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Cancionero de Felipe Varela

Felipe Varela, estanciero en La Rioja y coronel del ejército del Chacho, había participado en las montoneras de este último hasta su muerte, en 1863.  Durante su exilio en Chile se vinculó con la Unión Americana comprendiendo que “las secciones aisladas de América serán siempre entidades políticas insignificantes (…) unidas se bastarán a sí mismas para la defensa de su autonomía e independencia”.

Al enterarse del tratado de la triple Alianza decide cruzar la cordillera para pelear, junto con emigrados argentinos y algunos chilenos, que suman alrededor de 200, contra el gobierno nacional de Mitre. Su propósito era continuar la lucha del Chacho.

Inmediatamente, el 6 de diciembre de 1866, lanza su proclama. En ella afirma: “Desde que aquél (Mitre) usurpó el gobierno de la nación, el monopolio de los tesoros públicos y la absorción de las rentas provinciales vinieron a ser patrimonio de los porteños, condenando a los provincianos a cederles hasta el pan que le reservara para sus hijos (…) Esta es la política de Mitre”.

A pesar de que el gobierno de Mitre no quiere dar mayor trascendencia al resurgimiento de la guerrilla del Noroeste, para circunscribir la insurrección, él mismo abandona el frente del Paraguay con 3.500 hombres para controlar la situación interna. Pero ya Varela cuenta con 4.000 hombres detrás de su bandera: “¡Federación o muerte! ¡Viva la Unión Americana! ¡Viva el ilustre Capitán General Urquiza! ¡Abajo los negreros traidores a la patria!”. También Varela, como el Chacho unos años antes, esperará que Urquiza se ponga a la cabeza de la insurrección, mientras en éste pesaban los intereses que lo ligaban al Banco de Londres y a la continuación de la Guerra con el Paraguay. En nada coincidirá su pensamiento con “nuestro programa es la práctica estricta de la constitución jurada y el orden común, la paz y amistad con el Paraguay”.

La proclama de Varela era clara. Sabe a quién esconden los enemigos visibles: al Imperio Británico que, en sutil maniobra, tiende a hacer depender económicamente a todo el continente sudamericano de él y conseguir así importantísimas ganancias. Por eso dice: “¡Compatriotas a las armas!… es el grito que se arranca del corazón de todos los buenos argentinos. ¡Abajo los infractores de la ley! ¡Abajo los traidores a la patria! ¡Abajo los mercaderes de cruces en la Uruguayana, a precio de oro, de lágrimas y de sangre argentina y oriental! ¡Atrás los usurpadores de las rentas y derechos de las provincias, en beneficio de un pueblo vano, déspota e indolente!”.

Pero, a pesar del apoyo de los pueblos de las provincias, el poder de las montoneras era muy inferior: con sus lanzas no podían enfrentar las nuevas armas que poseían los Paunero, los Arredondo o los Taboada.

Un duro golpe es para Varela la batalla del Pozo de Vargas, en abril de 1867. Los nacionales después de largas horas de combate lo obligan a retirarse con sus tropas maltrechas. Sin embargo, no obstante el desastre sufrido, pocos meses después se encuentra en condiciones de tomar Salta con mil de sus hombres. La ciudad estuvo en su poder durante unas pocas horas y, aunque mucho se ha mencionado el atropello de la montonera, nadie pudo atestiguar el saqueo. Finalmente, Varela se dirige a Jujuy, seguido de cerca por Navarro, del ejército mitrista, y se ve obligado a refugiarse en Bolivia.

En 1868, al enterarse del asesinato de Aurelio Zalazar, vuelve Varela con sus gauchos. Pero es vencido y debe exiliarse definitivamente en Chile, adonde marcha enfermo y con una veintena de hombres. Muere en Copiapó el 4 de junio de 1870. La repatriación de sus restos se efectuó en febrero de 1974.

“¡Compatriotas nacionalistas! El campo de la lid nos mostrará el enemigo; allá os invita a recoger los laureles del triunfo o la muerte, vuestro coronel y amigo, Felipe Varela”. Estas eran las últimas palabras de su proclama.

