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Implicaciones del movimiento de traslación de la tierra

Implicaciones biológicas, ecológicas y evolutivas del movimiento de traslación

La existencia de las estaciones del año, debido al ángulo de inclinación de la Tierra, produce modificaciones climáticas. Una consecuencia de esto son los vientos monzones, cuya formación se debe a una descompensación en los fenómenos de enfriamiento o calentamiento de la Tierra, que al producirse con cierta rapidez se producen fuertes vientos y temporadas de lluvia y sequía. Este sería un ejemplo de los distintos cambios de clima que se producen en determinadas estaciones del año (Araya, 2003).

Una consecuencia de la existencia de las estaciones, es que los animales tomen períodos específicos para alimentarse o reproducirse. Algunos animales incluso, entran en un periodo de aletargo durante épocas frías, y cambian su metabolismo para adecuarse a dicha estación. En plantas, la tasa fotosintética disminuye en épocas de otoño – invierno, dada la poca radiación solar, lo que causa la disminución del oxígeno en el ambiente y el aumento del dióxido de carbono (CO2), este último, utilizado en la fotosíntesis. En primavera comienza de nuevo el periodo de floración y la tasa fotosintética de las plantas aumenta, produciendo mayores cantidades de oxígeno y disminuyendo las concentraciones de dióxido de carbono en el entorno (Araya, 2003).

Dado al movimiento elíptico de la Tierra, alrededor del sol, se producen variaciones en la duración del día y la noche a lo largo del año durante las estaciones. En este sentido, se forman dos fenómenos muy particulares como los equinoccios, en donde los hemisferios norte y sur reciben la misma cantidad de radiación solar, y el día y la noche, duran exactamente 12 horas cada uno; el otro fenómeno, es el solsticio, en donde uno de los hemisferios recibe más radiación perpendicular que el otro, y el día dura más que la noche (Arocha, 1987).

Debido a la existencia de los solsticios, existen días en que la radiación sobre el planeta es más intensa que en otros, lo cual depende de la estación en la que se encuentre la región, influyendo a su vez, en los cambios de temperatura que se dan en el mar, y cuando ésta se eleva lo suficiente, provoca las corrientes oceánicas (Arocha, 1987).

Con estas corrientes todos los nutrientes se desplazan a través de los fondos marinos y, además, ayuda a la dispersión de las larvas y gametos (Starr y Zaggar, 2004).

Las condiciones terrestres al igual que el clima, no siempre han sido las mismas a lo largo del tiempo. Se han presentado distintos cambios en el planeta durante la evolución; un ejemplo de esto es que los periodos glaciares permitieron la expansión de las especies boreales, e incluso la desaparición de especies de climas templados y subtropicales (Arocha, 1987).

En los periodos interglaciares, cuando los glaciares retrocedieron, las especies árticas que lograron sobrevivir, lo hicieron lejos de su área normal en las altas montañas, logrando acoplarse a los cambios que se dieron. Este ejemplo, muestra la adaptación o adaptaciones que han tenido que sufrir los organismos para superar los distintos cambios climáticos que conllevan a su vez a cambios geográficos, y que son responsables de las diferentes formas de vida que hoy en día se conocen, en las distintas áreas del planeta (Starr y Zaggar, 2004).

Referencias bibliográficas:

Araya, A. (2003). Ecología Química. (1a. ed.). Editorial Mcgraw-Hill. Pág. 24.

Arocha, J. (1987). Geografía general. (Vol. 1). Universidad pedagógica experimental Libertador. Universidad Nacional abierta. Caracas. Pág. 222 – 293.

Starr, C; Zaggar, R. (2004). Biología: la vida y diversidad de la vida. (10a. ed.). Editorial Mcgraw-Hill. Pág. 874.



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