Especies endémicas de Argentina

Argentina se caracteriza por ser uno de los países mega-biodiversos del mundo. Esta riqueza de ecosistemas alberga una inmensa variedad animal y vegetal, se estima que sólo el endemismo de la flora argentina incluye unas 1.660 especies, de las cuales la mitad han sido clasificadas como altamente susceptibles.

 

El paisaje natural de Argentina varía desde los pastizales pampeanos hasta las majestuosas montañas de los Andes y los glaciares en la región andino-patagónica.

Fauna

Zarigüeya patagónica (Lestodelphys halli)

La zarigüeya o comadrejita patagónica es un marsupial endémico de Argentina, particularmente habita en Chubut, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Santa Cruz y las pampas patagónicas. A pesar de tener una amplia distribución geográfica, se caracteriza por su baja densidad poblacional.

  • Hábitat: es terrestre y habita principalmente en áreas de arbustos, praderas y sabanas.
  • Descripción: presenta el dorso de color gris oscuro y la parte ventral blanca, con un anillo oscuro que rodea los ojos. Tiene orejas cortas y redondeadas, y su cola es corta y no prensil.
  • Hábitos alimenticios: principalmente carnívoro.
  • Estado de conservación: preocupación menor.
¿Sabías qué...?
Cuando la temperatura es muy baja, la zarigüeya patagónica se encuentra muy activa mientras caza en la nieve, pero también puede entrar en estado de torpor diario o de hibernación para protegerse del clima desfavorable.

Pato vapor de cabeza blanca (Tachyeres leucocephalus)

El pato vapor de cabeza blanca debe su nombre al hecho de que cuando nada rápido, aletea en el agua y usa sus patas, lo que crea un efecto como un barco de vapor. Es un pato costero no volador que tiene un rango extremadamente limitado y apariencia similar con otros patos de vapor. Esta especie no se describió hasta 1981.

  • Hábitat: vive en las costas rocosas en las provincias de Chubut y Santa Cruz.
  • Descripción: su cabeza es principalmente blanca, el resto del cuerpo es de color gris claro, moteado con plumas de color marrón oscuro y gris perla claro. Su pico es naranja-verdoso y amarillento cerca de la punta y sus patas de color amarillo brillante.
  • Hábitos alimenticios: carnívoro, se alimenta de una variedad de pequeños animales que viven en el fondo marino.
  • Estado de conservación: casi amenazado.
Actualmente no hay amenazas conocidas para esta especie pero su alcance restringido, la ausencia de vuelo y el potencial de contaminación por hidrocarburos pueden colocarla en cierto riesgo.

Lagartija del Suquía (Teius suquiensis)

Esta especie de reptil es endémica de Argentina, habita principalmente en las provincias de Córdoba, San Luis y Santa Fe. La lagartija del Suquía fue llamada de este modo por el lugar donde fue vista por primera vez.

  • Hábitat: vive en el ambiente chaqueño, tanto de llanura como de sierra.
  • Descripción: su cuerpo es de color marrón grisáceo. La parte del dorso es de color marrón claro, con una franja verdosa y manchas de color negro; sobre ésta presenta un par de franjas blancas entre la región del dorso y la parte ventral del animal.
  • Hábitos alimenticios: principalmente carnívoro, se alimenta de termitas, escarabajos, larvas y saltamontes. En ocasiones también puede alimentarse de frutos.
  • Estado de conservación: preocupación menor.
¿Sabías qué...?
La lagartija del Suquía se reproduce mediante partenogénesis, una forma muy particular de reproducción en la que se desarrollan individuos mediante células sexuales femeninas no fecundadas.

Pingüino de Magallanes (Spheniscus magellanicus)

El pingüino magallánico vive y se reproduce a lo largo de la costa sur de América del Sur, principalmente en las islas Malvinas y en las costas e islas de la Patagonia de Argentina y Chile.

  • Hábitat: se encuentra principalmente en las regiones templadas de América del Sur, pero durante la temporada no reproductiva puede seguir las corrientes oceánicas hacia el norte en latitudes más tropicales.
  • Descripción: es el miembro más grande del género Spheniscus, el macho tiene un peso medio de 4,7 kg y la hembra pesa en promedio 4,0 kg. El plumaje del juvenil es de color marrón y blanco, también se diferencia del adulto por poseer una sola banda blanca que separa el plumaje que colorea la cara y el vientre. De adulto tiene la cabeza de color negro con una franja blanca que parte del ojo, rodea los oídos y la barbilla, y se une en el cuello.
  • Hábitos alimenticios: piscívoro. Si bien su dieta básica consiste principalmente en peces pelágicos, su elección particular de presa varía según el lugar de residencia.
  • Estado de conservación: casi amenazado.
Las causas de mortalidad, tanto para los jóvenes como para los adultos, incluyen la depredación, el cambio climático, los derrames de petróleo y la pesca comercial.

Rana patagónica (Atelognathus patagonicus)

La rana patagónica es una de las ocho especies incluidas en el género Atelognathus, endémica del sistema de lagunas del Parque Nacional Laguna Blanca, Neuquén, Argentina.

