Donath de Génova. Es la primera obra de su Ciclo de los corsarios, donde luego incluirá La reina de los caribes (1901); Yolanda, la hija del Corsario Negro (1905); El hijo del corsario Rojo (1905-1907) y Los últimos filibusteros (1908).

Tiempo de piratas

La obra se sitúa hacia fines del siglo XVII, puntualmente en el año 1696, época de apogeo de piratas, corsarios, filibusteros y bucaneros. Salgari nos ubica en el tiempo con constantes referencias a personajes y hechos: Luís XIV, Víctor Amadeo de Saboya, España como potencia colonial, su disputa con Francia por la hegemonía tanto en Europa como en América.

LA TRAMA

Un corsario italiano perteneciente a la nobleza a quien se conoce como Corsario Negro, se entera de que su hermano, el llamado Corsario Rojo, ha sido ahorcado en la plaza pública de Maracaibo, Venezuela, donde aún cuelga su cuerpo sin vida. La orden de ejecución fue dada por el gobernador de la ciudad, Wand Guld, noble holandés que traicionando a los suyos se pasó al bando español, justamente cuando corsarios ingleses, franceses y oriundos de su país, atacan permanentemente a los barcos españoles y a sus ciudades costeras para debilitar su poderío.

Emilio di Roccanera, el Corsario Negro, consigue después de innumerables peripecias, para las que cuenta con la ayuda de sus fieles amigos Carmaux y Wan Stiller, recobrar el cadáver de su hermano y darle digna y tradicional sepultura en el mar.

Pero esto no calma la sed de venganza que se ha apoderado del protagonista de esta historia, quien jura vengarse de Wand Guld, matando a él y a toda su familia.

Decidido a cumplir su juramento, comienza su asecho a naves españolas hasta capturar un navío de esta nacionalidad, reteniendo a sus pasajeros. En estas circunstancias se enamora de una prisionera, joven noble que lo impacta por su belleza. Sin embargo se niega a reconocerlo para evitar que el amor atempere sus ansias de venganza.
Para conseguir su objetivo, desembarca en la isla Tortuga, refugio de piratas y corsarios, y allí traza un plan para terminar con su enemigo. Pero el destino le mostrará una vez más su cara trágica.

El Corsario Negro y sus hombres toman por asalto la ciudad de Maracaibo y persiguen al gobernador holandés para darle muerte. Durante la persecución, el señor de Ventimiglia se entera que su enamorada no es otra que la hija de su antagonista. La contradicción entre el amor y el odio se muestra de manera descarnada acentuando la tensión y obligando al Corsario a elegir. Pone a la joven en un bote y la abandona en el medio del mar. ¿Vale la venganza la desazón que lo embarga?

Personajes

El héroe del relato es Emilio di Roccanera, señor de Ventimiglia, pequeña población del Mediterráneo, en la frontera entre Italia y Francia.

Su origen noble le da al Corsario Negro los valores de un caballero. Su conducta se rige por los códigos del honor que hacen que luche limpiamente. Y del mismo modo en que sostiene la conducta intachable de un caballero, hace propias las reglas de honor de los hombres de mar, reglas que le dan derecho al saqueo, pero que también le imponen el reparto justo del botín, la solidaridad con los compañeros, y hasta las supersticiones. El respeto a ultranza de estas reglas es lo que lleva al Corsario a renunciar al amor para dar cumplimiento a la palabra empeñada.

El personaje comparte sus aventuras con Carmaux y Wan Stiller, el primero francés y el otro holandés. Ambos muestran una fidelidad inquebrantable hacia su capitán, sostenida por la admiración y no por el servilismo. Audaces y valientes , solo alguien más audaz y valiente que ellos, como El Corsario Negro, puede convertirse en su referente.

Emilio Salgari

Nació en Verona el 25 de agosto de 1862, hijo de Luigi Salgari y Luigia Gradara. Cursó sus primeros estudios en su ciudad natal, para luego ingresar en la Escuela Técnica Municipal y posteriormente en el Instituto Técnico y Náutico Paolo Sarpi de Venecia, en 1878, institución que abandonó en 1882 sin haber completado sus estudios para capitán de cabotaje. Aunque siempre se sintió un marino, según se sabe solo realizó un viaje por mar en su vida, en 1880 y por el Adriático, de Venecia a Brindisi.