Dicen que Varela viene
con su infantería riflera
a cortarle la otra oreja
a ese pilón de Paunero.

Dicen que Varela viene
levantando polvareda,
y don Juan viene detrás
como flor de primavera.

Dicen que don Juan se viene
con toda la chilenada.
Empezaron los salvajes
a ganarse en la Rinconada.

¿Veis aquello que relumbra
en la esquina de la plaza?
El cuello de los salvajes
que se derriten de grasa.

¿Veis aquello que relumbra
debajo de aquella mesa?
Los ojos de los salvajes
que están haciendo promesas.

El general Wenceslao Paunero fue nombrado interventor federal en Mendoza por Marcos Paz, vicepresidente de la República a cargo del poder ejecutivo, pues Mitre se encontraba en la Guerra el Paraguay. En Mendoza había estallado una revolución que se definía como federal y que alarma a gobernadores liberales de las provincias limítrofes: San Juan, San Luis y La Rioja. En los versos hay también una referencia a Juan Sáa, que regresa de Chile para unirse a los revolucionarios de Cuyo. Sáa derrota a Paunero y ocupa luego el gobierno de San Luis. En la Rinconada del Pocito, el 5 de enero de 1867, el ejército que respondía al gobierno nacional es derrotado por Videla, que operaría más tared sobre San Juan.

¡Viva el general Varela
por ser un jefe de honor!
¡Que vivan sus oficiales!
¡Viva la Federación!

La República Argentina
siempre ha sido hostilizada
porque los que gobernaban
en su mala fe caminan.
Ahora el que viene encima
levantando su bandera, (1)
la gloria y la primavera
florecen por los caminos.
Gritemos los argentinos:
¡Viva el general Varela!

Los hombres que han gobernado
no son los inteligentes,
porque al que bien se ha portado,
lo han marchado al contingente.
Nada vale ser prudente
ni amistoso en la ocasión,
el pobre con más razón,
porque ni razones tiene.
Hoy Varela nos conviene
por ser un jefe de honor.

En Córdoba se ha ganado,
San Luis, Mendoza y San Juan,
sólo falta Tucumán,
pero está desamparado. (2)
Campos solito ha quedado, (3)
muriendo en sus propios males,
estos son actos formales
de verse desprotegido.

¡Viva el jefe que ha venido!

Es pretensión de un Varela
que ha venido en feliz día
a sacarnos de la anarquía
levantando su bandera.
Unirse con la chilena,
para hacer su pretensión,
y hacer la constitución
con la república hermana, (4)
y en esa paz soberana,
¡Viva la Federación!

1) Felipe Varela se encontraba en Chile en 1866 y, al enterarse del tratado de la Triple Alianza, decide deshacerse de sus bienes y armar a un grupo de hombres, integrado por argentinos y chilenos que creían como él en la Unión Americana. Cruza la cordillera y dirige a sus compatriotas la famosa proclama. El cantar muestra cuáles eran las expectativas del pueblo al enterarse del suceso.

2) Se refiere a la revolución de los “colorados” en Mendoza que se extendió, rápidamente, a las provincias limítrofes.

3) Es probable que se trate del entonces ministro del gobierno en Tucumán, José M. Campos.

4) ”Nuestro programa es (…) el orden común, la paz y la amistad con el Paraguay y la unión con las demás repúblicas americanas”, dice Varela en la proclama de 1866.

¡Viva la patria Argentina!
¡Viva el Cabildo mayor!
¡Viva el general Varela,
hombre de tanto valor!

El miércoles por la mañana
¡Viva el general Varela!
una espada en cada mano,
en una ¡Viva la Patria!

Yo haré que del cielo baje
agua para sus tinajas,
para que tome Varela
con todos los de su casa.

¡Viva la Patria Argentina!
¡Mueras los hombres tiranos!
Viva el general Varela
con sus leyes en las manos.

Al llegar al Pozo de Vargas (1)
el enemigo encontramos,
antes de formar las líneas
un cañonazo tiramos.