  • Hábitat: especie endémica de la Patagonia noroccidental, habita en lagunas aisladas, zonas rocosas y volcánicas que bordean la laguna Blanca.
  • Descripción: rana de tamaño mediano, piel lisa, cabeza pequeña y rostro puntiagudo. Sus extremidades posteriores son delgadas. El dorso es de color grisáceo o marrón oliva con manchas oscuras. El vientre es de color naranja y está ligeramente moteado en la garganta.
  • Hábitos alimenticios: se alimenta principalmente de pequeños crustáceos conocidos como anfípodos.
  • Estado de conservación: en peligro.

Puyén chico (Galaxias maculatus)

Este pez se encuentra generalmente en aguas tranquilas o de flujo lento, como arroyos, ríos y lagos. Migra aguas abajo para desovar, principalmente en otoño. Sus huevos se depositan en la vegetación en los márgenes de los estuarios durante las mareas de primavera.

  • Hábitat: es una especie diadrómica, migra entre aguas dulces y saladas.
  • Descripción: su cuerpo es alargado, presenta las aletas dorsales y anales ubicadas una frente a la otra y tiene una cola bifurcada. Su coloración varía de verde a ámbar, con una cobertura variable de manchas oscuras.
  • Hábitos alimenticios: se alimenta de insectos y crustáceos acuáticos y terrestres.
  • Estado de conservación: preocupación menor.
Esta especie se puede encontrar en ambientes dulceacuícolas, estuarinos y marinos.

Pichiciego (Chlamyphorus truncatus)

Es un pequeño armadillo endémico de los desiertos y las tierras de matorral del centro de Argentina. Se encuentra principalmente en las provincias de Mendoza, San Luis, Buenos Aires, La Pampa y San Juan. Se piensa que el rango del pichiciego está restringido y su número de población es bajo.

  • Hábitat: pastizales secos y llanuras llenas de arena. Vive principalmente en dunas de arena suelta.
  • Descripción: es el armadillo más pequeño que existe. De adulto tiene una longitud corporal de aproximadamente 13 cm y una masa corporal promedio de 120 g. Tiene garras de excavación en sus patas delanteras y, al igual que otros armadillos, tiene un caparazón que está unido por una delgada membrana en la línea media. También tiene placas grandes que protegen la parte posterior de su cabeza, no tiene orejas visibles, y el final de su cola es plano y en forma de diamante.
  • Hábitos alimenticios: generalmente insectívoro, se alimenta principalmente de hormigas.
  • Estado de conservación: casi amenazado.
Depredación

La principal defensa contra la depredación es el caparazón que cubre su espalda. Sus madrigueras y túneles son un refugio para los depredadores. Los mayores depredadores del pichiciego son los gatos y perros domésticos.

Venado de la Pampa (Ozotoceros bezoarticus)

El venado de la Pampa es un animal sociable que vive en grupos. Por lo general, se lo puede ver en grupos de entre 2 y 6, pero puede haber muchos más en las áreas de alimentación. No defiende el territorio o la pareja, pero tiene manifestaciones de dominio.

  • Hábitat: ocupa una gran variedad de hábitats de pastizales abiertos en elevaciones bajas, que incluyen áreas inundadas temporalmente por agua dulce o estuarina, y colinas y áreas con sequía invernal o sin agua superficial permanente.
  • Descripción: tiene un pelaje color canela, más claro en la parte inferior y en el interior de las patas que no cambia con las estaciones. Tiene manchas blancas sobre sus labios y en el cuello. Su cola es corta y tupida.
  • Hábitos alimenticios: herbívoro, se alimenta de pasto, hojas, arbustos y/o hierbas que crecen en su hábitat.
  • Estado de conservación: casi amenazado.
Los machos a menudo no tienen que pelearse entre sí para poder aparearse con hembras.

Flora

Pino bravo (Podocarpus lambertii)

Es un árbol de hoja perenne que se cosecha en el medio silvestre para uso local como fuente de alimentos, medicamentos y madera. Se puede usar como especie pionera al restaurar bosques y como árbol ornamental.

  • Descripción: presenta una corona abierta en forma de jarrón, puede crecer de 8 a 25 m de altura. El tronco es corto y ligeramente torcido, y puede tener un diámetro de entre 30 y 60 cm.
  • Hábitat: bosques semideciduos y bosques de araucarias, pastizales pedregosos, matorrales y áreas húmedas.
  • Estado de conservación: casi amenazado.
Uso medicinal

Las hojas del pino bravo se utilizan en infusión para combatir la anemia y la fatiga. El jarabe hecho con sus hojas es un buen tónico y estimulante. La resina obtenida de la planta es anticatarral, purificadora de la sangre y diurética, por lo que también se utiliza en el tratamiento de trastornos de la vejiga.

Plumerillo rosado o Flor de seda (Calliandra parvifolia)

Es una planta angiosperma distribuida en Buenos Aires, de hoja perenne, cuya forma de crecimiento es arbustiva. Pertenece a la familia de las leguminosas y su propagación se da a través de semillas.