En 1882 comienza a colaborar con La Nuova Arena, de Verona. En los años siguientes y pese a la muerte de su madre de meningitis en 1887, y el suicidio de su padre en 1889, realiza una copiosa producción literaria que sostiene ininterrumpidamente hasta 1892, año en que conoce a la que sería su esposa, la actriz aficionada Ida Peruzzi, a quien llama Aida. Ese miso año contraen matrimonio, felicidad a la que se suma el paso que da Salgari en su carrera literaria al comenzar a editar en Treves, la editorial más importante de Milán, y el nacimiento de su hija Fátima. En 1894 nació su hijo Nadir, en tanto su éxito continúa en crecimiento y en 1897 recibe de la Casa Real el nombramiento de caballero. Ese año se traslada a Milán, ciudad donde traba amistad con Giuseppe Gamba, su principal ilustrador, y nace su segundo hijo varón, Romeo. En pleno éxito regresa a Turín donde nace su hijo Omar (1900). A pesar del reconocimiento con que cuenta su producción, su retribución económica es escasa, lo que lo obliga a firmar un contrato cuyo cumplimiento exige la entrega de tres títulos anuales, además de dirigir el semanario genovés Per tierra e per mare. Sin embargo y a pesar de sus esfuerzos su situación económica se ve complicada por la salud de su esposa que empieza a manifestar problemas mentales. Firma un nuevo contrato editorial con la casa Bemporad, editando 19 novelas entre 1907 y 1911. Pero la salud de su esposa empeora y debe ser internada en un manicomio. Abrumado por las circunstancias, Emilio Salgari se suicida en Turín el 25 de abril de 1911.

Hamlet, por William Shakespeare

Hamlet es una de las obras artísticas más importantes de la historia de la humanidad. Sin embargo, entre tanta solemnidad, es también una tragedia pasional que habla de la venganza y nos pone en la piel una serie de dilemas que llegan intactos hasta nuestros días.

William Shakespeare (1564 – 1616), uno de los dramaturgos más reconocidos. Autor de Hamlet, Romeo y Julieta o El sueño de una noche de verano.

A esta altura no es necesario presentar a Hamlet. Aún si no supiéramos de qué se trata, tenemos conocimiento de que se trata de algo importante. La cuestión es ver que es este “algo”. Se trata de una obra teatral escrita por el dramaturgo inglés William Shakespeare hace más de 400 años y eso no le hace perder vigencia. En absoluto. La forma en que fue gestada en su momento la hacía una obra arriesgada y moderna, sus personajes se hundían en dilemas universales que atravesaron las fronteras del tiempo y el espacio y, además, resultó en una profunda interpretación sobre los alcances del teatro (y el arte) en la realidad.

Si acaso ignoran a Hamlet pueden tener conocimiento de El rey león de Disney, que contiene varios de los focos argumentales de esta obra o, quizá, se hayan cruzado con algún capítulo de Los Simpsons (entre otros dibujos animados conocidos) donde aparece representado en un tono cómico. Esta es la razón por la cual la historia de Hamlet es conocida por varias personas sin que hayan leído o visto la representación: forma parte de la cultura popular y la universalidad de sus dilemas se encuentran afincados de tal forma que resulta prácticamente imposible que alguien no conozca al ya mítico “ser o no ser”.

Para quienes no lo conozcan a pesar de todo, aquí profundizaremos sobre esta obra, la más famosa de William Shakespeare y la que cuenta con su personaje más famoso, precisamente, Hamlet.

Origen

Para realizar su obra Shakespeare se basó en varios trabajos donde los núcleos del relato ya figuraban. La temática del héroe actuando como un tonto se remonta a leyendas indo europeas que datan del siglo IX, finalmente escritas por Saxo Grammaticus alrededor del año 1200 en la Gesta Danorum. En este relato su protagonista, llamado Amleth, se hace pasar por loco para vengar el asesinato de su padre. Otra fuente que se cree que utilizó Shakespeare para realizar su obra es Ur-Hamlet, un relato hipotético que aparentemente incluyo por primera vez a un fantasma en una obra, cuyo autor se cree que fue Thomas Kyd o el mismísimo Shakespeare. Sin embargo, a pesar de las semejanzas, en el Hamlet de Shakespeare aparecen dos rasgos distintivos fundamentales: en primera instancia, a diferencia de las versiones anteriores no hay un narrador omnisciente y, en segunda instancia, el estado melancólico de Hamlet y la falta de un plan de acción concreto a la hora de efectuar su venganza.

