Jefe Joseph

Joseph nació en 1840, en el valle de Wallowa, el territorio de la ondulante agua, al noreste de Oregón, el lugar de nacimiento de su padre y de sus antepasados. Como líder de los nez percé, destacó por su papel en las guerras por defender a su pueblo y, especialmente, por su elocuencia y sus discursos.

Óleo del jefe Joseph, líder de los nez perce.

primeros años

Desde su primer encuentro con cazadores de pieles blancos, hacia 1750, los shoshoni habían vivido siempre en paz con los blancos. Mientras Joseph crecía, cada vez se introducían más blancos en el territorio de la tribu. En 1855, los nez percé se declararon dispuestos a renunciar a una parte de su territorio en favor de los Estados Unidos. El territorio era inmenso y ofrecía suficiente espacio para todos. Sin embargo, pronto se mostraría que la ambición de los colonos, que cada vez querían más tierra, jamás sería satisfecha.

¿Sabías qué?
Al nacer, Joseph recibió el nombre de Hin-mah-too-y ah-lah-ket, que significa “trueno que rueda de las montañas”. Su padre, Tu-eka-kas, era llamado por los blancos “Old Joseph”, por eso llamarían a su hijo “Young Joseph”.

En 1863, el gobierno convenció a algunos jefes de los nez percé para que renunciaran a la mayor parte del territorio que les quedaba y se fueran a la reserva de Lapwai, en el actual estado de Idaho. Joseph tenía entonces veintitrés años. Dos terceras partes de todos los jefes indios, entre ellos también el padre de Joseph, se negaron a firmar ese acuerdo. Lo llamaron el “acuerdo del robo” y no se preocuparon de lo que ponía. Siguieron viviendo como hasta entonces, sin preocuparse lo más mínimo de los límites de la reserva.

asume el liderazgo

En 1871, Joseph sucede a su padre en el puesto de jefe. En los últimos años, los ganaderos blancos se habían adentrado hasta el valle de Wallowa para establecerse allí. Joseph estaba muy dolido con aquellos colonos:

“Nos robaron muchos caballos y no pudimos recuperarlos porque éramos indios. Espantaron a muchas de nuestras reses. Algunos hombres blancos reunieron a nuestras terneras y las marcaron con su propio hierro, con el fin de que fueran declaradas de su propiedad. No teníamos ningún amigo que pudiera representar nuestros intereses ante los tribunales blancos”.

El comisario jefe para Asuntos Indios en Oregón invitó a Joseph a una consulta y le explicó que ahora su tribu tenía que irse a la reserva de Lapwai, independientemente de si quería ir o no.

Al principio, los funcionarios de Washington se pusieron al lado de Joseph. La Oficina de Asuntos Indios declaró que el valle de Wallowa seguía perteneciendo a la tribu de Joseph, ya que él jamás firmó el convenio de 1863. Los blancos recibieron la orden de abandonar el territorio, pero se negaron.

En su lugar, construyeron carreteras y puentes y amenazaron a los indios con expulsarlos violentamente. Como quiera que cada vez eran más los blancos que venían a asentarse en ese territorio, el gobierno retiró su decisión.

Territorio tribal de los nez percé.

negociador y diplomático

En 1875, el presidente Grant concedió a los blancos libertad para la colonización del valle de Wallowa. Joseph quería evitar una dura confrontación y se fue a otra zona del valle, lejos de los asentamientos, cada vez más numerosos, de los blancos. “Si la tierra nos pertenecía antes, entonces nos sigue perteneciendo, ya que nosotros jamás la hemos vendido”. Ésa era su convicción. Sin embargo, la situación se volvió cada vez más tensa. Dos ganaderos blancos acusaron a un joven indio del robo de ganado y lo mataron a tiros. Joseph pidió a su pueblo que conservara la calma, pero los colonos tenían miedo de que se produjera un levantamiento y pidieron protección militar.

Cuando, finalmente, en mayo de 1877, el general de brigada Oliver Otis Howard recibió la orden de enviar sus tropas al valle de los nez percé, la confrontación se hizo inevitable. Joseph se había visto siempre a sí mismo como un diplomático y hasta el 17 de junio de 1877 jamás había participado en una batalla. La guerra de los nez percé duró todavía hasta el otoño de 1877.

estratega militar

Joseph y los demás jefes indios se reunían durante las batallas para asesorarse y planificar juntos la estrategia. De acuerdo con la tradición de la tribu, ninguno de esos jefes tenía más poder que los otros. Sin embargo, cuanto más duraba la guerra contra el ejército, más claro estaba que Joseph se convertía en la figura simbólica de la resistencia. Incluso sus enemigos tuvieron que reconocer que era un estratega militar genial, “un Napoleón indio”, como escribían los periódicos. Y eso sin ninguna experiencia militar que pudiera haberlo guiado. “El Gran Espíritu”, así lo indicó él, “habla al corazón y a la cabeza de un hombre y le dice cómo debe defenderse”.

La banda del jefe Joseph hacia 1877.

fin de la rebeldía

Finalmente Joseph fue derrotado por el General Miles. El 5 de octubre de 1877 presentaba su rendición:

“Decidle al general Howard que conozco su corazón. Lo que me dijo antes, lo tengo en mi corazón. Estoy cansado de luchar. Han matado a nuestros jefes. Cristal Observador está muerto. Too~hul~hul~suit está muerto. Todos los ancianos están muertos. Ahora son los jóvenes los que tienen que decir «sí» o «no» (es decir, votar en el consejo). El que conducía a los hombres jóvenes (el hermano de Joseph, 0llokot) está muerto. Hace frío y no tenemos mantas. Los niños pequeños se mueren de frío. Mi pueblo, algunos de ellos, ha escapado a las colinas y no tiene ni mantas ni comida. Quiero tener tiempo para cuidar a mis hijos y ver a cuántos de ellos puedo encontrar, tal vez los encuentre entre los muertos. Escuchadme, queridos jefes; mi corazón está enfermo y cansado. ¡Desde este momento, en esta posición del sol, no lucharé ya más!”. Se les prometió que volverían a Idaho, pero la promesa no se cumplió. Cuando Joseph lo supo sólo comentó: ¿Cuándo aprenderá el hombre blanco a decir la verdad?”.

