Futurismo

Movimiento artístico surgido en Italia en el siglo XX, proclamó el rechazo frontal al pasado y a la tradición, defendiendo un arte anti-clasista orientado al futuro, que respondiese en sus formas expresivas al espíritu dinámico de la técnica moderna y de la sociedad masificada de las grandes ciudades.

“La ciudad se levanta” (1910) de Umberto Boccioni.

El poeta italiano Filippo Tommaso Marinetti (1876-1944) publicó varios manifiestos que identifican a este movimiento. El primero fue publicado en 1909 en el diario francés Le Figaro y se titulaba “Manifiesto del Futurismo”, al año siguiente escribió el “Manifiesto técnico de la literatura futurista” y en 1912 el “Manifiesto técnico del Futurismo”.

En ellos exaltó una nueva civilización gobernada por las máquinas y la velocidad, defendió la violencia y la guerra, entendida como única posibilidad de afirmación individual, y concibió una nueva expresividad, propuesta a través de la destrucción de la sintaxis y de la abolición del adjetivo, del adverbio y de la puntuación, con la intención de reflejar las sensaciones inmediatas de la vida moderna y de captar con violencia la atención del lector.

El Futurismo, impulsado por Filippo Tommaso Marinetti, es considerado por los críticos como el primer movimiento de vanguardia europeo.

Así, el Futurismo se mostró como un movimiento nuevo, de renovación, dispuesto a acabar con las tradiciones que serían sustituidas por los elementos que a partir de este momento merecían la pena idealizar: la velocidad, las máquinas, el amor por el peligro o la glorificación de la guerra.

Le Giubbe Rosse es uno de los más famosos cafés literarios italianos, se encuentra ubicado en la Plaza de la República de Florencia. Los personajes más famosos que se han encontrado en ese café y han sido de gran influencia para la historia literaria del siglo XX son: Filippo Tommaso Marinetti, Giovanni Papini, Giuseppe Prezzolini, Dino Campana, Carlo Emilio Gadda, Umberto Boccioni, Eugenio Montale, entre otros.
Manifiesto futurista de Marinetti

1. Queremos cantar el amor al peligro, el hábito de la energía y de la temeridad.

2. El coraje, la audacia, la rebelión, serán elementos esenciales de nuestra poesía.

3. La literatura exaltó, hasta hoy, la inmovilidad pensativa, el éxtasis y el sueño. Nosotros queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso de corrida, el salto mortal, el cachetazo y el puñetazo.

4. Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una nueva belleza, la belleza de la velocidad. Un coche de carreras con su capó adornado con gruesos tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo… un automóvil rugiente, que parece correr sobre la ráfaga, es más bello que la Victoria de Samotracia.

5. Queremos ensalzar al hombre que lleva el volante, cuya lanza ideal atraviesa la tierra, lanzada también ella a la carrera, sobre el circuito de su órbita.

6. Es necesario que el poeta se prodigue, con ardor, boato y liberalidad, para aumentar el fervor entusiasta de los elementos primordiales.

7. No existe belleza alguna si no es en la lucha. Ninguna obra que no tenga un carácter agresivo puede ser una obra maestra. La poesía debe ser concebida como un asalto violento contra las fuerzas desconocidas, para forzarlas a postrarse ante el hombre.

8. ¡Nos encontramos sobre el promontorio más elevado de los siglos!… ¿Porqué deberíamos cuidarnos las espaldas, si queremos derribar las misteriosas puertas de lo imposible? El Tiempo y el Espacio murieron ayer. Nosotros vivimos ya en el absoluto, porque hemos creado ya la eterna velocidad omnipresente.

9. Queremos glorificar la guerra –única higiene del mundo– el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las bellas ideas por las cuales se muere y el desprecio de la mujer.

10. Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y contra toda vileza oportunista y utilitaria.

11. Nosotros cantaremos a las grandes masas agitadas por el trabajo, por el placer o por la revuelta: cantaremos a las marchas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas, cantaremos al vibrante fervor nocturno de las minas y de las canteras, incendiados por violentas lunas eléctricas; a las estaciones ávidas, devoradoras de serpientes que humean; a las fábricas suspendidas de las nubes por los retorcidos hilos de sus humos; a los puentes semejantes a gimnastas gigantes que husmean el horizonte, y a las locomotoras de pecho amplio, que patalean sobre los rieles, como enormes caballos de acero embridados con tubos, y al vuelo resbaloso de los aeroplanos, cuya hélice flamea al viento como una bandera y parece aplaudir sobre una masa entusiasta.

Es desde Italia que lanzamos al mundo este nuestro manifiesto de violencia arrolladora e incendiaria con el cual fundamos hoy el FUTURISMO porque queremos liberar a este país de su fétida gangrena de profesores, de arqueólogos, de cicerones y de anticuarios. Ya por demasiado tiempo Italia ha sido un mercado de ropavejeros. Nosotros queremos liberarla de los innumerables museos que la cubren toda de cementerios innumerables.

Filippo (caretula) Tommaso Marinetti, “Le Figaro”, 20 de febrero de 1909.