Vengar la sangre

El argumento de Hamlet se puede sintetizar de la siguiente forma: una vez asesinado el Rey Hamlet a manos de su hermano Claudio, éste asume el trono y se casa con Getrudis, esposa del difunto rey y madre del príncipe Hamlet. El espectro del padre aparece ante su hijo, el príncipe, y le pide que vengue a su asesino sin dañar a Gertrudis. La forma en que se gesta esta venganza y los tópicos que explora para consumarla, llevando a la tragedia del quinto acto, son el núcleo de esta obra donde aparecen temas como la traición, la venganza, el incesto, la corrupción y el sexo, a menudo expresados en diálogos por los mismos personajes utilizando soliloquios. Algunos de los temas que podemos distinguir son los siguientes:

La locura. Aparece tanto de forma real como fingida y se encuentra en el corazón de la obra. El dilema central en torno a este tema gira en torno a si Hamlet realmente se ha vuelto “loco” o si es todo una actuación. Se trata de una de las preguntas que no tienen una respuesta explícita. Sin embargo, la ambigüedad y la complejidad de estado mental de Hamlet y su comportamiento errático resulta convincente, complementándose con la atmósfera de incertidumbre de la obra. El descenso de Ofelia a la locura y el suicidio es completamente diferente. La crítica sostiene que este personaje se quiebra por la presión abusiva de Hamlet y el peso de las fuerzas patriarcales, llevándola a su triste desenlace.

La venganza. Hamlet parece encaminarse a ser una obra tradicional con una venganza sangrienta de por medio, pero luego se detiene. El centro de la obra no está focalizado en la venganza exitosa sobre el asesino de su padre, sino en la lucha interior de Hamlet para llevar a cabo su plan. Si bien culmina con un baño de sangre típico de las tragedias de venganza, la infame demora de Hamlet la apartaba de todo lo que se había visto antes. Otro elemento notable de la obra es como entrecruza tres planes de venganza que implican a hijos buscando vengar a los asesinos de sus padres: Hamlet (contra el Rey Claudio), Laertes (contra Hamlet, por la muerte de Polonio) y Fortinbras (contra el reino de Dinamarca, por la muerte de su padre en manos del Rey Hamlet). Finalmente, la obra cuestiona la validez y utilidad de la venganza. Por otro lado, la forma en que se desempeñan Laertes y Fortinbras para vengarse pone en evidencia la demora y el conflicto interior de Hamlet para ejecutar su plan.

Hamlet: (…)“¡Oh! ¡Si está demasiado sólida masa de carne pudiera ablandarse y liquidarse, disuelta en lluvia de lágrimas! ¡Ó el Todopoderoso no asestara el cañón contra el homicida de sí mismo! ¡Oh! ¡Dios!, ¡Oh! ¡Dios!, ¡Cuán fatigado ya de todo, juzgo molestos, insípidos y vanos los placeres del mundo! Nada, nada quiero de él: es un campo inculto y rudo, que solo abunda en frutos groseros y amargos” (Acto I, Escena V)

“Hamlet: ¡Oh!, ¡Dios!
Fantasma: Venga su muerte: venga un homicidio cruel y atroz
Hamlet: ¿Homicidio?
Fantasma: Sí, homicidio cruel, como todos lo son; pero el más cruel y el más injusto y el más aleve.”
(Acto I, Escena XII)

La mortalidad. Las meditaciones de Hamlet sobre llevar a cabo el suicidio, especialmente el soliloquio de “Ser o no ser”, es legendario y continúa levantando discusiones sobre el valor de la vida y el misterio de la muerte. Sin embargo, Hamlet no se suicida. Es Ofelia quien lo hace sin haberlo mencionado, como resultado de una combinación de locura y desamparo. La muerte se cierne sobre toda la obra, desde la escena de confrontación con un fantasma hasta el baño de sangre de la escena final, que deja a casi todos los personajes principales muertos. Él es al mismo tiempo seducido y repelido por la idea del suicidio pero, en la escena con los sepultureros también demuestra fascinación por la realidad física y palpable de la muerte. En cierto sentido, la obra puede ser vista como un dialogo entre Hamlet y la muerte.