  • Descripción: puede alcanzar hasta 3 m de altura, presenta hojas compuestas pequeñas y bipinnadas. Sus flores son abundantes y de color rosa, florece en primavera y parte del verano.
  • Hábitat: bosques y selvas del noreste de Argentina.
  • Estado de conservación: vulnerable.
¿Sabías qué...?
Calliandra significa “estambres hermosos” y el nombre específico parvifolia significa “con hojas pequeñas”.

Pino del Cerro (Podocarpus parlatorei)

Este árbol de hoja perenne, endémico del norte de Argentina, se cosecha por su madera de buena calidad. También se usa como una cerca viva alrededor de las casas y es una especie natural pionera que se puede emplear para restaurar bosques nativos. Históricamente, fue sometido a una gran tala por su madera.

  • Descripción: puede crecer de 15 a 30 m de altura. El tronco es recto y cilíndrico, de hasta 70 cm de diámetro.
  • Hábitat: es tolerante al frío, se ubica en los bordes de los bosques y en áreas de perturbación, en elevaciones que varían de 1.200 a 3.000 msnm. Se encuentra en bosques tropicales, montanos, húmedos y nubosos.
  • Estado de conservación: casi amenazado.
Hoy en día está amenazada principalmente por la pérdida de hábitat debido a los incendios provocados por el hombre para el manejo de áreas de pastizales con fines agropecuarios.

Palo amarillo (Terminalia australis)

Es un árbol de hoja caduca con una pequeña corona que produce una madera para usos especializados. Habita la cuenca de los ríos Paraná y Uruguay, así como la Mesopotamia Argentina y parte del río de la Plata.

  • Descripción: puede crecer de 4 a 12 m de altura. El tronco es de 20 a 50 cm de diámetro. Las flores son de tamaño pequeño y florecen en primavera. Sus ramas son de un color amarillento, de allí deriva su nombre común.
  • Hábitat: se encuentra en las áreas más abiertas de los bosques de galería y también en empinados barrancos.
  • Estado de conservación: preocupación menor.

Lapachillo (Poecilanthe parviflora)

Es un árbol de hoja perenne que tiene potencial como especie pionera en la restauración de bosques nativos. Es un árbol extremadamente ornamental, apreciado especialmente por su follaje de color verde oscuro y brillante.

  • Descripción: presenta una corona densa, suele medir entre 4 y 10 m de altura, pero puede alcanzar los 25 m. El tronco puede ser de 40 a 60 cm de diámetro. Las flores son amarillentas con manchas o líneas de color rojizo.
  • Hábitat: bosques semideciduos densos, pero también pueden crecer en áreas más abiertas. Se lo puede encontrar en las provincias de Corrientes, Entre Ríos y Misiones.
  • Estado de conservación: datos insuficientes.
Ecología del lapachillo

Esta especie tiene una relación simbiótica con ciertas bacterias del suelo, estas bacterias forman nódulos en las raíces y fijan el nitrógeno atmosférico. Parte de este nitrógeno es utilizado por la planta en crecimiento, pero también puede ser usado por otras plantas que crecen cerca.

Mapuches

Los antecesores de los mapuches (gente de la tierra) se establecieron en la región de los lagos precordilleranos del valle central de Chile alrededor del año 500 d. C. Sus poblaciones se extendieron por el sur hasta el río Maullín, y por el oeste probablemente hayan llegado hasta el centro y norte de la actual provincia de Neuquén, Argentina.

Se organizaban en grupos reducidos dedicados a la caza, la recolección y el cultivo de papas en pequeños huertos ubicados en terrenos húmedos. Cuando llegaron los españoles habitaban la región situada entre los ríos Itata Y Toltén, compartiendo con los Picunche (“gente del norte”) y los Huiliche (“gente del sur”) una misma lengua, que se extendió desde del Río Choapa, al norte, hasta Chiloé, al sur.

Esta región fue identificada por los conquistadores como Arauco o Araucanía y sus habitantes como araucanos, pero aún hoy sus descendientes se reconocen mapuches.

El ingreso de los mapuches en el actual territorio argentino se produjo a partir del siglo XVII, en parte empujados por la persecución de los españoles, en parte atraídos por el ganado salvaje. Desde entonces fueron ocupando paulatinamente la zona comprendida por las provincias de San Luís, sur de Córdoba, La Pampa, Neuquén y Buenos Aires, donde permanecieron hasta que las expediciones militares de finales del siglo XIX los llevaron a instalarse al sur del río Limay. El impacto cultural que significó el ingreso masivo del pueblo mapuche en territorio argentino, provocó un cambio profundo que influyó en las culturas autóctonas dando lugar a un proceso de mestizaje e intercambio cultural que terminó conformando la población paisana de las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut.

LENGUA

El mapandungun, lengua mapuche, está estrechamente vinculada a la lengua de los araucanos chilenos, de la que sólo la diferencian pequeñas variaciones fonéticas y léxicas. Esto se debe a que la continua afluencia de nuevos integrantes en el tiempo transcurrido, impidió tanto una mayor diversificación como una mayor unificación y fijación de las distintas modalidades regionales que en el nuevo ambiente iban surgiendo. Por esto es que apenas si se han fijado algunas particularidades como una tendencia a convertir la R chilena en S, y la T en CH.

