Es un conflicto armado que enfrenta al gobierno internacionalmente reconocido de Yemen contra el movimiento zaidí de los hutíes, que reclama el control del país. Con los años se han sumado diversos actores nacionales e internacionales a la contienda, por lo que las violaciones de los derechos humanos han aumentado en el país de manera proporcional.
Antecedentes
Desde los años 60, Yemen se encontraba dividido en dos países diferentes, Yemen del Norte y Yemen del Sur, hasta que en 1990 ambas naciones se fusionaron para formar la unificada República de Yemen. Sin embargo, esta fusión no resolvió las diferencias religiosas y políticas que existían entre las diferentes comunidades que poblaban el territorio, especialmente la discriminación que los seguidores de la corriente islámica zaidí recibían de las élites suníes que ocupaban los altos cargos gubernamentales.
En este contexto surgió el grupo zaidí chiíta Ansar Allah, popularmente conocido como los hutíes, proveniente de la gobernación yemení de Saada que comparte frontera con Arabia Saudita. El movimiento dio inicio a enfrentamientos armados de baja intensidad desde 2004 contra el gobierno de Alí Abdalá Salé, primer presidente de la República de Yemen unificada y antiguo presidente de la extinta Yemen del Norte, si bien este renunció a su cargo al ceder ante el descontento general y legar su puesto como presidente al suní Abd Rabbuh Mansur al-Hadi en 2012.

Yemen es considerado el país con la economía más débil de entre todos los países árabes. Esto ya era una realidad durante el polémico mandato de Alí Abdalá Salé, y este hecho, lejos de cambiar, se ha consolidado en los últimos años debido a los enormes costes humanos y materiales que ha dejado la guerra civil tras de sí.
Guerra civil
La guerra civil abierta comenzó en 2014, cuando los hutíes, al aprovechar la inestabilidad política, económica y social que resultó tras la transición de poder en el 2012, lograron ejecutar eficazmente un golpe de Estado y capturar la capital yemení de Saná junto a gran parte del norte del país. El presidente al-Hadi huyó tras ello a la ciudad de Adén y posteriormente hacia Arabia Saudita en 2015, país que, junto a otros aliados árabes, inició el contraataque al desplegar una serie de bombardeos aéreos sobre territorio yemení con el objetivo de combatir a los hutíes y restaurar el gobierno de al-Hadi. Sin embargo, los hutíes, de quienes se sospecha que fueron apoyados por fuerzas del expresidente Salé y por Irán, no cedieron y mantuvieron su control sobre la capital.

Desde entonces el conflicto ha sido protagonizado por dos grandes bandos, junto a sus respectivos aliados: el Consejo Político Supremo, el órgano ejecutivo representado por los hutíes y presidido actualmente por Mahdi al-Mashat, y el gobierno de al-Hadi, el cual fue disuelto en 2022 para dar paso al Consejo de Liderazgo Presidencial, reconocido internacionalmente como el genuino gobierno de Yemen, presidido desde entonces por Rashad al-Alimi, quien asumió el liderazgo tras la traspaso de poder de al-Hadi en 2022 (fallecido posteriormente en mayo de 2026).
Con los años, a la batalla se han unido múltiples actores internos y externos que han visto beneficio en el conflicto. Sumado a la participación internacional de gran parte de los países de Medio Oriente con apoyos políticos y militares hacia ambas facciones, surgió una tercera facción independiente, el Consejo de Transición del Sur (CTS), movimiento separatista respaldado por los Emiratos Árabes Unidos y disuelto en 2026 que buscó propiciar nuevamente la división de Yemen en dos países distintos, mientras que grupos extremistas como Al Qaeda y el Estado Islámico han utilizado el caos de la guerra para introducirse en el territorio yemení, atacar a ambos bandos principales y extender su influencia. La participación de todas estas facciones en conjunto no ha hecho más que recrudecer el conflicto y extender la violencia a diversos puntos simultáneos del territorio, donde la población civil es la principal afectada de manera directa por el fuego cruzado o indirecta por la carencia de alimentos, insumos y servicios básicos.
Para 2026, el Consejo Político Supremo de los hutíes controla la mayor parte del territorio que anteriormente era Yemen del Norte y la capital de Saná, mientras que el Consejo de Liderazgo Presidencial domina el sur y el este del país.




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