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Sarmiento

Conocer la vida e ideas de Domingo Faustino Sarmiento es sin lugar a dudas indispensable para cualquiera que piense formarse sobre historia Argentina, no sólo porque se trata de uno de los próceres que más ha sido destacado en nuestro país, sino también porque se lo ha propuesto como referente áulico a niños que crecen con una imagen generalmente parcial de sus principios. De esta manera se elaboró una especie de mito en torno a su figura que se extendió más allá de las escuelas, y cuyas bases se encuentran en una carencia de información tan grande que incluso muchas personas llegan a la adultez conociendo sólo aquel Sarmiento propuesto por los discursos hegemónicos.

El recorrido de esta nota pretende echar alguna luz sobre su vida, sus cargos en el gobierno, sus logros, su ideología y el incuestionable valor de su pluma; ya que, a pesar de ser controvertido y contradictorio en sus principios políticos, fue sin embargo un escritor talentoso cuya obra se ha consagrado como una de las referencias principales en lo que respecta a literatura argentina.

“Fue la lucha su vida y su elemento…”

Sarmiento nació en la provincia de San Juan en 1811. Hijo de una familia humilde pero vinculada a las casas más tradicionales y representativas de su ciudad, asistió desde los cinco años a la recién creada Escuela de la Patria. Estudió allí hasta los catorce años, lo que representó su única educación sistemática. Sin embargo, continuó formándose junto a su tío en San Francisco de Monte Grande, provincia de San Luis, donde comenzó a dar sus primeros pasos como educador enseñando las primeras letras a los niños de una escuela.

En la actualidad la casa natal de Sarmiento es un museo que fue fundado en el año 1910 con motivo de la celebración del centenario de su nacimiento.

En un contexto político nacional atravesado por el enfrentamiento entre Unitarios y Federales, Sarmiento tomó parte ya en su adolescencia por los primeros. A los veinte años emigra por primera vez a Chile tras la derrota de la Liga del Interior y durante su estadía en el país vecino realiza diversos oficios y entabla una relación sentimental de la que nació una hija.

Regresó a San Juan en 1835, donde continuó sus actividades políticas, periodísticas y educativas. Durante este periodo funda un colegio para mujeres y la revista El Zonda. Sin embargo, sólo se publicaron seis números, ya que sus fuertes críticas al gobierno provincial y nacional se convirtieron en un escándalo que fue penado con un impuesto exorbitante. A finales de 1840, Sarmiento emprendió su segundo exilio a Chile tras haber conspirado contra Rosas.

Juan Manuel de Rosas (1793 – 1877), principal figura de la Confederación Argentina y acérrimo enemigo de Sarmiento.

Durante este viaje se inicia la producción literaria más importante del prócer argentino. Por encargo del ministro Manuel Montt escribió un Método gradual de lectura, con el que aprenden a leer varias generaciones de chilenos, y publicó también sus primeros libros: Mi defensa (1843), Vida del general fray Félix Aldao (1845) y Recuerdos de provincia (1850). En Chile fundó también el diario El Progreso, desde el que dio a conocer en folletín su obra más valorada: Civilización I Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga. I Aspecto Físico, Costumbres, I Abitos de la República Arjentina (1845). En este periodo ejerció como profesor universitario y periodista, fundó la primera escuela normal de América del Sur y tuvo ocasión de propugnar una reforma de la ortografía, pese a las acusaciones de "afrancesado" de que fue objeto el sanjuanino.
Sarmiento también viajó por encargo del gobierno chileno a Europa y Estados Unidos para investigar sus métodos de educación y la situación en Argelia, recién colonizada por Francia; consecuencia del viaje es su informe De la Educación Popular (1849), su libro epistolar titulado Viajes por Europa, África y América, así como Agripolis o la capital de los Estados Confederados del Río de la Plata (1850). La educación primaria, las bibliotecas públicas y el modelo de la democracia norteamericana aparecieron en estos textos como los pilares básicos para combatir el atraso y la ignorancia.

Su accionar militar durante la batalla de Caseros se caracterizó por una disciplina “estrictamente europea”.