“Hamlet: ¡Ser, o no ser, es la cuestión!— ¿Qué debe más dignamente optar el alma noble entre sufrir de la fortuna impía el porfiador rigor, o rebelarse contra un mar de desdichas, y afrontándolo desaparecer con ellas? Morir, dormir, no despertar más nunca, poder decir todo acabó; en un sueño sepultar para siempre los dolores del corazón, los mil y mil quebrantos que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara concluir así! ¡Morir… quedar dormidos… Dormir… tal vez soñar!” (Acto III, Escena I)

Religión. Si bien no se trata de una obra temática centrada en la religión, registra varias de las ideas religiosas y espirituales del siglo XVI. La cuestión más relevante tiene lugar en los efectos de la Reforma Protestante y las ideas cristianas sobre la mortalidad y la vida después de la muerte, cuyas implicaciones cobran mayor valor debido a la aparición de un fantasma dentro de la obra. Además resulta interesante la forma en que entrelaza posturas contradictorias en torno al asesinato, el suicidio y la venganza, debatiéndose a menudo entre el catolicismo y el protestantismo.

“Fantasma: Yo soy el alma de tu padre: destinada por cierto tiempo a vagar de noche y aprisionada en fuego durante el día; hasta que sus llamas purifiquen las culpas que cometí en el mundo.” (Acto I, Escena XII)

Arte. Los críticos literarios indican que se podría considerar a Hamlet como una de las obras más “auto-reflexivas” de Shakespeare. En Hamlet aparece la autoconciencia en torno a la actividad teatral y se intenta dejar en claro a la audiencia que lo que están viendo es, en efecto, teatro. Frecuentemente a lo largo de la obra Hamlet toma distintos roles, explorando ideas sobre la naturaleza humana del personaje. Además, la obra de Shakespeare explora el poder del teatro. En el momento en que Hamlet organiza a un grupo de interpretes para ejecutar “El asesinato de Gonzago” o “La ratonera”, una obra que imita el asesinato de su padre en manos de Claudio, él espera que la obra refleje la verdad y logre conmover o poner en evidencia al asesino.

“Hamlet: Dirás este pasaje en la forma que te le he declamado yo: con soltura de lengua, no con voz desentonada, como lo hacen muchos de nuestros cómicos; más valdría entonces dar mis versos al pregonero para que los dijese. (Acto III, Escena VIII)

La mentira y el engaño. Hamlet, más que ningún otro personaje, odia el engaño y está obsesionado con la honestidad. La ironía se presenta cuando Hamlet, un buscador absoluto de la verdad, queda atrapado en un mundo político donde el engaño es parte necesaria de la vida. Este contraste es un tormento para Hamlet. Todos los personajes de la obra engañan a algún otro personaje por propósitos que van del amor a la venganza o el asesinato.

“Hamlet: (…) ¡Oh! ¡Malvado! ¡Halagüeño y execrable malvado! Conviene que yo apunte en este libro… Sí… Que un hombre puede halagar y sonreírse y ser un malvado; a lo menos, estoy seguro de que en Dinamarca hay un hombre así (…) (Acto I, Escena XIII)”

¿Sabías qué...?
Hamlet es la obra más larga escrita por Shakespeare.

Sexo. La preocupación de Hamlet respecto a la sexualidad femenina domina gran parte de la obra. El joven príncipe está disgustado por el apetito sexual de su madre y su actitud infecta, eventualmente, su relación con Ofelia y todas las mujeres en general. En la obra la sexualidad aparece frecuentemente asociada al engaño, el pecado y los vicios de un mundo entrado en decadencia. De acuerdo a Hamlet, la sexualidad femenina hace que todo el mundo parezca “un jardín sin cuidar, echado a perder, invadido hasta los bordes por hierbas infectas”.