ECONOMÍA: DE LA AGRICULTURA A LOS MALONES

Los recursos ofrecidos por el ambiente en el que se desenvolvió la cultura mapuche en Chile, favorecieron el desarrollo de una agricultura en pequeña escala con cultivos de maíz, papa, quínoa, calabaza, habas y ají, entre otros. Esta actividad se completaba con la recolección de plantas silvestres, la caza y la cría de llamas y animales menores en el norte, y la pesca y recolección de mariscos en la costa.

Instalados en la Argentina, los mapuches continuaron con la práctica de la agricultura, fundamentalmente en Neuquén, del mismo modo que conservaron sus actividades manufactureras tradicionales. En este rubro producían elementos de uso cotidiano en madera, piezas de orfebrería, talabartería y tejidos. La base de su subsistencia se completaba con el tráfico de ganado, tarea que a fines del siglo XVIII los llevó a controlar los arreos que partiendo de la pampa húmeda, trasladaban los animales por los pasos neuquinos para comerciar en Chile. Al desaparecer los animales sueltos y extenderse la frontera blanca, los mapuches se valieron de la apropiación forzosa del ganado mediante acciones denominadas “malones”, centradas en las estancias, para conservar su fuente de recursos.

ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL

La organización social que se dio en la cultura Mapuche estaba basada en la familia. Las familias se reunían en linajes relacionados por los varones emparentados y se asentaban en una misma región en la que disponían de un territorio para la agricultura, la recolección y el pastoreo. A medida que el territorio iba resultando estrecho por el crecimiento del linaje, algunos varones migraban para dar origen a un nuevo linaje que con el tiempo perdía los vínculos de sangre con el linaje original. A pesar de esto, el recuerdo de un antepasado común continuaba uniéndolos, pero se trataba de seres mitológicos como el Nahuel (tigre), el Filu (serpiente), el Ñancu (aguilucho); o elementos de la naturaleza como el Curá (piedra), el Antu (sol) que daba nombre a los linajes emparentados. El jefe o Toki era el varón más anciano. Él se encargaba de distribuir las riquezas durante los festejos ceremoniales pero el poder de mando sólo lo ejercía durante los tiempos de guerra. Esta organización social se modificó cuando los mapuches llegaron a la Argentina, debido a los enfrentamientos permanentes con el blanco y la incorporación de los malones como recurso de supervivencia. A consecuencia de este nuevo contexto, el poder de mando del Toki se acrecentó hasta volverse permanente. Los cambios llevaron a que en el siglo XIX se constituyeran los llamados “Grandes Cacicatos”, dominios de extenso territorio controlados con el apoyo de los caciques menores y los capitanejos.

ORGANIZACIÓN MILITAR

Hasta el momento en que entraron en contacto con los españoles, los araucanos tenían prácticas militares similares a las de otros pueblos con el mismo estado de evolución social, incluso sus armas eran semejantes. La dirección de la guerra entre tribus correspondía al jefe hereditario o rehue, pero cuando se formaban alianzas se elegía un jefe supremo que era el encargado de dar un rumbo común a las acciones. En la elección de estos jefes intervenían las cofradías o asociaciones guerreras, instituciones secretas de las tribus que por lo general delegaban el poder en el guerrero de más alta graduación dentro de la asociación. Por esta razón es que no siempre coincidía el jefe de guerra con el Toki que ejercía la jefatura en tiempos de paz. A su vez la autoridad del Toki de guerra caducaba al finalizar la contienda. Las cuestiones de la guerra eran tratadas en juntas secretas de aillarehues, a las que sólo concurrían guerreros iniciados. El resto tenía vedado el acceso, y la violación de esta disposición era castigada con la ejecución del infractor. La reunión era convocada en forma secreta mediante un heraldo que corría en una flecha ensangrentada que podía llevar también el dedo de un enemigo muerto.

¿Sabías qué...?
En Chile vivían 1 millón de indígenas antes de la llegada de los españoles.

Las deliberaciones no daban comienzo hasta que no concluían con los ritos religiosos tradicionales en los que solían sacrificar a un prisionero de guerra, o a un chillihueque o carnero de la tierra. Luego empezaban las deliberaciones hasta obtener los acuerdos que debían ser aprobados por aclamación por los jefes de las asambleas. Cuando se trataba de acciones de envergadura, antes de emprenderlas consultaban a los adivinos que determinaban lo propicio o adverso de los augurios. Según el resultado de estas consultas, realizaban o no las acciones previstas. También acudían a los sacerdotes o chamanes que examinaban el corazón de la víctima y se comunicaban con el Pillán, divinidad suprema, durante el proceso de sueño o éxtasis para conocer el posible suceso de la campaña. La elección del Toki se disponía cuando los augurios eran favorables. Los candidatos no favorecidos por la elección se subordinaban de inmediato al elegido sometiéndose a sus órdenes con absoluta disciplina. El Toki se ocupaba del nombramiento de los subjefes y oficiales y luego arengaba a los asistentes.