Este movimiento que empezó siendo un discurso literario continúo teniendo sus manifestaciones en otras áreas como la pintura, la escultura, el proyecto arquitectónico, la música, el diseño, la cocina y la moda. Incluso también fue una ideología que condujo a la formación del Partido Futurista Italiano.

Pintura

Umberto Boccioni, Carlo Carrá, Giacomo Balla y Luigi Russolo escribieron en 1910 el “Manifiesto de la pintura futurista” y al poco tiempo lanzaron un segundo manifiesto el cual trataba de declarar el carácter esencial de la pintura nueva, ya no expresión del “momento estancado”, sino “sensación dinámica eternizada como tal”.

En sus obras emplearon la técnica divisionista, lo que les permitió plasmar el dinamismo, y crear el “simultaneísmo” para reproducir la sensación de movimiento mediante la repetición de imágenes superpuestas.

Formas únicas de continuidad en el espacio (1913).

Música

En el plano de la música, en 1910 aparece el “Manifiesto de los músicos futuristas” escrito por Francesco Balilla Pratella y al año siguiente el “Manifiesto técnico de la música futurista”. En ellos se afirma que la música es un “universo sonoro incesantemente móvil” y en el que se funden la armonía y la melodía.

Por su parte, en 1913 Luigi Russola, pintor y compositor italiano, escribió “El arte de los ruidos”, una carta dirigida a su amigo, el compositor Francesco Balilla Pratella. Allí reflexionó sobre el ruido y sostuvo que el oído humano se ha acostumbrado a la velocidad, la energía y el ruido del paisaje urbano e industrial. Así en una de sus conclusiones afirma “es necesario que la sensibilidad del músico, liberándose del ritmo fácil y tradicional, encuentre en los ruidos el modo de ampliarse y de renovarse, ya que todo ruido ofrece la unión de los ritmos más diversos, además del ritmo predominante.”

“Dinamismo de un ciclista” (1913) de Umberto Boccioni.

Escultura

En 1913 el pintor y escultor italiano Umberto Boccioni presentó la escultura “Formas únicas de continuidad en el espacio”. En la misma se representan las dos máximas del Futurismo, la simultaneidad y el dinamismo, por ello se captura el espacio, el movimiento de la figura y, con ello, el tiempo.

En esta obra, Boccioni representa un hombre que avanza potentemente hacia el futuro y la figura aparece con unas extensiones, a modo de alas, que permiten al espectador sentir cómo la figura avanza con fuerza.

Sant’Elia concebía el Futurismo como arquitectura en “movimiento”.

Arquitectura

La arquitectura futurista fue influenciada por el arquitecto y urbanista italiano Antonio Sant’Elia, quien en 1914 sentó su pensamiento en el “Manifiesto de la arquitectura futurista”. Sus dibujos muestran edificios marcadamente verticales, en ocasiones con ascensores (elevadores) exteriores y surcados por calles o avenidas elevadas. Estos proyectos utópicos, así como sus exhortaciones sobre el uso de los nuevos materiales industriales, hacen que sea considerado como uno de los pioneros del movimiento moderno en la arquitectura.

(…)De una arquitectura así concebida no puede nacer ningún hábito plástico y lineal, porque los caracteres fundamentales de la arquitectura futurista serán la caducidad y la transitoriedad. Las casas durarán menos que nosotros. Cada generación deberá fabricarse su ciudad. Esta constante renovación del entorno arquitectónico contribuirá a la victoria del Futurismo que ya se impone con las Palabras en libertad, el Dinamismo plástico, la Música sin cuadratura y el Arte de los ruidos, y por el que luchamos sin tregua contra la cobarde prolongación del pasado.

La “Città Nuova” (Ciudad Nueva), de 1913-1914, es el proyecto más importante de Sant’Elia.

Teatro

Filippo Tommaso Marinetti y Emilio Settimelli publicaron en 1915 el “Manifiesto del teatro futurista sintético”, allí se plantearon como objetivo “sinfonizar la sensibilidad del público, despertando con todos los medios sus brotes más perezosos”.

La idea de un teatro sintético era la de una obra “muy breve, que condensa en unos pocos minutos, en unas pocas palabras y con unos pocos gestos, innumerables situaciones, sensibilidades, ideas, sensaciones, hechos y símbolos”.

Al mismo tiempo el pintor italiano Enrico Prampolini publicó el “Manifiesto de la escenografía futurista” y en 1923 el “Manifiesto de la atmósfera escénica futurista”. Plantea valores nuevos como la “escenoplástica”, la “escenodinámica” y particularmente el “espacio”, entendido como verdadero protagonista del teatro.

Fotografía

Los hermanos Bragaglia, Anton Giulio y Arturo, fueron los fotógrafos más representativos del movimiento. Emplearon técnicas nuevas como la doble exposición o la distorsión de las lentes y la óptica.

Por su parte, Anton Giulio, el mayor de los hermanos Bragaglia, publicó en 1913 un manifiesto titulado “Fotodinamismo Futurista”. En el mismo se elevaba a la fotografía al nivel del arte, por medio de la exclusión de la reproducción fotográfica del objeto inmóvil y estático.

“El Violinista” de Bragaglia.

Comentarios