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Retrato de Alexis de Tocqueville por Théodore Chassériau (1850). Palacio de Versalles. Dentro de su teoría, el término "sociedad de masas" expresa la preocupación de las élites por el cambio dramático producido desde la Revolución Francesa.
En la obra de Émile Durkheim, el término "sociedad de masas" se asocia con la sociedad como una masa de individuos indiferenciados. La cohesión entre los miembros de toda sociedad es una de las características del funcionamiento de una sociedad armónica.
El crecimiento de las ciudades fue propiciado, en buena medida, gracias al ferrocarril, que hizo posible el suministro a gran escala, y desde puntos lejanos, de alimentos y de carbón, y posibilitó asimismo el transporte de la población procedente de las zonas rurales.
Ilustración de Louis Pasteur hacia 1880. La indudable mejora del nivel de vida de las distintas clases sociales se debió fundamentalmente a los avances en la medicina preventiva y en el desarrollo de las vacunas a raíz de los trabajos de este químico francés.
Fotografía de Max Weber en su juventud. Para este sociólogo alemán, en la llamada "sociedad de masas" era necesario un liderazgo político carismático. La legitimidad del poder estaba dada a través de los líderes políticos.

La sociedad de masas



La sociedad de masas es una descripción relacionada directamente a la sociedad de la era moderna e industrial. Según los términos descriptivos de finales del siglo XIX, se puede interpretar como la época de la disolución de las elites o de las formas sociales comunitarias, bien como el comienzo de un orden social más compartido, o bien como una estructura social originada por el desarrollo de la sociedad capitalista.

INTRODUCCIÓN

Optar por la expresión "sociedad de masas" para definir el período comprendido entre los años 1870 y 1914 supone afirmar que la aparición de las masas en la vida pública europea constituyó un hecho histórico verdaderamente determinante en aquella época. Tal como señala el filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset en su obra La rebelión de las masas: "Hay un hecho que, para bien o para mal, es el más importante en la vida pública europea de la hora presente. Ese hecho es el advenimiento de las masas al pleno poderío social".

Ahora bien, habría que puntualizar que términos como "sociedad de masas" o "cultura de masas" no son conceptos peyorativos o negativos: la sociedad de masas posibilitó avances hacia cotas superiores de libertad, de bienestar, y de movilidad y justicia sociales que cualquier época precedente. Además, esas "masas" no eran grupos homogéneos: consistían en estructuras sociales extraordinariamente heterogéneas y complejas.

Por lo tanto, la expresión "sociedad de masas" es, en principio, una expresión útil para describir una etapa histórica de la vida europea y occidental marcada por dos hechos:

1. El crecimiento desbordante de la población.

2. El carácter inorgánico y fragmentado de la estructura social, política y económica de la sociedad.


Ilustración de una fábrica en plena Segunda Revolución Industrial. La modernización de la vida cotidiana trajo consigo fuertes innovaciones, entre ellas el triunfo de la burguesía.

ALGUNAS POSTURAS

A lo largo del siglo XIX hubo ya una clara percepción de la llegada de esa "sociedad de masas". La obra de Alexis de Tocqueville, por ejemplo, reflejó de alguna manera la preocupación y el pesimismo que aquel hecho suscitaba. De un lado, la sociedad de masas aparecía como el resultado de la democracia; por otro, como consecuencia de la secularización; y finalmente, como efecto de la destrucción de los viejos vínculos de parentesco, iglesia y comunidad propios de las sociedades tradicionales y jerárquicas.

Fue el sociólogo francés Émile Durkheim quien mejor acertó en definir el cambio que se estaba operando. En La división del trabajo social, Durkheim trataba de precisar las condiciones de existencia de los distintos tipos de sociedad partiendo de una distinción básica entre sociedades pre-modernas y sociedades modernas. Definía a las primeras por lo que llamaba su "solidaridad mecánica"; es decir, por su fuerte armonía interna, y las caracterizaba por los siguientes rasgos: la similitud de trabajos y funciones de sus miembros; el bajo nivel de su población; lo elemental de sus estructuras sociales; su aislamiento geográfico; la dureza de sus leyes penales; y la intensa conciencia colectiva que tenían sus integrantes.

Siguiendo esta línea, Durkheim afirmaba que las sociedades modernas se definían por la división y especialización del trabajo, por la complejidad de sus estructuras sociales; por el nacimiento y desarrollo de ciudades y mercados independientes, por un alto nivel de población, por la racionalidad de sus sistemas legales y por fundamentarse en sistemas de creencias secularizadas en donde primaban la individualidad, la igualdad de oportunidades, la ética del trabajo y la justicia social.