Al concluir la guerra, el triunfo se celebraba con una fiesta o reunión en la que el Toki se congratulaba con los que lo habían acompañado en la campaña. Durante estas fiestas honraban al Pillán y al tótem de acción de gracias en una ceremonia religiosa en la que ofrecían prisioneros enemigos en sacrificio expiatorio. Las víctimas eran despedazadas de acuerdo a prácticas ancestrales propias de los pueblos bárbaros. Cuando el número de prisioneros era alto, dejaban con vida una parte de ellos para canjearlos por los propios que hubieran caído en poder del enemigo. Los prisioneros también podían ser adoptados o vendidos a otros jefes interesados.

Lanzas y macanas

Las armas utilizadas por los mapuches, antes de la lucha con los españoles, evolucionaron tan velozmente como su organización militar, por lo que es difícil obtener descripciones certeras sobre ellas, pero sí se puede afirmar que hacia 1536 utilizaban su arma favorita, la macana, además del arco y probablemente también la lanza. Cuando hacia 1550 se enfrentaron con las segunda expedición de Valdivia, usaban en la primera fila de guerreros picas cortas que medían entre cuatro y cinco metros, en tanto los de la segunda fila iban armados con lanzas largas de seis a ocho metros. Las astas de las armas estaban hechas de coligüe y las puntas de madera endurecida, material que cambiaron por el metal de las espadas quitadas a los españoles. Junto a los piqueros iban soldados armados de macanas y mazas. La macana era un palo duro y pesado de tres metros de largo, de luma o de temo, del grueso de la muñeca de la mano. En el extremo superior llevaba una vuelta de 30 centímetros para darle peso.
En la formación detrás de los piqueros se ubicaban los honderos y los arqueros, que cubrían el aire con una nube de piedras y flechas de unos cincuenta centímetros de largo.

COSMOVISIÓN

Los orígenes

Los mapuches ubican sus orígenes en la lucha entre la culebra Cai-Cai, habitante de lo más profundo del mar, y la culebra Ten-Ten, que vivía en lo más alto de los cerros. Según la leyenda fue esta última quien aconsejó a los mapuches que subieran a las montañas cuando el agua comenzara a crecer. Siguiendo el consejo, lo intentaron, pero muchos murieron ahogados transformándose en peces. Para contrarrestar lo que consideraron el enojo del agua, hicieron sacrificios que la calmaron, lo que les dio la oportunidad de bajar de la montaña y poblar la tierra.

Este fue el nacimiento legendario de los mapuches, pero de su origen real no hay precisiones ni recuerdos anteriores al diluvio.

El cosmos

Las creencias mapuches dan por cierta la existencia de un cosmos dividido en siete niveles superpuestos verticalmente en el espacio. Divinidades, ancestros y espíritus benéficos habitan las cuatro plataformas superiores, en tanto en una plataforma del mal, ubicada entre la plataforma terrestre y las cuatro benéficas, residen los wekufe o entidades maléficas. Los mapuches habitan en la plataforma terrestre, donde se manifiestan tanto las fuerzas del bien como las del mal, ejerciendo sus influjos sobre la conducta humana. La última plataforma sirve de hábitat a los malignos hombres enanos, los Caftrache.

CULTURA

Vestimenta: “Bota´e potro” y chiripá.

La vestimenta típica de las mujeres consistía en dos mantas; con una se cubrían todo el cuerpo dejando libres los brazos y la parte inferior de las piernas, ceñida a la cintura con una faja de lana cubierta de cuentas de colores; la otra les servía como capa que lucían sobre los hombros prendida al pecho con un gran alfiler de plata. Eran cuidadosas con el peinado usando por lo general dos trenzas que se bamboleaban sobre sus espaldas. Llevaban adornos como collares, pulseras, tobilleras y aros de plata, y se pintaban partes de la cara de negro, azul y blanco. Los hombres se vestían con una prenda que luego se hizo típica entre las prendas de los gauchos, el chiripá, ideal para sus actividades ecuestres. Esta prenda era un paño que cubría la parte delantera de los muslos hasta la rodilla, y que se sostenía desde la cintura por medio de una faja. Ante el rigor de los inviernos, o para andar sobre los caballos, usaban poncho. El calzado consistía en botas de potro a las que adosaban en el extremo inferior pequeñas espuelas de madera, hierro, bronce o plata con las que azuzaban a los caballos. El cabello lo usaban largo y con vincha al frente.

Los toldos

Como vivienda los mapuches armaban las clásicas tolderías en las proximidades del agua, entre las que situaban celdas para caballos, carros o peatones. El tamaño variaba de acuerdo a los recursos naturales con que contaban, utilizando para la construcción palos de madera sobre los que colgaban cueros, en principio de guanaco y con el tiempo de potro. El hábitat se armaba con recintos que tenían funciones específicas, cocina, dormitorio y depósito.

