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Literatura hispanoamericana: El siglo XX y la búsqueda de una identidad



Con el surgimiento del modernismo se marcaba el inicio del primer movimiento que no partía de Europa, destacándose la figura del nicaragüense Rubén Darío, figura indispensable para entender las bases de esta corriente donde cobraba importancia la utilización de un vocabulario sensorial. Por otro lado, a finales del siglo XIX también se asentaron dos movimientos que fueron contemporáneos al modernismo y fueron adoptados tardíamente en Hispanoamérica: el realismo y el naturalismo.

Realismo

El realismo es un movimiento cuyo término aparece inicialmente vinculado a la pintura, principalmente buscando capturar lo cotidiano y lo sencillo con una sensibilidad social y política. Esto influenciara decisivamente sobre las bases de esta corriente aplicada a la literatura. Sus rasgos más reconocibles pueden hallarse en la búsqueda de una descripción minuciosa para lograr una reproducción exacta de la realidad y la presencia de tópicos que dan cuenta del momento socio histórico en que ocurren los acontecimientos. De esta forma se trata de lograr la mayor veracidad posible a través de los “realemas”, marcas de época que se encuentran documentadas y nos permiten acercar a un determinado escenario de época sin la carga sentimental y subjetiva que abundaba en el romanticismo. Es así que ocasionalmente podemos encontrar en la novela realista referencias a la época en que se encuentran sucediendo los hechos mencionando el año, un acontecimiento conocido (como puede ser la toma de la Bastilla) o figuras históricas como Napoleón Bonaparte.

En el caso de Hispanoamérica se destacan escritores como el chileno Alberto Blest Gana (1830 – 1920) con obras como La aritmética en el amor o El ideal de un calavera; el cubano Nicolás Heredia (1852 - 1901) que escribió Un hombre de negocios –a pesar de aún contar con elementos románticos-; el colombiano Tomás Carrasquilla (1858 – 1940) con obras como Memorias de Eloy Gamboa o el uruguayo Javier de Viana (1868 – 1926) con obras como la compilación Campo o Leña seca.


Alberto Blest Gana, autor de El ideal de un calavera

Naturalismo

El naturalismo fue un estilo artístico, sobre todo literario, basado en reproducir la realidad con una objetividad perfecta y así documentarla en todos sus aspectos, tanto en los más elevados como los más despreciables. Su máximo representante, teorizador e impulsor fue el periodista francés Émile Zola (1840 – 1902) que expuso esta teoría en el prólogo a su novela Thérèse Raquin. Desde Francia, el naturalismo se extendió a toda Europa a lo largo de veinte años adaptándose a las distintas literaturas regionales. Algunos autores consideran que el naturalismo es una evolución del realismo; la mayoría de los escritores realistas se inclinarían hacia esta corriente materialista y el resto orientarían su descripción de la realidad hacia el interior del personaje llegando a la novela psicológica. El naturalismo, al igual que el realismo, se presentó como una opción al romanticismo ya que rechazaba la evasión y volvió la mirada a la realidad más cercana, material y cotidiana, pero –y en esto era irreductible – extendió su mirada a las clases más desfavorecidas y explicó los males de la sociedad con una visión determinista. El novelista del naturalismo pretendía interpretar la vida mediante la descripción del entorno social y descubrir las leyes que rigen la conducta humana.

En principio, allí donde el realismo era básicamente descriptivo y únicamente atento hacia la capa social burguesa –su principal promotora y consumidora – el naturalismo resultó un movimiento con influencias más profundas –entre las que destacan la teoría de la evolución de Darwin y la filosofía determinista – y metas más altas; no sólo mostrar la vida de su época tal como era sino determinar el por qué era como era, y hacerlo sin descartar sus aspectos más desagradables. Las obras naturalistas incluyen la pobreza, el racismo, el sexo, los prejuicios, la enfermedad, la prostitución, la suciedad y la muerte tratadas de una forma libre de dramatismo, lo que las hizo algo difíciles para el público en general y consiguió que fueran criticadas por ser demasiado directas y francas; ellas tocaban temas que la burguesía prefería ignorar.

Entre los escritores más destacados de este movimiento en Hispanoamérica se destaca el nombre del argentino Eugenio Cambaceres (1843 – 1888), con obras como Sin rumbo o En la sangre, además del uruguayo Horacio Quiroga (1878 – 1937), que en sus relatos de Cuentos de amor de locura y de muerte contiene la influencia tanto de Edgar Allan Poe como del naturalista francés Guy de Maupassant. Por otro lado, en Chile va a destacarse la obra de Baldomero Lillo (1867 – 1923), que describe con singular habilidad un fresco social en Sub terra y Sub sole.


