Siguiendo a los Reyes Magos

A pesar de la enorme popularidad de Papá Noel los Reyes Magos no pierden gloria frente a él. La historia de estos sabios del oriente es antiquísima e incluso el relato de un cuarto rey conmueve a todos los seres humanos… ¿Seguimos sus pasos?

La leyenda de los Reyes Magos tiene más de 2.000 años de antigüedad, no siempre fueron tres y Baltasar no fue negro hasta muy avanzada la Edad Media. Su número todavía se discute; en Armenia se cree que fueron doce. Según el libro Mitos y ritos de la Navidad, del periodista Pepe Rodríguez, en el siglo III, algunas representaciones en templos mostraban sólo a dos personajes, mientras que en las catacumbas romanas aparecían como dos o cuatro, llegando a ser media docena en algunas pinturas del siglo IV. Tampoco fueron reyes sino hasta el siglo III ya que durante los dos primeros siglos sólo aparecían citados como magos y sus únicos tocados no eran coronas sino gorros frigios propios de los astrólogos del dios persa Mitra.

La referencia bíblica de los Reyes Magos se encuentra en Mateo 2:1-12

"Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle (…), vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes, oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino".

Una descripción de ellos sería hecha en un códice del siglo XIV por Beda, un monje benedictino. El Papa San León establecería finalmente que eran tres: Melchor, Gaspar y Baltasar y que los regalos que habían llevado era oro, incienso y mirra.

Melchor (Magalath), sería un anciano procedente de Europa, quien se habría encargado de entregar mirra, una sustancia rojiza aromática común en medio oriente y Somalia; ésta era muy valorada en la antigüedad para la elaboración de perfumes y simboliza al hombre.

Gaspar (Galgalath), habría sido el más joven, procedería de Asia y llevaba incienso. El incienso es una preparación de resinas aromáticas vegetales, a las que se añaden aceites de forma que al arder desprende un humo fragante y propio. El incienso en el símbolo de Dios y en muchas religiones se lo utiliza en sus ritos.

Baltasar (Serakin), de raza negra, procedente de África, habría ofrendado oro, el más precioso de los metales, símbolo de realeza.

En España tiene lugar la Cabalgata de los Reyes Magos; los reyes visitan a todos los habitantes por las calles principales de ciudades y pueblos. Tras la cabalgata es costumbre reunirse en familia compartiendo una rosca de reyes.

La tradición de la rosca de reyes se inicia en la Edad Media, principalmente en Francia; se conmemoraba la adoración de los Magos, cristianizando la costumbre pagana de elegir un rey de las fiestas en estas fechas. Inspirados en el Eclesiastés, se reunían en la noche alrededor de una rosca de pan dulce, en la que se escondía un haba, como símbolo del cuerpo de Jesús, huyendo de la persecución de Herodes. Actualmente, en la masa de la rosca se introduce una figurita en lugar del haba; esta costumbre se conoció en España a través de los soldados repatriados de Flandes. Se reparte la rosca en partes iguales y al niño favorecido con la figurita se lo considera como el rey de la fiesta.

Históricamente, los Reyes Magos son un misterio; la magia es tal vez la razón por la que después de tantos siglos permanecen en la memoria colectiva. Muchos sostienen que eran muy buenos astrólogos y científicos.

La leyenda se acrecienta pues San Mateo cuenta que regresaron a su país por otro camino para burlar a Herodes; algunos piadosos sostienen que fueron discípulos de Santo Tomás; otros dicen que fueron consagrados obispos y murieron martirizados hacia el año 70 después de Cristo. Según esta hipótesis, sus reliquias habrían sido llevadas de Milán a Colonia (Alemania) en el siglo XII. Aún hoy son veneradas en la Catedral que posee una hermosa arquitectura y bellos decorados artísticos; allí se encuentra la Capilla de los tres Reyes Magos, donde se está instalado el Relicario de los Reyes Magos.

El Relicario de los Reyes Magos (Dreikönigsschrein), es un cofre en forma de basílica, que contendrían los restos de los tres; es un gran sarcófago que se encuentra detrás del Altar Mayor.