Una vez que instalaban sus viviendas en lugares aptos para el desarrollo de sus comunidades, no se trasladaban, a menos que se produjera un cambio drástico que variara de manera adversa las condiciones de vida, lo que indica que eran fundamentalmente sedentarios.

ARTE

Tanto hombres como mujeres mapuches demostraban grandes aptitudes para el trabajo manual. Sus habilidades les permitieron elaborar infinidad de piezas de utilidad, pero también expresiones artísticas en las que transmitían su espiritualidad. Los hombres fabricaban sus botas de potro, sus boleadoras, cuchillos y platos, riendas para la cabalgadura, etc. Para sus trabajos utilizaban una variedad de técnicas entre las que se destacaba el trabajo en piedra, el tejido, las fibras vegetales, la madera y la cerámica, pero en lo que más se destacaban era sin duda en la orfebrería, con sus trabajos de cincelado y repujado a mano de la plata, que aumentó cuando a la llegada de los españoles tuvieron mayores posibilidades de obtener el metal. Sus joyas no sólo tenían un particular valor estético sino que además expresaban las percepciones cosmogónicas del pueblo y los misterios de su teogonía. Las joyas de plata eran apreciadas por las mujeres, sobre todo por las esposas de los lonkos o caciques, quienes las lucían en fiestas y ceremonias religiosas. Los diseños no eran sólo de piezas femeninas, sino que también los había para piezas masculinas y eran utilizados para realzar el atuendo del jinete y sus caballos.

La especialidad de las mujeres era el tejido hecho al telar.

Malón: el terror del huinca1

Los mapuches, como otros grupos aborígenes, usaron el malón como táctica militar. La sorpresa y rapidez con la que un grupo de guerreros asaltaba posiciones enemigas, ya fuera de blancos o de otros grupos indígenas, les permitía apoderarse de ganado y provisiones de sus adversarios, y retirarse llevando prisioneros. El desconcierto les garantizaba el éxito y en su veloz retirada dejaban tras de sí una población devastada y sin capacidad de reacción.

1Término despectivo con el que los mapuches nombraban a los conquistadores españoles.

EL KULTRUN

Este instrumento, que en apariencia no es otra cosa que un tambor, representa la síntesis de la cosmovisión mapuche. Es una caja de resonancia hecha con madera del canelo o de laurel, árboles que los mapuches consideran sagrados. Para el parche usan cuero de potro, guanaco u oveja. Antes de tensarlo la Machi mete allí su canto para dejar en la caja parte de su alma; luego introduce pequeños objetos sagrados como piedras, plumas y plantas medicinales, que al sacudir el instrumento suenan como una sonaja. El parche lo ilustran con los símbolos que representan el universo Mapuche. Con el dibujo de una cruz dividen el parche en cuatro; la línea vertical representa el cosmos y la horizontal la tierra. El centro de la tierra es la intersección de ambas líneas y marca el espacio sagrado en el que el Machi alcanza la comunicación con dioses y ancestros mientras hace sonar el kultrun.

Tehuelches

Se trata de un conjunto de etnias amerindias de la Patagonia y de la región Pampeana de América del Sur, que tenían en común rasgos culturales, aunque con lenguas diferentes emparentadas entre si. Se los conoció como tehuelches, patagones o aonikenk, palabra del mapundungun que significa gente bravía.

¿Sabías qué...?
La lengua tewelche (tehuelche) se habla en la Patagonia argentina por menos de 50 personas.
Zona donde habitaron los Tehuelches.

HISTORIA

ORÍGENES

Los primeros indicios datan de 9.000 años atrás, cuando aparece la industria Toldense, productora de puntas de proyectil sub-triangulares bifaciales y raspadores laterales y terminales, cuchillos bifaciales y herramientas de hueso. Entre los 7.000 y 4.000 años a. C., desarrollan la industria Casapedrense, caracterizada por una mayor proporción de instrumentos líticos confeccionados sobre láminas, probablemente como una muestra de la especialización en la caza del guanaco, lo cual también está presente en los desarrollos culturales posteriores de los patagones.

Hasta la llegada de los conquistadores españoles, a principios del siglo XVI, llevaban un modo de vida propio de los pueblos dedicados a la caza y a la recolección, siguiendo el estilo de la movilidad estacional que los llevaba a desplazarse en busca del guanaco. En los inviernos recorrían las zonas bajas como las orillas de los lagos, los mallines, las vegas y las costas, y en el verano subían las mesetas centrales de la Patagonia o de la cordillera de los Andes donde tenían, entre otros sitios sagrados, el cerro Chaltén.

LA LLEGADA DE LOS ESPAÑOLES

El primer contacto que los tehuelches tuvieron con los españoles se produjo en marzo de 1520 cuando la expedición al mando de Fernando de Magallanes desembarcó en la bahía de San Julián en busca de refugio donde soportar el invierno.

El escribano de la expedición, Antonio Pigaffetta tomó nota del encuentro y los nombró como patagones gigantes. Los europeos, en ese tiempo, eran de talla menor a la actual; en tanto los patagones llegaban a medir dos metros y además llevaban sus pies envueltos en pieles por lo que para los españoles eran patones.

