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Ilustración de la corte artúrica según un tapiz c. 1385.
La narración muestra una concepción de la Europa medieval que expresaba el amor en forma noble y caballeresca: el amor cortés.

El Caballero del León



Yvain, el Caballero del León es una de las obras más logradas de Chrétien de Troyes. Esta novela narra las aventuras de Yvain, un noble caballero de la Corte del Rey Arturo, en las que demuestra su honor según el sistema de valores que prevalecía en la Edad Media. La historia toma, con gran habilidad narrativa, esquemas míticos provenientes de los relatos celtas difundidos oralmente y, a su vez, adaptados al ambiente y a las normas descritas en las novelas de caballería.

ARGUMENTO

El autor, quizá el mejor y más representativo de los escritores de una época de auge y vitalidad creativa, nos adentra magistralmente en la atmósfera mágica y fascinante de las aventuras de los caballeros del rey Arturo. El roman empieza con la revelación de un secreto: Calogrenant cuenta un episodio que había guardado oculto durante más de siete años en donde había sido humillado por un caballero que vivía en un castillo con una fuente que tenía poderes mágicos. La historia que cuenta es el motor narrativo que da lugar a las acciones de Yvain. La derrota y la vergüenza de Calogrenant conllevan la pérdida del honor, por lo que Yvain debe partir a la aventura para restaurar la honra de su primo; integra gran parte de sus motivaciones.

Para poder llevar la aventura a cabo, Yvain decide salir en secreto, ocultando su partida y sus intenciones. El objetivo de la trama está claro: que Yvain venza a Esclados, gane reino y mujer, y se cargue de honra. Ahora bien, ¿por qué es necesario el secreto para que esto se lleve a cabo? Según se dice, porque sin secreto todo quedaría en manos de Gauvain o Kay, distinguidos caballeros de la corte de Arturo. La existencia de este obstáculo tiene lugar porque pone de relieve esa diferencia, esa segunda línea que Yvain ocupa en la corte, y que es necesaria porque le da otra relevancia a la aventura: es el acto que jerarquiza a Yvain. Es significativo que la revelación no se produzca inmediatamente después de casarse con Laudina, la dama de Landuc, y conseguir el reino, sino después de vencer a Kay. Y es preciso observar que el secreto es condición necesaria para ese combate: Kay pelea no sabiendo con quién lo hace, y eso termina de marcar la humillación de Kay (y con ella la honra de su adversario) en el momento en que es vencido, llegando al punto culminante de la hazaña de Yvain.

“¿Qué habrá sido de mi señor Yvain, que no ha venido, después de tanto presumir en la sobremesa de que iría a vengar a su primo? Me imagino que habrá huido, porque no se hubiera atrevido a venir aquí, por nada del mundo. Todo fue pura jactancia, y soberbia desmesura”.

Con todo, es en la celebración de los esponsales de Yvain con Laudina, y a la llegada de la corte, que Gauvain convence a Yvain de que el matrimonio hace daño a la reputación de un caballero, por lo que Yvain decide abandonar a su esposa. Persuadido, Yvain recibe el permiso de su dama para abandonar el reino y «retornar a Bretaña», siempre que esta separación no supere un año, es decir, «ocho días después de la Fiesta de San Juan». De lo contrario, la aguerrida dama promete que «el amor que os tengo, se tornaría en odio». En señal de despedida, y como prueba de compromiso, la dama le entrega un anillo mágico, bajo cuyo influjo «no puede quedar apresado ningún amante leal y verdadero, ni perder sangre, ni sufrir mal alguno». Yvain promete retornar, pero en cuanto se envuelve en justas y torneos, desaparece de él toda sensación de añoranza, hasta el punto de olvidar su promesa.


Según uno de los personajes del relato, la única vida que debe llevar un caballero es la de aventuras, con las que se adquiere fama y renombre.

Ante esta situación, el caballero queda absolutamente avergonzado y se marcha temiendo volverse loco. No obstante, caminando errante, finalmente pierde la razón, para tornarse en un loco furioso, que rasga sus vestiduras y huye «por los campos labrados». Asistimos ahora a un episodio crucial para Yvain; al internarse en un bosque, en un claro, un león se enfrenta con una serpiente que vomita llamas, y que lo tiene agarrado por la cola. Rápidamente, toma partido por el león, aún temiendo que esta fiera, una vez liberada, llegue a atacarlo. Con la espada, y protegiéndose de las llamaradas con el escudo, corta a la serpiente en pedazos. El león ha quedado libre, e Yvain se apresta a defenderse, pero éste, con una cortesía inaudita, se le postra en señal de sumisión.


Yvain y el león combatiendo a la serpiente según aparece en un manuscrito del siglo XV.

Frente a la duda, Yvain elige correctamente el camino de la justicia, y ganará con ello un vínculo de lealtad incondicional. Decide, entonces, ser el agente de su propio destino en el exacto momento en que empieza a ser “le Chevalier au leon”:

“(…) jamás oiréis hablar de mí si no es por el nombre de Caballero del León, pues así quiero que me llamen”.

