TIENDA ONLINE
VOLVER A LOS ARTÍCULOS

DESARROLLOS CULTURALES EN LOS ANDES CENTRALES ANTERIORES A LOS INCAS

Los primeros pobladores de la región de los Andes Centrales poseían vestigios culturales propios del Paleolítico Inferior y se habla de individuos que conformaban grupos de cazadores-recolectores, relacionados con un medio caracterizado por una fauna de auquénidos como guanacos y vicuñas, roedores y distintos tipos de venados pequeños. A su vez, el entorno se caracterizaba por un relieve distribuido en forma latitudinal con tres formaciones principales: costa, montaña y selva.

Se reunían en grupos poco numerosos y se movían por espacios físicos cortos. Adaptaban su actividad de supervivencia según la época climática del año. En épocas de lluvia, cuando la tierra es más pródiga en frutos los asentamientos se daban en la parte más baja, donde el esfuerzo que debían hacer para alimentarse era menor. En épocas más secas subían a latitudes más altas donde pastaban los animales. Sin embargo, esto les exigía un gran desgaste y desperdicio de recursos.

Pero con el correr del tiempo, fue aprendiendo y evolucionando en cuanto a sus necesidades y establecería un orden sobre los recursos que mejor le servían de alimento y procuraría conservar aquellos que le faltarían para el próximo ciclo climático. Esto desembocaría en la sedentarización de los grupos y el posterior desarrollo de las culturas.

Durante el período formativo de estas culturas se produjeron cambios importantes para la vida andina. Se domesticó la fauna existente, lo que supuso una mejora en la dieta alimenticia y, basados en el conocimiento que estos pueblos tenían sobre los ciclos climáticos, se produjo un avance importantísimo en la agricultura y en la astronomía. Por último, el sedentarismo trajo consigo el desarrollo arquitectónico de los asentamientos.

Así, las culturas Pre-incaicas o prehispánicas del Antiguo Perú, fueron estableciéndose en forma continua durante 1400 años a lo largo de la costa peruana y en las tierras altas andinas. El poder y la influencia de algunas civilizaciones andinas tenían el objetivo de dominar grandes extensiones de territorio, pero durante los colapsos las culturas dominantes darían paso a pequeños Reinos regionales.

Estos colapsos serían producidos principalmente por la evolución misma de los pobladores que, forzados por la hostilidad de la mayor parte de la región, debieron crear y adquirir técnicas avanzadas en cuanto al manejo de los recursos escasos como el agua y, por ende, la producción de los alimentos; como también debían enfrentar las adversidades de un clima árido y frío, con lo que cada pueblo adoptaría los usos y costumbres apropiados para el marco geográfico donde vivía, acentuando así su identidad.

Por otro lado, si bien en un principio estas culturas precolombinas de la región andina central eran teocráticas, donde la figura de los sacerdotes eran muy respetadas y concentraban el poder. Con la evolución de los centros regionales de poder y de la tecnología, los sacerdotes fueron perdiendo ese poder y los centros religiosos en torno a los cuales se concentraban las grandes poblaciones perdieron importancia; lo que derivaría en la desaparición de las grandes civilizaciones prehispánicas. También se cree que estos centros de regionales más pequeños, fueron dando lugar al inicio de la lucha por el poder, guerras y por ello, un mayor desmembramiento de las culturas.

Las culturas preincaicas destacaron entonces por su capacidad de adaptación y un excelente manejo de sus recursos naturales, pero también por la belleza y perfección de su arte, entre los cuales sobresale la cerámica ritual, donde estos pueblos supieron plasmar con gran detalle las prácticas y costumbres de su vida cotidiana para las futuras generaciones.

Entre estas culturas tenemos: las culturas Chavín, Tiahuanaco y Huari en la sierra, las culturas Paracas y Nazca en la costa sur y las Mochica, Chimú y Sican o Lambayeque en la costa norte. Aquí desarrollaremos algunas de las más importantes.

LA CULTURA CHAVÍN

La cultura Chavín tuvo su origen en el pueblo denominado Chavín de Huántar, el cual es un sitio arqueológico ubicado en el distrito de Chavín de Huantar, provincia de Huari, departamento de Ancash. Está a 462 kilómetros al noreste de Lima. Se extendió desde Lambayeque hasta Palpa (Ica) por la costa y desde Cajamarca hasta Ayacucho por la sierra.

Por su ubicación geográfica central sus pobladores tenían acceso tanto al Océano Pacífico como a la Amazonia. Su climatología, propia de la sierra templada, dada su altitud de 3000 metros, tiene una estación lluviosa, más larga que la seca.

El periodo chavín pertenece al denominado Primer Horizonte andino u Horizonte Temprano y se extiende entre los años 1300 a.C. y los 200 a.C.

Por ello el desarrollo de esta cultura en la región de Los Andes Centrales, coincide con el proceso de sedentarización del hombre, la difusión de la agricultura y el desarrollo de la cerámica, la metalurgia y la escultura en la zona.

Su organización social y política estaba basada en una sociedad teocrática, forma de gobierno donde los líderes religiosos asumían el poder dominante ya que consideraban que su poder emanaba de dios. Los gobernantes era la clase sacerdotal respaldada por la Nobleza Guerrera.

En este periodo se desarrolló el Estado y se consolidó el Ayllu.

Economía

La economía Chavín se basó en la agricultura con la ayuda del intercambio comercial denominado trueque. El pueblo de Chavín fue capaz de domesticar muchos animales como camélidos, llamas, etc. Los camélidos fueron utilizados como animales de carga, como abrigo por su fibra, y como alimento por su carne.

Estos pobladores de la cultura Chavín producían charqui (carne seca), producto que comercializan habitualmente los pastores de camélidos y que sería la fuente económica principal del pueblo Chavín. También cultivaron con éxito varios cultivos como la papa, maíz, y quinua o quínoa. El crecimiento de la agricultura se debió al desarrollo de su sistema de riego que derivó en el aumento de la productividad de los campos. Construyeron andenes, canales de riego y usaron el abono para mejorar los cultivos. Sus alimentos principales fueron el chuño (papa deshidratada), el caqui (llamado también palo santo), el charqui, los pescados, entre otros.

Desarrollo cultural Chavín

Los vestigios de este pueblo hablan del protagonismo de la religión dentro de la cultura Chavin, la cual se destaca en sus manifestaciones arquitectónicas, pictóricas y esculturales.