La llegada de los españoles a la vida de los tehuelches provocó cambios culturales en este grupo indígena y los llevó a soportar pestes hasta entonces desconocidas por ellos como el sarampión, la gripe y la viruela.

Fernando de Magallanes.

INFLUENCIA MAPUCHE

Nuevo cambios culturales ocurrieron entre los siglos XVII y XVIII al producirse la penetración mapuche, aborígenes que llegaban en busca de trueques y alianzas. Las costumbres de ambos pueblos se vieron influenciadas una por la otra, a tal punto que con el tiempo terminaron fundiéndose y sus descendientes se autodenominan mapuche-tehuelches.

Pero entre ellos no fue un proceso completamente pacífico. Durante el siglo XIX hubo diversos enfrentamientos entre tehuelches y mapuches hasta que, a partir de 1821 y luego de su triunfo en los vados de Choele Choel, los mapuches lograron formar una cuña entre los tehuelches, desplazándolos hacia el río Negro y hacia la provincia de Buenos Aires.

Es también durante esta época que aparecen los bandoleros realistas conducidos por los hermanos Pincheira, quienes se alían con los vorogas o voroas o voroganas, para desalojar a los tehuelches o pampas serranos, de las zonas de Salinas Grandes, Guaminí (Laguna de Monte), Carhué y Epecuén; los pampas huyeron hacia Sierra de la Ventana, antiguo asiento de gobierno del cacique Cangapol. Allí fueron atacados por los Pincheira y sus aliados voroganos, quienes concretaron una matanza en la que cayó el cacique Curitripay, junto con sus dos hijos y sus capitanejos, Catrileu y Lomo Colorado.

Las acciones violentas hicieron que los tehuelches septentrionales casi desaparecieran en las provincias de Buenos Aires, La Pampa y Neuquén, permaneciendo allí solo algunos grupos minoritarios que se fusionaron con los mapuches después de la expedición militar del general Conrado Exelso Villegas en 1886.

El fenómeno de la formación de la etnia puelche con linajes tehuelches, tiene diferentes lecturas. Mientras algunos creen que se trató de una invasión violenta de parte de los mapuches, otros sostienen que detrás de lo evidente hay un fenómeno más complejo ya que, la invasión fue usada como justificación política para negarle legitimidad al reclamo aborigen por las tierras, identificándolos como invasores chilenos y no pueblo originario.

EL CABALLO

Para la cultura tehuelche la adopción del caballo tuvo tal profundidad que puede mencionársela como una verdadera revolución que cambió definitivamente el patrón de sus desplazamientos. Hasta el siglo XVII sus movimientos seguían una línea este – oeste en busca del guanaco, pero con la incorporación del caballo a sus costumbres comenzaron a desplazarse hacia el norte y sur, extendiendo notablemente sus circuitos de intercambio.

ECONOMÍA

La base de su economía la constituía la caza. Para ello empleaban boleadoras, instrumento con el que eran muy hábiles, y se servían del auxilio de los perros. Andariegos, caminaban un promedio de veinticinco kilómetros diarios, distancia que comenzaron a realizar a caballo cuando incorporaron este animal a su cultura.

Las mujeres levantaban el campamento, alzaban a los bebés e iniciaban la marcha seguidas por los ancianos y los niños, en tanto fuera del camino los jóvenes procuraban la caza. Se movían por cañadones donde podían conseguir agua y refugio con relativa facilidad, rutas que también fueron usadas por el hombre blanco.

Los hombres se ocupaban de la fabricación de armas, la guerra y como ya fue dicho, la caza. A las mujeres les tocaba la preparación de las pieles y sus pinturas, la recolección de la leña, la comida y el agua. Cuando estaban embarazadas, trabajaban con más ahínco, ya que la tradición decía que esto fortalecía al bebé y aseguraba su futura dedicación al trabajo.

Cazaban principalmente guanaco y avestruz.

ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL

Se movían en grupos recorriendo circuitos que iban de oeste a este y viceversa. En cada temporada tenían lugares determinados en los que instalaban sus campamentos, a los que llamaban aik o aiken, y que los españoles denominaron tolderías.

Toldería tehuelche.

Los grupos se formaban por nexos de parentesco con un territorio determinado para la caza y la recolección, los límites de estos territorios estaban determinados ancestralmente por accidentes como una loma, un abrevadero o un árbol destacado. Podía ocurrir que un grupo no pudiera autoabastecerse en su zona, en cuyo caso debía pedir permiso a las agrupaciones vecinas de la misma etnia para buscar en su territorio el sustento. Esta norma de ser violada podía ocasionar una guerra. Sostenían la práctica de la exogamia, lo que hacía que los varones buscaran compañera en otros grupos practicando el trueque de mujeres. Podía ocurrir que en lugar del trueque recurrieran al rapto, lo que por lo general terminaba en una guerra.

Los padres tenían un trato cariñoso hacia sus hijos y era muy difícil que los castigaran. Los matrimonios se celebraban cuando lo disponía la pareja o cuando la mujer era comprada. Esta costumbre hacía que aquellos que tenían mayor poder económico pudieran tener más de una mujer.

