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Las rimas de Gustavo Adolfo Bécquer



A pesar de su corta existencia, Gustavo Adolfo Bécquer se constituyó como uno de los poetas más importantes del movimiento romántico. Su intensa obra se encuentra entre las más trascendentes de la lírica moderna.


Este conocido retrato de Bécquer fue pintado por su hermano Valeriano en 1862.

Cuando nos internamos en el mundo de las rimas de Gustavo Adolfo Bécquer (1836 – 1870), se nos presenta una de las líricas más accesibles y pasionales, representando a través de sus palabras la posibilidad y la decepción ante el amor, como en general se lo conoce. Sin embargo, el genial poeta español también reflexionó sobre la profundidad de la muerte y los alcances de la obra poética. Aquí conocemos un poco más de esta obra que aún sigue cautivando por su frescura.

El contexto

Una de las aclaraciones más importantes que debemos hacer respecto a esta obra, es que a pesar de que algunos de los poemas que la componen habían sido publicados en la prensa, las Rimas se dan a conocer gracias a la intervención de los amigos del poeta, que decidieron publicar gran parte de los manuscritos en distintas compilaciones. La razón de ello no sólo era honrar al poeta y darle difusión, sino también ayudar a la familia del fallecido, que se encontraba atravesando un difícil momento económico.

Es así que, a pesar de haber sido concebida a mediados del siglo XIX, su obra aparece recién hacia el ocaso del siglo XIX, en 1871. El movimiento literario conocido como Romanticismo, que había surgido hacia finales del siglo XVIII en Inglaterra y Alemania y luego se difundiría por todo el continente europeo, tuvo una aceptación tardía en España. Es por esta razón que a pesar de compartir los tópicos y algunas de las estructuras del Romanticismo literario, la obra de Bécquer suele ser catalogada como post-romántica para diferenciarla de otras corrientes literarias que surgieron en ese momento histórico en Europa, como el Realismo o el Naturalismo.

Los rasgos que definen al post-romanticismo en la poesía son los siguientes:

  • Son influenciados principalmente por la obra del escritor alemán Heinrich Heine (1797 – 1856), una de las figuras más prominentes del Romanticismo.
  • Predomina lo emotivo y, por lo tanto, se reducen las estructuras retóricas en función de formas líricas.
  • La poesía se torna más personal e intimista –ahondando en la estética del sentimiento-.
  • El amor y la pasión tienden a exaltar la belleza, haciéndola uno de los temas principales.
  • Hay búsquedas formales en la métrica de los versos.
  • Lo lírico se manifiesta en el predominio de la descripción por sobre lo narrativo.


Heinrich Heine, figura del Romanticismo alemán que en su primera etapa se destacó por la lírica sentimental de su obra.

El autor

Gustavo Adolfo Bécquer nació el 17 de febrero de 1836 en Sevilla. Su padre fue el pintor José Domínguez Insausti y su madre Joaquina Bastida Vargas; el apellido Bécquer (o Becker) proviene de los antepasados paternos, una familia noble flamenca, razón por la cual firmaba sus obras como José Domínguez Bécquer. Esto llevó a que sus hijos hicieran lo mismo: Gustavo en el campo de la literatura y su hermano Valeriano en la pintura. La obra literaria de Bécquer se considera como el punto de arranque de la poesía modernista, anticipándose a los tópicos que luego serían continuados en la pluma de figuras ilustres como Antonio Machado o Luis Cernuda, entre otras figuras del Modernismo.

Tras realizar un breve aprendizaje como pintor partió hacia Madrid, en pos de una carrera literaria cuyos comienzos fueron ciertamente difíciles: sólo ocasionales colaboraciones en periódicos de escasa entidad, así como algunos libretos de zarzuela. A los 21 años contrae la enfermedad que lo llevaría a la muerte años después: tuberculosis. Su primer título, Historia de los templos de España (1857), cuyo trasfondo se asemeja al que desplegaría más tarde en algunas de sus Leyendas, lo caracterizaría ya entonces como autor serio y riguroso. Poco después de este libro iniciaría una relación tormentosa con una mujer que algunos han identificado como Elisa Guillén. A ella dedicó la mayor parte de sus Rimas. Sin embargo, contrajo matrimonio con Casta Esteban, de la que se separó en 1868. Por esa época Bécquer colaboró asiduamente con el periódico El contemporáneo, donde publicó el conjunto de ensayos titulado Cartas desde mi celda (1864), título que responde a una estancia del poeta en el monasterio de Veruela (Zaragoza).

A pesar de sus constantes recaídas debido a la enfermedad que lo aquejaba, sus publicaciones fueron consiguiendo una notoriedad cada vez mayor, y lograría un buen pasar económico gracias a su desempeño como censor de novelas hasta el año 1867. La revolución de 1868, que marcó un hito en la vida española, significó un punto de inflexión en la existencia del poeta. A la pérdida del manuscrito de sus Rimas (luego recuperados), se sumaron sus problemas sentimentales y económicos, por lo que sus últimos años fueron muy sombríos. Además, sufre la muerte de su hermano y colaborador Valeriano en 1870, un duro golpe que lo sumiría en la tristeza. Debido a los fríos invernales de diciembre su estado de salud se agrava y finalmente muere el 22 de diciembre de 1870 a los 34 años.