“Hamlet: (…) ¡Rebelde infierno! Si así pudiste inflamar las médulas de una matrona, permite, permite que la virtud en la edad juvenil sea dócil como la cera y se liquide en sus propios fuegos (…) (Acto III, Escena XXVI)”

Género. La actitud de Hamlet hacia las mujeres es notoriamente sexista y parece derivar del disgusto que le ocasiona la sexualidad de su madre y la aparente infidelidad a su padre. Este elemento eventualmente termina incluyendo a todas las mujeres, especialmente Ofelia, que parece no tener poder o control sobre su propio cuerpo. En cierto sentido la obra considera algunas nociones sobre la masculinidad o la ausencia de ésta. Claudio le advierte a Hamlet que su lamento es “poco masculino” y el príncipe se refiere a sí mismo como una “mujer promiscua” cuando se ve impedido de vengar la muerte de su padre que, nuevamente, plantea la relación entre las mujeres y el engaño. Sin embargo, la obra no parece estar de acuerdo con este punto de vista de Hamlet: hacia el final la culpa de su madre permanece en la ambigüedad y el suicidio de su amante inspira lastima. Antes que sobre la naturaleza de las mujeres, la actitud de Hamlet revela elementos de su personalidad.

“Hamlet: (…)Ella, que se le mostraba tan amorosa como si en la posesión hubieran crecido sus deseos. Y no obstante, en un mes… ¡Ah! no quisiera pensar en esto. ¡Debilidad! ¡Tú tienes nombre de mujer! (…) (Acto I, Escena V)”

La reconocida actriz británica Ellen Terry (1847 – 1928) en el papel de Ofelia.

Familia. Se trata de un tema significativo por la forma en que trata la cuestión del incesto- el casamiento de Gertrudis con el hermano de su esposo, la fijación de Hamlet con su madre e incluso la obsesión de Laertes con la sexualidad de Ofelia. También es importante notar como la obra se ocupa de cómo la política impacta en la dinámica de las relaciones familiares, sobre todo cuando la harmonía domestica es sacrificada para una ganancia política. También es importante el hecho de que Hamlet involucra tres núcleos argumentales que giran en torno a hijos vengando la muerte de sus padres.

“Hamlet: (…) Se ha casado, en fin, con mi tío, hermano de mi padre; pero no más parecido a él que yo lo soy a Hércules. En un mes… enrojecidos aún los ojos con el pérfido llanto, se casó. ¡Ah! ¡Delincuente precipitación! ¡Ir a ocupar con tal diligencia un lecho incestuoso! (Acto I, Escena V)”

Los géneros literarios

Los géneros literarios son los grupos en los que se incluyen aquellos textos que presentan unos rasgos semejantes, es decir, la manera en que podemos clasificar las obras literarias atendiendo a su contenido.

La cuestión de los géneros literarios ha propiciado una cierta polémica. Platón -al abordar la naturaleza de la poesía- distinguió tres géneros: la mimética (dramática), la lírica y la épica. Su discípulo, Aristóteles, partía de la existencia del género literario y consagró un libro, Poética, a estudiar los problemas que plantea la tragedia, que era uno de los géneros en que se dividía la poesía. Aristóteles diferencia los géneros según la forma métrica; según la categoría de los personajes, y según la duración de los acontecimientos. Posteriormente, la aparición de numerosas obras que no cumplían exactamente con los principios enunciados por los autores clásicos llevó a discutir la validez de la clasificación. A pesar de la oposición de muchos autores contemporáneos a que sus obras sean “encasilladas” dentro de un determinado género, la literatura continuó apelando a este recurso, desde las “novelas del Oeste” de la década de 1950 a la “novela histórica”, que alcanzó un gran auge alrededor de 1990.

El concepto de género literario es histórico, ya que se plantea en el momento en que surge un texto distinto a los clasificados con anterioridad. Por ejemplo, el surgimiento y reconocimiento de la novela como género se produce en la Edad Media. Aunque el concepto de género como tal ha tenido sus crisis, ya que ha cambiado y sufrido modificaciones a lo largo del tiempo, la crítica moderna tiende a aceptar la existencia de los géneros como una institución.

Género narrativo

En los tratados de teoría literaria suelen estudiarse juntos una serie de textos que tienen como rasgo común la narración. Estos textos son la epopeya, el poema épico y la novela (ésta suele considerarse el género narrativo que sustituyó a la épica). La narrativa reúne las obras que relatan hechos reales o ficticios, estructurados dentro de unas coordinadas de espacio y tiempo, y la forma expresiva usada es, fundamentalmente, la narración.

Las novelas son narraciones ficcionales extensas.

A pesar de que todos los textos que se consideran dentro de este género tienen unas características comunes, existen diferencias entre ellos. Mientras que la epopeya es un producto de una edad heroica que refleja toda una etapa cultural, está escrita en verso y, sobre todo, es anónima, la novela lo está en prosa, suele surgir en períodos de decadencia y acostumbra tener un autor concreto.