Eugenio Cambaceres, autor de Sin rumbo y uno de las figuras que introdujo a Zolá en Hispanoamérica

El post-modernismo

Luego del modernismo se advierte una etapa llamada post-modernismo que se caracteriza por un retorno a ciertas formas clásicas y una carga de lirismo que no se interrumpe pero ahora presta mayor atención a los detalles cotidianos. Es así que se escribe con un lenguaje más llano pero que resulta más sustancial en la construcción de imágenes poéticas sobre lo cotidiano. Pertenecen a esta etapa tres de las poetisas más importantes de la literatura del siglo XX: la argentina Alfonsina Storni, la uruguaya Juana de Ibarborou y la chilena Gabriela Mistral. También poetas como el chileno Pablo Neruda pertenecieron a esta fase en su primera etapa.


Alfonsina Storni y Gabriela Mistral, dos de las poetisas más importantes del siglo XX

Las vanguardias literarias

Durante los años de la Primera Guerra Mundial surge en Francia el término vanguardias; proviene de avant-garde, término que remite a la estrategia por lo que se empleaba tanto en la política como en lo militar. Esto da cuenta del espíritu de lucha y la confrontación que los nuevos movimientos del siglo exponían ante el canon artístico académico.

Desde sus inicios el arte vanguardista provoca y cuestiona lo anterior, es decir, todo aquello que deviene del arte burgués; existe un profundo rechazo a la cultura burguesa.

El surgimiento de las vanguardias coincide con el periodo de mayor intensidad social del siglo XX: desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914 al inicio de la Segunda en 1939. En ese período se amalgaman las experiencias del nuevo arte: algunas serán efímeras y otras se asimilarán pero la revolución de las formas y de los contenidos se produce a partir de ellas.

En síntesis podríamos definir a todos los movimientos de vanguardia bajo las siguientes características:

  • La ruptura respecto a las normas institucionalizadas desde las academias, principalmente en aquello que corresponde al culto a la belleza.
  • Tanto desde el contenido como desde lo formal dar la mayor libertad posible al creador en su obra.
  • Es provocador porque procura no inspirar la indiferencia en el espectador o lector, valiéndose de elementos que puedan resultar revulsivos ante la sensibilidad social.
  • Apelar a nuevos recursos y formulas que trabajen sobre la percepción, permitiendo de esta manera alterar aquello que es percibido como normal.
  • Es auto referencial y se cierra sobre sí mismo para comprender la realidad desde un nuevo “lente”.

En Hispanoamérica no fueron adaptadas todas las vertientes de las vanguardias y a menudo, como sucede con el ultraísmo, resultó adaptado con mayor éxito en los países de habla hispana antes que en el resto del mundo. En este caso veremos aquellos movimientos que surgieron o fueron adoptados en Hispanoamérica.

Surrealismo

Fue fundado en 1924 por el poeta francés André Breton (1896 – 1986) y se interesó desde un comienzo en la búsqueda de expresar todo lo que hay por encima de lo real. Por tal razón se interioriza en el psicoanálisis freudiano y, más específicamente, en el inconsciente. Para ello se utilizaban recursos como la escritura automática (no proviene de la conciencia de quien escribe) o la libre asociación de ideas, teoría concerniente al psicoanálisis y se apelaba a lo lúdico para construir nuevas obras (como en el caso del “cadáver exquisito”). Según André Breton en el Manifiesto Surrealista: "Sustantivo, masculino. Automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral."


Oliverio Girondo, autor de Espantapájaros; una de las obras poéticas más profundas del surrealismo

En Hispanoamérica el surrealismo contó entre sus adeptos con figuras como los argentinos Macedonio Fernández (1874 – 1952) y Oliverio Girondo (1891 – 1967), autores de No toda es vigilia la de los ojos abiertos y Veinte poemas para leer en un tranvía, respectivamente. En Chile se destacó el grupo La Mandrágora, que contaba con figuras como los poetas Braulio Arenas (1913 – 1988), Teófilo Cid (1914 – 1964) y Enrique Gómez Correa (1915 – 1995); y en Perú se destacan César Moro (1903 – 1956), Xavier Abril (1905 – 1990) y Emilio Westphalen (1911 – 2000), habiendo influenciado de forma fundamental sobre César Vallejo (1892 – 1938) en la concepción de su obra. En México hay que destacar la difusión del movimiento llevada a cabo por el fundador del surrealismo durante su estadía: André Breton.

Estridentismo

El estridentismo tiene su foco creativo en México pero también alcanzó a Guatemala, donde fue adepto por un corto tiempo Miguel Ángel Asturias (1899 – 1974). Este movimiento se puede definir como una confluencia de varias vertientes de las vanguardias (cubismo, surrealismo y dadaísmo, entre otros), pero con una dimensión social que les permite incorporar elementos de la cultura popular y de masas en sus obras, teniendo un fuerte contenido político.

Entre sus representantes más importantes se encuentra la figura excluyente de Manuel Maples Arce (1891 – 1981), su fundador; además de Germán List Arzubide (1898 – 1998) y Arqueles Vela (1899 – 1977), entre otros.

Creacionismo

Se inicia de la mano del chileno Vicente Huidobro (1893 – 1948); desde su nombre plantea el concepto de una obra totalmente separada del mundo, completamente independiente de su entorno. Parafraseando al mismo Huidobro, el poeta debe imitar a la naturaleza y dejar de cantarle, eliminando de su obra todo lo descriptivo o anecdótico. A través de ese término se quiere dejar patente que la obra literaria es totalmente autónoma del mundo. Además de Vicente Huidobro, se consideran fundadores del Creacionismo a los españoles Juan Larrea (1895 – 1980) y Gerardo Diego (1896 – 1987).