Es una anécdota ampliamente conocida que el poeta Augusto Ferrán (también un representante de la literatura post-romántica española) recibió el pedido por parte del poeta, cuando se encontraba agonizando, de que quemase toda su obra epistolar –ya que implicarían “su deshonra”- y de que publicase su obra –indicándole con sorprendente lucidez que “Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo”-, además de pedirle por el cuidado de sus hijos con Casta. Si bien fue enterrado en la Sacramental de San Lorenzo y San José, en Madrid, actualmente sus restos reposan junto al de su hermano en el Panteón de Sevillanos Ilustres, adonde sería trasladado en 1972. A su muerte, para ayudar a la familia, el pintor Casado del Alisal toma la decisión junto a Ferrán de compilar y publicar la obra de Bécquer bajo el titulo de Obras completas, que aparecería en 1871 y le daría la conocida trascendencia que anunciara proféticamente.

Bécquer, que recibió la influencia del Romanticismo alemán (la lírica de Heinrich Heine, sobre todo), supo captar, reuniéndolos, corrientes y elementos que se hallaban dispersos entre algunos escritores de su tiempo y en relatos orales de inspiración popular. Estas notas, principios esenciales de su universo poético, también se hallan muy presentes en sus Leyendas (1857-1864), aunque de forma aislada, una máxima muestra de la prosa poética del siglo XIX. Su encanto aún permanece vivo en nuestros días, y algunas de ellas (El caudillo de las manos rojas, El monte de las ánimas, La cruz del diablo, Maese Pérez el organista o El rayo de luna), por su lenguaje musical particularmente rico en matices poéticos, elevan hasta lo inefable un ambiente fantástico de poesía y ensueño. En todas, sin embargo, alterna lo maravilloso con lo lírico y la evocación suntuosa de un pasado legendario con lo terrorífico.

Las Rimas

El número de rimas que componen esta obra ha variado a lo largo de las numerosas ediciones, que por lo general han sido fijadas en ochenta y siete (aunque hay ediciones de ochenta y cuatro o noventa y seis) y están integradas por poemas breves que suelen tener una estructuras que va de una a tres estrofas con una cantidad variable de versos, siendo predominantes los heptasílabos (verso de siete sílabas) y los endecasílabos (versos de once sílabas). En las estrofas utiliza una rima asonante debido al potencial de insinuación que tiene y su carácter de raíz popular (rasgo del Romanticismo).

Las bases de la concepción de las Rimas se pueden encontrar en su obra Cartas literarias a una mujer, publicada en 1860, donde indica que a mediados del siglo XIX predominaban dos estilos de poesía:

  • Una poesía magnífica y sonora; una poesía hija de la meditación y del arte, que se engalana con todas las pompas de la lengua, que se mueve con una cadenciosa majestad, habla a la imaginación, completa sus cuadros y la conduce a su antojo por un sendero desconocido, seduciéndola con su armonía y su belleza.
  • Otra natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra y huye y, desnuda de artificio, desembarazada dentro de una forma libre, despierta las mil ideas que duermen en el océano sin fondo de la fantasía.

Bécquer indicó que le interesaba practicar la segunda y por ello evita el oscurantismo que podemos apreciar, por ejemplo, en la poesía del Barroco. Para lograr esto redujo el uso de adjetivos y metáforas, utilizando entre las principales composiciones retóricas el hipérbaton o la anáfora.

Aquí vemos algunos de los usos de los recursos retóricos de Bécquer en su obra:

  • Hiperbatón: podemos encontrar este recurso en la rima LIII
  • Volverán las oscuras golondrinas
    en tu balcón sus nidos a colgar.

  • Anadiplosis: podemos encontrar este recurso en la rima III
  • Ideas sin palabras,
    palabras sin sentido;

  • Prosopeya o personificación: podemos encontrar este recurso en la rima LII
  • Olas gigantes que os rompéis bramando

  • Símil: podemos encontrar este recurso en la rima VII
  • ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas
    como el pájaro duerme en la rama…

  • Elipsis: podemos encontrar este recurso en la rima XXIII. Al indicar “Por una mirada, un mundo”, omite el “te entregaría”.
  • Por una mirada, un mundo,
    por una sonrisa, un cielo,

  • Interrogación retórica: podemos encontrar este recurso en la rima XXII.
  • ¿Cómo vive esa rosa que has prendido
    junto a tu corazón?

  • Apóstrofe: podemos encontrar este recurso en la rima XI.
  • ¿A mí me llamas?
    -No; no es a ti.

  • Concesión: podemos encontrar este recurso en la rima XXXIX.
  • ¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable,
    es altanera y vana y caprichosa;
    antes que el sentimiento de su alma,
    brotará el agua de la estéril roca.

    Sé que en su corazón, nido de sierpes,
    no hay una fibra que al amor responda;
    que es una estatua inanimada..., pero...

    ¡Es tan hermosa!

    Desde el punto de vista temático, se lo divide en cuatro series bien demarcadas que indican distintos ejes. De la rima I a la XI se trata de una reflexión sobre la poesía y el poeta, teniendo un valor autorreferencial; desde la rima XII a la XXIX el tema central es el amor, exaltando la belleza femenina; desde la XXX a la LI el tema central es la desesperanza y el sufrimiento ante la decepción; y finalmente, desde la LII a la LXXXVII se reflexiona sobre la muerte y la condición humana.



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