Fueron conducidos a la reserva de Ponca, donde morían por las epidemias. “Jamás debieron traernos a una tierra donde el clima resulta un veneno para nuestra salud, a un sitio donde nosotros no podemos vivir, donde la tierra no nos deja vivir”, dijo Joseph. En primavera de 1879, Joseph viajó a Washington para presentar sus protestas sobre la vida en la reserva de Ponca ante altos funcionarios del gobierno. “Quiero que los blancos aprendan a entender a mi pueblo”, les indicó:

“Algunos de vosotros consideráis a los indios como salvajes. Eso es un gran error. Os hablaré de mi pueblo y después podréis opinar si un indio es una persona o no… Hace tiempo que llevo una pesada carga, ya desde que era un niño.Entonces aprendí que nosotros éramos sólo unos pocos, pero que había muchos, muchos hombres blancos y que no podríamos igualamos con ellos. Éramos como corzos. Ellos eran como osos grizzli.

Nosotros teníamos poca tierra, ellos poseían mucha tierra. Nosotros estábamos contentos de dejarlo todo tal como estaba, como un día lo había creado el Gran Espíritu. Los blancos no, ellos cambiaron el cauce de los ríos, trasladaron montañas, si les gustaban de otra forma… De que se haya llegado a la guerra, les echo la culpa por igual a nuestros jóvenes guerreros y a los hombres blancos.

Culpa tiene el general Howard, que no dio suficiente tiempo a mi pueblo para reunir a sus manadas en Walowa. Él no tenía ningún derecho a expulsarme de Walowa. Juro que ni mi madre ni yo jamás vendimos este territorio. Sigue siendo nuestro territorio. Quizá ya jamás sea nuestra patria, pero los restos de mi padre descansan allí y yo lo quiero así, de la misma forma que amo a mi padre. Me fui de allí para evitar un derramamiento de sangre… Si el hombre blanco quiere vivir con nosotros en paz, entonces habrá paz. No tiene por qué haber más levantamientos. Tratad a todas las personas como iguales. Dad a todos la misma posibilidad para vivir y crecer. Todas las personas han sido creadas por el Gran Espíritu. Todos son hermanos. La Tierra es la madre de todas las personas y todas las personas deben tener los mismos derechos sobre ella… Si el hombre blanco nos trata como trata a su igual, no habrá ninguna guerra. Entonces todos tendremos los mismos derechos, como los hermanos de un mismo padre y una misma madre, con un cielo sobre nosotros y una tierra a nuestro alrededor y un gobierno para todos”.

Impresión que resumen la rendición del Joseph.

nuevos asentamientos

Entre tanto, miles de personas apoyaban la causa de Joseph en todo el país. El coronel Miles, que ya era general, y otros blancos influyentes presentaban constantemente solicitudes ante el gobierno. En la primavera de 1885, los nez percé fueron autorizados, por fin, a abandonar la reserva de Ponca y a regresar al noroeste. De las cuatrocientas diecisiete personas que habían capitulado con Joseph, solamente vivían doscientas sesenta. Cuando llegaron a Idaho, fueron separadas en dos grupos. Uno de ellos fue llevado bajo escolta militar a la reserva de Lapwai. Joseph y los otros fueron enviados a la reserva de Colville, en el estado de Washington. Joseph seguía confiando en el regreso a Wallowa.

“Quiero vivir allí otra vez”, le contó a un amigo, “donde están enterrados mi padre y mi madre, yo estaría satisfecho si el gobierno le diera allí a mi pueblo un pequeño trozo de tierra y un maestro”.

En el año 1900 visitó el valle por primera vez desde la guerra. Habían pasado más de veinte años. Alambradas y canales de regadío atravesaban la tierra y, en los recodos del río Wallowa, habían crecido ciudades. Sin embargo, en realidad, el valle no había cambiado. Ciertamente, ahora las personas vivían en casas de piedra en lugar de tipis; pero, seguían criando reses y caballos, lo mismo que los indios entonces. Joseph visitó la tumba de su padre y participó en una reunión pública en la que se le comunicó que ni a él ni a su tribu se le vendería jamás terreno en ese valle.

muerte

Joseph terminó su vida en la reserva de Colville. Seguía viviendo en un tipi y no en una casa, que el gobierno había puesto a su disposición. El 21 de diciembre de 1904, se desmayó delante del fuego en su tipi y murió. Tenía sesenta y cuatro años. El médico de la reserva confirmó como causa de su muerte “un corazón roto”. En su entierro, su sobrino Lobo Amarillo dijo: “Joseph ha muerto, pero sus palabras no han muerto. Vivirán siempre”.

 

Tecumseh

Tecumseh nació en el actual Ohio en 1768. El paso de un meteorito auguró a los shawnes que el recién nacido llegaría a ser importante. Era hijo de un jefe shawne que murió combatiendo a los blancos cuando Tecumseh todavía era joven. La muerte de su padre marcó su odio hacia cualquiera que quisiera invadir su territorio.

Representación artística Tecumseh, basada en un grabado de 1868.

jefe indígena

A los veinte años, Tecumseh ya se había convertido en líder de su pueblo. Cuando el avance de los colonos amenazó la vida pacífica de los indios del valle de Ohio, Tecumseh agrupó a las tribus de la zona colindante para enfrentarse a los blancos. Peleó con Little Turtle contra los ejércitos de Josiah Harmar y Arthur St. Clair. En 1794, Tecumseh tomó parte en la batalla contra el general Anthony Wayne, en la que fueron vencidos.

Tras esta derrota, muchos líderes firmaron el tratado de Greenville, que forzaba a desplazarse a los indios al noroeste de Ohio. Tecumseh se negó a firmar. Llegó a ser conocido por su oposición a cualquier cesión de tierra india a los blancos, sosteniendo que una cesión de tierra por parte de una tribu no era legal sin la aprobación de las demás. Él y su hermano Tenskwatawa, un visionario religioso conocido como “El Profeta”, se rebelaron contra la adopción de las costumbres de los colonos, especialmente contra la introducción del alcohol.

Tecumseh luchó toda su vida para asegurar a su gente la permanencia en su tierra natal y la continuación de sus costumbres, tradiciones y religión. Soñaba con una nación india unida desde las Montañas Appalaches hasta el Golfo de Méjico.

nuevos asentamiento

En 1808 comenzaron a llegar más colonizadores y se reubicaron en Prophetstown (Indiana), donde trataron de formar una alianza con un gran número de tribus. Tecumseh viajó hasta Iowa y el golfo de México en busca del apoyo de los indios. Prophetstown comenzó a aumentar sus habitantes, lo que preocupó a los estadounidenses, que temían una sublevación india.

En 1811, estando Tecumseh de viaje, William Henry Harrison acampó a sus sus tropas cerca de los indios de Prophetstown. Tecumseh había advertido a su hermano que no peleara contra los estadounidenses mientras él estaba fuera, pero su hermano no escuchó.