La sociedad moderna aparecía, desde la perspectiva de Durkheim, como una sociedad carente de cohesión mecánica y natural, como una sociedad en la que se habrían roto los mecanismos de regulación e integración sociales. La industrialización y la erosión de las formas tradicionales de comportamiento habrían transformado la vida social y doméstica, y creado en el hombre moderno una condición de egoísmo y "anomia".

Con todo, en los años 1880-1914, la sociología y la ciencia política venían a coincidir en señalar cuatro hechos sociales de trascendencia:

1. La aparición de una sociedad que llamaban "moderna" por oposición a la sociedad tradicional, y caracterizada por crisis, tensiones, incertidumbres e insatisfacciones.

2. La destrucción de las viejas pautas de comportamiento social por la industrialización rápida y la influencia de la misma sobre la vida colectiva e individual.

3. La evidente desorientación de la sociedad moderna en lo que hace a creencias y normas éticas de conducta.

4. La presencia creciente de masas en la vida social, con comportamientos emocionales e irracionales.


La llamada "sociedad de masas" se fundamenta en un tipo de organización social basada en relaciones contractuales e impersonales, y estructurada en entidades con intereses sectoriales y asociaciones voluntarias.

CARACTERÍSTICAS

En efecto, los años comprendidos entre el último tercio del siglo XIX y las primeras dos décadas del XX fueron una etapa de transformación social sin precedentes, en la que se alteraron las estructuras de la sociedad y de la política, los ritmos de la vida cotidiana, las formas de comportamiento colectivo, las relaciones sociales y la organización de la producción, del trabajo y del ocio. Entonces, se produjeron dos acontecimientos radicales: la llamada Segunda Revolución Industrial, y el espectacular crecimiento de la población mundial, y sobre todo, de la población urbana, que haría de las masas urbanas, precisamente, las protagonistas anónimas e impersonales de la vida social.


Frente al advenimiento de las masas, numerosos intelectuales pusieron especial énfasis en remarcar el individualismo, la fragmentación y la alienación como elementos definidores de la sociedad moderna.

De la Segunda Revolución Industrial podemos subrayar al menos cuatro de sus principales consecuencias:

1. La modernización de la vida cotidiana, que trajo consigo numerosas innovaciones.

2. El formidable desarrollo que experimentaron la construcción y los transportes a partir de la aplicación del acero.

3. La considerable extensión y el abaratamiento de las comunicaciones y los transportes.

4. El aumento espectacular del número de bienes de consumo y la indudable mejora del nivel de vida de las distintas clases sociales.

Con todo, el aumento de la población se tradujo en aumento de la población urbana. Europa fue testigo de un crecimiento verdaderamente descomunal de las ciudades a partir de la década de 1850, propiciado por una profunda transformación social de la ciudad, y de la vida y ocupación de sus habitantes. Las grandes ciudades se convirtieron en grandes centros fabriles, comerciales, administrativos, bancarios y de servicios; y generaron economías locales extraordinariamente dinámicas y sumamente diversificadas.


En comunicación, una amplia gama de posibilidades se abriría a la población: el abaratamiento de los transportes y la construcción de nuevos accesos para ellos caracterizarían al periodo en el que se desarrolló la "sociedad de masas": teléfonos, bicicletas y automóviles pasaron a formar parte de la cotidianeidad y contribuyeron a ello.

Asimismo, la segregación social de la ciudad fue haciéndose cada vez más patente. La antigua convivencia de las distintas clases sociales en los mismos lugares de residencia dio paso a una acusada diferenciación por barrios: zonas residenciales para la alta burguesía, barrios de clase media, barrios obreros, etc.

Fue en la gran ciudad donde se hicieron evidentes las características de la sociedad moderna, de la sociedad de masas, que definieron sociólogos y observadores de la realidad social. Porque la gran ciudad se caracterizó por los siguientes hechos:

1. El carácter impersonal y anónimo de la vida colectiva.

2. La ruptura de los vínculos tradicionales de ascendencia de las familias notables.

3. La ausencia de vínculos generales de comunidad.

4. La crisis del mundo religioso tradicional.

5. La aparición de una opinión pública más o menos articulada e informada.

6. La aparición de nuevas formas de cultura colectiva.

Fue también en las ciudades donde se hizo evidente la complejidad de la estructura social que se ocultaba tras la abstracción social que significaban las masas. Básicamente, a partir de 1870, esa estructura social se transformó de acuerdo con las siguientes tendencias:

  • Un acentuado declinar de la aristocracia, por lo que la persistencia del Antiguo Régimen resultaba, hacia 1914, mucho más formal que real. Ni siquiera los valores aristocráticos eran ya dominantes.
  • La consolidación de una importante e influyente clase media acomodada, vinculada a las profesiones liberales de éxito, a la alta burguesía del Estado y a los puestos directivos y técnicos de la industria, la banca y el comercio.
  • Un fuerte crecimiento de las clases medias bajas, impulsado por las nuevas oportunidades creadas por el desarrollo industrial y urbano.
  • La progresiva disminución y/o desaparición de sectores artesanales y similares, y la formación de una clase obrera industrial estable y organizada, vinculada a la industria pesada, a los transportes y la industria química.