En 1852 vuelve a la Argentina para asistir a la batalla de Caseros. Urquiza lo nombró teniente coronel y le encomendó la redacción del boletín del ejército que publicó ese mismo año en Chile bajo el título Diario de la Campaña del Ejército Grande. Este libro precipitó una violenta polémica con Juan Bautista Alberdi acerca de cómo debería regirse el país tras la caída de Rosas.
A partir de 1860 Sarmiento prioriza su actividad política, primero como ministro del gobierno presidido por Santiago Derqui, luego como gobernador de San Juan (1862), y más tarde como ministro plenipotenciario en Estados Unidos (1864). En 1868 alcanzó la presidencia de la nación con un importante apoyo en el interior y una alianza con grupos autonomistas bonaerenses que, en un clima polarizado de fuerzas, le garantizó el triunfo.

Durante los seis años que estuvo a cargo del poder ejecutivo nacional, su gobierno se caracterizó por varias aristas puntuales. En primer lugar, la autoridad frente al caudillismo y al desorden: Sarmiento se mostró firmemente dispuesto a continuar sometiendo cualquier rebelión que perturbase el orden que se pretendía establecer en el país. En este sentido, tanto la finalización de la guerra del Paraguay como la reorganización de las fuerzas militares que quedaron licenciadas del servicio de la guerra, fueron medidas que cobraron especial importancia.
En lo que respecta a la educación, profundizó las líneas que venía llevando a cabo desde sus cargos anteriores, desarrollando ampliamente la educación pública. Algunas de las medidas más importantes incluyeron la formación profesional de maestros, la creación de escuelas normales y de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP), e importó de Europa gabinetes de ciencias y colecciones de historia natural.

Otra característica importante del gobierno de Sarmiento fue el plan de reorganización de la economía a partir de distintas medidas que pretendieron afianzarla. Para ello impulsó numerosas obras públicas, desarrolló la infraestructura de transportes y comunicaciones, promovió el ingreso de inmigrantes europeos al país y echó los cimientos del Banco Nacional Argentino.
Su carrera política no finalizó tras su presidencia. De hecho, todavía fue ministro del Interior con Avellaneda, desempeñó otros cargos menores y fundó la Sociedad Protectora de Animales. Terminó sus días en Paraguay, por encargo médico, luchando con una salud ya deteriorada. Fallece finalmente el 11 de septiembre de 1888, día establecido por la Conferencia Interamericana de Educación como Día Panamericano del Maestro, 55 años después. Los asistentes a dicho encuentro, consideraron entonces que: “es actividad fundamental de la Escuela la educación de los sentimientos, por cuyo motivo no debe olvidarse que entre ellos figura en primer plano la gratitud y devoción debidas al maestro de la escuela primaria, que su abnegación y sacrificio guía los primeros pasos de nuestras generaciones y orienta el porvenir espiritual y cultural de nuestros pueblos; que ninguna fecha ha des ser más oportuna para celebrar el día del maestro que el 11 de septiembre, día que pasó a la inmortalidad, el año 1888, el prócer argentino Domingo Faustino Sarmiento.”

Sin embargo, los reconocimientos que recibió el prócer a medida que pasaron los años no son reducibles a una fecha patria más. Su nombre ha sido utilizado desde su fallecimiento para designar calles, escuelas, museos y bibliotecas de todo el país. La imagen de Sarmiento también apareció en numerosos bustos y estatuas que lo recuerdan en plazas y avenidas, pero una de las decisiones más importantes que se ha tomado para conmemorar la figura patria fue la de imprimir su rostro en los billetes de $50 de curso legal en Argentina.

Sarmiento, tal como aparece representado en los billetes de 50 pesos argentinos que se encuentran en circulación.

Su recuerdo también se conservó y extendió en todo el territorio gracias a la creación de dos himnos en su honor. Uno de ellos fue creado por Segundino Navarro, con música de Francisco Colecchia, mientras que el otro es una obra de Leopoldo Corretjer. El primero de ellos, menos conocido, es entonado en la provincia de San Juan, mientras que el de Corretjer se escucha en el resto del país.