Batalla de Tippecanoe

Tuvo lugar en el año 1811 y enfrentó al ejército de los Estados Unidos de América liderado por William Henry Harrison, gobernador del territorio de Indiana, contra los guerreros de la confederación de pueblos tribales aliados bajo el mando de Tecumseh de la tribu de los Shawnee. La batalla se desarrolló a las afueras de Prophetstown, cerca de la actual Battle Ground, Indiana, y forma parte de la conocida como Guerra de Tecumseh, a la que siguió la Guerra de 1812. Aunque la facción de Harrison sufrió un mayor número de bajas pese a contar con un contingente de hombres superior, la batalla se interpretó como una importante victoria política y simbólica para las fuerzas norteamericanas.

Tenskwatawa creía que poseía facultades que protegerían a los guerreros en la batalla y condujo a los indios contra las tropas de Harrison. Cuando los indios se dieron cuenta de que “el Profeta” no podía protegerlos, se retiraron al bosque. Prophetstown quedó indefenso y el ejército de Harrison lo destruyó todo.

Impresión que muestra a Tecumseh protegiendo a prisioneros durante la Guerra de 1812.
¿Sabías qué?
Aunque la batalla de Tippecanoe significase un pequeño avance de los estadounidenses, fue un gran golpe para Tecumseh y su sueño.

últimos días

Con todas las provisiones perdidas y la reputación de su hermano destrozada, nadie quiso seguirle. Tecumseh peleó con los británicos en la Guerra de 1812. Pensaba que si los ingleses ganaban, premiarían a los indios y les permitirían volver a su tierra natal.

Tecumseh murió en la Batalla del Thames (Moraviantown), cerca de Thamesville, Ontario, al ser abandonado por los refuerzos británicos. Esto sucedió el 5 de octubre de 1813, tenía 44 años.

Pintura de la muerte de Tecumseh en la batalla de Moraviantown.

Toro Sentado

Toro sentado nació en 1831 en las cercanías del Gran River, en el actual estado de Dakota del Sur. Su etnia, los hunkpapas, pertenecía a las siete tribus que formaban el poderoso pueblo de los sioux teton. Fue elegido en un época de máximo peligro para su pueblo como guía de su tribu. 

Retrato de Toro Sentado hacia 1885.

JUVENTUD

Mientras Toro Sentado se iba convirtiendo en un adolescente, rodaban ya las primeras columnas de carromatos por el Oregon Trail hacia el Oeste. Sin embargo, el Trail se encontraba un buen trecho al sur del territorio de los hunkpapas, de forma que, hasta entonces, ningún soldado o colono blanco había invadido su país.

Toro Sentado era todavía muy joven cuando fue acogido en la comunidad secreta de los “Corazones Fuertes”. La participación en esa comunidad de guerreros suponía un gran honor. Pronto, Toro Sentado contaría hasta más de sesenta victorias personales sobre sus enemigos. Su fama como guerrero creció y fue nombrado jefe en 1860. Mientras tanto, su tribu había notado cada vez más claramente la invasión de los blancos.

Algo más al Este, cada vez más colonos afluían a la Gran Pradera de los hunkpapas y, en el Oeste, los soldados protegían la construcción del nuevo Bozeman Trail, que conducía del Oregon Trail hacia los florecientes campamentos de los buscadores de oro alrededor de Virginia City, en la actual Montana. Para Toro Sentado, la invasión de los blancos era un motivo de preocupación tan serio como si tribus enemigas planificaran una invasión y contemplaba sus actividades con creciente encono.

primeros enfrentamientos

En 1866, tropas del ejército se introdujeron profundamente en el territorio de los hunkpapas para construir el Fort Buford en la desembocadura del Yellowstone en el Missouri River, en el actual estado de Dakota del Norte. Toro Sentado veía el Fort Buford como una amenaza y respondió con varios ataques de los “Corazones Fuertes” a los asentamientos cercanos. Los soldados y los colonos estaban aterrorizados y asustados en doscientas millas río abajo y río arriba. Ese mismo año, Nube Roja, el jefe de los sioux oglala, atacó también fuertes del ejército y asaltó caravanas en el Bozeman Trail. En 1868, por fin, el gobierno se vio obligado a tratar con los indios sobre un acuerdo de paz. Los representantes de ambas partes se reunieron en Fort Laramie.

Mapa del territorio de Dakota en 1878 donde se señala la ubicación de Fort Buford (ND) y la Reserva Militar de Fort Buford.

El gobierno se declaró dispuesto a cerrar de nuevo el Bozeman Trail, ofreció a los sioux y a sus aliados un extenso territorio de sus propias tierras como reserva duradera y, al oeste de esa reserva, el territorio del Powder River en Wyoming debería quedar para siempre como zona de caza de los indios.

En consecuencia, el acuerdo decía: “Ninguna persona blanca recibirá autorización para la colonización u otra dedicación de la tierra (en el Powder River) ni se le permitirá atravesar el territorio sin la autorización de los indios”.

Toro Sentado, al igual que otros jefes sioux y cheyenes, se había negado a participar en esas conversaciones. Toro Sentado advirtió que aunque el acuerdo parecía, a primera vista, muy generoso, en realidad a los sioux les quitaba una gran parte de su territorio.

Durante dos semanas, los intermediarios lo intentaron todo para convencer a los sioux de que vendieran las Back Hills, pero ningún jefe indio se atrevía a vender la sagrada tierra. Cuando la delegación regresó a Washington con las manos vacías, el gobierno se decidió por un acto de fuerza con todas las consecuencias: En caso de que los indios no aceptaran la venta de las Black Hills, se les quitarían las tierras en el Powder River, que no pertenecían a la reserva de los sioux.

En noviembre de 1875, el comisario para Asuntos Indios anunció que todos los indios que vivían en el Powder River suponían una amenaza para el sistema de la reserva. Toro Sentado y los otros jefes indios que habían negado su firma recibieron la orden de irse inmediatamente a la reserva. Como no respetaron esta orden, fueron enviadas tropas del ejército para dar con los indios enemigos y llevarlos por la fuerza a la reserva.

Cuando las tropas se pusieron en marcha, miles de guerreros indios se reunieron para luchar contra los blancos. Toro Sentado había enviado emisarios a todas las tribus de los sioux y cheyenes invitándoles a un gran consejo de guerra en el Rosebud Creek en Montana del Sur.

Finalmente, se habían reunido unos quince mil indios, entre ellos aproximadamente de cuatro a cinco mil guerreros. El campamento se extendía tres millas de largo por media de ancho a lo largo del Rosebud Creek. La guerra había comenzado.

