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Visión de la soberanía venezolana



A doscientos años del proceso que independizó de la corona española a países como Venezuela, Bolivia, Perú, Colombia y Ecuador, esta parte del continente americano ve con claridad la necesidad de consolidar el desmontaje colonial, para dar paso a una emancipación definitiva que permita el desarrollo de sus pueblos con una visión propia, desde sus raíces, fundada en elementos que los lleven a reconocerse con ellos mismos. Estos deben ser la solidaridad, cooperación, integración, unidad, sin discriminación racial, con igualdad de oportunidades, la constitución de estados sociales en sus diversos topicos y dialógicos, más humanistas, que garanticen los derechos fundamentales como la vida, la educación, la salud, la alimentación, la libertad y la liberación, la interculturalidad y la multiculturalidad.

Nuestra América ha sido escenario durante más de 500 años de la resistencia de sus habitantes contra la implantación de un paradigma, según Mignolo (2007) doblemente denso: la modernidad/colonialidad; una perspectiva adoptada por Europa. América fue una invención europea que ayudaría a consolidar la expansión de las ideas occidentales y el modo de vida europeo; nuestro continente existía mucho antes de la llegada de los europeos (españoles y portugueses), llevaba por nombre Valle de Anahuac (territorio azteca), Tawantinsuyu (territorio Inca) y Abya-Yala (lo que hoy es Panamá). La modernidad es el sistema bajo el cual Europa se apropió, invadió territorios y enterró todo saber y conocimiento de los pobladores originarios instalando una geopolítica del conocimiento que hizo invisibles tanto la verdadera historia como las experiencias americanas.

La apropiación de la tierra, la explotación de la mano de obra, el control de la autoridad, el control del género y la sexualidad, y el control del conocimiento son los rasgos que identifica Mignolo (2007) en lo que él llama la lógica de la colonialidad; lógica que se sigue aplicando hasta este siglo XXI, reinventándose mientras acumula más poder y capital en pocas manos y viendo cómo reproduce cada vez más el número de personas que viven en estados de pobreza crítica.

Es casi impensable que durante cinco siglos y más, estemos todavía cargando sobre nuestras espaldas y conciencias esa geopolítica del conocimiento repleta de símbolos, saberes y referentes que nos impusieron y que diariamente reproducen la lógica de la colonialidad; a pesar de la luchas libradas contra la esclavitud, en pos de la independencia, por la tierra, contra dictadores, por derechos que garantizaran la vida, la educación, la libertad, por el agua, los recursos energéticos, entre otros.

En pleno siglo XXI, el reto es lograr desmontar la colonialidad que llevamos impregnada para dar paso a una nueva visión, como sí la conservan algunos indígenas, con referentes locales, desenterrando la historia que no nos contaron y tomando como ejemplo las experiencias de los pueblos que se enfrentan aguerridamente en la actualidad para hacer del mundo un mejor lugar, dentro de un sistema que evidentemente sigue en crisis.

América Latina se convirtió en un vertedero del conocimiento moderno y colonizador producido en Europa, desplazando y desconociendo saberes, costumbres o cualquier intento de producción de conocimiento o ciencia de esta parte del mundo.

Es de hacer notar la importancia que tiene para la producción de conocimiento en Latinoamérica, dejar de pensar que lo que vale como conocimiento está en ciertas lenguas y viene de ciertos lugares. A esto se le considera una consecuencia negativa de la geopolítica del conocimiento, puesto que impide que se produzca un conocimiento local, sustentable, liberador, y se siguen traduciendo y publicando trabajos de nombres que reproducen el conocimiento geopolíticamente marcado, manteniendo el sistema de dominación en cada acción que se realice sin lograr ninguna transformación.

Soberanía y gobernabilidad:

La soberanía es un discurso de la modernidad que, al mismo tiempo, se ejerce como colonialidad del poder. Se establecen como elementos de la colonialidad del poder en esta etapa históricamente reciente, la destrucción de los saberes de nuestros pobladores originarios, la destrucción del capital simbólico, refiriéndose al atentado a las torres gemelas, centro de negocios y de capital mundial, la destrucción de la memoria, de imaginarios culturales ancestrales, de monumentos.

Fermín Toro Jiménez (2006), afirma que la soberanía es un proceso histórico ubicado en Europa Occidental durante los siglos XIV, XV, y XVI; que a consecuencia de la implantación del nuevo modo de producción y desarrollo, originado en la acumulación de capital, conlleva a la expropiación de las clases emergentes del concepto de soberanía como bandera ideológica, con el propósito de concentrar el poder político para hacerse clase dominante, con la alianza de las clases populares.

Así mismo refiere Toro (2006), en América Latina quien se apropia del concepto de soberanía es la aristocracia terrateniente anticolonial, para enfrentar a la monarquía con aspiraciones de autodeterminación; sin embargo, una vez que se da la ruptura con el vínculo español, gracias al proceso independentista, esa misma oligarquía se subordina al soberano británico de manera difusa para encubrir su naturaleza dependiente.

La soberanía hasta el siglo XVI se planteaba en términos de pueblos sin autonomía dominados por un rey, sin derechos ni autogobierno, Mignolo (2007) advierte que para el siglo XIX la soberanía comienza a proyectarse desde varias ópticas:

La soberanía de los Estados-nacionales en Europa y de los estados que emergían de la descolonización en las Américas (EEUU, Haití, América Hispánica y portuguesa).

La de los Estados nación que surgieron de la descolonización en la segunda mitad del siglo XX.