Ideas encontradas

Así como existen grupos que defienden la figura de Sarmiento y que lo han convertido en uno de los próceres más importantes de la Argentina, reconociendo su trabajo en el ámbito educativo, así como las medidas que ha llevado adelante como político, también existen quienes lo han convertido en el blanco de duras críticas basadas principalmente en las ideas que promovía. En este sentido, es Arturo Jauretche uno de los que destacó con mayor énfasis y profundidad las contradicciones de su ideología, atacando mucho de los pensamientos que expresó sin remordimientos en sus escritos y discursos. La crudeza de este material devela en cierto sentido la imagen de un Sarmiento menos conocido, pero mucho más controvertido.
Por ejemplo, el desprecio que en muchos de sus escritos se observa por los negros, los mestizos, los aborígenes, los pobres y los gauchos, han sido catalogados de racistas, antipatriotas y reaccionarios. En este plano, muchas de las virtudes por las que se ha ensalzado su figura quedan decididamente destruidas. Algunas de las declaraciones más fuertes que realizó en este sentido, fueron las siguientes:

- "… Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa calaña no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso. Su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado". (Diario “El Progreso”, 27/9/1844)

- "... qué servicio prestan a la patria las huérfanas, hijas de padres viciosos o extraviados, ¿Por qué ha de gastar el estado su dinero en alimentar a nadie? Son dineros mal gastados los destinados a colegios de huérfanos, si los pobres se han de morir que se mueran, que importa que el estado deje morir al que no puede vivir a causa de sus defectos…". (Discurso en el Senado de la Nación, 13/9/1859)

- "No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esta chusma criolla, incivil, bárbara y ruda, es lo único que tienen de seres humanos". (Carta a Bartolomé Mitre 20/9/1861).

- "Tengo odio a la barbarie popular… La chusma y el pueblo gaucho nos es hostil… Mientras haya un chiripá no habrá ciudadanos, ¿son acaso las masas la única fuente de poder y legitimidad? El poncho, el chiripá y el rancho son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el pueblo, haciendo que los cristianos se degraden… Usted tendrá la gloria de son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el pueblo, haciendo que los cristianos se degraden… Usted tendrá la gloria de establecer en toda la República el poder de la clase culta aniquilando el levantamiento de las masas". (Carta a Bartolomé Mitre, 24/9/1861).

- "Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto a falta de razón. En ellos se perpetúa la barbarie primitiva y colonial. Son unos perros ignorantes de los cuales ya han muerto ciento cincuenta mil. Su avance, capitaneados por descendientes degenerados de españoles, traería la detención de todo progreso y un retroceso a la barbarie… Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que le obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era preciso purgar la tierra de toda esa excrecencia humana: raza perdida de cuyo contagio hay que librarse". (Carta a Bartolomé Mitre en 1872).

Su apoyo incondicional de la Guerra del Paraguay constituye uno de los puntos más polémicos de su vida.

Y si estos fragmentos, cargados de intolerancia y odio hacia los sectores populares que más identificaban al argentino promedio en aquella época sorprenden, mucho más polémicos resultan entonces aquellos en los que la figura del patriota Sarmiento queda totalmente denostada:

- "He contribuido con mis escritos aconsejando con tesón al gobierno chileno a dar aquel paso. Magallanes pertenece a Chile y quizás toda la Patagonia. No se me ocurre, después de mis demostraciones, cómo se atreve el gobierno de Buenos Aires a sostener ni mentar siquiera sus derechos. Ni sombra, ni pretexto de controversia queda". (Diario "El Progreso", 28/11/1842)

- "una dañosa amalgama de razas incapaces e inadecuada para la civilización" (en referencia a los argentinos en sus Obras completas).

- “La Inglaterra se estaciona en las Malvinas. Seamos francos: esta invasión es útil a la civilización y al progreso”. (El Progreso, 28/11/1842).

- "Que no suene más el nombre de los argentinos en la prensa chilena; que los que en nombre de aquella nacionalidad perdida ya habían levantado la voz guarden un silencio respetuoso; que se acerquen a los que por ligereza u otros motivos los habían provocado; y les pidan amigablemente un rincón en el hogar doméstico, de lo que en lo sucesivo serán, no ya huéspedes, sino miembros permanentes. Ahora, no hay más patria que Chile; para Chile debemos vivir solamente y en esta nueva afección, deben ahogarse todas las antiguas afecciones nacionales. Fundámonos en intereses e ideas con las nacionales, participemos de sus afecciones, de sus costumbres y de sus gustos. Hagámonos dignos de ser admitidos entre los individuos de la gran familia chilena y conquistemos la nacionalidad por la moralidad de nuestras costumbres, por nuestra laboriosidad y por nuestros servicios a la causa de la libertad y de la civilización que en Chile como en cualquier otra sección americana tiene amigos y partidarios". (El Progreso, 11/1/1843).