Con todo, parece innegable que el tenor de la vida colectiva mejoró sensiblemente en la sociedad urbana europea. En general, la concentración de las masas aumentó su poder económico y social, por más que siguieran existiendo graves tensiones, malestar y descontento, y por más que los trabajadores y la pequeña burguesía siguieran siendo sumamente vulnerables a las crisis coyunturales.

CONSECUENCIAS

La aparición de las masas urbanas como elemento capital de la vida social tuvo, lógicamente, consecuencias irreversibles y determinantes en el ámbito de la política y del funcionamiento del Estado. En efecto, la necesidad de responder a las nuevas exigencias sociales cambió progresivamente la política. Desde la segunda mitad del siglo XIX, los viejos partidos de notables irían dejando paso a los modernos partidos de masas, cuya fuerza se derivaría del electorado considerablemente ampliado: la opinión pública se constituiría en el sujeto principal de la política y de la vida social.


El nivel de vida de la clase media urbana creció notablemente entre 1870 y 1814. De hecho, incluso habría mejorado la situación del campesinado europeo.

En adelante, la movilización de la opinión y la manipulación de las emociones y sentimientos colectivos, y la preocupación por los nuevos electorados, dominaron la política. De ahí también, la difusión de ideologías de masas, como el socialismo o el nacionalismo, que vinieron a reemplazar a la religión como elemento de cohesión social; y la difusión de mitos colectivos de carácter mesiánico, que desempeñó un papel similar.

Asimismo, la sociedad de masas propició el desarrollo de instituciones parlamentarias como puente entre el Estado y la sociedad. Sin embargo, la democratización de la vida política será todavía muy insuficiente. Las elecciones estaban o limitadas o desvirtuadas, a través de procedimientos y prácticas -algunas legales, otras no tanto- que impedían una plena participación popular. De hecho, los sistemas y leyes electorales serán extraordinariamente complejos, y ampliamente excluyentes. Las formas tradicionales de clientelismo perduraron y en algunos países siguieron suplantando a la voluntad popular.


Manifestación de mujeres a favor del sufragio femenino. La democratización de la vida política en la sociedad de masas será insuficiente; el sufragio femenino, pues, tardaría en introducirse.

El principio de que el poder político debía derivarse de la voluntad popular a través de elecciones periódicas, y estructurarse a través de un sistema parlamentario, quedó definitiva e irreversiblemente implantado en la conciencia europea de la época. De hecho, los cambios que se operaron en la estructura del Estado ante el progresivo ascenso democrático de las masas se pueden corroborar tras la aparición de dos aportes decisivos:

1. El principio de responsabilidad estatal en el mejoramiento de las condiciones materiales de vida, como respuesta a las exigencias de las masas.

2. El espectacular crecimiento del tamaño de la maquinaria del Estado, justamente como consecuencia de sus nuevas y crecientes funciones.

Lo primero se reflejó, ante todo, en la introducción de las primeras medidas de legislación social que atendieron, inicialmente, a la regulación de las condiciones de trabajo y la previsión frente a accidentes, enfermedades y jubilaciones. Esto serviría como ejemplo de las nuevas responsabilidades sociales del Estado.


La gran ciudad se caracterizó por la masificación de ciertas expresiones artísticas, como el teatro.

CONCLUSIÓN

Todo lo antedicho llevaría al historiador y sociólogo alemán Max Weber a ver en la racionalización burocrática una de las tendencias inevitables y necesarias de la sociedad moderna. Weber pensaba que la burocratización y el poder de la organización definían al capitalismo avanzado; y entendía que constituían o llegarían a constituir, un poder dominante, independiente en sí mismo, que amenazaría a la larga las mismas libertades individuales.

El crecimiento del Estado y de la burocracia profesional y especializada supuso entonces que el propio Estado se transformó en un órgano de gestión de los intereses generales de la sociedad, y dejó de ser un mero instrumento de dominación de clase. Este sería el aporte más decisivo de la sociedad de masas. El Estado intervencionista, sometido al control parlamentario de los electores populares, sería el instrumento de integración social de la sociedad contemporánea, el vehículo para la regulación de los conflictos, y una poderosa palanca para la reforma de la sociedad. La sociedad de masas significaría, pues, el amanecer de una nueva cultura democrática, aunque lo fuera también para los totalitarismos que nacerían en el siglo XX.



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