El desarrollo de la inteligencia

Desde que nacemos somos capaces de interactuar con el mundo que nos rodea y esta capacidad se va incrementando a medida que crecemos. En este proceso vamos desarrollando más habilidades, no sólo motrices sino también comunicacionales, pues aprendemos el idioma de nuestra cultura, pensamos en abstracto y somos capaces de resolver situaciones más complejas. Es así que la inteligencia ha sido un concepto definido desde varías ópticas y estudiada por diferentes ámbitos de la ciencia.

Según la Real Academia Española, la inteligencia es la capacidad de resolver problemas. Esta palabra proviene del latín intellegere, es un término compuesto de inter “entre” y legere “leer, escoger”, por tanto se puede deducir que la inteligencia alude a la correcta elección entre las mejores opciones para resolver una cuestión.

Otra definición fue propuesta por el filósofo francés y premio Nobel de Literatura en 1927 Henri Bergson (1859-1941): “La inteligencia se caracteriza por el poder ilimitado de descomponer según una ley cualquiera y reorganizar según cualquier sistema”. Desde esta perspectiva, la inteligencia se ubica en la dimensión mental, en la red de conexiones neuronales de nuestro cerebro recorrido por complejas tormentas eléctricas y señales químicas. Pues, así es la suma total de esos procesos cognitivos que activan la atención, planifican y codifican.

El cerebro

El cerebro es el órgano más complejo; en él se pueden diferenciar dos partes, denominadas hemisferios, con funciones preferentes distintas: por ejemplo, parte del lenguaje y los números se encarga mayormente el hemisferio izquierdo, mientras que de la imagen y los colores son gestionados principalmente por el derecho.

Ambos hemisferios son importantes para el proceso de aprendizaje: aunque en cada uno prevalecen funciones diferentes, muchas de las actividades cotidianas requieren del uso de los dos al mismo tiempo. Así, recordar a una persona es recordar su cara, que se almacena en el hemisferio derecho, y también su nombre, que se guarda en el izquierdo.

Encontramos también en el cerebro un centenar de miles de millones de neuronas. Éstas solo se reproducen durante el desarrollo embrionario; a partir de entonces, su número permanece prácticamente estable. Normalmente dos neuronas no están en contacto directo, sino separadas por un pequeño espacio que recibe la denominación de espacio sináptico.

Cada una de ellas puede, a su vez, establecer hasta 30.000 conexiones con las otras neuronas, mediante enlaces a los que se denomina sinapsis y que se disparan por señales químicas y eléctricas. Las sinapsis son cruciales para los procesos biológicos que subyacen bajo la percepción y el pensamiento. También son el sistema mediante el cual el sistema nervioso conecta y controla todos los sistemas del cuerpo.

Un cerebro adulto consume en un día únicamente entre 250 y 300 kilocalorías.

El desarrollo de la inteligencia y la nutrición

A medida que crecemos vamos adoptando más habilidad, lo que nos permite interactuar en mayor grado con la sociedad: empezamos a caminar, a hablar y a tener una visión crítica. Sin embargo, en el proceso muchos factores pueden influir.

En lo referente a la psicología cognitiva, el psicólogo suizo Jean Piaget (1896-1980), propuso las etapas del desarrollo neurobiológico -desde el nacimiento hasta el final de la adolescencia- con la evolución de la inteligencia humana e integró en ellas la influencia del medio, es decir, de la sociedad como transmisora de cultura y valores. La clave fundamental de su concepción reside en que todos estos factores están interrelacionados en un proceso evolutivo que busca permanentemente el equilibrio en una sucesión de estadios y períodos.

Piaget distingue cuatro períodos: el sensorio-motor, del nacimiento hasta los 2 años; el pre-operacional, hasta los 7 años; el de las operaciones concretas, hasta los 11 años, y el de las operaciones formales, hasta el final de la adolescencia. Solo en este último período de desarrollo evolutivo alcanzamos el pensamiento complejo que caracteriza la inteligencia humana.

Jean Piaget expuso teorías sobre la inteligencia y el desarrollo cognitivo.

En el período del pensamiento formal, según Piaget, puede reflexionarse sobre lo que se piensa, es decir, sobre el propio proceso de pensamiento. Pues existe un conocimiento meta-cognitivo gracias al cual se puede pensar más sistemáticamente y adoptar perspectivas diferentes de la propia. Al concluir este período, que coincide con el final de la adolescencia en su desarrollo físico, el individuo cuenta ya con todas las herramientas necesarias para los procesos de la inteligencia.

En relación a los condicionamientos de la inteligencia, estudios de diferentes áreas han establecido varios factores; entre ellos, hereditarios y ambientales. Sin embargo, la nutrición se presenta como un factor importante ya que se puede controlar con un buen plan de alimentación, evitando así problemas posteriores de difícil o nula reversión. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una mala nutrición, además de reducir la inmunidad y aumentar la vulnerabilidad a las enfermedades, puede alterar el desarrollo físico y mental.