Durante el período de su florecimiento se produjo una notable homogeneización de las creencias religiosas de un conjunto importante de culturas locales y regionales.

La religión en el periodo Chavín estaba concentrada en los templos de adoración, donde los sacerdotes de la cultura chavín rendían culto a animales como los felinos, la serpiente y el águila. Entregaban ofrendas a sus dioses con aspecto felino como el Dios Jaguar que infundía terror. Así es como en sus esculturas y bajorrelieves de edificios religiosos aparecen seres sobrenaturales con rasgos felinos (puma y jaguar) y diferentes aves andinas como el cóndor, águila, halcón, caimanes y serpientes.

Uno de los rasgos propios de la cultura Chavín era la creencia de de que sus sacerdotes podían convertirse en jaguares para contactar y modificar la influencia de las fuerzas naturales. Este rasgo es una característica sobresaliente de las sociedades agrarias como esta, donde la posibilidad de intervenir activamente en la naturaleza permitía asegurar la continuidad de la comunidad.

El Templo de Huantar

El principal ejemplo de la arquitectura y la religión chavín es el templo de Huantar considerado como el gran centro ceremonial de esta cultura.

El diseño del templo no habría resistido el clima de las tierras altas del Perú (ya que se hubiera inundado y destruido durante la temporada de lluvias), sino hubiera sido por la técnica empleada en su construcción.

Enclavado en la ladera de una montaña, el complejo está formado por gruesos muros y cubiertas adinteladas de piedra con una planta irregular que asemeja un laberinto. Posee un sistema de drenaje con varios canales donde el agua corre en época de lluvias ocasionando un sonido estruendoso, esto haría que el templo pareciera estar rugiendo como un jaguar, lo cual demuestra el conocimiento y manejo de la acústica que poseían.

Está construido en granito blanco y negro de piedra caliza, pero ninguno de estos materiales se encuentra cerca del sitio de Chavín de Huantar, entonces se deduce que las rocas tendrían que haber sido arrastradas desde lugares lejanos.

En el centro del edificio principal, se alza un monolito de más de cuatro metros de altura, conocido como El Lanzón, que tiene forma de cuchillo y representa a un terrible dios.

En su decoración se mezclan simbologías antropomorfas, colmillos, garras y cabellos como serpientes; su simple contemplación genera miedo.

En este templo se llevaban a cabo los rituales religiosos en los que los sacerdotes supuestamente se convertían en jaguares o águilas. Se empleaban brebajes alucinógenos, mezcla de coca y mezcalina, que producían en los sacerdotes y demás participantes de los ritos la impresión de estar viviendo metamorfosis sobrenaturales. Aún hoy en la costa norte del Perú se emplean estos brebajes en rituales de sanación.

Escultura y Cerámica

Las esculturas chavín fueron hechas de piedra tallada (Arte Lítico) y estaban relacionadas con su religión ya que ellos creaban sus obras inspirados en sus dioses que tenían características zoomorfas (especialmente rasgos felinos) como el dios Jaguar. Todas sus divinidades eran seres feroces, que mezclaban características de diferentes animales salvajes con el hombre.

Estas obras, entre las que sobresalían las estelas, los obeliscos y las cabezas-clavas, adornaban los templos religiosos y se constituían en imágenes terroríficas bien logradas, lo cual habla de la genialidad de los artistas chavines.

Además de las esculturas arquitectónicas, sus deidades eran representadas también en diferentes artes como la cerámica, los textiles y la orfebrería, donde desplegaron un excelente manejo de la soldadura y aleación de metales preciosos, entre ellos, el oro.

DESARROLLOS REGIONALES

Desde el año 500 a.C. hasta el 700 d.C., coincidente con la decadencia y posterior desaparición de la cultura Chavín, surgieron en la región Andina central una serie de culturas menores, independientes entre sí, pero en las que se advierte, en común, la huella de la cultura Chavín.

Entre estas culturas menores encontramos a los Paracas y los Nazcas en la costa del Pacífico Sur del Perú y los Moches en los valles del norte. El rasgo sobresaliente de los primeros estaba referido a la complejidad y hermosura de sus tejidos. Mientras que en los Nazca destaca el trabajo artístico en cerámica fina caracterizado por vivos colores y diferentes formas. En ambos pueblos fueron notables los trabajos en infraestructura destinadas al aprovechamiento del agua, recurso escaso en la región, para ser utilizado con fines agrícolas.

La cultura Mochica destaca por sus brillantes obras artísticas y sus enormes construcciones arquitectónicas en forma piramidal.

Pero sin duda, la civilización antigua más brillante desarrollada en la región andina antes de la cultura Inca, fue la de Tiahuanaco, establecida a orillas del lago Titicaca entre los siglos III y XIII.

1-      La cultura Paracas

Esta civilización precolombina, contemporánea a la cultura chavín, se desarrolló en la península de Paracas, Provincia de Pisco, Región de Ica, entre el 700 a.C. hasta el 200 años d.C., aproximadamente.

Sus restos fueron hallados en 1920 por el arqueólogo peruano Julio César Tello y su discípulo Toribio Mejía Xesspe, a 18 kilómetros al sur del puerto de Pisco.

Entre las principales características culturales de esta civilización tenemos que desarrollaron ampliamente la textilería de lana y algodón, con hermosos tejidos decorados, además de una cerámica exquisita caracterizada por la multiplicidad de colores.

Pero lo más llamativo es que practicaban la deformación craneana con un propósito estético y ritual, y la trepanación craneal con fines médicos.

La cultura Paracas se divide en dos periodos. El primero denominado Paracas Cavernas abarca desde sus comienzos, 700 a.C. hasta 200 a.C. Es el periodo más antiguo y está vinculado a la influencia chavín, especialmente en la cerámica. Este periodo tuvo como centro principal o capital a la peña de Tahajuana, a orillas del río Ica.

El segundo período es conocido como Paracas Necrópolis y se extendió entre el 200 a.C. y el 200 d.C. En este periodo, el principal asentamiento de desarrollo estuvo entre el río Pisco, la quebrada de Topara (centro principal) y la península Paracas.

Después del año 200, la civilización Paracas se funde con la de los Nazca.

Características de cada periodo

Uno de los elementos más representativos de la cultura Paracas es el referido al proceso de enterramiento de sus muertos. Los restos hallados por los antropólogos a principio de siglo permitieron distinguir los dos periodos que caracterizan a esta cultura, ya que fueron encontradas, enterradas de diferente manera, momias en excelente estado de conservación.