Dibujo autobiográfico de Toro Sentado en batalla.

¡a la batalla!

Nube Roja, de los sioux oglala, que ocho años antes había ganado su guerra contra el ejército de Estados Unidos, no participó esta vez. Se había decidido por no participar en esa guerra y había pedido a sus seguidores que se quedaran con él en la reserva. Sin embargo, muchos jóvenes, entre ellos uno de sus hijos, no siguieron su consejo. Se unieron a los rebeldes dirigidos por Caballo Loco, que había sido elegido como jefe de guerra de los oglala, en lugar de Nube Roja. Mientras se preparaban para la lucha, los sioux organizaron su sagrada ceremonia de la danza del sol.

Chamán

Sucedía que Toro Sentado no solamente era jefe de guerra sino también jefe espiritual (chamán u hombre medicina) y pidió, según el viejo ritual, la ayuda del Gran Espíritu. Entre tanto, había cumplido cuarenta y cinco años, era un hombre vigoroso de casi un metro ochenta de estatura, con poderosa cabeza y una nariz aguileña, y señales de cicatrices de la viruela. Sus movimientos seguían siendo lentos y pausados y cojeaba de su lisiado pie izquierdo, debido a una herida en su primera incursión guerrera.

Había pintado sus manos y pies de rojo y su espalda a franjas azules, que debían representar el cielo. Un hermano guerrero se arrodilló a su lado. Con una afilada lezna, levantó cincuenta pequeñas tiras de piel de los brazos de Toro Sentado, desde el hombro hasta la muñeca. Mientras manaba la sangre y las heridas se costrificaban, Toro Sentado comenzó el lento, rítmico baile, según la antigua costumbre; se levantaba y agachaba sobre la punta de los pies, mientras dirigía la cara hacia el sol y rezaba. Bailó sin interrupción durante todo un día y una noche y siguió hasta bien entrado el día siguiente, sin comer ni beber, hasta que cayó agotado al suelo. Entonces, tuvo una visión del sueño por el que había rogado en la oración. Vio caer soldados del cielo como saltamontes, con las cabezas agachadas, de las que se caían sus sombreros, en medio del campamento de los sioux.

Cuando Toro Sentado recobró el conocimiento, anunció una gran victoria de los sioux. Mientras él bailaba y rezaba, tres columnas del ejército se acercaban desde el sur, el este y el oeste, al campamento de los indios.

La primera columna que fue avistada por los centinelas indios el 16 de junio, era la del general George Crook. A la mañana siguiente, los guerreros sioux y cheyenes, bajo el mando de Caballo Loco, llevaron a cabo un ataque sorpresa contra Crook, que estaba acampado con sus soldados a la orilla del Rosebud.

La batalla de Rosebud terminó en empate. Crook fue salvado por sus rastreadores absarokes y shoshonis, que pudieron rechazar varios ataques de los sioux. Sin ellos, los blancos habrían sido neutralizados. Caballo Loco se retiró y abandonó el campo de batalla. Aun así, había detenido la marcha del general y sus soldados, les había infringido pérdidas tan elevadas que las tropas de Crook no pudieron ser utilizadas en las cuatro semanas siguientes. Después de esa batalla, los sioux y cheyenes trasladaron su campamento a la orilla occidental del Little Bighom River. Una semana después, Toro Sentado vería cómo su visión del sueño de una gran victoria se convertía en realidad.

Batalla de Little Bighorn

En la tarde del 25 de junio de 1876, el campamento de los sioux y cheyenes fue atacado por el Regimiento del Séptimo de Caballería, a las órdenes del teniente coronel Custer, el famoso cazador de indios.”Si yo quisiera, con el Séptimo de Caballería echaría a todos los indios del Continente a latigazos”. Estaba tan seguro, tan convencido de la victoria ese día que atacó sin ninguna medida de precaución. Custer no tenía ni idea de la verdadera fuerza del campamento indio. Envió a sus soldados a la batalla sin esperar por los refuerzos de las otras unidades del ejército, que se encontraban de camino hacia allí. Además cometió un grave y fatal error táctico cuando dividió sus fuerzas contra un enemigo numéricamente mucho más poderoso.

Representación artística de la batalla de Little Big Horn.

Cinco escuadrones de caballería, conducidos personalmente por Custer, atravesaron el Little Bighom y atacaron el extremo norte del campamento indio. Otros tres escuadrones, bajo las órdenes del mayor Marcus Reno, debían desviar la atención de los indios por medio de un ataque al flanco sur. Sin embargo, el plan de Custer demostró ser un desastre desde el primer momento. Sus tropas fueron detenidas a los pocos minutos y fueron obligadas a retroceder por miles de guerreros sioux.

La mitad de sus 115 soldados habían muerto, estaban heridos o se encontraban desaparecidos antes de poder retroceder a una colina y hacerse fuertes allí. Custer ni siquiera consiguió salvar sus tropas a la otra orilla del río. Sus cinco batallones de caballería fueron rodeados y neutralizados en una colina baja, directamente junto al río, sucediéndose la batalla que se llamaría Batalla de Little BigHorn.

Toro Sentado dejó que Caballo Loco y los otros jefes indios se enfrentaran al enemigo. Él se encontraba sobre su caballo con un Winchester y un revólver del 45, contemplaba la batalla y, desde lejos, planificaba la estrategia. Custer y sus tropas desaparecieron en nubes de pólvora y polvo, mientras intentaban salvar su vida. Cuando se posó el polvo, todos estaban muertos en la colina, sin sus armas y sus ropas. Muchos de los caídos estaban sin su cabellera. Custer, sin embargo, no. Cuando fue encontrado su cuerpo, tenía heridas de arma de fuego en la cabeza y en el pecho.

El mayor Reno se atrincheró con los soldados supervivientes en la colina del sur, donde resistieron durante toda la noche los ataques indios. Al día siguiente, los exploradores indios informaron que se acercaban refuerzos militares. Toro Sentado y los demás jefes indios decidieron dar por terminada la batalla, desmontar el campamento e irse a las montañas de Bighom. En el camino, se dividieron en pequeños grupos, que desaparecieron en las montañas en distintas direcciones.

¿Sabías qué?

La batalla de Little Bighorn fue conocida más tarde como “la última batalla de Custer”. Fue la derrota más terrible que jamás los indios infringieron al ejército americano, mucho peor que la masacre de Fettennan diez años antes. Custer condujo, probablemente, a 220 soldados a la muerte; nadie sabe la cifra exacta. Toda la nación estaba horrorizada y el gobierno juró que rompería la resistencia de los indios. Fueron enviados refuerzos al territorio de los indios. A partir de ese momento, los indios se encontraron a la defensiva.