En el mismo sentido, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) indica que el período que transcurre desde la concepción hasta los tres años de edad es una etapa de crecimiento rápido, en la cual se forman la sangre, el cerebro, los huesos y la mayor parte de los órganos y tejidos, así como el potencial físico e intelectual de cada persona.

La fundación británica “Food for the brain”, en español Alimento para la mente; ha realizado un estudio en el 2007 que confirma que el rendimiento escolar está muy relacionado con la alimentación, y que una dieta sana y equilibrada fomenta la concentración y el aprendizaje.

Tanto para el crecimiento físico como intelectual, los nutrientes tienen un papel fundamental. Estudios al respecto han revelado que el DHA, un ácido que compone el Omega-3, es un nutriente que el cerebro necesita para desarrollarse, pero que nuestro cuerpo no fabrica por sí mismo y por eso es tan importante incluirlo en nuestra dieta.

El Omega-3 está en el grupo de “grasas saludables” y es uno de los nutrientes que contribuye al desarrollo intelectual, al igual que el fósforo, el calcio, el hierro o las vitaminas; elementos que se encuentran en alimentos como la carne, el pescado, los huevos, la fruta y la verdura, de ahí la importancia de tener una alimentación variada desde pequeños.

Existen otros factores, como la falta de líquidos, de sueño o el estrés excesivo, que influyen en el rendimiento intelectual. Aquellas personas que se encuentran sometidas a una gran presión pueden presentar bloqueos mentales, pues las hormonas del estrés entorpecen la capacidad para razonar.

La desnutrición proteica y energética constituye uno de los factores no genéticos más importantes que provocan trastornos en el desarrollo del Sistema Nervioso Central (SNC).
¿Sabías qué...?
A medida que el cerebro envejece, le resulta más fácil controlar las emociones.

¿Sabías que se han identificado diferentes tipos de inteligencias?

El doctor Howard Gardner, psicólogo norteamericano de la Universidad de Harvard, desarrolló la “Teoría de las inteligencias múltiples”; en ella plantea que las personas poseemos nueve tipos de inteligencia que nos relacionan con el mundo. A grandes rasgos, estos tipos de inteligencia son la lingüística, la lógico-matemática, la espacial, la corporal-kinestésica, la musical, la interpersonal, la intrapersonal, la naturalista y la existencial.

La inteligencia lingüística
Es la capacidad de utilizar y usar las palabras eficazmente, sea de manera oral o escrita. Se tiene en cuenta también la habilidad de manipular la sintaxis o estructura, la fonética o sonidos, la semántica o significados de las palabras y las dimensiones pragmáticas o usos prácticos del lenguaje.

La Inteligencia lingüística que propone Gardner se más desarrollada en escritores, poetas, periodistas y oradores, entre otros.

La inteligencia lógico-matemática
Es la capacidad para usar los números de manera efectiva y razonar adecuadamente. Dentro de ella se contempla la sensibilidad a los esquemas y las relaciones lógicas, las afirmaciones, las proposiciones, las funciones y otras abstracciones relacionadas.

La inteligencia espacial
Es la habilidad para percibir de manera exacta el mundo visual-espacial y para ejecutar trasformaciones sobre esas percepciones. Las personas con marcada tendencia espacial tienden a pensar en imágenes y fotografías, visualizarlas, diseñarlas o dibujarlas.

La inteligencia corporal-kinestésica
Es la capacidad de unir el cuerpo y la mente para lograr el perfeccionamiento del desempeño físico y así expresar ideas y sentimientos con el cuerpo. Se manifiesta principalmente en los atletas, los bailarines, los cirujanos y los artesanos.

La inteligencia musical
Es la capacidad de discriminar, transformar y expresar las formas musicales. Esta inteligencia incluye habilidades en el canto, la sensibilidad al ritmo, el tono, la melodía, el timbre o el color tonal de una pieza musical.

La inteligencia interpersonal
Es la capacidad que nos permite entender a los demás. Es decir, de percibir y establecer distinciones en los estados de ánimo, las intenciones, las motivaciones y los sentimientos de otras personas.

La inteligencia intrapersonal
Es la habilidad de la introspección, es decir, del reconocimiento de sí mismo y la habilidad para adaptar las propias maneras de actuar a partir de ese conocimiento.

La inteligencia naturalista
Es la capacidad de distinguir, clasificar y utilizar elementos del medio ambiente, objetos, animales o plantas. Consiste en el entendimiento del mundo natural y en la interacción con las criaturas vivientes y el discernimiento de patrones de vida y fuerzas naturales.

La inteligencia existencial
Luego de investigaciones, Gardner incorporó esta inteligencia en 1999 y se refiere a la capacidad de preguntarnos sobre la existencia del mundo, la existencia humana, la vida, la muerte y el origen del hombre.

Según Gardner, todos los tipos de inteligencia revisten la misma importancia. Por tanto, constituye un error medir la inteligencia considerando solo algunos de los tipos, como es el caso de los test de coeficiente intelectual, que tienen en cuenta mayormente los tipos de inteligencia lógico -matemática y lingüística.

Los niños que han desarrollado la inteligencia lógico-matemática, analizan con facilidad los problemas que implican razonamientos lógicos.

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