Mientras algunas fueron halladas en grupo dentro de pozos que parecían cavernas, otras fueron encontradas dentro de necrópolis. De allí los nombres de los periodos.

Estas momias consistían en fardos funerarios de forma piramidal y de diferentes tamaños que envolvían al cadáver colocado en posición fetal. Las momias estaban envueltas con capas sucesivas de textiles finos.

Dentro de las tumbas se hallaron tejidos de colores brillantes, algunos más suntuosos que otros y decorados con figuras antropomorfas. También se encontraron collares, brazaletes, bastones ceremoniales, abanicos de plumas, entre otras piezas. En función de la ornamentación de estas momias es que pudo distinguirse la diferencia de castas existente en la sociedad paracas.

Las tumbas encontradas en la cultura Paracas Cavernas, eran tumbas subterráneas cavadas en las rocas, con una forma que parece una “copa invertida”, o de botella de cuello alto, en cuyo fondo de unos 6 metros de diámetro, colocaban los fardos funerarios. Eran tumbas comunitarias, aunque no se sabe si los enterramientos correspondían a una misma familia.

Las tumbas conocidas como necrópolis, consistían en una multitud de grandes cámaras subterráneas de entierro, con una capacidad muy amplia. Se cree que cada cámara grande sería propiedad de una familia o clan específicos, que enterraban a sus antepasados a lo largo de muchas generaciones. Cada momia había sido atada con lienzos para que permaneciera en su lugar y colocada dentro de una canasta para luego ser cubierta con los textiles.

Organización Política – Social

La cultura Paracas tuvo en el primer período una forma de gobierno teocrático, influenciada por la cultura Chavín, mientras que en el segundo periodo el Estado fue militarizándose.

Los sacerdotes y la nobleza guerrera se conformaron como clases gobernantes y privilegiadas, mientras que el pueblo fue el sector productor y explotado de la sociedad.

Economía

Dependía básicamente de la agricultura intensiva y la pesca, fomentada, esta última, principalmente por su cercanía al mar. Se desarrollaron importantes avances agrícolas que incluyeron el uso del guano como fertilizante y la construcción de acueductos en los desiertos, lo que les proporcionó la capacidad de producir fuentes artificiales de agua.

Cerámica y Arte

En la época Paracas Cavernas, la cerámica tuvo una marcada impronta Chavín. Era polícroma y sus decoraciones consistían en complejos dibujos con varios colores, como rojo y amarillo, blanco y negro, asociados a representaciones religiosas. La cerámica fue de forma acalabazada con dos picos y unidos por una asa puente.

Mientras que la cerámica en la etapa Paracas Necrópolis alcanzaría un desarrollo menos notable. Si bien se mantuvieron las formas estéticas del periodo Cavernas, su pintura se volvió monocroma. En este caso las decoraciones fueron de animales, en especial, peces, plantas y personas.

Los antiguos paraqueños trabajaron también la plumería, con perfecta combinación de colores, los cuales eran probablemente usados en las ceremonias religiosas.

Fueron asimismo expertos en la cestería, en la que se destacan las cestas funerarias, las esterillas para dormir y los platos.

Textilería

Una de las razones principales por las que la cultura Paracas es conocida a nivel mundial es la calidad de sus textiles, especialmente los que pertenecen al periodo Paracas Necrópolis, que constituye una excepcional obra de arte de esta cultura.

Su arte textil es considerado, incluso, el mejor dentro de las culturas precolombinas y tuvo una fuerte influencia en las culturas posteriores, como la Cultura Inca en el siglo XV. Usaron lana de vicuña y algodón, pero sobre todo la primera. Su textilería fue armónica y con muchos colores, usaron dibujos de animales, antropomórficos y geométricos en sus diseños.

Es importante destacar que estos textiles son asociadas con los círculos de poder de los Paracas ya que eran ropas lujosas, hechas laboriosamente a mano, (para lo cual utilizaban diversos instrumentos textiles como los construidos con huesos de ballena), de excelente calidad, decoradas con flecos y cubiertas de figuras bordadas.

Los gobernantes importantes poseían gran cantidad de textilería fina durante su vida y eran enterrados con ella. Así que se puede considerar como un símbolo de riqueza.

Podemos decir que tenían una gran organización en torno a la industria textil ya que, antes de tejer, los diseñadores y tejedores necesitaban de otros profesionales, como especialistas en la cría de animales, para obtener una fina lana; tintoreros que trabajaban con un número ilimitado de plantas e insectos para extraer sus colores y obtener tintes de larga duración e hilanderos altamente calificados que producían el subproceso de los textiles.

Por otro lado debió ocupar gran parte de la vida de los paraqueños puesto que los tejidos estaban decorados con cientos de figuras bordadas a mano.

Algunos de los mantos encontrados llegan a tener 250 figuras y anchas franjas, enteramente bordadas a mano, que alcanzan una anchura de hasta 40 centímetros. Por lo que se estima que se necesitaban unos dos años para la elaboración de cada manto.

Afortunadamente, el clima seco de la costa peruana ha preservado un gran número de estos textiles, al igual que el tratamiento de las momias, ya que la mayoría de los tejidos fueron encontrados dentro de las tumbas.

Deformaciones y trepanaciones craneanas

La cultura Paracas es también muy conocida por su método para alterar la forma del cráneo, empleada ésta para distinguir la clase social, pero también considerada con fines religiosos. Los cráneos encontrados en Paracas Necrópolis muestran muchos ejemplos de esta práctica donde para alterar la forma del cráneo los alargaban con tablas y bandas de cuero que inclinaban el cráneo.

Los Paracas practicaron también las trepanaciones craneanas. Estas tenían objetivos médicos para tratar a los heridos en la zona craneal pero también se especula que los motivaban razones religiosas. La formación de tejido cicatrizado indica que muchos de los pacientes sobrevivieron a las operaciones, lo cual demuestra el conocimiento adelantado de la medicina en el Antiguo Perú, tal como lo han demostrado, restos de operaciones quirúrgicas en el cerebro con la supervivencia de los pacientes, aunque, por supuesto, es imposible deducir cuáles fueron los resultados físicos de tales operaciones. En las tumbas se ha hallado un número significativo de cráneos con trepanaciones y cubiertas con placas de oro en la zona del orificio. El cirujano paracas era llamado Sir Kah y utilizaba instrumentos como cuchillos y bisturíes de obsidiana.

El candelabro de Paracas.