George Armstrong Custer fue el mayor general del ejército de los Estados Unidos, murió en la batalla de Little Bighorn.

Toro Sentado y sus seguidores fueron perseguidos por el coronel Nelson Miles a través de Montana. Tres veces en ese otoño, Toro Sentado se declaró dispuesto a un encuentro con el coronel. En uno de esos encuentros, ambos hombres estaban sentados sobre sus caballos en medio de un claro del bosque; a un lado, vigilaban una fila de indios; al otro, una fila de soldados de caballería. Miles intentó convencer al jefe de los sioux para que se rindiera, entregara sus armas y se fuera pacíficamente a la reserva. Sin embargo, Toro Sentado seguía insistiendo en que tenía que permitirse a su pueblo vivir en las Black Hills y en el territorio a lo largo del Powder River, como se había asegurado en el acuerdo de Fort Laramie. En la reunión, no se llegó a ningún acuerdo y la lucha continuó.

escape

Cuando llegó el invierno, los indios apenas si disponían de alimentos y municiones. Algunos jefes de los sioux y de los cheyenes se entregaron. Estaban cansados de ser constantemente perseguidos, entregaron sus armas a Miles y condujeron a su gente a la reserva. Miles seguía persiguiendo a los grupos que oponían resistencia. Sus soldados, seguían atacando las aldeas indias cuando la temperatura había caído por debajo de cero.

En febrero de 1877, Toro Sentado huyó con su tribu a Canadá a través de la frontera para refugiarse allí. Caballo Loco todavía resistió por un tiempo. Se entregó en mayo y condujo a unos quinientos seguidores hasta la reserva, mientras orgullosos cantaban canciones de guerra y mostraban amenazantes sus armas. Ese mismo año moría a manos de los soldados. Mientras tanto, los indios habían perdido todo por lo que habían luchado. Debido a la presión del gobierno, los jefes indios de la reserva habían cedido y, finalmente, habían aceptado renunciar a las Black Hills y al territorio en el Powder River. Se les había quitado una tercera parte del territorio que se les había reconocido en el acuerdo de 1868. Con excepción de Toro Sentado y sus hunkpapas en Canadá, todos los sioux y cheyenes habían sido encerrados en su cada día más pequeña reserva.

Toro Sentado se quedó cuatro años en Canadá. El gobierno canadiense lo toleró, aunque negó a su gente alimentos y otras ayudas. Los sioux tuvieron que pasar hambre la mayor parte del tiempo, ya que también los búfalos y otras especies de caza habían sido prácticamente exterminados. Poco a poco, hambrientos y llenos de nostalgia por su patria, se pusieron en camino hacia los Estados Unidos y se entregaron a los soldados de fronteras. Sus ropas colgaban en harapos. Hasta el verano de 1881, la tribu de Toro Sentado se había reducido a menos de doscientas personas.

entrega

El 19 de julio, el jefe indio también cruzó la frontera. Se entregó en Fort Buford, donde, en otros tiempos, sus victoriosos guerreros habían atemorizado tanto a soldados como a colonos. Entregó su Winchester a su hijo de ocho años, Pata de Cuervo, y con un gesto indicó al hijo que se lo pasara al mayor David Brotherton.

fama

Dos años estuvo Toro Sentado como prisionero de guerra en Fort Randell. En 1883, fue puesto en libertad y recibió la autorización para regresar a su lugar de nacimiento, en el Grand River, en las cercanías de la reserva de Standing Rock. Entre tanto, se había convertido en una celebridad; probablemente era el indio más conocido de todo el país y todos sabían que había vencido a Custer. Recibió cartas de todo el mundo, lo entrevistaban reporteros de prensa y los jefes indios lo visitaban en busca de consejo.

Bufalo Bill Cody, el famoso explorador y showman, lo visitó en 1885. Convenció al jefe indio para que participara en el Show del Oeste Salvaje a través de los Estados del Este y Canadá. Anunciado como “El vencedor de Custer”, Toro Sentado era la gran atracción. Los curiosos guardaban cola para verlo y comprar una fotografía con su autógrafo, que costaba veinticinco centavos. La mayor parte del dinero se la daba a los niños pobres que esperaban fuera del teatro y le seguían a todas partes. Al final de la tourné, el jefe indio recibió un regalo de Buffalo Bill: un caballo gris, que estaba enseñado a sentarse y levantar una pezuña cuando oía un tiro. Cuando en 1886 Buffalo Bill le preguntó a Toro Sentado si quería ir con el Show del Oeste Salvaje a Inglaterra, el jefe indio lo rechazó.

Fotografía de Toro Sentado y Buffalo Bill en 1885.

lucha indetenible

Los sioux habían perdido ya las Black Hills y las tierras del Powder River. Ahora el gobierno les exigía que vendieran una gran parte de su reserva con el fin de que los blancos pudieran asentarse allí. Toro Sentado estaba radicalmente en contra de entregar todavía más tierra, independientemente del precio que fuera. En una asamblea de los sioux, Toro Sentado propuso que se llevara una báscula y se vendiera la tierra libra a libra. Así de obstinado fue e impidió las negociaciones de forma tan eficaz que los funcionarios de la reserva intentaron todo para impedirle opiniones públicas sobre ese tema.

Otros jefes indios de los sioux temían que les quitaran las tierras, independientemente de que estuvieran dispuestos a vender o no. Por eso, se pusieron de acuerdo finalmente para vender unos 44.550 kilómetros cuadrados. La Gran Reserva de los sioux fue dividida en cinco pequeñas reservas y cada familia sioux recibió aproximadamente 1,28 kilómetros cuadrados como tierra propia.

Toro Sentado era un chamán que había vivido en estrecha comunicación con el Gran Espíritu, pero tenía sus dudas sobre la nueva creencia, tal y como la predicaba Wovoka. El profeta predicaba la vuelta de los bisontes y el tiempo en que los indios de nuevo recuperarían su tierra. Toro Sentado permitió que los demás miembros de la tribu siguieran o no al profeta, con lo que se reunían cada día delante de su cabaña para bailar, rezar y buscar visiones de sueños, lo que a los soldados le parecía una forma de insurrección.

últimos días

El 15 de diciembre de 1890, poco antes del amanecer, cuarenta y tres policías indios, a las órdenes del teniente Henry Bull Head, rodearon la cabaña de Toro Sentado. Entraron en la cabaña, despertaron rudamente a Toro Sentado, le ordenaron que se vistiera y lo arrastraron fuera, donde se habían reunido unos ciento cincuenta seguidores del jefe indio. Cuando comenzaron a protestar, fueron interrumpidos por las voces de Toro Sentado:

“No me iré. Haced conmigo lo que queráis. ¡Yo no me iré!”.

