Guerra civil sudanesa

Es un conflicto armado aún en curso entre las dos principales fuerzas militares de Sudán, las cuales se disputan actualmente el control del país africano. El conflicto ha destacado por su violencia desenfrenada tanto entre beligerantes como contra la población civil, lo que ha provocado que el territorio atraviese una de las mayores crisis humanitarias de la historia.

Antecedentes

El origen del conflicto se remonta al ambiente político resultante del derrocamiento en abril de 2019 del entonces presidente y dictador Omar al-Bashir, quien dirigió un gobierno tiránico durante 30 años. El gobierno de transición cívico-militar establecido tras la destitución se vio interrumpido por un golpe de Estado en octubre de 2021. Este fue ejecutado por la breve alianza entre los dos principales grupos armados del país: las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS) —las fuerzas militares oficiales de la nación— y las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). Estas últimas son un grupo paramilitar independiente que por años funcionó como un cuerpo de mercenarios contratado especialmente para sofocar los levantamientos contra el gobierno de al-Bashir en la región de Darfur, ganando fuerza e influencia con el paso del tiempo.

Esta alianza, sin embargo, no tardó en romperse. Las FAS, lideradas por Abdel Fattah al-Burhan, buscaban disolver a las FAR e incorporar a sus integrantes al Ejército regular en un periodo de dos años. Por su parte, el comandante de estas últimas, Muhammad Hamdan Dagalo Musa (mejor conocido como Hemedti), exigió que este proceso se cumpliera en un plazo de diez años para preservar su autonomía y el poder que había acumulado su fuerza. Esto, sumado a otros desacuerdos políticos, deterioró las relaciones entre ambas facciones hasta que, el 11 de abril de 2023, las FAR desplegaron sus unidades en Jartum y cerca de la ciudad de Merowe sin la aprobación de al-Burhan.

Curso de la guerra

El 15 de abril de 2023, las FAR comenzaron a atacar distintos puntos clave en diferentes partes de Sudán, como bases militares, el aeropuerto de Jartum, emisoras de radio y telecomunicaciones, y diversos proveedores de servicios básicos. También bloquearon múltiples puentes y carreteras, a lo que el Ejército respondió de inmediato, dando inicio oficial a la guerra civil.

Consecuencias de un ataque militar en la ciudad de Omdurmán, en 2023.

La versión más cruda del enfrentamiento se concentra actualmente en la región de Darfur, víctima de una extrema violencia por motivos étnicos. Allí se encuentra la base principal y el grueso de las tropas de las FAR, donde estas y las FAS despliegan sus ataques más potentes sin discriminar entre combatientes y civiles. Otros hitos clave del conflicto incluyen la recuperación de la capital, Jartum, y de las ciudades de Bahri y Omdurmán por parte de las FAS entre finales de 2024 y la primera mitad de 2025 (territorios que hasta entonces controlaban las FAR). Tras perder estas posiciones, el líder Hemedti proclamó el Gobierno de Paz y Unidad en la ciudad de Nyala para disputar la legitimidad de las FAS también desde una perspectiva institucional. A finales de 2025, las FAR tomaron el control total de El Fasher, la última capital de los estados de Darfur que faltaba por caer bajo su dominio, tras 18 meses de asedio continuo.

La violencia entre ambas facciones se ha intensificado a lo largo de 2026, año en el que la región de Kordofán se ha convertido en el principal foco de las hostilidades.

“El epicentro mundial del sufrimiento humano”

Este es el título con el que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y diversas instituciones internacionales se refieren a Sudán. La escasez extrema de alimentos, medicamentos y servicios básicos, los millones de casos de violencia diaria contra la población y el colapso de las instituciones públicas debido a los saqueos y la destrucción de la infraestructura han sumido al país en una de las mayores crisis humanitarias de la historia.

Campo de refugiados sudaneses en Chad.

Actores externos

La gravedad del conflicto ha provocado la intervención de actores externos. Las FAS cuentan principalmente con el apoyo político y militar de Egipto, además del respaldo de Turquía, Catar e Irán, mientras que las FAR han encontrado un gran aliado en los Emiratos Árabes Unidos, junto con el apoyo del grupo paramilitar ruso Wagner y de diversas facciones militares en Libia y Chad. Potencias como Estados Unidos y, más recientemente, Arabia Saudita han decidido tomar una posición neutral y mediadora. Ambos países buscan establecer negociaciones de paz y treguas, las cuales suelen ser frecuentemente incumplidas por los bandos en conflicto.