La demencia de Yvain señala la ruptura del héroe tanto con la corte de Arturo como con el mundo descrito. La mayor parte de la novela (desde el verso 2884 al verso 6808, que es el último) está dedicada a definir las etapas del retorno de Yvain, ya curado de su locura, al amor y a la posesión legítima de su mujer y de sus dominios.

Yvain quiere recuperar su honra. Con la ayuda de la doncella Luneta, sólo puede hacerlo una vez se haya redimido por completo al apoyarse en los hechos y en las hazañas que lleva a cabo. Y recién lo habrá logrado cuando haya igualado en combate al modelo de honra, a Gauvain, defendiendo una causa justa. Esta batalla es necesaria para la finalización de la trama: Yvain sólo adquirirá la honra que busca igualando al mejor de los caballeros de la corte. El secreto se revelará cuando el héroe haya igualado a Gauvain en combate, y para permitir que lo iguale también en cortesía: una vez revelados sus nombres, ambos demuestran por igual la generosidad de su courtoisie cediéndole al otro la victoria.


Escena de la lucha entre Yvain y Gauvain. Miniatura de la División de Manuscritos del Departamento de Libros Raros y Colecciones Especiales, Biblioteca de la Universidad de Princeton.

El caballero ya ha pagado, tanto en tiempo como en penurias, todos sus anteriores desafueros, por lo que ya no hay motivo para que siga vagando sin fin. Los versos finales de la obra concluyen con un sello que autentifica la escritura de Chrétien de Troyes:

“Así acaba Chrétien su novela del Caballero del León. Estas son todas las aventuras que oyó contar, y ya no oiréis más, porque no quiere añadir mentiras”.

LOS PERSONAJES

  • Yvain: De noble linaje, es hijo de Urién y de una de las hermanas de Arturo, que según unos textos se llama Brimesent y según otros Morgana. Sobrino, por lo tanto, del rey Arturo, es además primo de algunos de los caballeros más importantes: Gauvain, Agravain y Calogrenant. Desde un principio se nos presenta como caballero. A lo largo de la obra sufre una progresión moral, ya que primero va a vengar una injuria a su linaje y luego lucha por sus propios intereses.
  • El león: Es un personaje ayudante de Yvain, que demuestra su agradecimiento hacia el protagonista con una serie de gestos de profundo vasallaje; ya no tiene intereses propios más que los de Yvain, y de hecho su simbología posee todas las características de la relación vasallática: la tradición simbólica, literaria e iconográfica lo asocia con la generosidad y la fidelidad, además de la fuerza y la nobleza. El simbolismo del león se opone al de la serpiente, que encarna todos los vicios. La lucha entre ambos es la constante oposición entre el bien y el mal.


  • Imagen de un antiguo castillo medieval.

  • Gauvain: Encarna la fidelidad absoluta al soberano, la caballerosidad y la generosidad guerrera. En esta ocasión, representa la caballería de realce social. El combate con Yvain sirve para demostrar el propio valor de Yvain al ponerse al mismo nivel que Gauvain, aunque no llegue a superarlo.
  • Calogrenant: Representa una visión diferente de la caballería, ya que fracasa en la única aventura que emprende. Podría estar expurgando una culpa que carga desde hace más de siete años y, así, recuperar una honra mayor.
  • Kay: Es el listón más bajo de los caballeros, casi encarnando un ideal anti-caballeresco, sensación que se acentúa a lo largo de la obra. Su carácter impertinente se ve reforzado por el fracaso.

  • Luneta: Ayuda al protagonista en su aventura. No es la típica doncella de tez blanca, cabellos rubios y aspecto frágil, sino que se la describe como una mujer inteligente. Encarna el tipo femenino de la confidente astuta, intermediaria entre el héroe y la mujer que ama. Por ciertos atributos, entre ellos su juventud y su virginidad, se considera que Luneta puede estar relacionada con alguna divinidad lunar.
  • Laudina: Conocida como la Dama de la Fuente, es objeto de las aventuras del protagonista. Su gran belleza le ayuda a garantizar la protección de sus tierras, pudiendo elegir como marido al mejor caballero. La desconfianza de Laudina para con su doncella Luneta es un tópico de la narrativa artúrica: generalmente las grandes heroínas dudan de sus doncellas.

EL AUTOR

En la obra de Chretien de Troyes convergen varias circunstancias que hacen de este clérigo de Champaña el fundador de la novela cortés e, incluso, dada su influencia, cronológicamente el primer novelista de Francia. Nacido hacia 1135, varios autores suponen que fue clérigo en la Corte de María de Francia –quien le habría encargado algunas obras–, y, más tarde, en la Corte de Felipe de Alsacia, conde de Flandes. Sin embargo, muy poco se sabe acerca de su vida, hecho nada singular tratándose de literatura medieval, donde es común desconocer no sólo la biografía del autor sino también la misma autoría de la obra.

Su fuente de inspiración se encuentra en la tradición celta y en las leyendas bretonas acerca del Rey Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda. De hecho, es muy probable que haya conocido la Historia de los reyes de Britania, de Godofredo de Monmouth y que la obra le haya servido de fuente de inspiración.



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