Los policías intentaron abrirse paso entre el soliviantado gentío. Se disparó un tiro que alcanzó en un costado al teniente Bull Head. Mientras caía, se volvió y disparó contra Toro Sentado. El sargento Red Tomahawk, que hasta ese momento iba empujando por detrás a Toro Sentado, disparó a la cabeza del jefe indio.

Cuando terminó el tiroteo, había seis policías y ocho de los seguidores de Toro Sentado muertos o heridos de muerte, entre ellos su hijo de diecisiete años, Pata de Cuervo. Los policías indios buscaron protección en la cabaña hasta que fueron rescatados dos horas más tarde por soldados. Cuando esa mañana moría Toro Sentado, aún no había cumplido los sesenta años.

Tumba de Toro Sentado en Fort Yates.

La batalla de Aroma y el Ejército de Bolivia

La batalla de Aroma fue uno de los enfrentamientos armados ocurridos durante los primeros años del proceso de independencia de Bolivia. Además de significar una importante victoria para los patriotas, esta batalla también formalizó al escuadrón de soldados que, en el futuro, evolucionaría hasta convertirse oficialmente en el Ejército de Bolivia.

PRIMER EJÉRCITO DE BOLIVIA

La unidad de soldados formada por Esteban Arze y Francisco del Rivero tras la revolución de Cochabamba es considerada el primer ejército creado para defender los intereses independentistas de los territorios del Alto Perú y que combatió por primera vez contra las fuerzas españolas en la conocida batalla de Aroma en 1810, por lo que a su vez se considera el precursor del actual Ejército de Bolivia.

Sin embargo, el Alto Perú estaba formado por ciudades con cierto grado de autonomía bajo la jurisdicción de la entonces Real Audiencia de Charcas, a su vez sometida al dominio español. Esto cambió cuando dichas regiones del Alto Perú lograron su independencia y se unieron para formar una sola nación que bautizaron como República de Bolivia el 3 de octubre de 1826. Así, la fuerza militar formada durante los eventos de la batalla de Aroma se convirtió oficialmente en el Ejército del Estado.

PRINCIPALES ACCIONES

Tras su independencia, el Ejército de Bolivia se ha encargado de defender al país ante fuerzas externas e internas hostiles y entregarse al servicio de su constitución. Entre sus primeras acciones destacan el impedimento de una posible invasión del Imperio de Brasil en 1825 y su participación contra el Ejército peruano que intervino el país en 1828 y que resultó en la expulsión de Antonio José de Sucre del poder.

Actualmente existe poca información oficial sobre los detalles exactos de la institución, pero se estima que dispone de entre 26.000 a 60.000 unidades de infantería y decenas de unidades de artillería y transporte.

¿Sabías qué?
El Ejército de Bolivia corresponde a las fuerzas militares terrestres del país y fueron las primeras en ser formadas, ya que nacieron a partir de las tropas terrestres que combatieron en la batalla de Aroma. Junto a la Armada de Bolivia, formada por sus fuerzas navales, y la Fuerza Aérea de Bolivia, estas tres instituciones militares conforman en su totalidad las Fuerzas Armadas de Bolivia.
Unidad de artillería del Ejército de Bolivia.

Batalla de Cone

También conocida como la batalla de Yaguachi, fue un combate armado que se libró en la actual provincia ecuatoriana de Guayas, cerca de la zona de Yaguachi, entre las tropas de la División Protectora de Quito y las fuerzas realistas. Este conflicto resultó con la victoria patriota y la independencia definitiva de Guayaquil.

Ilustración de la batalla de Yaguachi. Atribución: CaburcaBatalla-de-YaguachiCC BY-SA 4.0

datos de interés

Fecha: 19 de agosto de 1821

Lugar: Yaguachi, provincia del Guayas, Ecuador

Resultado: victoria independentista

Cambios: se logró la independencia de Guayaquil

Beligerantes: Gran Colombia, Guayaquil y División Protectora de Quito contra el Imperio español y su Ejército realista

Comandantes: Antonio José de Sucre contra Francisco González

DESARROLLO

El presidente Aymerich diseñó un plan ofensivo con una tropa comandada por el coronel Francisco González, que había viajado desde Quito para terminar definitivamente con la revolución del 9 de octubre de 1820, fecha en la que Guayaquil proclamó su independencia. La idea consistía en enfrentar a ambos bandos el 20 de agosto de 1821.

Melchor de Aymerich y Villajuana (5 de enero de 1754-11 de octubre de 1836) fue un militar español y el último presidente y gobernador español de Quito.

Antonio José de Sucre lideraba las fuerzas independentistas y, al conocer las intenciones del ejército español, envió al general Mires a atacar de forma anticipada a los realista en Yaguachi, el 19 de agosto de 1821. La estrategia militar de Mires obligó al bando enemigo a replegarse, reorganizarse y a retroceder lentamente. La batalla terminó con la derrota de los realistas.

¿Sabías qué?
El coronel González se fugó del lugar del enfrentamiento con unos pocos hombres. En el campo de batalla las bajas realistas superaron por mucho a las patriotas, mientras que las fuerzas españolas perdieron cerca de 400 soldados, los independentistas tuvieron unas 20 víctimas.

El éxito patriota restauró el ánimo libertario, razón por la que se expidió el Decreto de Gratitud y Agradecimiento a la República de Colombia al general Sucre y sus oficiales.

Algunas de las más destacadas actuaciones durante esta contienda fueron llevadas a cabo por personajes como el coronel Cayetano Cestaris, el mayor Morán, Abdón Calderon, Baltazar García y de la Rocha y José Ariza, entre otros.

Influencia de Manuela Espejo

Manuela Espejo fue una de las quiteñas más representativas de su época. No solo fue gestora de los ideales independentista y la lucha por la libertad, sino también una precursora de la enfermería, el periodismo femenino y la defensa de las mujeres en el Ecuador. Esta ilustre revolucionaria marcó la historia de su país y su influencia en la sociedad de antaño se mantiene hasta la actualidad.

Retrato de Manuela de la Santa Cruz y Espejo (1753-1829). Atribución imagen: SebasdreyesManuela EspejoCC BY-SA 4.0

LA ENFERMERA

Aunque para el siglo XVIII las oportunidades de estudio para las mujeres eran escasas, Manuela obtuvo una muy buena educación en su hogar centrada en las ciencias naturales y la medicina. Desde muy joven participó en actividades humanitarias y asistió a los enfermos y desvalidos; inicialmente con su padre, el médico y cirujano Luis Espejo; luego acompañó a su hermano Eugenio, insigne doctor y personaje de renombre en Quito.