Otro enigma es la estrella que los habría conducido hasta el pesebre en el que nació Jesús. Para muchos científicos no se trataba más que de un cometa o meteoro luminoso. El astrónomo Mark Kidger, del Centro Europeo de Astronomía Espacial, sostiene que los Reyes eran sacerdotes que se dedicaban a interpretar las señales que veían en el cielo y que lo que los había guiado desde el mar Caspio, a unos 1,300 kilómetros de Belén, sería una nova; aunque otros aseguran que se trataría del cometa Halley.

Lo importante de estas legendarias figuras es que forman parte del espíritu navideño. La buena voluntad de los seres humanos los revive cada año convirtiéndonos en magos. Tal es así que uno de los más bellos relatos de entrega tienen como protagonista a un cuarto Rey Mago: Artabán.

Artabán es un personaje ficticio protagonista del cuento navideño The Other Wise Man, escrito por Henry van Dyke; aunque la historia también se cuenta como una leyenda rusa, la versión de van Dyke prevalece.

Cuenta el relato que Artabán era el cuarto Rey Mago que habría encaminado sus pasos hacia Occidente, en busca del niño Jesús. Artabán acudía hacia el punto de encuentro de los cuatro reyes con un diamante, un jaspe y un rubí como ofrenda al Niño Dios (otras versiones hablan de un zafiro, un rubí y una perla), cuando encontró a un viejo moribundo: curó sus heridas y le ofreció el diamante. Cuando llegó al encuentro, sus compañeros de viaje habían partido.

Y aquí es donde se mezclan los relatos, las leyendas y la ciencia: Artabán, podría haber perdido la referencia porque, según el astrónomo Kidger, una semana antes del nacimiento del Mesías, la Luna había estado en conjunción con la nova y tapaba su luz. Los tres Reyes Magos habrían tardado cuatro o cinco semanas en llegar a Jerusalén, descansaron unos días esperando audiencia con Herodes y habrían vuelto a ver la estrella en el sur al amanecer, directamente sobre Belén, a 10 kilómetros de donde ellos estaban. Claro que, según los cálculos de Kidger, todo aquello sucedió no un 6 de enero sino varias semanas después de que naciera el Mesías: en torno al 21 de marzo del año 5 antes de Cristo. Este es uno de los puntos que se esgrimen cuando se habla de que Jesús habría nacido de Marzo.

Artabán continuaría en soledad pero en Judea no encuentra ni a los Reyes ni al Redentor, sino a soldados de Herodes degollando recién nacidos: a uno de ellos le ofrece el rubí a cambio de la vida de un niño. Es apresado y encerrado bajo llave en el palacio de Jerusalén.

Treinta años duraría su cautiverio pero le llegaban noticias de los prodigios del Mesías, que no era sino el Rey de Reyes al que había ido a adorar. Con la absolución y errando por las calles de Jerusalén, se anuncia la crucifixión de Jesús; encamina sus pasos al Gólgota para ofrecer la postergada adoración, cuando repara en una joven que sería subastada para liquidar las deudas su padre. Artabán compra su libertad con la última ofrenda que le quedaba. Jesucristo muere en la Cruz. Entre la inconsciencia y la ensoñación después de haber sido atacado, se presenta la figura de Jesús quien le dice: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”. Exhausto pregunta: “¿Cuándo hice yo esas cosas?”, y antes de morir recibe la respuesta: “Lo que hiciste por tus hermanos, lo hiciste por mí”.

Otras versiones del relato cuentan que Artabán consumió su vida, no en una cárcel, sino ayudando a otros. La última de sus joyas, la perla, habría decidido entregársela, 33 años después de partir hacia Belén, a una esclava que iba a ser juzgada a pocos metros de donde acababa de ser crucificado Jesucristo. Jesús le habría hablado –Artabán ya viejo y cansado- diciéndole que iría con él al Paraíso. Tal vez este cuarto rey mago, encarne la nobleza que se evoca cada 6 de Enero en todo el mundo y sea un recordatorio constante del valor de la fe y la pureza.

¿Qué mejor forma de evocar la pureza sino a través de los más pequeños? En Argentina, los niños colocan los zapatos junto a pasto y agua para los camellos que acompañan a los Reyes; esperan ansiosamente que ese calzado se colme de regalos. Queda sólo recordar al cuarto rey mago y colmarlos también de alegría. Feliz día de Reyes para todos.