El poema épico se diferencia de la epopeya en que es de origen individual, el resultado de la labor concreta de un poeta concreto y suele tener unos rasgos poéticos que son bastante distintos de los propios de la epopeya.

Género dramático o teatral

El término teatro procede del griego theatrón, que significa “lugar para contemplar”. El teatro es una rama del arte escénico relacionada con la actuación, donde se representan historias frente a la audiencia. Este arte combina discurso, gestos, sonidos, música y escenografía.

Por otra parte, el teatro es también una categoría literaria que comprende las obras concebidas en un escenario y el edificio donde se representan las piezas teatrales. Desde sus inicios el teatro acompañó al hombre en los momentos más significativos en los rituales chamánicos; cierto es que no puede hablarse de teatro propiamente dicho pero son los antecedentes que precedieron al desarrollo. En primer lugar debemos diferenciar entre texto dramático o teatral y hecho teatral. Como ya se especificó, el primero es una categoría literaria, una obra pensada para ser recreada en un escenario. El hecho teatral es la puesta en escena del texto teatral.

Uno de los antiguos teatros griegos.

El texto se caracteriza por estar dispuesto en forma de diálogo con acotaciones que indican la disposición de los actores, la escenografía e inclusive las luces; es la obra, el valioso aporte de la literatura al complejo hecho teatral. La obra de teatro se describe para ser representada, para que unos personajes creados por un dramaturgo sean interpretados por los actores. Además el texto proporciona las palabras que los personajes dicen y señala los lugares donde actúan, éste –conocido también como libreto – debe ser bastante claro, con un mensaje –o no – para el espectador, sencillo y que no abarque demasiados temas. Los textos dramáticos pueden ser escritos en forma dialogada, en prosa o en verso. La dramática es el único género no exclusivamente literario; las acotaciones que indican movimientos, expresiones faciales, gestos, tono de voz, etcétera, no forman parte del texto literario. Es decir, la dramática tiene una faceta literaria; el texto teatral, lo que dicen los personajes, y otra que es espectáculo; la actuación, la escenografía.

El drama es la expresión de los contrastes y contradicciones de la vida humana; debido a ello se pueden hallar presentes la muerte, el humor, la pasión, el mal, la alegría, la bondad, en definitiva, el amplio abanico de la existencia diaria. El drama no excluye ningún elemento que integra la vida de los seres humanos.

Las temáticas de los textos dramáticos son expresiones de la vida cotidiana.

Género lírico

Estos textos son definidos tradicionalmente como la expresión del mundo emotivo por medio de la palabra escrita u oral. El término griego «poiesis» significaba «crear» y se refiere a todo trabajo artesanal, incluido el que realiza un artista.

Los textos líricos se caracterizan por la subjetividad, es decir, el poeta nos ofrece una parte de su interior, de su visión de la realidad. Cualquier expresión de los sentimientos del autor ante la contemplación de la realidad puede ser considerada lírica: amor, pena, soledad, miedo, fracaso, alegría, desamparo, nostalgia… Esta expresión no puede hacerse de cualquier manera, sino que se suele ver sometida a una gran depuración estilística. Tal como Aristóteles planteara en su Poética, la lírica es el género en el que el autor expresa sus sentimientos y visiones personales.

 

Los poetas suelen expresar su visión de la realidad mediante sus textos.

Por ello, quizás la característica formal más reconocible de la poesía sea la de estar escrita en verso. Así pues, el poema es la unión de un fondo emotivo y sentimental y de unas determinadas características formales que lo caracterizan a simple vista, incluso ante los ojos de personas que no han leído nunca poesía. Sin embargo, con el tiempo, este modo de expresión se diversificó; podemos encontrar textos líricos escritos en prosa por lo que, su reconocimiento radica en la exposición en primer plano del mundo interno del artista.

Literatura clásica y moderna

La literatura es considerada el arte de la palabra ya que utiliza textos y letras para expresar emociones, opiniones o argumentos. De la literatura derivan diferentes géneros literarios que han surgido a lo largo de la historia, principalmente en la Grecia Antigua. Por tal motivo, la literatura griega se divide en: literatura griega clásica y moderna.