En 1785, cuando la fiebre amarilla azotó a la población quiteña, Manuela y su hermano tuvieron una notable labor, pues ofrecieron asistencia médica a todos lo que la necesitaran, especialmente a los más pobres. Además de su amplio conocimiento sobre el área, su entrega, pasión y bondad, le confirieron el título de pionera de la enfermería en el país.

LA PERIODISTA Y FEMINISTA

Manuela fue la primera mujer de su país que se aventuró a expresar sus ideas en la prensa. Escondió su identidad bajo el seudónimo Erophilia en el diario Primicias de la cultura de Quito.

Aprovechó ese espacio para plasmar su opinión sobre la discriminación de las mujeres, las limitaciones a las que estaban sometidas y exigir un trato igualitario; asimismo, en este medio defendió la postura política de sus hermanos, que eran perseguidos por el gobierno de la Real Audiencia. Manuela nunca se silenció y dio los primeros pasos de los movimientos feministas en el país.

LA INDEPENDENTISTA

Manuela contribuyó activamente al círculo independentista. Luchó con valentía, seguridad e inteligencia por estos ideales. Siempre respaldó a sus hermanos, quienes fueron perseguidos políticos y posteriormente encarcelados. Llegó a a acusar al presidente Luis Muñoz de Guzmán por provocar la muerte de su hermano y fue a juicio, pero no tuvo éxito.

Afortunadamente, logró ver el fruto de sus esfuerzos: a su país libre. Su trabajo por la causa patriota fue aclamado en toda la región y se convirtió en una figura de valor para la historia ecuatoriana.

¿Sabías qué?
En su honor, el municipio de Quito creó el premio Manuela Espejo, entregado a aquellas mujeres que hayan cumplido un trabajo destacado en el desarrollo local y nacional a través de actividades culturales, educativas y ambientales, entre otras.

Los últimos años de Casimiro Marcó del Pont

Francisco Casimiro Marcó del Pont fue un militar y político español, reconocido por ser el último gobernador realista de Chile, antes de ser capturado por el Ejército patriota. A su forzosa dimisión le siguieron varios años de muy precarias circunstancias como prisionero.

La decisiva victoria patriota de la batalla de Chacabuco el 12 de febrero de 1817 marcó el fin de la gobernación de Marcó del Pont, por lo que este, al enterarse del resultado de la contienda y de que el Ejército vencedor iba en camino a Santiago a reclamar su trono, intentó huir a Valparaiso; sin embargo, fue interceptado y capturado en la localidad del Totoral por una avanzadilla patriota que había sido prevenida de la presencia del ahora exgobernador, ya que el apoyo a los independentistas crecía por todo Chile tan rápido como ahora descendía la fidelidad al gobierno español.

¿Sabías qué?
Tras la captura, Marcó del Pont y José de San Martín tuvieron una entrevista secreta, pues el primero solo aceptó entregar su espada y  rendirse por completo ante un oficial de su categoría. Aunque no existe evidencia de ello, la tradición dicta que San Martín, como respuesta a ciertos comentarios discriminatorios que Marcó del Pont hizo en el pasado, se mofó de este durante dicho encuentro con las palabras: ¡Venga esa mano blanca, mi general!

Luego de dos meses bajo custodia patriota, Marcó del Pont fue enviado por San Martín como prisionero a Mendoza. Durante este tiempo, el español redactó una carta donde solicitaba al director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredón, que lo dejara en libertad a cambio de jurar por su honor que jamás volvería a levantar las armas en contra de la causa independentista; pese a ello, la carta nunca llegó a su destino, y Marcó del Pont fue trasladado desde Mendoza a San Luis junto a otros prisioneros españoles de la batalla de Chacabuco en mayo del mismo año.

En febrero de 1819 se levantó un motín de prisioneros españoles en San Luis en el cual Marcó del Pont, fiel a su palabra, nunca participó, por lo que fue absuelto de ser ejecutado. No obstante, esto no evitó que fuera trasladado nuevamente, esta vez a la hacienda de La Estanzuela, donde fue encarcelado y abandonado. Las precarias circunstancias físicas y emocionales que sufrió en el lugar afectaron gravemente su estado de salud, lo que causó su muerte en 1821.

Retrato de Casimiro Marcó del Pont.

Consecuencias de la batalla de San Carlos

La batalla de San Carlos fue una de las contiendas militares ocurridas en 1813 que formaron parte del proceso de la independencia de Chile, durante la etapa conocida como Patria Vieja. El resultado ambiguo de la batalla y la derrota que le siguió poco después tuvo importantes consecuencias para sus participantes y para la historia del país.

La batalla de San Carlos

Tras la batalla de Yerbas Buenas, el Ejército realista español ocupó la villa de San Carlos para reabastecerse y recuperar fuerzas, desde donde enviaron a una buena parte de sus hombres y artillería por adelantado hacia Chillán. El general José Miguel Carrera vio la oportunidad y decidió atacar a las debilitadas tropas realistas que permanecieron en San Carlos.

Carrera envió entonces a la división militar que comandaba su hermano Luis a impedir cualquier posible huida de los realistas desde San Carlos, mientras tanto, el resto de patriotas los atacaría. Sin embargo, el desempeño de estos fue deficiente, con una ejecución de órdenes confusa y desorganizada, gracias a lo cual el ejército realista pudo escapar a Chillán. Es por ello que, a pesar de que pudo haber sido una victoria decisiva para los patriotas por la ventajosa situación con la que contaban, la batalla tuvo un resultado ambiguo.

El sitio de Chillán

Una vez en Chillán, los realistas, comandados por el general Juan Francisco Sánchez, tuvieron la oportunidad de reagruparse, desde donde además solicitaron refuerzos aliados con la intención de fortalecerse. La Junta de Gobierno de Chile exigió a sus tropas, de nuevo al mando de José Miguel Carrera, que reclamaran la ciudad y derrotaran a los realistas antes de la llegada de estos refuerzos, por lo que los patriotas comenzaron a rodear y asediar la ciudad el 27 de julio.

No obstante, pese a la inferioridad numérica realista, la ciudad se encontraba en una colina que no era difícil de defender debido a su posición estratégica, a lo que se sumaba la dificultad que las condiciones invernales de ese momento causaban a los atacantes y sus suministros. La situación llevó a Carrera a ordenar desesperadamente dos ataques directos en agosto, los cuales, además de fracasar, tomaron la vida de cientos de civiles inocentes en el fuego cruzado.

