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MANUEL DORREGO

Manuel Críspulo Bernabé Dorrego nació en Buenos Aires el 11 de junio de 1787. Fue un militar y político argentino que participó en la guerra de independencia y en las guerras civiles argentinas de la agitada década de 1820. Se destacó como uno de los principales referentes del federalismo rioplatense y fue gobernador de la Provincia de Buenos Aires en dos oportunidades: en 1820 y entre 1827 y 1828.

Era hijo de un comerciante portugués José Antonio do Rego y una criolla. Cursó estudios en el Real Colegio de San Carlos, continuándolos en Santiago de Chile, donde participó en el movimiento revolucionario y emancipador de 1810.

Entre febrero y marzo de 1811 Manuel Dorrego atravesó la cordillera de Los Andes al menos en cuatro viajes para llevar alrededor de 400 soldados chilenos voluntarios a reforzar las tropas argentinas que iniciaban la guerra revolucionaria. Este mismo año llegó a Buenos Aires y fue destinado al ejército del Alto Perú. Recibió dos heridas en la Batalla de Amiraya por lo que se ganó el ascenso a teniente coronel. Combatió en las batallas de, Nazareno, Tucumán y Salta, bajo las órdenes de Manuel Belgrano, destacando este su valentía y capacidad militar. Sin embargo, el mismo Belgrano debió separarlo tiempo después por indisciplina y lo excluyó de la segunda expedición al Alto Perú en la que el Ejército del Norte fue duramente derrotado.

Luego se integró al ejército pero ya bajo las órdenes de José de San Martin, quien volvió a sancionarlo por indisciplina, ya que se había burlado en reiteradas ocasiones de su antiguo jefe Manuel Belgrano. En 1814 pasó al ejército que operaba en la Banda Oriental, y participó en la batalla de Guayabos frente a las fuerzas de Artigas.

De regreso a Buenos Aires se casó con Ángela Baudrix, con quien tuvo dos hijos. Se dedicó al periodismo y se opuso a la política del Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, por lo que debió exiliarse en 1817. Residió en las Antillas y en EE UU, donde se sintió atraído por las bondades de un régimen democrático y federal. Tras la caída del Directorio, regresó al país en 1820, y se le reintegraron sus grados militares. Se lo designó a cargo de un batallón y asumió la gobernación interina de la provincia de Buenos Aires durante un breve periodo. Tomó el control de los ejércitos de la capital y salió a campaña a perseguir a López y sus aliados. Mientras estaba en campaña, un revés político lo obligaría a exiliarse nuevamente para regresar en 1822.

En octubre de 1823 fue nombrado miembro de la legislatura y luego del Congreso Nacional, se puso al frente de la oposición federal contra el gobierno de Martín Rodríguez y su ministro Bernardino Rivadavia. A diferencia de los unitarios porteños, encarnaba los intereses de la población de gauchos del campo y de la gente pobre de los barrios de la ciudad, lo cual lo hizo muy popular entre las masas. Esto y su clara defensa del federalismo plasmada desde su periódico El Argentino fueron forjándole muchos enemigos en Buenos Aires.

Hizo una fuerte campaña presionando al gobierno a declarar la guerra al Imperio del Brasil para liberar la Banda Oriental. En 1825 fue testigo de la independencia del Alto Perú, hacia donde viajó para reunirse con Bolívar y pedirle ayuda para enfrentar a Brasil.

El 3 de agosto de 1827 fue elegido nuevamente como gobernador y capitán general de la provincia de Buenos Aires y encargado del Poder Ejecutivo Nacional. Ante una grave crisis económica y la amenaza de una invasión británica se vio obligado a firmar la paz con Brasil sobre la base de reconocer la independencia de la Banda Oriental, ciudad disputada con el imperio portugués.

Los unitarios vieron la oportunidad y lo acusaron de traidor. Organizaron una revolución, dirigida por el general Juan Lavalle, secundado por varios generales, antiguos aliados de Dorrego, pero que estaban por demás descontentos con el tratado de Paz firmado con Brasil. El gobernador fue derrocado y abandonó la capital, para hacerse fuerte en el interior de la provincia.

Se enfrentó con los revolucionarios en Navarro, el 9 de Diciembre de 1828, pero ante la debilidad de sus milicias fue derrotado. Luego del combate intentó llegar a Santa Fe, sin embargo, sus lugartenientes lo traicionaron y lo entregaron a Lavalle quien ordenaría su muerte. Dorrego fue fusilado el 13 de diciembre de 1828, en Navarro.

Dorrego fue abandonado por sus partidarios federales y condenado por los unitarios. Los únicos dos dirigentes unitarios que pidieron por su vida fueron los ministros José Miguel Díaz Vélez y Guillermo Brown. Si bien no solicitó clemencia, el coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid permaneció a su lado hasta momentos antes de su fusilamiento y le entregó su propia chaqueta militar para su ejecución.

La muerte de Dorrego significó el comienzo de una cruenta guerra civil en el país que se extendería por largos años.




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