Primera etapa

Literatura griega clásica

Durante la primera etapa de la literatura griega clásica surgieron las siguientes expresiones literarias:

  • Poesía épica: consiste en obras de carácter narrativo escritas en versos y acompañadas de música. Estas narraciones consistían en historias, mayormente de tipo mitológico y religioso, hechas en versos especiales para ser memorizadas.

La poesía épica o epopeya, como fue denominada posteriormente, era parte de discursos y noticias narrados de manera oral por los rapsodas o los aedos, quienes se encargaban de contar este tipo de historias acompañadas de instrumentos como la cítara para sus cantos.

Los hechos narrados en la poesía épica podían ser reales o ficticios, sin embargo, siempre debían ser narrados en tiempo pasado. Este género literario se dividió en capítulos o epígrafes, y era escrito en verso o prosa.

Autores destacados

Homero → autor de La Ilíada y La Odisea, además de numerosos himnos.

Hesíodo → autor de Trabajos y días, Teogonía y El escudo de Heracles.

  • Poesía lírica: consiste en obras creadas exclusivamente para ser cantadas y bailadas con el uso de la lira como instrumento principal. Este género literario consiste en expresar sentimientos y reflexiones a través de las palabras, utilizando un enfoque subjetivo de la realidad.
Poeta lírico tocando un “aulo”, instrumento musical utilizado en la antigua Grecia.
Poeta lírico tocando un “aulo”, instrumento musical utilizado en la antigua Grecia.

Dentro de la poesía lírica eran reconocidos 9 poetas líricos:

  • Alcmán de Esparta
  • Safo
  • Alceo de Mitilene
  • Anacreonte
  • Estesícoro
  • Íbico
  • Simónides de Ceos
  • Píndaro
  • Baquílides

Segunda etapa

Esta etapa se encuentra caracterizada principalmente por el drama, el cual reúne elementos de la lírica y la épica, y se tocan temas desde la religión hasta la política.

Durante la segunda etapa de la literatura griega clásica surgieron las siguientes expresiones literarias:

  • Tragedia: consiste en obras de carácter dramático, basadas en narraciones tristes o trágicas, donde normalmente los protagonistas se ven afectados de forma negativa por un villano. Este género literario surgió en la antigua Grecia.

Autores destacados

Esquilo → autor de Los Persas, Los siete contra Tebas y Las suplicantes.

Sófocles → autor de Antígona, Edipo Rey y Las Traquinias.

Eurípides → autor de Alcestis, Heraclidas y Helena.

  • Comedia: consiste en obras de carácter dramático, sin embargo, la comedia es totalmente opuesta a la tragedia, por lo tanto, siempre tiene un final feliz. Este género literario surgió por el culto a Dionisio y las primeras obras se basaron en obscenidades, abusos e injurias.

Uno de los autores más destacados de este género fue Aristófanes, autor de Los caballeros y El asamblea de las mujeres.

Máscaras representativas de la tragedia y la comedia.
Máscaras representativas de la tragedia y la comedia.

Tercera etapa

Esta etapa se encuentra caracterizada principalmente por el surgimiento de la prosa, la cual derivó más tarde en la filosofía, la oratoria, la historia y la novela.

  • Prosa:  consiste en una forma idónea de comunicación que explica directamente las cosas, sin necesidad de poemas y cantos. Posteriormente, la prosa influenció diferentes ámbitos como la política, la religión y la ciencia.

Los principales géneros literarios derivados de la prosa son: la oratoria y la historia.

Entre los autores de prosa más destacados están: Isócrates, Iseo, Esquines, Lisias y Demóstenes; autores de numerosos discursos y epístolas.

Entre los autores de historia más destacados están: Heródoto, Tucídides y Jenofonte.

Literatura griega moderna

La literatura griega moderna está comprendida a partir del siglo XV. Las obras que corresponden a esta etapa están escritas en griego moderno, el cual es utilizado actualmente.

En este período surgió la poesía griega moderna, basada en cantos y poemas. Entre los cantos más destacados están: Cantares de gesta y el Canto de Basili Digenis Akritas.

En la época moderna también surgió la novela o métricas de amor, que consiste en historias de amor narradas en versos. La novela surgió desde la antigua Grecia pero no fue hasta la aparición de Alejandro de Macedonia cuando comenzó su auge.

Autores destacados

Vitsentzos Kornaros → autor del poema Erotokritos.

Jakovakis Rizos Neroulos → autor de la sátira Korakistica.