VIVIENDA

Construían sus viviendas con estacas y cueros extendidos para que fueran fácilmente desarmables y transportables, un sistema práctico para su estilo de vida nómade. El interior lo dividían y colocaban allí sus lechos. Las viviendas se agrupaban formando poblados que los blancos llamaron tolderías.

COSMOVISIÓN

Los tehuelches tenían un sistema de creencias basado en ritos y mitos, pero no una estructura religiosa vertical y con liturgia como ocurre con las religiones occidentales. Tal como sucedía con otros pueblos pámpidos, no existía entre ellos el sacerdocio sino los chamanes, quienes ejercían la medicina contra los espíritus dañinos.

Los tehuelches creían en una entidad superior creadora del mundo pero que no intervenía en su desarrollo, y en los espíritus de los matorrales. Parte de sus cosmogonía era el mito de Kóoch, dios encargado de poner orden en lo confuso diferenciando las cosas. Esto guarda similitud con el mito de los selkman de Tierra del Fuego, quienes creían en una deidad a la que llamaban Kenos, lo que parece una variante de la palabra Kóoch, o al menos con raíz común, enviado del espíritu Temáukel. Luego de creado el mundo, habría llegado a la Patagonia El-lal (o Elal), hijo del gigante Nosjthej, quién creó a los tehuelches y les enseño a fabricar el arco y la flecha.

La existencia de un espíritu dañino al que llamaban Gualicho, también está presente en la mitología mapuche más austral. De esto se deduce que el concepto de Gualicho habría sido introducido a la cultura tehuelche por el contacto con pampas y mapuches. Pero según se cree, con elementos propios de las creencias tehuelches, por lo cual otros postulan que su origen podría provenir de este pueblo, o bien como una contrapartida de la cultura tehuelche que habría dejado su impronta en los mapuches.

La cueva de las manos es un sitio arqueológico de Santa Cruz. Sus pinturas rupestres dan muestras de las costumbres de los antiguos pueblos cazadores de la zona.

CULTURA

Su cultura no era adelantada, por lo cual hoy sólo quedan leves vestigios de esas poblaciones (depósitos funerarios, cuevas, escrituras rupestres, lugares de labores de piedras o conchillas).

Las mejores referencias de los antiguos pobladores se han obtenido en los yacimientos arqueológicos de El juncal, lugar cercano a la ciudad de Viedma, en el este de la provincia de Río Negro. Allí fueron hallados los “cráneos negros”, así llamados por la impregnación de sales que recibieron en su largo entierro.

LENGUA

Los distintos grupos de tehuelches hablaban varias lenguas, aunque todas pertenecientes al grupo tshonk. Los tehuelches propiamente dichos o aonikenk tenían una lengua que estaba estrechamente ligada con la de los teushen, a su vez emparentadas con la lenguas de la isla Grande de Tierra del Fuego, y de manera más lejana con la lengua de de los gününa küne (tshonk septentrional). Los lingüistas consideraron que todo el complejo tehuelche tenía un tronco lingüístico común, que denominaron ken ‘gente’.

APARIENCIA

Las mujeres medían promedio 1,65, eran corpulentas y de piel curtida por el frío y el viento. Se tapaban desde el cuello hasta los pies, generalmente con cueros de guanaco, con la piel hacia adentro y el cuero pintado, prenda a la que llamaban quillango. Como variante podían hacerlo con piel de zorro o liebre.

Los hombres eran altos, su estatura promedio oscilaba entre 1,75 m y 1,80 m; eran de cuerpo esbelto y proporcionado, el cabellos oscuro, lacio y duro; su piel era cobriza y sus ojos grandes. El rostro era de pómulos salientes y nariz aguileña. Usaban como calzado sandalias de cuero de guanaco atadas con correas, y para andar a caballo botas hechas con garrones de los equinos. Tanto los hombres como las mujeres con el tiempo adoptaron las vestimentas de los blancos usando ropas de género.

¿Sabías qué...?
Actualmente tehuelches y mapuches elaboran artesanías que venden a los turistas.
BOLEADORAS

El arma preferida de las tribus que poblaban la Patagonia y la Pampa era la boleadora de dos bolas que usaban para cazar y para el combate, y que fue la que conocieron los conquistadores españoles cuando llegaron a sus tierras. Pero desde tiempos precolombinos, con una antigüedad que se estima en 10.000 años, utilizaban la bola de tres piedras.

Boleadoras.

Con el tiempo los tehuelches comenzaron a fabricar sus bolas con piedras encontradas en sitios de asentamiento o de cacería, y que ya habían sido utilizadas. En su mitología eran bolas preparadas por un enano, Tachwüll, que tenía, supuestamente, su taller en los cañadones o quebradas de las sierras. En la zona se oía el constante repiqueteo de la uña con la que marcaba la piedra, pero nadie podía verlo. Sin embargo cuenta la leyenda que un día lograron capturarlo, pero fue tal la tormenta que se desató que atemorizados lo dejaron ir. En cuanto el enano recuperó la libertad cesó la lluvia.