Una de las manifestaciones más enigmáticas de la cultura de Paracas es el llamado Candelabro o Tridente de Paracas. Se trata de una figura similar a un candelabro de unos 130 metros de largo y 75 de ancho, dibujada sobre la cambiante superficie de arena de una colina en la Bahía de Paracas, y que a pesar de los años jamás se ha borrado. De ahí, el misterio.

Al excavar en el interior de dichos brazos nos encontramos que a diez o quince centímetros, dependiendo del lugar donde se excave, la arena desaparece y surge una costra blanco amarillenta, de naturaleza cristalina, muy común en toda la península de Paracas. Esta sedimentación natural, aparte de su luminosidad, presenta una superficie asombrosamente lisa. Hoy se dibuja como un tono rojizo-amarillento, pero hace cientos o miles de años tuvo que destellar al sol como un candelabro de plata.

No hay fuentes escritas sobre él. No hay tampoco una explicación oficial acerca de su verdadero significado ni de su función. Su origen sigue siendo una incógnita y la antigüedad del mismo tampoco pudo ser develada. Se cree que por sus características físicas y su tamaño (que le permite ser visible desde el mar), podría haber servido de guía a los navegantes de las costas del Pacífico peruano, aunque también se cree que simboliza “el árbol de la vida”. Por último, no faltan los que le adjudican un origen extraterrestre.

2-    La Cultura Nazca

Esta civilización prehispánica se desarrolló entre los siglo I d.C. y el siglo IX d.C. en la costa sur del actual Perú, precisamente en la Región de Ica, expandiéndose por los valles de Pisco, Río Grande, Cañete, Chincha, Ica y Acari, estos valles atraviesan una zona costera desértica donde se encuentra la actual ciudad de Nazca.

La cultura Nazca ha sido fuertemente influenciada por la anterior cultura Paracas que se desarrolló en ese mismo territorio, aunque la evolución de una a otra cultura no se produciría de manera brusca, sino que se trató de un proceso lento. De ahí que se mantengan en la cultura Nazca muchos de los hábitos y costumbres de Paracas, entre otros, la utilización de técnicas avanzadas de agricultura, la práctica de la trepanación craneana y la actividad guerrera. Su Estado también fue teocrático y militarista.

Pero si bien sus antecesores, los Paracas, eran conocidos por la fabricación de textiles extremadamente complejos y bellos, los Nazcas, en cambio, produjeron hermosas cerámicas y una serie de geoglifos conocidos como Las Líneas de Nazca. También construyeron un impresionante sistema subterráneo de acueductos, conocido como puquios, que siguen funcionando hoy en día. El descubridor científico de la cultura Nazca es el arqueólogo alemán Federico Max Uhle.

La sociedad Nazca estaba compuesta de cacicazgos locales y centros regionales de poder centralizados alrededor de su capital Cahuachi , ubicada a 6 km de la moderna ciudad de Nazca. Cahuachi es considerado el centro ceremonial principal de esta cultura, hogar de rituales y festejos relacionados con la agricultura, el agua y la fertilidad.

Imágenes de las líneas de Nazca

La decadencia Nazca ocurrió entre los años 700 - 900 d. C. Se cree que el desierto avanzó rápidamente sobre los asentamientos Nazca, y que el centro más importante de Nazca (Cahuachi) perdió la religiosidad de sus pobladores.

Este debilitamiento de la influencia religiosa se debió principalmente el avance tecnológico que experimentaron no sólo los Nazcas, sino todos los pueblos contemporáneos de la región andina. Avance tecnológico que se produciría a partir de la adaptación forzosa que debieron hacer estos pueblos al medio geográfico árido donde vivían, y que lograron mejorando técnicas que utilizaban, por ejemplo, para controlar el agua y suministrarla a los centros poblacionales o a los campos de cultivos. Pero también a partir de diferentes construcciones y fortificaciones construidas no sólo para preservar el agua, sino como protección frente a los ataque enemigos, ya que estos pueblos enfrentaron diferentes guerras. Esta realidad, significó el auge del poder civil y la disminución del prestigio de los sacerdotes, hasta entonces depositarios de la autoridad en todas las civilizaciones precolombinas. Esto quedaría de manifiesto con la disminución paulatina de la importancia de los centros ceremoniales o templos religiosos de la región, como surge de las distintas investigaciones.

Aunque también podemos decir que se produjo un proceso de regionalización dentro de estas culturas, surgida a partir de ese mismo proceso de adaptación mencionado anteriormente, y que fue otorgando una identidad a cada poblado y el posterior desmembramiento de la civilización, impulsado por la lucha de poder surgida a partir del auge del poder civil.

Organización Política - Social

Los Nazca situaron sus centros de población en la parte alta de los valles, debido al escaso caudal de los ríos, que no suelen llegar con agua a su desembocadura en el Pacífico. No debemos olvidar que los valles donde se instaló esta cultura era una región árida.

Los Nazca estaban divididos en numerosos asentamientos perfectamente organizados en los distintos valles. Cada poblado tenía su propia autoridad que, por lo general, era un sacerdote. Estos gobernantes pueden observarse representados en las piezas de cerámica donde se los muestra transportados en literas y acompañados por un nutrido séquito, ya que las autoridades, tenían a su servicio una gran cantidad de artesanos calificados (alfareros, tejedores, músicos), como así también astrólogos y soldados.

Los Nazcas atribuían a los sacerdotes conocimientos especializados en astronomía, matemáticas y geometría. Gran parte de su poder provenía justamente de sus conocimientos astrológicos que le permitían predecir el futuro. Incluso llegaron a tener un calendario de 360 días.

Por ello la sociedad Nazca estaba centralizada fundamentalmente por los sacerdotes, ellos tenían el poder de organizar el trabajo comunitario y dirigir las actividades ceremoniales religiosas. La élite Nazca vivía dentro de construcciones pirámides, hechas de adobe y con las paredes cubiertas con una capa de yeso o cal para cerrar las grietas.

La base de la sociedad fueron los agricultores y pescadores, que vivían dispersos en diversas partes del territorio a las afueras de la ciudad donde ocupaban casi todos los valles fértiles con el fin de desarrollar la agricultura. Vivían en chozas cubiertas de paja y con paredes de troncos, situadas fuera de la superficie de cultivos, es decir, el borde del desierto, a fin de maximizar la superficie cultivada. Estas chozas se agrupaban en aldeas en torno a una pirámide de adobe que tenía la función de santuario.

Economía

La economía Nazca se basaba en la agricultura intensiva que se practicaba en los estrechos valles de los afluentes del Río Grande de Nazca y en el valle de Ica.