Dice el coronel Medina: (2)
-Vamos a jugar el juego
porque llevo tres toritos:
Lizondo, Guallama y Cuello. (3)

¡Viva Dios, viva la Virgen!
¡Viva la estrella de guía!
¡Viva el coronel Medina
con toda su infantería!

¡Viva Dios, viva la Virgen!
¡Viva la estrella mayor!
¡Viva el coronel Medina
con todo su batallón!

¡Viva Dios, viva la Virgen!
¡Viva la estrella saliente!
¡Viva el coronel Medina
con sus argentinos valientes!

Ya salimos todos juntos, (4)
todos juntos como hermanos,
al pobrecito Varela
lo dejan en un pantano.

Ya salimos para arriba
con una marcha ligera
llegamos a Tucumuno
por ser la finca primera.

Ya salimos para arriba
con una marcha ligera;
por ser la finca segunda
llegamos a Cruz de Piedra.

Ya salimos para arriba
con una marcha muy al trote,
por ser la tercera finca
llegamos pues a San Roque.

Ya salimos para arriba
con marcha muy ligerón
por ser la tercera finca
llegamos al dicho Rincón.

Ya salimos para arriba
con una marcha muy sencilla
por ser el cuarto distrito
ya llegamos a la Villa.

Reciban señores míos,
ya’stá hecho lo que ha mandado,
aquí se acaba este verso
de Varela el desgraciado.

1) En abril de 1867, Varela debe enfrentar al general Antonio Taboada y al ejército nacional. El lugar del encuentro será cerca de La Rioja. Taboada busca, por todos los medios, evitar que la montonera se abastezca de agua y obligar así a Varela a recurrir al Pozo de Vargas, en una zona fortificada por el ejército nacional. La batalla librada en torno al jagüel de Vargas fue muy difícil. Al anochecer, Varela decidió la retirada, pues había sufrido pérdidas irreparables. Momentáneamente no podía volver a la lucha. Por su parte, Taboada se dedicó a saquear La Rioja.

2) Estanislao Medina, jefe chileno que acompañó a Varela desde el cruce de la cordillera.

3) Santos Guaya,a, Sebastián Elizondo y Avelino Chumbita junto con Felipe Varela habían derrocado al gobierno liberal de La Rioja el 8 de febrero de 1867, lo que motivó la intervención de Taboada.

4) A partir de esta estrofa, el cantar refiere con minuciosidad la retirada de la montonera, pero los pasos indicados no son los seguidos inmediatamente después de la derrota sino a partir de la llegada a Tucumuno (San Juan).

1) En la batalla librada en Tinogasta –Catamarca-, las fuerzas del ejército nacional fueron derrotadas por las del montonero Estanislao Medina en marzo de 1867.

2) Melitón Córdoba comandaba las fuerzas enemigas.

Fuentes

Blomberg, Héctor Pedro – Cancionero Federal – Buenos Aires (1934)

Carrizo, Juan Alfonso – Cancionero popular de Catamarca – Buenos Aires (1987).

Chávez, Fermín – Juan Manuel de Rosas, su iconografía – Buenos Aires (1970).

Draghi Lucero, Juan – Cancionero popular cuyano – Mendoza (1938).

Fernández Latour, Olga – Cantares Históricos de la tradición argentina – Buenos Aires (1960).

Lanuza, José Luis – Cancionero del tiempo de Rosas – Buenos Aires (1941).

Moya, Ismael – Romancero – Buenos Aires 81941).

Oscar J. Planell Zanone / Oscar A. Turone – Agrupación Patricios Reservistas – Patricios de Vuelta de Obligado.

Rivera, Jorge B. – La primitiva literatura gauchesca – Buenos Aires (1968).

Rosa, José María – Historia Argentina.

Soler Cañas, Luis – Megros, gauchos y compadres en el cancionero de la Federación – Buenos Aires (1958).

Terrera, Guillermo Alfredo – Cantos tradicionales argentinos – Buenos Aires (1967)

Turone, Gabriel Oscar – Cantares de la Federación – Buenos Aires (2008).

Vignolo, Griselda y Nuñez, Angel – Cancionero Federal – Buenos Aires (1976).

Fuente: http://www.revisionistas.com.ar




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