Vicente Huidobro, figura excluyente del Creacionismo

Los creacionistas elevaban como rasgos distintivos de sus obras la supresión de los signos de puntuación, la amalgama de imágenes sin que se evidencie un referente claro y uniones de imágenes de acuerdo a determinado significado en que se completaba con otro recurso.

Ultraísmo

El ultraísmo surge en un contexto europeo de renovación artística y tiene muchos puntos en común con el Creacionismo. El término que adoptaron proviene de un neologismo (del latín ultra: más allá) cultivado por los españoles Guillermo de Torre (1900 – 1971) y que Rafael Cansinos-Asséns (1882 – 1964) adoptaría y utilizaría para definir a la naciente vanguardia en su primer manifiesto de 1918.

Influenciado por otras vertientes de las vanguardias como el futurismo, el cubismo y el dadaísmo; en el Ultraísmo cobran protagonismo las metáforas sorpresivas, ilógicas, por lo que las imágenes son sumamente importantes: se apela al cine, el deporte y la tecnología. No se emplea la rima y se tiende a distribuir espacialmente las palabras del poema en forma novedosa ya que se busca amalgamar la plástica y la poesía. Se emplean profusamente los neologismos, tecnicismos y las palabras esdrújulas.


Jorge Luis Borges, escritor argentino que en su primera etapa fue adepto al Ultraísmo.

En Hispanoamérica contó con la presencia excluyente de los argentinos Jorge Luis Borges (1899 – 1986) en su primera etapa y Eduardo González Lanuza (1900 – 1984), que lo difundieron creando un fuerte enlace con España.

Nadaísmo

Este movimiento tiene su foco creativo en Colombia y cuenta con la figura excluyente de Gonzalo Arango (1931 – 1976). Influenciado principalmente por el surrealismo y el dadaísmo, cuenta además con un fuerte contenido de protesta social que se dio a finales de la década del ´50 y comienzos de la década del ´60. Se centraban en la irreverencia para enfrentar todo aquello que estaba instituido en la sociedad colombiana, siendo los principales blancos la iglesia, la academia y los valores tradicionales. En líneas generales se podría decir que el nadaísmo rinde culto a la nada, entendida como el mundo irracional.

El Boom Latinoamericano

Este fenómeno editorial que modificó la percepción sobre Latinoamérica, ha sido la cristalización de un largo proceso que ha dejado a algunas de las plumas más ilustres del siglo XX. Si bien el término “boom” refiere a un éxito editorial y, en este caso, a un fenómeno que fue de comienzos de los ´60 a finales de los ´70, lo cierto es que ya había comenzado a gestarse en décadas anteriores. Sin embargo, esencialmente se conoce por haber sido el momento en el que un grupo de novelistas fue difundido por todo el mundo, haciéndose notar en el panorama literario mundial.

En sus obras los autores manifestaban los principales rasgos de la sociedad latinoamericana influenciados por la cultura popular pero, además, se hacía referencia a hechos históricos contemporáneos que otorgaban un contexto desconocido en el resto del mundo para ese entonces. El subgénero más visible de este fenómeno fue el Realismo mágico, que experimentaba a través de la inclusión de elementos maravillosos en una narración que tenía un tono realista, permitiéndose cambiar el punto de vista y romper los esquemas cronológicos del texto.

Como mencionamos, este fenómeno ya había comenzado a gestarse entre la década del ´30 y ´50 con escritores tan renombrados como Alejo Carpentier (1904 – 1980) de Cuba, Miguel Ángel Asturias (1899 – 1974) de Guatemala, Jorge Luis Borges (1899 – 1986) de Argentina, Juan Rulfo (1917 – 1986) y Juan José Arreola (1918 – 2001) de México, Juan Carlos Onetti (1909 – 1994) de Uruguay y Arturo Uslar Pietri (1906 – 2001) de Venezuela. Sin embargo, aquellos escritores que se consideran canónicos dentro del boom son el colombiano Gabriel García Marquez (1927 - ), el cubano José Lezama Lima (1910 – 1976), el mexicano Carlos Fuentes (1928 – 2012), el paraguayo Augusto Roa Bastos (1917 – 2005), el peruano Mario Vargas Llosa (1936 - ) y los argentinos Julio Cortázar (1914 – 1984) y Ernesto Sabato (1911 – 2011).


Mario Vargas Llosa


Ernesto Sabato

Obras más importantes del Boom

  • Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.
  • La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa.
  • Las lanzas coloradas, de Arturo Uslar Pietri.
  • Rayuela, de Julio Cortázar.
  • La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes.
  • Paradiso, de José Lezama Lima.
  • Yo, el supremo, de Augusto Roa Bastos.
  • Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato.
  • Pedro Páramo, de Juan Rulfo.
  • Hombres de maíz, de Miguel Ángel Asturias.


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