Los Nazcas construyeron varios metros de pozos profundos conectados por una red de acueductos subterráneos denominados "puquios", utilizados para acarrear agua hasta la zona de cultivos y así aliviar la escasez hídrica en esa región árida. Estos acueductos hablan de los profundos conocimientos hidráulicos que poseían los miembros de esta cultura prehispánica y continúan siendo utilizados en la actualidad por los agricultores del sur peruano.

Los principales cultivos fueron el maíz, los frijoles, las calabazas y zapallos, la yuca, el maní, el ají, la lúcuma, el Pacay y algodón.

Los Nazcas también fueron hábiles pescadores con redes y encontraron en el mar una gran fuente de alimentos.

El comercio Nazca tuvo gran importancia ya que a través del mismo podían satisfacer las necesidades de la población afectada, muchas veces, por largas sequías. Mantuvieron un comercio continuo con los comerciantes de la cultura Huarpa intercambiando productos como la papa y lana a cambio de pescado, algodón y cerámicas de la cultura Nazca.

El arte

La cerámica nazca es considerada como una de las más hermosas y logradas de entre las culturas andinas y el estudio de la misma ha permitido la reconstrucción de la vida y las costumbres de este pueblo.

Para su elaboración se utilizaba la arcilla que era colocada en espiral y sobre una base convexa, a la que se añadían elementos complementarios como pitorros, asas o relieves. Luego las piezas eran pulidas minuciosamente para ser finalmente pintadas con colores vivos y brillantes, donde destacan el rojo en diferentes tonalidades, el gris, el marrón y el amarillo, aunque el fondo de la mayoría de las piezas es de color blanco.

La característica principal de la cerámica Nazca es el “Horror al vacío”, es decir que los Nazcas no dejaron en ninguna de sus cerámicas algún espacio sin pintar o decorar.

La forma más típica de las vasijas es la botella asa-puente con dos vertederos, pero también fabricaron ollas esféricas, cuencos, tazas, platos y vasos.

Estas piezas se decoraron con variados elementos o motivos que podemos dividir en tres categorías:

Naturalistas: elementos que ilustran el medio ambiente de la región o propios de la cotidianeidad de esta cultura como cultivos, frutos, flores, animales y hasta insectos.

Míticos o religiosos: con figuras antropomorfas que revelan la percepción que tenían los Nazcas sobre el mundo.

Geométricos: Destacan círculos, semicírculos, rombos, triángulos, líneas onduladas, escalonadas y espirales.

Por último, los Nazcas trabajaron también el tejido, de clara influencia Paracas y la orfebrería, en la que se destacaron por el trabajo en oro y cobre.

Religión y Creencias

Los pobladores de la cultura Nazca adoraron a los elementos de la naturaleza como las montañas, el mar, cielo, tierra, fuego, agua, y los animales. Tenían muchos dioses que los representaban y la mayoría de los templos fueron creados en honor de estas deidades, con el objetivo de agradar a los dioses para no sufrir hambrunas. Los estudios señalan que los Nazcas practicaban los sacrificios humanos en rituales religiosos o en ceremonias bélicas.

Al igual que otras culturas andinas, otorgaron gran importancia a los enterramientos. Gracias al clima seco y frío de esta zona desértica ha sido posible recuperar momias en excelente estado de conservación, lo que permitió obtener datos sobre la organización social y las costumbres de estos antiguos habitantes del Perú.

Los Nazcas eran cazadores de cabezas. Su condición de pueblo guerrero les permitía hacerse de las cabezas de los enemigos derrotados, las que convertían en piezas de trofeo. Para hacer una cabeza trofeo, sacaban el cerebro de la base del cráneo, luego cosían la boca de la cabeza y hacían un pequeño agujero en la frente, donde se deslizaban una cuerda para colgarlos. Se cree que las cabezas-trofeo fueron diseñadas para hacer rituales en relación con la fertilidad de la tierra.

Las Líneas de Nazca

Las Líneas de Nazca son las expresiones artísticas más conocidas de la cultura Nazca. Se trata de una serie de geoglifos compuestos por grandes diseños dibujados en la llanura del desierto al norte del asentamiento Cahuachi, dentro de un área de 500 kilómetros cuadrados.

Estas “Líneas”, se encuentran en una zona geográfica con pocas precipitaciones y falta de vegetación, lo que permitió que permanecieran intactas hasta nuestros días, después de 2000 años.

La mayoría de estas líneas (que forman más de 350 de dibujos, algunas del tamaño de una cancha de fútbol) representan figuras zoomorfas y líneas geométricas de varios kilómetros de longitud cuyo tamaño y precisión siguen asombrando.

Su función es un misterio. Algunas interpretaciones sugieren que fueron creados por los dioses o seres extraterrestres, mientras que otros sugieren que eran una especie de calendario con las alineaciones astronómicas que ayudaban en la siembra y cosecha de cultivos. Otros han postulado que el propósito de las líneas de Nazca era sólo como un camino para la procesión ceremonial, es decir, tenían una función ritual quizás relacionada con el ciclo del agua en una región muy desértica.

3-      Cultura Mochica

Es una cultura precolombina que se extendió a lo largo angosta faja de 6000 kilómetros cuadrados aproximadamente, en la costa norte del Perú, entre los años 100 d.C. hasta el año 700 d.C.

El medio geográfico donde se desarrolló esta cultura muestra una gran dureza climática. El aspecto que hoy presenta esta región es el de una zona desértica, donde prácticamente no llueve, cubierta por una arena grisácea, traída por los vientos de los Andes y con escasa fauna.

Era una civilización contemporánea a la cultura Nazca e históricamente pertenecen al período llamado el de "Los maestros artesanos" o "grandes constructores de ciudades ", ese nombre indica el carácter industrioso y creativo de esta sociedad, cuya hermosa cerámica retrataba la vida cotidiana y las creencias religiosas de la época, y cuyos orfebres asombraron incluso a los incas.

Los restos de sus templos piramidales, palacios, fortalezas y sistemas de riego son una prueba de su alto nivel artístico, desarrollo tecnológico y compleja organización.

La guerra constituyó una parte fundamental de la actividad social de esta cultura. Las grandes construcciones y demás elementos aplicados a la guerra encontrados por los investigadores así lo confirman.