Todos estos resultados desastrosos forzaron la retirada de los patriotas y marcaron la victoria realista en Chillán.

¿Sabías qué?
Los resultados de la batalla de San Carlos y el sitio de Chillán desprestigiaron a José Miguel Carrera ante la Junta de Gobierno de Chile, por lo que lo destituyeron de su cargo como general en jefe del Ejército y se lo otorgaron a Bernardo O’Higgins. Carrera recuperó brevemente este título tras el golpe de Estado que dio en 1814.
José Miguel Carrera en la batalla de San Carlos.

Pedro Antonio Olañeta y la batalla de Tumusla

Pedro Antonio Olañeta fue un destacado militar español reconocido por defender de manera abierta y absoluta el sistema realista, por lo que se convirtió en un obstáculo constante para la causa patriota durante la guerra de la independencia latinoamericana. Esta resistencia terminó cuando Olañeta murió en la última de las batallas del Alto Perú: la de Tumusla.

Antecedentes

Pedro Antonio Olañeta nació en 1770 en el antiguo territorio español de Vizcaya, bajo el seno de una familia de comerciantes que se mudó a Suramérica y que logró instalarse cómodamente en diferentes regiones del Alto Perú y el Virreinato del Río de la Plata, una profesión que Olañeta no tardó en adoptar y que le aportó grandes riquezas y propiedades. Al mismo tiempo, se unió a la milicia de Potosí en su juventud, donde pronto consiguió escalar posiciones.

El gran cambio en su vida inició con la Revolución de Mayo en 1810, con una nueva y poderosa dirección en Buenos Aires dispuesta a liberar del yugo de la Corona española al continente y que forzaría a las regiones a elegir bandos; Olañeda, luego de reflexionarlo, se decantó por apoyar a los realistas, pues un cambio en este sistema podría perjudicar su acomodada situación. Desde entonces se desempeñó como un líder militar realista en diversas batallas contra los independentistas, especialmente aquellas destinadas a detener los avances que estos realizaban para tomar el control de las tierras del Alto Perú.

La batalla de Tumusla

La batalla de Ayacucho determinó la derrota de las principales fuerzas realistas y dio pie a la independencia de Perú. Sin embargo, un sector de los españoles no aceptó estos resultados, incluido Olañeta. Él mismo se dirigió con sus tropas al Alto Perú para ofrecer una última resistencia desesperada contra los patriotas. Sin embargo, el coronel Carlos Medinaceli, uno de los hasta entonces subordinados de Olañeta situado en estas tierras, se reveló a favor de los patriotas. Al enterarse, Olañeta salió de inmediato a enfrentarlo, mientras su ahora enemigo reforzaba su ejército en Cotagaita con otros simpatizantes de la causa.

Los dos ejércitos se encontraron a orillas del río Tumusla el 1° de abril de 1825. Los hombres de Olañeta eran más numerosos y estaban mejor armados, pero la estrategia de Medinaceli fue superior, pues logró abatir al líder realista y con ello debilitar y desmoralizar sus tropas, hasta finalizar el combate a las 7 de la tarde con la victoria patriota. Gravemente herido, Olañeda aceptó la derrota y falleció al día siguiente.

¿Sabías qué?
El rey Fernando VII de España nombró a Olañeta como virrey del Río de la Plata en 1825. Sin embargo, esto ocurrió tres meses después de su fallecimiento y sin el conocimiento del rey sobre este suceso, por lo que su investidura nunca pudo efectuarse.
Retrato de Pedro Antonio Olañeta.

Homenaje a Eduardo Abaroa Hidalgo

Eduardo Abaroa Hidalgo fue un contador y empresario boliviano reconocido en el país por el patriotismo con el que participó durante la guerra del Pacífico luego de ofrecerse como voluntario para integrar la milicia de civiles. Este desempeño lo hizo merecedor de una gran cantidad de homenajes y reconocimientos póstumos.

Antecedentes

Al estallar la guerra del Pacífico en 1879, la cual enfrentó a los aliados de Bolivia y Perú contra Chile, las fuerzas bolivianas reclutaron un grupo de civiles para conformar una milicia que aumentara su poder ofensivo. Eduardo Abaroa Hidalgo fue de los primeros en ofrecerse voluntario, a pesar de no poseer experiencia militar previa. Allí, demostró un gran entusiasmo y tenacidad como la mano derecha del líder de las milicias Ladislao Cabrera durante la guerra.

El mismo año, durante el combate de Calama, se enfrentó solo a las tropas enemigas hasta su último aliento, pues la mayoría de combatientes bolivianos estaban heridos o se habían retirado al verse superados en número. El coronel chileno enemigo reconoció el valor y el patriotismo de Abaroa y pretendió perdonarlo, pero se vio forzado a terminar con su vida por la impasible amenaza que resultó ser el boliviano.

Homenajes

Luego de su muerte, el Ejército de Chile rescató su cuerpo y fue enterrado con honores militares en dicho país; en Bolivia fue condecorado con el grado póstumo de coronel en honor a sus hazañas, fue tratado como un héroe de guerra y, desde entonces, se utilizó su nombre para bautizar instalaciones y localidades del país. En el aniversario número 73 de su muerte, en 1952, el gobierno de Bolivia repatrió sus restos para regresarlos y enterrarlos nuevamente en su país natal.

Algunos de los lugares más destacados que llevan su nombre son la provincia de Eduardo Abaroa en el departamento boliviano de Oruro, la plaza Eduardo Abaroa, que está además adornada con una estatua de bronce con su imagen, y la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Abaroa. Además, su rostro se encuentra impreso en sellos postales y en los billetes de 500 pesos bolivianos.

Asimismo, cada 23 de marzo se celebra en Bolivia el Día del Mar, donde se conmemora la pérdida de la porción de territorio sufrida tras la guerra del Pacífico y se rinde homenaje a Eduardo Abaroa con el aniversario de su fallecimiento.

¿Sabías qué?
Cada vez que se hace mención a Eduardo Abaroa, es casi obligatorio mencionar las legendarias palabras que pronunció en sus últimos instantes de vida y que lo hicieron pasar a la historia. Durante el combate de Calama, en la guerra del Pacífico, Abaroa fue herido de gravedad y acorralado por el enemigo, el cual le exigió rendirse. La respuesta de Abaroa ante tal demanda, y a la vez sus últimas palabras documentadas, fue la siguiente: “¡Que se rinda su abuela!”.
Imagen del Eduardo Abaroa Hidalgo en el billete de 500 bolivianos.