Las ideas que se reflejan en estos fragmentos, lejos de ser el producto de una exacerbación espontánea, representan la propia ideología de Sarmiento, sostenida y manifestada durante años por diferentes medios. Para el sector más crítico de su figura, representan tan sólo un resumen del pensamiento que profesaba: mientras Argentina representaba el atraso y la barbarie, Europa se imponía con toda su cultura como el único modelo de civilización y progreso posibles.

Audaz y apasionada pluma

Si bien los posicionamientos frente a los méritos políticos de Sarmiento están divididos, su capacidad como escritor ha encontrado respuestas mucho más homogéneas. El libro Facundo es considerado una obra maestra de la literatura argentina, su habilidad retórica como periodista ha sido reconocida internacionalmente y sus libros sobre educación fueron utilizados durante años para formar alumnos de distintas edades.

Facundo, de Sarmiento, es una de las obras cumbres de la literatura argentina durante el siglo XIX.

Al acercarnos a sus textos se hace notoria la impronta de la generación romántica: su estilo es descuidado, rompe con la rigidez y la imitación clásica, pero no desde una caprichosa arbitrariedad sin sustento, sino desde el profundo convencimiento de que el pueblo tiene la facultad y el derecho de postular su lengua. De hecho, participó durante su vida en memorables polémicas sobre este tema: la más célebre, con el venezolano A. Bello sobre el uso del castellano en las Américas. Por su parte, Bello atacaba la introducción de términos extranjeros y juzgaba que sólo un cuerpo de ilustrados estaba capacitado para establecer las leyes del lenguaje correcto; Sarmiento, en cambio, consideraba que el pueblo es soberano en materia lingüística. Su posicionamiento puede resumirse en el siguiente texto que escribió en La Bolsa, el 15 de enero de 1841: “Los idiomas en las emigraciones, se tiñen con los colores del suelo que habitan, del gobierno que rigen y las instituciones que las modifican. El idioma de América deberá, pues, ser suyo propio, con su modo de ser característico…” y agrega: “Una vez dejaremos de consultar a los gramáticos españoles, para formular la gramática hispanoamericana, y este paso de la emancipación del espíritu y del idioma requiere la concurrencia, asimilación y contacto de todos los interesados en él.”

Andrés Bello (1781 – 1865), intelectual venezolano que se encuentra entre las figuras más importantes de la historia Hispanoamericana y un célebre humanista.

El inconfundible estilo, puede observarse con claridad en Civilización I Barbarie: Vida de Juan Facundo Quiroga. I Aspecto Físico, Costumbres, I Abitos de la República Arjentina, ya desde el propio título. La obra, de gran fuerza y exaltado estilo romántico, mezcla la narración novelesca con reflexiones de carácter histórico y social para introducir la biografía del caudillo riojano, asesinado en 1837. Esta figura representaba para Sarmiento el retroceso, la barbarie, producto de la influencia del medio físico característico del desierto pampeano que se manifiesta en unos hábitos sociales contrapuestos a los que el prócer entendía como propios de la civilización.
De esta manera, Sarmiento resume en Facundo las ambiciones de la generación romántica en el Río de la Plata; tanto las estéticas y literarias, con las que se propuso vencer todos los prejuicios hispanizantes de la generación rivadaviana en favor de una nueva expresión eminentemente americana, como las políticas, opuestas al régimen rosista y favorables a un nuevo modelo de país. Sin embargo, las extraordinarias dotes de observación y la magnificente fuerza de la prosa de Sarmiento hacen que Facundo supere ampliamente las circunstancias de su nacimiento y de sus propósitos políticos para convertirse en una de las obras más singulares e irreductibles de la literatura argentina, al punto de ser considera fundante, junto al Martín Fierro de José Hernández.

Muchas de las características propias de su escritura también se reflejan en sus textos periodísticos: los signos de admiración, las preguntas retóricas, la imprecación, la broma y la sátira son las marcas estilísticas de la pasión romántica con que Sarmiento desarrolló su labor.




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