La causa de la desaparición de la cultura Mochica o Moche, como también se la conoce, alrededor del año 600 a 700, se desconoce, pero podría haber sido iniciada por una sequía de 30 años a finales del siglo VI, seguido por un periodo de inundaciones provocado por un Súper Fenómeno de El Niño (identificado por meteorólogos en el espesor del hielo en los Andes) y terminó por las fuerzas de invasión del imperio Huari. El declive de los moches marcó un vuelco general del balance de poder en el Perú desde la costa norte hacia la sierra sur.

Organización Política- Social

La forma de gobierno moche era militarista y teocrática, y no existía un gobierno central, sino que era un grupo de señoríos independientes donde gobernada un curaca. Cada uno de ellos controlaba uno o más valles de la costa y formaba un centro urbano-ceremonial, donde la población estaba estratificada en clases. En la punta de la pirámide se encontraba el gran Señor, que ejercía un enorme poder, luego los artesanos y sirvientes y en la base se encontraban los campesinos que se diferenciaban por la sencillez de sus ropas. El centro principal o capital de los Mochicas fue el valle de Moche.

El Estado Mochica ampliaba sus territorios mediante las guerras de conquista, los nuevos territorios se vinculaban mediante una red de carreteras y caminos. Los caminos de los Moche y el sistema de estaciones de paso se cree que han sido una inspiración temprana para la red de caminos Inca.

Los guerreros debieron de gozar de un estatuto especial, se formaron ejércitos profesionales para el control, la dominación política y la seguridad territorial, como lo demuestran complejos militares estratégicamente situados en los valles y extensas murallas que delimitaban los pequeños reinos.

El reparto de las tierras de cultivo se realizaba siguiendo una práctica ancestral muy común en las teocracias. Cada varón recibía un tupu (equivalente a una fanega y media de extensión) para el cultivo del maíz y un tupu más por hijo varón y medio por hembra.

A los nobles se les daban tierras en proporción con el número de esposas, concubinas, hijos y esclavos que tuvieran. Además, las clases dirigentes requisaban el excedente de los cultivos conseguidos, de manera de cubrir así las necesidades de las clases altas y los artesanos que no producían.

Pirámide social mochica

Cie-Quich: Era el gobernante o rey de uno o muchos valle costeños y estaba representado como un jaguar.

Alaec: Eran reyes subordinados al poder de un soberano Moche "Cie quich".

Sacerdote: Poseían gran poder en la población e iniciaban los rituales religiosos. Estaba representado como un Zorro.

Pueblo: Estaba compuesto por campesinos, pescadores, comerciantes y artesanos. Estaba representado como un lagarto.

Economía

La agricultura era la base de la economía mochica y seguramente la actividad más importante en la vida de este pueblo, ya que las desventajas del clima y la geografía del lugar los motivó a crear importantes obras de infraestructura y a desarrollar técnicas agrícolas avanzadas, las que de seguro empleaban gran parte de su tiempo. Prueba de ello es la extraordinaria red de canales y acueductos, construidos totalmente en barro, que recorrían los valles para abastecer del agua necesaria, sobre todo a las área cultivadas, algunos de los cuales subsisten hoy en día y están en funcionamiento. Como por ejemplo el acueducto La Cumbre, una verdadera obra de ingeniería hidráulica de 113 kilómetros de longitud que sirve para irrigar el valle de Chicama.

Cultivaron maíz, poroto alubia, papa, batata, calabaza, maní, coca, árboles frutales como la chirimoya y la granadilla y unas seis variedades de algodón. Usaban el guano como fertilizante.

Para cultivar en las zonas llanas trazaban surcos rectos, mientras que en la zona de las montañas lo hacían en espiral.

También practicaban la pesca en "Caballitos de Totora”, una técnica que subsiste en la actualidad en las regiones norteñas del Perú. Los Caballitos son embarcaciones hechas con totora, un árbol que crece a las orillas de los ríos de la región, en la que los pescadores iban sentados a horcajadas y se dejaban arrastrar por la corriente. Con totora también construían unas balsas similares a las que se utilizan actualmente en el lago Titicaca.

Pescaban peces y mariscos, no sólo para el consumo propio, sino también para el comercio, intercambiándolo con otros productos. Para pescar utilizaban redes con flotadores, anzuelos de distintos tamaños y arpones de madera.

Algo que enriqueció mucho su economía fue la domesticación de la llama, un animal fácil de adaptar a esa región inhóspita y, que no solo le proporcionaba lana y carne, sino que lo utilizaba como animal de carga. Además cazaban venados con redes y dardos, aves con cerbatana y lobos marinos con mazos y porras. Algunos animales los conservaban como animales de compañía.

Tanto la carne como el pescado solían conservarlo fresco o secado al sol con sal.

El arte mochica

Los mochicas han dejado una perfecta descripción de su forma de vida, sus actividades cotidianas y costumbres en las diferentes manifestaciones artísticas que realizaban, sobre todo en la cerámica donde se destacaron con expresiones bien logradas de su realidad.

Así, podemos encontrar piezas que describen perfectamente cuáles eran los productos que cultivaban, cuáles los animales que cazaban, cómo eran sus guerras y hasta cómo eran ellos físicamente. También representaban a sus dioses y ritos religiosos.

La cerámica Moche fue principalmente de color rojo (o variedad de rojos), crema amarillento, blanco y negro humo utilizado sólo unas pocas piezas. Esta cerámica Moche es una de las más variadas del mundo y con acabados perfectos. El uso de moldes les habría permitido la producción masiva de ciertas formas, aunque de igual manera existe una variedad enorme de temas y formatos.

Las principales manifestaciones de arte de los Mochicas fueron:

Los Huacos Retratos: Estos huacos reflejaban las expresiones humanas de los pobladores moche "rasgos físicos" y estados de ánimo. Había botellas y vasos que representaban cabezas humanas con rasgos realistas.

Los Huacos Eróticos: Representaban imágenes de la vida sexual de los pobladores mochicas, se cree que era un culto a la fertilidad y que el sexo formaba parte de la vida cotidiana sin ser reprimido por inhibición alguna.

Los Huacos patógenos: Retrataron imágenes de personas con enfermedades variadas.

Los textiles y ropas fueron hechos principalmente de lana de vicuña y alpaca. Aunque existen muy pocos ejemplos de esto, el pueblo Moche tenía conocimientos de sus antepasados.

Los mochicas eran excelentes orfebres y buenos conocedores de la metalurgia. Descubrieron las propiedades del oro, la plata y el cobre. Desarrollaron técnicas para la extracción de minerales, como así también para su fundición y tratamiento químico.