El comunismo introdujo una nueva dimensión de soberanía, contraria y enemiga al concepto liberal, en el cual la soberanía estaba a cargo del pueblo.

En la actualidad, el concepto de soberanía (liberal) tiene un doble discurso utilizado como arma para lograr objetivos políticos, violando territorios estratégicamente importantes por su riquezas naturales, energéticas o geográficas, tal como lo reseña Mignolo (2007) al referirse al Plan Colombia, el cual califica como un discurso de limpieza ética, por un lado, y por otro como una cuestión de gobernabilidad en la que la soberanía del Estado colombiano está entre el negocio de la guerrilla y el narcotráfico y Estados Unidos por el otro. El Plan Colombia sería un sector de los nuevos diseños globales puestos en práctica por el diseño neoliberal, en el cual lo que prevalece es la acumulación de capital y la desvalorización de la vida humana.

En este plan el discurso ético oculta la potencialidad económica y el discurso político de la libertad y soberanía de Colombia, oculta la potencialidad política y el control militar de toda la región suramericana.

Cómo concibe Venezuela en la actualidad la soberanía:

Hasta hace poco Venezuela entra en una etapa de cambios profundos, realizar una constituyente para la construcción de un marco legal pertinente con las necesidades del pueblo y que se adaptara a la época significaba un reto, que se tradujo en la refundación de la nación y con esto en el principio de la decolonización. Dentro de todo ese proceso se han establecido elementos como el desmontaje de la historia oficial, con hechos como la resignificación del supuesto descubrimiento de América, cuando lo que realmente descubrimos fueron los episodios de resistencia que sufrió el pueblo originario y los pobladores africanos traídos involuntariamente a un continente ajeno a ellos, como esclavos; reconocer como héroes a los hombres y mujeres, visibles e invisibles, que hicieron posible la independencia del territorio venezolano de España; reconocer como venezolanos y no en los “otros”, saber cuáles son sus derechos y deberes, aceptarlos como colectivo, convivir en democracia protagónica, ejercer y personificar el poder político como ciudadanos de esa tierra, asumir que ese pueblo conservará siempre su soberanía, la cual estará orientada a beneficiar al colectivo.

Así pues, el concepto de soberanía se redimensiona porque se hace tangible en el ejercicio de la voluntad general, que no puede enajenarse nunca, y el soberano que no es sino un ser colectivo, no puede ser presentado más que por sí mismo. Nadie puede renunciar ni delegar su soberanía porque pierde su libertad y su derecho a una vida digna. Así lo establecen la Constitución Nacional y el Primer Plan Socialista de la Nación Simón Bolívar.

Igualmente, establece la soberanía sobre aparatos culturales que son vehículos de alienación y disociación de la realidad como los medios de comunicación y fomenta la divulgación de valores de conservación ambiental, patrimonial, la creación de redes de comunicación y medios de expresión de la palabra, la imagen y las voces de nuestros pueblos para afianzar nuestros imaginarios, nuestras raíces, orígenes y costumbres.

De la misma forma, diversifica el concepto de soberanía para blindar el tránsito a la independencia total y la ubica como soberanía alimentaria, científica, energética y territorial, dada nuestras condiciones geopolíticas estratégicamente importantes para cualquier potencia imperial, y por supuesto tomando en cuenta la gran riqueza en recursos minerales, energéticos, acuíferos y biodiversos que nos caracterizan.

En cuanto a la soberanía tecnológica, en la actualidad Venezuela goza de una imagen de credibilidad que le ha permitido, a través de convenios internacionales con países como China, Rusia, Brasil, Argentina, Uruguay, Irán, Belarús y Vietnam, comercializar productos que facilitarán nuestro desarrollo con la particularidad de que estos países a diferencia de otros antiguos socios comerciales como EEUU, Francia, entre otros, además del producto transfieren el conocimiento (transferencia tecnológica), detalle que garantiza que una vez obtenido el producto ofertado, se instalará en tierra venezolana una planta o fábricas que den continuidad tanto a los productos necesarios como a sus repuestos o nuevas invenciones. Además de la formación y capacitación de talento humano que opere, maneje y gestione dichos procesos de fabricación.

Podemos inferir entonces que la soberanía tecnológica pasa a ser la base que impulsa la consolidación del desarrollo de un país y su autodeterminación para la toma de decisiones, mediante la aplicación de lineamientos en política tecnológica orientados a optimizar los procesos de transferencia tecnológica y de conocimiento, incrementando la capacidad de investigación en todas las áreas y con el apoyo a grandes programas de investigación en sectores prioritarios.

Referencias bibliográficas

Artola, Miguel (1986). Los derechos del hombre. Alianza Editorial. Madrid: Asamblea Nacional Constituyente (ANC) (1999). Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Caracas.

Lander, Edgardo (2000). “Ciencias sociales: saberes coloniales y eurocéntrico”. En: l La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas. Edgardo Lander (comp.), Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Buenos Aires. Mignolo, Walter (2007). La Idea de América Latina. Editorial Gedisa. Barcelona, España.

Mignolo, Walter (2003) Historias locales Diseños globales. Akal. Madrid.

Presidencia de la República. Proyecto Nacional “SIMÓN BOLÍVAR”. Primer Plan Socialista de la Nación. 2007-2013, Ministerio del Poder Popular del Despacho de la Presidencia. Caracas.

Toro, Fermín (2006). Formación, mediatización y degradación de la soberanía de Venezuela 1830-1998 Fundación el Perro y la Rana /Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Caracas, Venezuela.



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