Trabajaron con aleaciones sofisticadas, mezclaron hábilmente cromo y mercurio obteniendo bronce, cobre dorado y plata dorada, no al azar, sino con patrones y normas, manejaron una variedad de reactivos como la sal común, nitrato de potasio, sulfatos, etc. metales, etc.

Con todo esto, pudieron producir una gran variedad de objetos de uso cotidiano como tazas, platos, pinzas, conchas, también adornos como collares, medallas, pulseras, aros, instrumentos musicales y armas para la guerra, como cuchillas o puntas de flecha y protectores varios.

Preparaban máscaras y trajes para las danzas de rituales religiosos y una gran variedad de instrumentos musicales de percusión y de viento. Algunas flautas eran tan grandes que hasta debían apoyarlas en el piso para poder tocarlas y hacían un ruido ensordecedor. Un instrumento llamativo de los mochicas era el “pototo”, una especie de trompa obtenida a partir de la concha de grandes caracolas.

La Arquitectura Mochica

Los mochicas no llegaron a construir grandes ciudades pero si centros de poder o ceremoniales y también grandes fortalezas destinadas a defender sus recursos de los enemigos.

Los centros ceremoniales estaban compuestos de plataformas de adobe y dedicaban culto a sus dioses con decoraciones de pinturas murales. Entre estos templos tenemos, la Huaca de la Luna, la Huaca del Sol, La huaca de Cao Viejo y la Huaca Rajada donde en 1987 ocurrió uno de los descubrimientos históricos más sorprendentes y valiosos del mundo, la tumba del Señor de Sipán. Se trata de una tumba hallada en el pequeño pueblo de Sipán, perteneciente a un miembro de la realeza moche que habría fallecido a los 35 años. En esta tumba se encontraron restos de la cultura mochica de incalculable valor arquitectónico e histórico ya que, al no haber sido saqueado por los conquistadores, el estado de conservación del lugar era excelente y esto permitió obtener muchos detalles de esta cultura.

Los mochicas utilizaron como material de construcción principalmente el adobe, pero también usaban la piedra para las bases de murallas y terrazas y la paja, cañas de bambú y de totora para los techos.

La forma más típica de las estructuras de los templos ceremoniales y viviendas domésticas era la forma rectangular, si bien los alojamientos de los señores lo constituían enormes construcciones con muchas columnas, terrazas y plazas, mientras que en las aldeas las construcciones eran más pequeñas con una sola puerta que cubrían con una manta, cuyas paredes exteriores eran pintadas con vivos colores y decoradas con murales a gusto del dueño.

Religión y creencias de los Mochicas

Los mochicas creían en la inmortalidad del alma, y en que existía un más allá. Por eso, enterraban a sus muertos junto con sus esposas, sus criados y sus pertenencias. Los cadáveres eran momificados envolviéndolos con varias capas de tela.

En la tumba del Señor de Sipán se encontraron no sólo el sarcófago principal del Señor, sino siete sarcófagos más (pertenecientes a dos esposas, tres guerreros y un perro) y un ajuar funerario de unas 1500 piezas de cerámica y orfebrería de incalculable valor.

La religión moche giraba en torno al culto de la luna, para la que construyeron un templo, la Huaca de la Luna, donde los sacerdotes llevaron a cabo todo tipo de ceremonias y rituales religiosos.

El ritual religioso más importante era una ceremonia de sacrificio en el que los prisioneros de guerra eran sacrificados para los dioses. Los sacrificios pueden haber sido asociado a los ritos ancestrales de renovación y fertilidad agrícola. En realidad, cada fenómeno de la naturaleza tenía su propio dios.

Por otro lado, los mochicas creían que las enfermedades tenían causas sobrenaturales y para detectarlas se realizaba un ritual de imposición de manos.

Los sanadores eran muy respetados y si bien comenzaron utilizando la hechicería, fueron evolucionando hasta el uso de hierbas medicinales y otros productos de origen natural.

Los mochicas solían beber en exceso. Elaboraban una fuerte bebida obtenida de la fermentación del maíz, denominada chicha. La música se asociaba a la danza y ésta a la religión, pues casi todas las formas de expresión religiosa implicaban el baile.

4-La cultura Tiahuanaco

La ciudad de Tiahuanaco está situada a orillas del lago Titicaca, a unos 4.000 metros de altura, en pleno altiplano boliviano. En esta región inhóspita, caracterizada por un clima árido y de temperaturas extremas, se desarrolló entre los siglos III y XII de nuestra era una cultura que destacó por sus magníficas construcciones de piedra, muchas de las cuales parecen haber quedado incompletas.

Algunos expertos opinan que Tiahuanaco era un centro religioso frecuentado por peregrinos de diversas partes de los Andes, pero lo cierto es que tanto la ciudad como sus habitantes están rodeados de misterios sin descifrar.

La civilización de Tiahuanaco tenía un Estado de carácter expansivo que la llevaría a influir en el resto de las culturas de la región Andina. Esta expansión, llevada a cabo principalmente por motivos religiosos, se realizaría a través de una especie de “guerra santa” en la que se difundía entre otras creencias, la del dios Viracocha. Así fueron imponiendo sus prácticas culturales en los territorios aledaños y eclipsando las culturas locales hasta hacerlas desaparecer.

Por ello, se considera que en todas las culturas precolombinas existió la influencia de esta cultura y se pueden encontrar vestigios que lo corroboran.

Las ruinas de esta civilización fueron descubiertas a principios del siglo XX por el arqueólogo alemán Arthur Posnahky pero ya habían sido descriptas en el siglo XVI por un cronista español que quedó maravillado por las edificaciones de esta cultura.

Organización socio- política

La civilización Tiahuanaco, fue una sociedad teocrática colonizadora, cuyo motivo de expansión sería la religión y difusión del dios Viracocha.

Se cree que el grupo dominante habría estado compuesto por guerreros, quienes manejaban los asuntos políticos y religiosos. Además, también había artesanos, agricultores, pescadores y pastores.

La economía de los tiahuanacotas

Los tiahuanacotas practicaban el pastoreo y eran agricultores.

Para sortear las inclemencias del clima sobre la agricultura emplearon técnicas agrícolas especiales. Construyeron campos de cultivo elevados, conocidos como “camellones” o waru- waru, que evitaban las inundaciones y, a la vez, acumulaban humedad, moderando los bruscos cambios de temperatura y brindando abundantes cosechas.

Su ubicación estratégica, en la cuenca del lago Titicaca, donde convergían un sinnúmero de rutas caravaneras, le permitió controlar el flujo de bienes importantes que se producían en zonas de más baja altitud, como la coca, el maíz o el ají.

La arquitectura de Tiahuanaco

Las ruinas de esta civilización forman uno de los complejos arquitectónicos más importantes de la época precolombina.

Tiahuanaco no está considerada como una ciudad urbana principalmente, esto es por la enorme cantidad de vestigios de templos y construcciones ceremoniales y porque no se han encontrado sectores habitacionales. Por ello se cree que fue un importante centro religioso y de peregrinación. Incluso mucho después de su abandono, Tiahuanaco aún continuaba siendo un lugar de respeto.

Todas las construcciones que forman el complejo arquitectónico de esta cultura están emplazadas en una gran planicie de suaves pendientes y escasa vegetación de enorme extensión. A lo largo de la misma, se encuentran diferentes edificaciones muy significativas y de carácter monumental.

En todas ellas hay que destacar el trabajo de mampostería. El sistema de unión de los bloques de piedra revela un antiguo uso del metal con fines constructivos. La técnica de construcción más utilizada fue la colocación de grandes monolitos verticales, con los espacios entre dichas esculturas rellenados con piedras más pequeñas, hasta formar una magnífica muralla en las que las piedras están perfectamente labradas y presentan una total simetría. Las entradas, finalmente, estaban fijadas por escalinatas.

La mayor construcción, “El Akapana” que debió consistir en una pirámide de terrazas, cuya base mide unos 180 metros de lado y su altura se aproxima a los 15 metros. Probablemente se trataba de una residencia de la élite sacerdotal. Contaba con un sistema de recogida de aguas que se efectuaba a través de canales.

Otra estructura, el Kalasasaya, es un gran espacio cuadrado de unos 1755 metros cuadrados, delimitado por bloques de piedra verticales (monolitos) que en apariencia y originalmente, formaban parte de un muro continuo. Se trata del centro ceremonial más importante y se halla en el centro del complejo arquitectónico de Tiahuanaco. En el interior del recinto se encuentra un patio al que se desciende por una escalinata labrada en una sola roca de seis peldaños; pasando a través de una puerta monolítica, en cuyo centro se encuentra la “Estela” o el "Monolito Ponce".

Este monolito, denominado así en honor a su descubridor, el arqueólogo Ponce Sanjinés, consiste en la figura de un hombre tiahuanacota de unos 3 metros de altura.

Se cree que, Kalasasaya, era un observatorio astronómico, dedicado principalmente a la observación de los movimientos del sol, ya que los tiahuanacotas practicaban el culto al sol. En uno de los extremos de este edificio se encuentra la construcción más notable de esta cultura: la Puerta del Sol.

La Puerta del Sol es una estructura tallada en un bloque de piedra de 3 metros de alto por 4 de ancho, de nueve toneladas de peso y decorado con un friso en bajorrelieve con la figura de un dios antropomorfo rodeado de cabezas humanas y de un cóndor que miran hacia él. Este motivo fue repetido muchas veces en los tejidos y la cerámica de esta cultura. El significado de este simbolismo de la decoración es incierto, aunque algunos arqueólogos creen reconocer en esta figura al dios Viracocha, el dios creador, a quien se rinde culto en toda la región de los Andes.

El templete semi subterráneo o también llamado de los rostros, se encuentra en la puerta anterior de la puerta principal del Palacio de Kalasasaya.  De este templete sobresalen, esculpidos, 175 rostros muy singulares que representarían a todos los tipos de raza humana.

El piso esta a más de 2 metros de profundidad y nunca se inunda debido a un sistema de desagüe planificado matemáticamente. En realidad, un sistema muy avanzado para esa época, lo que hace pensar en cómo se pudo tener tanta precisión arquitectónica.

Se presume que el templo semi-subterráneo fue construido para dar la bienvenida a los reyes y visitantes extranjeros que tenían un encuentro espiritual con Kalasasaya. En su interior se encontró el monolito más grande de la cultura Tiahuanaco, que mide 7 metros de altura y es conocido como "monolito de Bennett".

Los monolitos presentes en las construcciones de Tiahuanaco debieron cumplir la figura de guardianes. En general se trata de figuras erguidas, carentes de expresión, con una cabeza cuadrada y las manos en el pecho.

También se han encontrado en el yacimiento arqueológico de Tiahuanaco, estatuas antropomorfas, y restos cerámicos.

Aunque muchas de las estructuras se han perdido debido a la poca resistencia del adobe, las investigaciones revelan que la ciudad debió estar ocupada por entre 20 y 40 mil habitantes, repartidos en un área de 4 km cuadrados.

El arte Tiahuanaco

La cerámica Tiahuanaco desarrolló dentro de su propio estilo, algunos de los grandes temas comunes a todas las culturas andinas: Felinos, Serpientes y Falcónidas o Cóndores. Era policroma, aunque el color dominante era el anaranjado. En sus combinaciones, los colores más empleados fueron el negro, rojo, anaranjado y blanco, llegando a combinar hasta cinco colores.

El tipo más común de vasija es el “kero”, un vaso troncocónico, decorado en uno de los lados con una cara de formas aparentemente humanas, presentada en bajo relieve. Otros ejemplos de la alfarería Tiahuanaco son los botellones con cuello corto, los cántaros globulares con asas verticales, cántaros de doble recipiente con asa puente, y vasijas en forma de aves y cabezas humanas. Entre las figuras antropomorfas, zoomorfas y fitomorfas destaca el uso de la planta del maíz y, dentro de los motivos geométricos, figura el dibujo escalonado y la espiral.

El estilo de cerámica de Tiahuanaco fue muy difundido en todo el territorio del Perú y aunque incorpora nuevas modalidades en cada una de las distintas culturas, mantiene vestigios de sus raíces tiahuacanas.

En cuanto al arte textil, los tiahuanacotas, desarrollaron un tejido caracterizado por poseer diseños similares a los de su cerámica: con figuras de felinos, rostros humanos y dibujos geométricos.




  • Argentina: 0800 2200 350
  • -
  • Bolivia: +591 3 3708206
  • -
  • Chile: +56 2 3281 1674
  • -
  • Ecuador: +593 2 6018068
  • -
  • España: +34 93 0077 931
  • -
  • México: +52 55 44376787
  • -
  • Perú: +51 1 241 9032
  • -
  • Venezuela: +58 261 4190130